Washington D. C. — Irán, Estados Unidos y Pakistán, en calidad de mediador, anunciaron este lunes un memorando de entendimiento destinado a poner fin a la guerra en Oriente Medio, desencadenada el 28 de febrero tras los ataques lanzados por Estados Unidos e Israel contra Irán, que acabaron con la vida del líder supremo Ali Jamenei, gran parte de la cúpula militar iraní y numerosos civiles.
La respuesta de Teherán fue inmediata. Irán pasó a controlar el estrecho de Ormuz —el estratégico corredor marítimo por el que transitaba cerca de una quinta parte del petróleo mundial— y lanzó sucesivas oleadas de misiles y drones contra países del Golfo aliados de Washington, poniendo a prueba la estabilidad de una de las regiones más importantes para los mercados energéticos globales.
El conflicto ha dejado miles de víctimas mortales, ha desencadenado una crisis energética de alcance mundial y ha contribuido al aumento de la inflación en la economía estadounidense.
El memorando, impulsado principalmente por Pakistán y cuya firma está prevista para este viernes en Ginebra, contempla el levantamiento del bloqueo tanto del estrecho de Ormuz como de los puertos iraníes. Posteriormente, Washington y Teherán iniciarán dos meses de negociaciones intensivas sobre el programa nuclear iraní y la posible retirada de sanciones.
Pese a que tanto Irán como Estados Unidos han reivindicado públicamente la victoria, varios analistas consideran que ninguno de los dos logró alcanzar plenamente sus objetivos.
"Ambos perdieron, aunque de maneras diferentes", afirmó Alan Eyre, exdiplomático estadounidense de alto rango, en declaraciones a TRT World.
Eyre, que integró el equipo negociador estadounidense sobre el programa nuclear iraní desde 2010 hasta la firma en 2015 del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA), sostiene que Washington vio erosionada parte de su "poder blando" al iniciar una guerra que describe como "ilegal, inmoral y profundamente equivocada".
"También perdió parte del valor disuasorio estratégico de su poder militar, demostrando que, aunque Estados Unidos podía imponerse militarmente, no logró alcanzar sus principales objetivos estratégicos", señaló.
En cuanto a Irán, Eyre considera que el país emergerá del conflicto "aún más empobrecido económicamente" y con un "régimen más militarizado", menos dispuesto y menos capaz de responder a las necesidades de su población.
El exdiplomático, que además fue el primer portavoz en lengua persa del Departamento de Estado estadounidense, concluye que la guerra deja a ambas partes debilitadas, pese a las declaraciones de victoria difundidas desde Washington y Teherán.
Objetivos de guerra
En su conflicto con Irán, la administración Trump e Israel perseguían varios objetivos: eliminar o degradar gravemente el programa nuclear y de misiles balísticos de Teherán, neutralizar o destruir las capacidades navales iraníes, debilitar su red de aliados y grupos afines en la región y, en última instancia, propiciar la caída del Gobierno iraní.
Por su parte, Irán presentó la guerra como una lucha defensiva existencial por su supervivencia nacional. Más que buscar una victoria militar convencional, Teherán apostó principalmente por una estrategia de guerra asimétrica destinada a imponer elevados costes a Estados Unidos y a sus aliados regionales para forzar una solución negociada.
El objetivo iraní era resistir la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel, mantener el control interno y evitar el colapso del Estado. Para ello, buscó disuadir nuevos ataques y restablecer un equilibrio de poder regional mediante ataques con misiles y drones contra objetivos estadounidenses y aliados. También interrumpió el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz y recurrió a sus aliados y socios regionales para presionar a las fuerzas estadounidenses e israelíes.
Eyre sostiene que, en cierto sentido, Irán también "ganó" la guerra, ya que Estados Unidos no logró alcanzar ninguno de los objetivos estratégicos que esperaba conseguir mediante el conflicto.

"Irán fue capaz de resistir la ofensiva militar combinada de Estados Unidos e Israel sin capitular ante las exigencias de Washington. Además, logró convertir el control del estrecho de Ormuz en una herramienta tanto estratégica como económica, otorgándose una nueva y valiosa forma de disuasión", afirma.
El memorando, alcanzado entre Washington y Teherán con la mediación de varios actores —entre ellos Pakistán, Qatar, Egipto, Türkiye, Arabia Saudí y Omán— constituye un logro significativo dadas las profundas desconfianzas existentes entre ambas partes, según el International Crisis Group.
"El memorando representa un paso para alejarse de una dinámica en la que todos pierden. También permitirá a Estados Unidos e Irán reivindicar una cierta victoria: Washington probablemente insistirá en que el acuerdo reabre el estrecho al tráfico marítimo sin restricciones y restablece la situación previa a la guerra, mientras que Irán defenderá que mantiene el control de una vía marítima que puede cerrar cuando lo considere necesario", señala la organización.
El acuerdo reconoce implícitamente que ninguna de las partes fue capaz de asestar un golpe decisivo, aunque ambas conservan la capacidad de imponer costes significativos a su adversario.
"La firma del memorando consolidó un alto el fuego que por momentos estuvo cerca de romperse y ofrece a ambas partes un marco para avanzar hacia negociaciones nucleares más detalladas", afirmó Ali Vaez, director de proyectos del International Crisis Group, en declaraciones remitidas a TRT World.
Según Vaez, ambas partes han optado por priorizar lo esencial y aplazar los asuntos más complejos.
"La reapertura del estrecho de Ormuz pone fin a meses de disrupción económica mutua, demuestra que ambas partes pueden cumplir con sus compromisos y sienta las bases para negociaciones más detalladas sobre un acuerdo nuclear que anteriormente resultó inalcanzable", añadió.
Por su parte, Naysan Rafati, analista sénior sobre Irán en el International Crisis Group, considera que la firma del memorando podría ser la parte más sencilla del proceso si Washington y Teherán no aprovechan rápidamente el impulso generado para resolver las cuestiones que han quedado pendientes.
"Lo ideal sería que este proceso avanzara en paralelo a una vía regional que reúna a Irán y a sus vecinos en una misma mesa tras meses de enfrentamientos sin precedentes", señaló Rafati en una declaración enviada a TRT World.
"Este memorando ofrece un respiro, no una solución definitiva. Aleja a Washington y Teherán de la dinámica en la que ambos pierden bajo una tregua frágil y los conduce hacia unas negociaciones nucleares cuyo contenido resulta tan familiar como históricamente difícil de reconciliar".

El frente libanés
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha afirmado que el acuerdo contempla la reapertura del estrecho de Ormuz al tráfico marítimo sin peajes y el levantamiento del bloqueo naval estadounidense sobre Irán, mientras continúan las conversaciones sobre los límites al programa nuclear iraní y el alivio de las sanciones.
Por su parte, responsables iraníes sostienen que el acuerdo también prevé una suspensión inmediata de las hostilidades en varios frentes, incluido Líbano, y destacan que el nombre del país aparece mencionado en tres ocasiones dentro del memorando.
El primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, confirmó igualmente que ambas partes han declarado "el cese inmediato y permanente de las operaciones militares en todos los frentes, incluido Líbano".
El ministro de Relaciones Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, subrayó el martes que el fin de la guerra en todos los escenarios, incluido el cese de los ataques israelíes en Líbano, constituye un "requisito previo" para poner fin al conflicto entre Irán y Estados Unidos.
Sin embargo, Israel sostiene que no está vinculado a esta cláusula del acuerdo entre Washington y Teherán y ha dejado claro que sus fuerzas armadas no pondrán fin a la invasión del sur de Líbano.
El acuerdo también podría convertirse en un importante problema político para el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, quien prevé concurrir a las elecciones previstas para finales de año en medio de crecientes críticas internas a su gestión durante la guerra. Sus detractores aseguran que fracasó en Gaza, Irán y también en Líbano.
El lunes, líderes de la oposición israelí y legisladores de línea dura criticaron duramente el acuerdo entre Estados Unidos e Irán, advirtiendo de que no protegerá los intereses de Israel y representa un "giro peligroso" para la seguridad del país.
No obstante, el martes Trump, que ya había expresado su frustración porque la ofensiva israelí en Líbano estaba complicando sus esfuerzos para poner fin a la guerra con Irán, cargó públicamente contra las acciones israelíes.
Durante unas declaraciones a periodistas en Francia, donde asistía a una reunión del G7, afirmó: "No estoy contento con la manera en que Israel ha gestionado la situación en Líbano y con Hezbollah. Deberían haber sido capaces de terminar el trabajo más rápido. Esto parece no acabar nunca y, cuando eso ocurre, proyecta una imagen negativa sobre el gran acuerdo, que es el acuerdo con Irán".
El International Crisis Group advierte de que cualquier escalada en Líbano podría poner en peligro el acuerdo entre Estados Unidos e Irán, por lo que considera que Trump deberá utilizar toda su influencia para evitar ese escenario.
Alan Eyre declaró a TRT World que Irán parece haber logrado integrar el frente libanés dentro de su estrategia general de guerra. Aunque prevé que continúen los enfrentamientos entre Israel y Hezbollah en el sur de Líbano, considera que "es poco probable que estas hostilidades lleven a Estados Unidos a reanudar las operaciones militares contra Irán".
"Es improbable que el presidente Trump vuelva a emprender acciones militares contra Irán, teniendo en cuenta las próximas elecciones de medio mandato y la posibilidad de que Teherán responda cerrando nuevamente el estrecho de Ormuz o atacando infraestructuras de los países del Consejo de Cooperación del Golfo", concluyó el exdiplomático estadounidense





















