Tierras raras, minerales críticos: la apuesta de Brasil para afianzarse y la puja de EE.UU. y Europa
Brasil, con las segundas mayores reservas de tierras raras del mundo, lanzó una estrategia para ganar terreno en este sector clave y avanzar hacia una cadena de suministro completa. Estados Unidos, Europa y China siguen de cerca su avance.
Tierras raras y minerales críticos son términos que hace algunos años apenas se mencionaban fuera de espacios técnicos y especializados. Ahora, sin embargo, forman parte del vocabulario habitual de líderes y economistas, que anticipan su potencial para transformar la política exterior y la dinámica del poder global en las próximas décadas. Algo que Brasil, con las segundas mayores reservas del mundo, sabe.
Estados Unidos, Europa y China llevan tiempo compitiendo por estos recursos. Bajo ese marco, Washington y varios países de la Unión Europea intentan reducir su dependencia del gigante asiático.
Y es ahí dónde Brasil tiene planes ambiciosos: construir una cadena de suministro nacional y ganarse un lugar en el sector como proveedor de estos minerales ya refinados, es decir, con valor agregado.
Ahora bien, la relevancia de estos minerales es clave ya que son indispensables para fabricar imanes permanentes, baterías, semiconductores y sistemas de defensa. También resultan esenciales para turbinas eólicas, vehículos eléctricos y otras tecnologías ligadas a energías renovables, un sector que varios países —entre ellos los europeos— se comprometieron a expandir.
Brasil concentra cerca de 21 millones de toneladas de tierras raras, solo por detrás de China, que posee unos 44 millones. India completa el podio con casi 7 millones, según la consultora PwC.
Ante este panorama, el Gobierno brasileño lanzó la semana pasada su Estrategia Nacional de Tierras Raras, una hoja de ruta con “directrices, metas e instrumentos” para desarrollar el sector.
En un país históricamente sensible a la incursión extranjera en sus recursos naturales, el Gobierno del presidente Luiz Inácio Lula da Silva apuesta por desarrollar una cadena productiva completa. El principal desafío es el procesamiento. China es hoy la que realiza cerca del 90% del refinado global de tierras raras, la etapa más compleja de la cadena. Brasil reconoce esa dificultad, pero también ve allí una ventana de oportunidad.
La nueva estrategia de Brasil
“La Estrategia Nacional de Tierras Raras es fundamental para que Brasil transforme su potencial geológico en un desarrollo concreto, con más industrialización, conocimiento y el fortalecimiento de nuestra soberanía frente a los recursos estratégicos”, afirmó la secretaria de Geología y Minería, Ana Paula Bittencourt.
“Queremos avanzar de la producción primaria a la transformación mineral, capturando más valor en el territorio nacional y promoviendo beneficios duraderos para toda la sociedad brasileña”, agregó.
Es decir, el eje central del plan será promover la industria local de procesamiento, con el objetivo de agregar valor antes de exportar y reducir la dependencia externa en las etapas más sensibles de la cadena productiva.
Pero, aunque Brasil aparece ahora como el rival más prometedor de China, podrían pasar años antes de que logre producir volúmenes significativos.
La puja entre EE.UU. y Europa
Aquí los actores que reconocen el potencial de Brasil entran en el juego. Por un lado, aparece Estados Unidos, que sigue dependiendo en gran medida de China para abastecerse de tierras raras. En 2024, inversores estadounidenses y británicos destinaron 150 millones de dólares en la primera mina de tierras raras de Brasil, Serra Verde, como parte de una iniciativa respaldada por Washington.
Sin embargo, tras el regreso del presidente de EE.UU., Donald Trump, a la Casa Blanca llegaron los aranceles y medidas comerciales contra Brasil, que fueron parcialmente aliviadas a finales de 2025, pero que dejaron en pausa varios proyectos.
Aun así, el interés de EE.UU. persiste. El secretario de Estado, Marco Rubio, convocó a empresas de varios países a una reunión el 4 de febrero en Washington para abordar el futuro de estos minerales estratégicos.
En cuanto a Europa, entra en juego el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur –Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay–, firmado recientemente tras más de dos décadas de negociaciones y que prevé el desarrollo de la industria de tierras raras en Sudamérica.
Ahora bien, Brasil también mantiene abiertos los canales con China, su principal socio comercial. El ministro de Minas y Energía, Alexandre Silveira, viajó recientemente al gigante asiático para reunirse con ejecutivos locales y analizar proyectos vinculados a energía nuclear, almacenamiento mediante baterías y minerales críticos.
Una ventana de oportunidad
De momento, lo cierto es que Brasil ya se encuentra entre los 10 principales productores de níquel, manganeso, niobio, mineral de hierro y bauxita, y ha ganado peso rápidamente en la producción de tierras raras, litio, grafito natural, vanadio y cobre, según PwC.
Será cuestión de tiempo hasta que decida si responde a las propuestas de Europa, China o Estados Unidos o si opta por un equilibrio entre socios. Y resta ver si se concretarán inversiones suficientes para lograr tener toda la cadena productiva.
No obstante, funcionarios brasileños subrayan que cualquier acuerdo será evaluado bajo beneficio económico nacional, es decir, consolidarse como actor clave sin resignar control sobre recursos estratégicos. Por ahora, su futuro en tierras raras es, como mínimo, prometedor.