Las exportaciones de armas de Israel alcanzaron un récord de 19.200 millones de dólares en 2025, marcando el quinto año consecutivo de crecimiento en las ventas de armamento que Tel Aviv promociona como "probado en combate" en los campos de destrucción de Gaza.
Este incremento, cercano al 30% respecto al año anterior, se produjo en un contexto en el que Israel mantenía abiertos varios frentes de guerra, incluidos Irán y Líbano.
En cuanto a los destinos de estas exportaciones, Europa concentró el 36% de las ventas, mientras que Asia y la región del Pacífico representaron el 32%.
Aunque el Gobierno israelí no publicó un desglose por países de sus exportaciones, un conjunto de datos difundido recientemente por el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI) sitúa a India como el principal receptor de armamento israelí entre 2021 y 2025.
De hecho, alrededor del 29% de todas las exportaciones militares de Tel Aviv durante ese periodo tuvieron como destino el país asiático.
Por detrás de India se situaron Alemania y Estados Unidos, que absorbieron el 21% y el 7,8%, respectivamente, de las exportaciones israelíes en esos años.
Entre los principales productos comercializados por Israel destacan misiles, cohetes y sistemas de defensa antiaérea.
Al mismo tiempo, el auge de las ventas de armas israelíes ha coincidido con las ofensivas lanzadas por Tel Aviv contra seis países y territorios desde el 7 de octubre de 2023: Palestina, Irán, Líbano, Qatar, Siria y Yemen.
Solo en Gaza, Israel ha matado a más de 72.000 palestinos en bombardeos incesantes que múltiples organizaciones internacionales de derechos humanos han calificado de genocidio.
En este contexto, expertos sostienen que el aumento de las exportaciones de armamento israelí plantea serias dudas desde el punto de vista del derecho internacional y deja al descubierto profundas contradicciones en la política exterior de los países compradores.
Gokhan Ereli, investigador independiente radicado en Ankara, afirma a TRT World que el derecho internacional es claro respecto a la ilegalidad del comercio de armas israelí.
"Ningún Estado puede seguir suministrando armas a otro cuando existen motivos razonables para creer que ese armamento será utilizado para cometer graves violaciones del derecho internacional humanitario", señala, citando el Tratado sobre el Comercio de Armas y la Convención sobre el Genocidio.
A juicio de Ereli, una vez que organismos con credibilidad internacional describen un conflicto en términos de crímenes de guerra o genocidio, los compradores de armas dejan de poder ampararse en el desconocimiento.
"Cada nuevo envío se convierte en un acto político deliberado disfrazado de comercio rutinario", sostiene.
Por ello, el investigador considera que los países europeos y asiáticos que continúan manteniendo transacciones militares con Israel han perdido cualquier pretensión de neutralidad.
Antony Loewenstein, periodista de investigación y autor de The Palestine Laboratory: How Israel Exports the Technology of Occupation Around the World (El laboratorio palestino: cómo Israel exporta la tecnología de la ocupación al resto del mundo), sostiene que la continuidad de las ventas de armamento letal por parte de Israel podría derivar en futuras responsabilidades legales.
"No hay duda de que varias empresas armamentísticas israelíes podrían enfrentarse a investigaciones y juicios internacionales por crímenes de guerra debido a su complicidad, no solo en el genocidio de Gaza, sino también por exportar a todo el mundo esas herramientas, tecnologías de vigilancia y armas", afirma en declaraciones a TRT World.
Según Loewenstein, los países que adquieren armamento israelí corren el riesgo de incurrir en una complicidad similar.

El sufrimiento civil como material de marketing
A pesar de la oposición pública al genocidio de Tel Aviv en Gaza, los gobiernos europeos y asiáticos siguen siendo grandes compradores de armamento israelí. Tel Aviv fue el séptimo mayor proveedor de armas del mundo entre 2021 y 2025, suministrando “armas de gran envergadura” a 23 Estados europeos, lo que equivale al 41 por ciento del total de ventas de armas israelíes.
Entre 2021 y 2025, Tel Aviv se consolidó como el séptimo mayor exportador de armas del mundo. Durante ese periodo, suministró armamento pesado a 23 países europeos, que concentraron el 41% del total de sus ventas militares.
La tendencia, además, no muestra señales de desaceleración. Solo en 2025, Europa adquirió armas israelíes por valor de 6.900 millones de dólares, mientras que las importaciones de los países de Asia-Pacífico, incluida India, prácticamente se duplicaron hasta alcanzar unos 6.100 millones de dólares.
Ereli atribuye esta situación a una división estructural en la formulación de políticas públicas.
"Muchos gobiernos tratan las declaraciones de política exterior por un lado y las adquisiciones de defensa por otro", explica.
A su juicio, condenar el sufrimiento de la población civil un día y firmar contratos de armamento al siguiente refleja una jerarquía de prioridades en la que la retórica sobre los derechos humanos no interfiere con los intereses estratégicos o económicos.
"Es probable que esta brecha entre la política real y el discurso público siga siendo visible en el futuro", añade.
A partir de sus investigaciones sobre la exportación israelí de lo que denomina "tecnología de ocupación", Loewenstein sostiene que el discurso que los gobiernos compradores presentan al consumo de sus opiniones públicas difiere profundamente de la realidad política que reflejan sus decisiones.
Algunos países europeos que han criticado la ofensiva israelí en Gaza y la ocupación de Cisjordania ocupada continúan, sin embargo, adquiriendo armamento israelí.
"El concepto de armas probadas en combate resulta enormemente atractivo y no conlleva ningún coste político. Tampoco existe un coste legal", afirma Loewenstein.

Según el periodista, muchas de estas operaciones se realizan con discreción o en secreto, lo que protege a los gobiernos de posibles críticas internas. Mientras no existan consecuencias políticas o jurídicas, añade, es poco probable que esta dinámica cambie.
Esta demanda de sistemas "probados en combate" contribuye a los beneficios que la industria armamentística israelí obtiene de un estado de conflicto permanente.
Ereli sostiene que una industria que basa su valor en la eficacia demostrada sobre el terreno necesita una validación constante.
"Cuando un genocidio en curso es tratado abiertamente como una sala de exposición, la frontera entre la política de defensa y el desarrollo de productos desaparece", señala.
En ese contexto, añade, el sufrimiento de la población civil se convierte en material promocional para potenciales compradores extranjeros.
A su juicio, una industria armamentística organizada en torno a la "validación en el campo de batalla" deja de ser un actor comercial neutral y desarrolla un interés directo en la prolongación de los conflictos.
Aunque Loewenstein reconoce que los líderes políticos no prolongan los conflictos únicamente para favorecer las ventas de armas, considera que los incentivos económicos desempeñan un papel importante.

"Si la ocupación de Cisjordania ocupada y Gaza terminara, tendría un enorme impacto negativo en la industria armamentística israelí", afirma.
El periodista remite al modelo que denomina el "laboratorio palestino", mediante el cual las tecnologías militares probadas en los territorios ocupados son perfeccionadas y posteriormente exportadas a todo el mundo.
Esto genera, según explica, un círculo de retroalimentación: la ocupación impulsa la innovación tecnológica y las estrategias de comercialización, mientras que los ingresos y las alianzas internacionales derivadas de esas exportaciones contribuyen a sostener la propia ocupación.
Los conflictos prolongados generan empleo, oportunidades de exportación y conexiones globales para el sector armamentístico israelí, incluso cuando la opinión pública internacional se vuelve cada vez más crítica con el país.
"El sector de la defensa es una de las formas que tiene Israel de mantener vínculos estrechos con muchísimos países de todo el mundo", concluye Loewenstein.























