De Gaza a Brasil, el activista que se unió a la Flotilla de la Libertad y denuncia el genocidio
Tareq Mohamed Alladaa, palestino-brasileño nacido en Gaza, creció bajo la ocupación israelí, y hoy su voz se alza como activista en Latinoamérica denunciando el genocidio contra su pueblo.
“La vida de los palestinos es distinta a la del resto. Cada palestino tiene su propia historia, porque no tenemos una patria libre debido a la ocupación israelí”, relata el activista palestino-brasileño Tareq Mohamed Alladaa, de 56 años, en conversación con TRT Español.
Una ocupación que lo ha acompañado toda la vida. Por eso, en 2025, tras participar en iniciativas solidarias en Brasil, especialmente en apoyo a Palestina, Tareq se unió a la coalición de la Flotilla de la Libertad. Junto a él, voluntarios de varios países intentaron entregar ayuda humanitaria en Gaza y demostrar que la liberación de Palestina es posible.
Sin embargo, el grupo fue atacado mientras intentaba llegar al enclave, un hecho que no sorprende a quienes desafían la amenaza sionista. Desde América Latina, Tareq sigue alzando su voz para defender a su pueblo, con la misma fortaleza que lo ha acompañado desde joven, cuando creció en el casco histórico de Shijaiya, Gaza, en la década de 1970.
Un paso gigante: la flotilla que desafía el arraigo sionista
Esta fortaleza quedó en evidencia poco después del Día de Apoyo al Pueblo Palestino, el 29 de noviembre de 2024, cuando un compañero le contó que Thiago Ávila, destacado activista brasileño, buscaba voluntarios para la Flotilla de la Libertad.
“Me explicó que, si participaba, no sería tratado como brasileño, sino como palestino, ya que tengo doble ciudadanía, y que corría un riesgo muy alto”, dice Tareq, quien ha vivido principalmente en Brasil desde 2005 y ha obtenido la ciudadanía brasilieña. “Yo insistí. Entendía perfectamente a qué me estaba enfrentando, pero en ese momento todo eso me parecía insignificante frente a lo que está sufriendo mi pueblo”.
Aun con fuerte arraigo en Gaza, Tareq ha vivido de cerca la destrucción del enclave desde octubre de 2023, cuando Israel lanzó su ofensiva genocida contra el pueblo palestino.
“Perdí a muchos miembros de mi familia, creo que más de 35”, relata. “Vi a mi primo saltar de desesperación y llorar después de que su casa fuera bombardeada, intentando sacar a su madre de debajo de los escombros”.
“Partes enteras de mi familia desaparecieron: primas, esposos, madres, nietos, hijos… todos asesinados en un solo ataque. Muchas de las personas que amábamos ya no están”, añade.
Bárbara, su esposa brasileña desde hace más de dos décadas, con quien se casó en Londres, quería acompañarlo. Sin embargo, ambos decidieron que ella se quedara y, en caso de que él fuera detenido, se encargaría de exigir su regreso.
Solidaridad
En la ciudad central de Goiania, Brasil, donde ha establecido su nueva vida en Latinoamérica, Tareq comenzó a sentir la solidaridad de brasileños “valientes” que desafían la narrativa sionista y participan en espacios solidarios frente a la continua ofensiva genocida contra el pueblo palestino. Con esas experiencias, viajó a Malta para entrenar, preparar la logística y conocer a sus compañeros de la flotilla, un momento clave en su recorrido.
“Por primera vez sentí que el pueblo de Gaza no estaba solo, que era amado, que había personas dispuestas a arriesgarlo todo —incluso la vida— para manifestar solidaridad”, reflexiona. “Comprendí la importancia de la flotilla y la fuerza de su mensaje de paz: solo queríamos llevar comida y medicamentos a un pueblo al que están matando de hambre”.
Este acercamiento, junto a 16 personas como Ann Wright —una exmilitar estadounidense dedicada hoy a la causa palestina—, dio lugar a momentos de llanto, risas y entrega a bordo del Conscience, el barco humanitario en el que navegaban.
“Gente de todo el mundo dejando todo atrás, sacrificando trabajo, comodidad y estabilidad para defender una causa justa”, recuerda. “Fue profundamente emocionante y me reafirmó algo que siempre sentí: los pueblos no son sus gobiernos”.
Los primos de Tareq en Gaza se enteraron por un video que él difundió y le enviaron mensajes de apoyo, diciéndole que “no los había dejado solos” y que se sentían orgullosos de él, lo que Tareq calificó como un “premio enorme”.
El ataque
Mientras el Conscience navegaba por el Mediterráneo, los últimos días fueron muy estresantes, con cambios constantes de rumbo tras ser detectado.
“Tuvimos que modificar planes, rutas y formas de embarque. Hasta que llegó el día en que debíamos partir y el Conscience fue bombardeado. Fue un golpe durísimo, una tristeza profunda”, recuerda.
El 1 de mayo de 2025, mientras Tareq esperaba embarcar en La Valeta, capital de Malta, según informes, una aeronave israelí volaba a baja altitud, a menos de 5.000 metros, cuando la flotilla se encontraba cerca de la ciudad y fue atacada por un dron. Los pasajeros fueron rescatados por las fuerzas maltesas. La “tristeza” por no completar la misión, explica Tareq, “no deja de doler”.
Aun así, decidieron transformar esa tristeza en acción: exponer “el rostro del sionismo, exigir responsabilidades al gobierno de Malta y denunciar lo ocurrido”. Poco después presentaron una denuncia pública sobre el ataque.
El recorrido de Tareq lo llevó a cuestionarse si podría comprometerse con “la causa de otro pueblo” y con “el dolor de otros”.
“Hasta hoy no tengo una respuesta definitiva, pero sí sé que, después de esa experiencia, el dolor de los otros se volvió también mi dolor”, afirma.
Juventud entre Gaza, los Emiratos Árabes Unidos y la Primera Intifada
Y sentir el dolor de su pueblo es algo que siempre estuvo presente como parte de una familia palestina.
Su padre se convirtió en refugiado en 1948, durante la Nakba, la “catástrofe en árabe”, cuando milicias y grupos sionistas, como la Haganá, desplazaron por la fuerza a unos 750.000 palestinos y cometieron atrocidades en ciudades como Ramla tras la creación del estado de Israel. Décadas después, Tareq explica sobre su padre que “cuando los sionistas ocuparon Gaza en 1967, él estaba estudiando en Egipto y, por eso, perdió su derecho a regresar”.
Luego, su padre trabajó como ingeniero en Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos. Tras perder el empleo, permaneció en el Golfo, mientras su madre regresó a Gaza con Tareq y sus hermanos, un hecho que coincidió con el estallido de la Primera Intifada a fines de 1987, tras la muerte de cuatro palestinos en un incidente con un vehículo de las fuerzas israelíes que provocó protestas en Gaza, Jerusalén Este y Cisjordania ocupadas.
“Los israelíes descubrieron que el pueblo palestino nunca iba a abandonar su sueño de libertad”, recuerda. “Nos enfrentábamos a soldados extremadamente agresivos contra niños que solo arrojaban piedras”.
La violencia se intensificó bajo el entonces primer ministro israelí Isaac Rabin, quien implementó la política conocida como “quebrar los huesos”, diseñada para incapacitar físicamente a los palestinos, recuerda.
“Entraban en las casas, sacaban a la gente por la fuerza, golpeaban a mayores, adolescentes de 16 a 18 años e incluso adultos de hasta 40; les quebraban manos y piernas y los llevaban a prisión, donde muchos pasaban años”, cuenta Tareq.
Organizaciones de derechos humanos reportan que 1.124 palestinos murieron y 16.000 fueron detenidos y torturados durante la Intifada. “Esa violencia marcó nuestra infancia”, agrega.
Oportunidades en el extranjero
En 1994 viajó a la ciudad de Volgogrado, Rusia, para estudiar medicina y después a la capital del Reino Unido, Londres, a finales de 2003, donde debió adaptarse al alto costo de vida, a jornadas de 14 a 16 horas y a realizar “cualquier tipo de trabajo”.
“Recuerdo la primera vez: estaba completamente agotado, empapado en sudor, limpiando el suelo de una tienda. Ese día lloré mucho”, cuenta. “Pero con el tiempo uno se acostumbra. Hice de todo: descargar camiones, limpiar pisos, trabajar en tiendas y en seguridad”.
Activismo latinoamericano
Con perseverancia, hoy en Brasil Tareq ha consolidado su papel en el activismo palestino en Latinoamérica, integrando la Liga Antiimperialista, que creó un Comité de Solidaridad con el Pueblo Palestino para denunciar el sionismo y apoyar la causa palestina.
“Ha sido una lucha justa y continúa siéndolo. Hacemos todo lo posible para levantar la voz de Palestina: ferias, manifestaciones, viajes a Brasilia frente a la embajada de Estados Unidos. Hemos sufrido golpes, agresiones policiales y enfrentado todo lo que había que enfrentar”, asegura.
Y tras su recorrido, Tareq percibe similitudes entre lo que describe como la agresión contra los pueblos del sur global.
“La rabia que sentí cuando los imperialistas estadounidenses y sionistas atacaron a Venezuela y capturaron a su presidente -independientemente de que se lo apoye o no- fue la misma rabia y el mismo dolor que siento cuando escucho que Gaza vuelve a ser bombardeada. Entendí que todas estas causas están conectadas, que estas barbaridades siempre ocurren en manos de los mismos poderes: Estados Unidos, Israel y Europa. Y hablo de gobiernos, no de pueblos”, dice.
A pesar de profundas pérdidas familiares, Tareq sigue firme en su compromiso con la causa de su pueblo. Al unirse a la Flotilla de la Libertad, admite que sabía que, si era detenido, “tal vez nunca volvería. Sabía que podía ser torturado, incluso violado”.
Así, su mensaje como brasileño-palestino al mundo entero sigue firme.
“El plan de convertir Gaza en una ‘Riviera’, expulsando a su pueblo, no va a suceder”, concluye Tareq. “El pueblo de Gaza, esté donde esté, pese a toda esta monstruosidad, pese al genocidio, a la crueldad y a la deshumanización, va a volver a Gaza. No va a abandonar su tierra”.
Este artículo fue redactado por Bala Chambers y reportado por Diana Carolina Alfonso.