Hace treinta años, el 18 de junio, Benjamín Netanyahu se convirtió en el primer ministro más joven de Israel, con 46 años.
Desde entonces, el líder del Likud se ha convertido en el jefe de Gobierno que más tiempo ha permanecido en el cargo en la historia de Israel, ganándose la reputación de ser un “zorro político” capaz de construir coaliciones con una amplia variedad de socios para mantenerse en el poder.
Sus partidarios han presentado con frecuencia este pragmatismo como una estrategia destinada a garantizar la seguridad de Israel a largo plazo en una región volátil.
Sin embargo, de cara a las elecciones de octubre, las habilidades políticas de Netanyahu afrontan una de sus pruebas más difíciles.
Desde la ofensiva israelí en Gaza hasta el resultado inconcluso de la guerra con Irán, una serie de acontecimientos ha complicado su posición política.
El reciente Memorando de Entendimiento entre Estados Unidos e Irán, que ha provocado el enfado de algunos de los socios más radicales de la coalición de Netanyahu, ha añadido un nuevo elemento de incertidumbre a un panorama electoral ya complicado.
Las tensiones entre Washington y Tel Aviv también se han vuelto cada vez más visibles. Las diferencias sobre el final de la guerra con Irán, así como las continuas acciones militares israelíes en Líbano, han puesto de manifiesto crecientes fricciones entre ambos aliados.
Netanyahu y sus seguidores habían celebrado inicialmente la implicación estadounidense en el conflicto con Irán, considerándola un gran logro estratégico. Sin embargo, el posterior acuerdo diplomático con Teherán ha alterado la ecuación política.
“Estarías en prisión si no fuera por mí. Te estoy salvando. Todo el mundo te odia ahora. Todo el mundo odia a Israel por esto”, habría dicho recientemente el presidente estadounidense a Netanyahu durante una tensa llamada telefónica.
La situación actual de Netanyahu se remonta a diciembre de 2022, cuando formó lo que muchos observadores describieron como el Gobierno de coalición más radical de la historia de Israel.
Esa alianza le permitió regresar al poder mientras afrontaba múltiples casos de corrupción que siguen proyectando una sombra sobre su futuro político y su legado.
¿Se está derrumbando la narrativa de la victoria?
Bajo la presión de socios extremistas, entre ellos el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, y el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, un destacado defensor del proyecto del “Gran Israel”, Netanyahu ha supervisado no solo la expansión de los asentamientos ilegales en la Cisjordania ocupada, sino también una agenda cada vez más confrontativa que abarca Gaza, Líbano e Irán.
Sin embargo, estas ofensivas militares no han logrado los resultados decisivos que Netanyahu esperaba.
El grupo de resistencia palestino Hamás sigue controlando amplias zonas de Gaza, el grupo libanés Hezbollah continúa combatiendo a las fuerzas israelíes en Líbano y el sistema político iraní permanece intacto, poniendo de manifiesto los límites de la guerra permanente para un país de apenas nueve millones de habitantes.
Tras años de conflictos que abarcan desde Líbano hasta los hutíes en Yemen y, más recientemente, contra Teherán, “Netanyahu no puede afirmar que la amenazoa iraní haya sido eliminada estratégicamente”, afirma Luciano Zaccara, analista político radicado en el Golfo, en declaraciones a TRT World.
Según Zaccara, el acuerdo entre Washington y Teherán indica que Irán ha sobrevivido a la guerra “como una potencia regional dañada, pero todavía relevante”.
El jueves, el vicepresidente estadounidense JD Vance, encargado por el presidente Trump de cerrar un acuerdo de paz con Irán, lanzó una advertencia que pareció dirigida al liderazgo israelí, que según diversas informaciones reaccionó negativamente al pacto.
“Son un país de nueve millones de personas. No pueden resolver todos sus problemas de seguridad nacional simplemente matando”, afirmó.
Sus comentarios fueron interpretados ampliamente como una respuesta a varios ministros del gabinete extremista de Netanyahu, quienes atacaron el memorando con Irán impulsado por la Administración Trump y que muchos aliados del primer ministro consideran una traición estadounidense a Tel Aviv.
Mientras algunos analistas israelíes calificaron el acuerdo como una “capitulación catastrófica”, otros sostuvieron que Israel no puede delegar su seguridad en Estados Unidos bajo un pacto de estas características.
“Es rechazado por muchos israelíes porque trata las preocupaciones de seguridad de Israel como subordinadas a los intereses nacionales de Estados Unidos, lo que supone una afrenta a la soberanía israelí”, afirma Richard Falk, experto en relaciones internacionales.
Ante la creciente presión de sus aliados más radicales, Netanyahu habría dicho a Trump que Israel no se consideraría obligado por el acuerdo entre Washington y Teherán, lo que plantea dudas sobre la durabilidad del pacto en una región ya inestable.
Según Zaccara, “la narrativa interna de Netanyahu será que Israel logró los principales objetivos de la guerra, que Irán no obtendrá un arma nuclear ‘con o sin acuerdo’ y que Israel conserva libertad de acción, especialmente frente a Líbano y Hezbollah, para sobrevivir políticamente”.
¿Está cayendo Bibi?
Desde los reveses regionales y las crecientes tensiones con la Administración Trump hasta una brecha de confianza cada vez más visible con sus socios de coalición, los analistas ven numerosos desafíos para Netanyahu de cara a las elecciones de octubre.
Muchos creen que el acuerdo entre Estados Unidos e Irán solo agravará sus dificultades políticas.
“El acuerdo con Irán lo debilita políticamente porque golpea el núcleo de su marca política: la idea de que solo él puede gestionar a Trump, Washington, Irán y la seguridad de Israel. La oposición argumentará que Irán sobrevivió, que Hezbollah no fue eliminado, que Estados Unidos actuó sin Israel y que Netanyahu perdió el control del desenlace diplomático”, señala Zaccara.
Las figuras de la oposición israelí ya han comenzado a defender ese argumento.
“Los ciudadanos israelíes se están despertando ante un acuerdo entre Estados Unidos e Irán hecho por encima de la cabeza de Israel”, escribió en X Yair Golan.
“Este es el resultado de largos años de fracaso”, añadió, acusando a Netanyahu de haber vendido a los israelíes “una falsa imagen de seguridad”.
Otro líder opositor, Yair Lapid, también acusó a Netanyahu de haber perdido el control de los acontecimientos en Líbano y afirmó que “nunca ha habido un fracaso diplomático tan absoluto como el de Netanyahu en el frente iraní”.
Las críticas llegan mientras continúan aumentando los costes de los conflictos regionales de Israel.
Recientemente, el ejército israelí anunció la muerte de cuatro soldados, incluido un comandante de batallón, tras un ataque de Hezbollah contra tanques israelíes en el sur de Líbano, donde las operaciones militares han causado una destrucción generalizada.
Si Netanyahu no responde a las crecientes presiones internas y externas contra sus políticas, “su futuro político cambiará drásticamente”, advierte Zaccara a TRT World.
Falk también considera que las posibilidades de Netanyahu de mantenerse en el poder se están reduciendo de cara a octubre, aunque advierte que sigue existiendo una gran incertidumbre.
“Muchos israelíes son cada vez más críticos con Israel por haber calculado mal, al igual que hicieron Trump y Estados Unidos, las dificultades de confiar en la superioridad militar para obtener un resultado favorable frente a un adversario tan decidido”, afirma.
“Esta sigue siendo la lección no aprendida de la guerra de Vietnam, en la que Estados Unidos tenía una superioridad militar total y aun así perdió la guerra”.
Aun así, Falk cree que el Gobierno de Netanyahu seguirá recurriendo a la presión militar mediante ataques selectivos en Líbano e incluso contra Irán para intentar “socavar la durabilidad del acuerdo”.
“Esto probablemente volvería a ser una táctica desastrosa, incluso si contara con el respaldo de Trump, y podría significar el final de Netanyahu como un líder israelí considerado creíble”.
En una declaración reciente, Donald Trump ofreció un apoyo condicionado a Netanyahu de cara a las próximas elecciones.
“Tendré que ver quién se presenta, pero me gusta mucho Bibi. Probablemente lo respaldaría”, dijo Trump en una entrevista con KAN News.
“Tengo una buena relación con Bibi, pero necesita ser más racional. Estoy dispuesto a reunirme con él. Está haciendo un muy buen trabajo, pero tiene que ser un poco más racional”, añadió.
Si el acuerdo entre EE.UU. e Irán se mantiene
Los expertos afirman que el acuerdo podría complicar aún más las perspectivas de reelección de Netanyahu.
El pacto no solo ofrece alivio de sanciones a Irán y un fondo de inversión estimado en 300.000 millones de dólares, sino que también deja el futuro del programa nuclear iraní sujeto a nuevas negociaciones, un resultado que probablemente inquietará al establishment político israelí.
“Si el acuerdo se mantiene, las elecciones se convertirán probablemente en un referéndum sobre la estrategia iraní de Netanyahu. Los sectores más duros pueden acusarlo de no haber logrado frenar a Trump, mientras que los votantes más pragmáticos pueden preguntarse por qué Israel permaneció atrapado en Gaza, Líbano e Irán sin obtener un resultado decisivo”, explica Zaccara.
Una encuesta reciente muestra que solo el 11% de los israelíes cree que su país ganó la guerra contra Irán. Otro sondeo indica que el bloque de coalición de Netanyahu no tendría garantizada una mayoría en el Parlamento de Israel.
“El acuerdo no acaba automáticamente con las posibilidades de Netanyahu, pero le priva de la narrativa de victoria clara que necesita antes de unas elecciones. Paradójicamente, la continuidad de la guerra le proporcionaba esa narrativa; la paz se la arrebata”.
Ante las crecientes críticas, Netanyahu ha intentado limitar el coste político del acuerdo entre Estados Unidos e Irán, navegando entre las exigencias maximalistas de sus aliados más radicales y la necesidad de evitar un deterioro mayor de su relación con la Administración Trump.
Según Falk, Netanyahu intentará hacer todo lo posible para "minimizar la tensión en torno al acuerdo, presentándolo como una simple disputa familiar".
Una reciente declaración del líder israelí pareció reflejar esa estrategia:
“La lucha aún no ha terminado y quedan desafíos por delante. Requieren juicio sereno, una defensa firme de los intereses de seguridad de Israel y, al mismo tiempo, la preservación de nuestra relación vital con nuestros amigos estadounidenses, que estuvieron hombro con hombro con nosotros en esta lucha, una asociación que apreciamos profundamente”.
Sin embargo, Falk se muestra escéptico sobre la capacidad de Netanyahu para mantener indefinidamente su relación con Trump y advierte que una ruptura podría debilitar aún más su posición política.
“Esta postura podría no resistir el escrutinio, ya que el acuerdo, si se mantiene, podría dejar a Irán como una fuerza política más fuerte en la región y contribuir a un cambio más amplio contra Israel en el mundo árabe”, afirma.
“Alternativamente, Irán podría encontrarse con un nuevo liderazgo en Tel Aviv que busque la normalización de relaciones con Teherán. El tiempo lo dirá”.





















