Entre el luto y el dolor, familias en Irán entierran a víctimas de los ataques de EE.UU. e Israel
Las familias en Teherán lloran a sus seres queridos fallecidos en la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán, mientras se preparan nuevas tumbas en el principal cementerio de la capital.
El llanto de las madres se mezcla con el humo que dejan los bombardeos de Estados Unidos e Israel en Teherán, mientras sepultureros abren nuevas tumbas. Entre el duelo por la pérdida de hijos jóvenes, las familias que huyen por miedo, hospitales dañados y la amenaza de hambre extrema que podría afectar a millones, Irán enfrenta una crisis que golpea la vida cotidiana.
Marzia Razaei lloraba a su hijo Arfan Shamei, fallecido en una explosión en un campamento de entrenamiento militar pocos días antes de que pudiera regresar a casa, según reportó la agencia de noticias Reuters.
La ofensiva, iniciada el 28 de febrero por Tel Aviv y Washington, con una oleada de bombardeos aéreos sobre Teherán y otras ciudades, ha matado a más de 1.300 personas en Irán hasta ahora, según autoridades del país, y ha sumido a la región en una grave crisis.
Las lágrimas corrían por el rostro de Razaei, que miraba al vacío mientras abrazaba un gran retrato de Shamei, de 23 años. Con la voz quebrada por el dolor, recordaba su última conversación, cuando hablaban del próximo viaje del regreso a casa.
“No lo había visto en dos meses”, dijo, añadiendo que su último día antes de volver debía haber sido el lunes, el mismo día en que fue entrevistada.
Tenía previsto casarse poco después, y ese viaje formaba parte de los preparativos de la boda.
“Mi hijo le tenía miedo a la oscuridad”.
Shamei murió en una explosión en su campamento en Kermanshah, en el oeste de Irán, el 4 de marzo. La detonación convirtió su tienda en una bola de fuego y dejó su cuerpo tan calcinado que su madre no pudo verlo.
“Mi hijo le tenía miedo a la oscuridad”, repitió, sentada frente a su tumba en el enorme cementerio de Behesht-e Zahra, mientras una lluvia fina caía de forma constante.
Dolor y rabia entre las familias
Shamei y otros fallecidos en el actual conflicto están enterrados en la Sección 42 del cementerio, donde una docena de sepultureros trabajaban preparando nuevas tumbas, mientras otros empleados alistaban lápidas de mármol blanco grabadas con los nombres de las víctimas.
Cuando otro cuerpo fue llevado para su entierro, transportado sobre los hombros de sus familiares, el sonido de un bombardeo aéreo resonó en el cementerio, mientras una columna de humo gris se elevaba desde un distrito cercano.
Las tumbas se extendían bajo un dosel decorado con imágenes de los fallecidos y banderas iraníes. Las familias se reunían entre lágrimas y conversaciones. Algunas mujeres lloraban en silencio; otras, completamente desbordadas, se golpeaban el pecho con los puños.
Un camión cargado de flores de colores permanecía cerca, y pétalos habían sido esparcidos sobre las tumbas, mientras altavoces reproducían himnos chiíes de duelo.
Otras tumbas en la sección pertenecían a miembros del Basij, una milicia voluntaria vinculada a la Guardia Revolucionaria de Irán, así como a funcionarios y detenidos de la prisión de Evin, que fue atacada durante esta ofensiva y la de junio de 2025.
Fatima Darbechi, de 58 años, perdió a su hermano de 44 al inicio de la ofensiva. Murió cuando intentaba rescatar a personas atrapadas en un coche bombardeado, tras ser alcanzado por la metralla de una segunda explosión.
Sus padres habían fallecido cuando él era niño. “Creció sin madre. Yo lo crié”, dijo, con lágrimas corriendo por su rostro.
Para algunos de los presentes, el dolor se mezcla con la rabia y la determinación frente a Israel y Estados Unidos por la campaña de bombardeos.
“Cuando queman nuestros corazones, no nos detienen, no nos hacen arrodillarnos”, afirmó la madre de Ihsan Jangravi, de 25 años, levantando el puño en el aire.
El balance creciente de víctimas civiles
A medida que avanzan los días, el recuento de víctimas sigue creciendo. El embajador iraní ante la ONU en Ginebra, Ali Bahreini, afirmó el lunes que más de 1.300 personas han muerto en Irán desde el inicio de la ofensiva el 28 de febrero, y que más de 7.000 han resultado heridas.
Además, el Ministerio de Salud de Irán informó el martes que más de 18.000 personas han resultado heridas en los ataques de los “enemigos agresores”, incluidos niños, según las cifras oficiales publicadas hasta el 15 de marzo.
El ministerio indicó que 204 de las víctimas fatales son menores de 18 años, incluidos 13 niños menores de cinco años. Entre los heridos, 1.275 tienen menos de 18 años, de los cuales 45 son menores de dos años.
Las cifras oficiales también muestran que 226 de los fallecidos y 3.002 de los heridos son mujeres, subrayando el impacto de la ofensiva sobre la población civil más vulnerable.
Huyendo del miedo: hasta 3,2 millones de personas desplazadas
A medida que crecen las cifras de víctimas, también lo hace el número de quienes se ven obligados a huir. La ofensiva ha desencadenado un desplazamiento interno a gran escala en Irán, en muchos casos silencioso y apresurado.
Según ACNUR, entre 600.000 y 1 millón de familias han abandonado temporalmente sus viviendas, lo que equivale a hasta 3,2 millones de personas. La mayoría huye de Teherán y de otras grandes ciudades hacia el norte del país y zonas rurales en busca de mayor seguridad.
Las familias dejan atrás sus hogares en medio de la incertidumbre, con acceso limitado a servicios esenciales y en un contexto de creciente inseguridad. Entre los afectados también se encuentran refugiados que ya vivían en Irán, en su mayoría afganos, cuya situación es especialmente vulnerable debido a la falta de redes de apoyo.
El organismo advierte de la urgencia de proteger a la población civil, garantizar el acceso a la ayuda y mantener abiertas las fronteras para quienes buscan seguridad, mientras el conflicto continúa desplazando a miles de personas lejos de sus hogares.
Hospitales bajo fuego
Mientras las familias entierran a sus muertos y tratan de asimilar la pérdida, el impacto de los bombardeos también se hace visible en el sistema sanitario de Irán. Según el Ministerio de Salud, Tratamiento y Educación Médica, al menos 153 instalaciones han resultado dañadas tras los ataques, de acuerdo con la agencia Mehr.
Entre las infraestructuras afectadas se encuentran 56 centros integrales de servicios de salud, además de 25 puestos sanitarios, 18 centros de salud urbanos y 18 casas de salud. A estos se suman una oficina sanitaria, tres centros de atención permanente, tres centros de gestión de crisis y otras 29 unidades.
En paralelo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) informó desde Ginebra que la ofensiva ha obligado a evacuar seis hospitales. Pese a ello, el organismo señala que el sistema sanitario continúa funcionando y que, por ahora, las autoridades no han solicitado asistencia de emergencia.
“La atención primaria y la infraestructura sanitaria de Irán son bastante buenas y sólidas, y por el momento pueden hacer frente a las víctimas”, explicó la directora regional de la OMS, Hanan Balkhy.
La OMS, que mantiene una oficina en Teherán y coopera habitualmente con las autoridades en la gestión sanitaria, ha verificado 18 ataques contra instalaciones de salud y la muerte de ocho trabajadores sanitarios, lo que añade presión a un sistema que sigue operativo en medio de la ofensiva.
45 millones de personas podrían enfrentar hambre extrema, dice PMA
Mientras los bombardeos y la violencia se cobran vidas en Irán, otra crisis crece en paralelo: el hambre. El Programa Mundial de Alimentos (PMA) advirtió que, si la guerra continúa hasta junio, hasta 45 millones de personas podrían enfrentarse a hambre extrema en Irán, debido al aumento de los precios de los alimentos, el petróleo y el transporte. Esto elevaría la cifra global de personas en riesgo a más de 319 millones.
Los ataques de Estados Unidos e Israel han bloqueado rutas esenciales de ayuda humanitaria, retrasando envíos de alimentos y suministros vitales hacia zonas ya afectadas por crisis graves.
El subdirector ejecutivo del PMA, Carl Skau, advirtió que esta situación llevaría el hambre mundial a un nivel histórico. “Es una perspectiva terrible”, dijo, recordando que incluso antes del conflicto, la combinación de altos precios y crisis prolongadas había creado una tormenta perfecta para millones de personas en todo el mundo.