Buenos Aires, Argentina — Sebastián Tesoro trabajó durante 12 años en el área de clasificación de Fate, una fábrica de neumáticos en Argentina que producía más de 7.000 unidades al mes para automóviles y camiones. En sus tiempos de gloria, la compañía llegó a despachar unas cinco millones de cubiertas al año. Pero en febrero, la empresa decidió cerrar sus puertas: en total, 920 empleados fueron despedidos, entre ellos Sebastián.
El pasado 18 de febrero, cuando Tesoro llegó a la fábrica, ubicada en un predio de 40 hectáreas a 30 kilómetros del centro de Buenos Aires, encontró un cartel que afirmaba: “Fate comunica que, a partir del día de la fecha, cesa la actividad en su planta industrial”. La firma, con 80 años de historia, era la única que producía neumáticos nacionales.
“Sentí bronca, pero no resignación. Lo primero que se nos ocurrió fue reclamar. No me podía ir a mi casa resignado, tengo tres hijos, enfermedades laborales y compañeros que no pueden perder su seguro médico”, asegura Tesoro a TRT Español.
La industria en estado crítico
Como Sebastián, en Argentina se perdieron 300.000 empleos registrados desde el inicio del Gobierno de Javier Milei, de acuerdo con datos de la Secretaría de Trabajo de la Nación. En el mismo período, cerraron sus puertas más de 22.000 empresas, de acuerdo a registros oficiales.
Así, la pujante industria argentina que supo ser el motor productivo del país hoy atraviesa un período crítico y una transformación estructural profunda por la apertura de importaciones y el aumento en las tarifas de los servicios públicos, según indican informes oficiales, empresarios y expertos.
Un informe de la Universidad de Buenos Aires advirtió que en los últimos dos años se perdieron 100.000 puestos de trabajo en el sector industrial, a razón de 160 por día, mientras que la capacidad ociosa de las fábricas aumentó 40%. A nivel general, la capacidad instalada de las empresas (el volumen máximo de producción o servicios en una empresa) fue del 54,9 % promedio.
El plan de Milei con la industria
Desde su llegada al poder, el presidente Javier Milei ha presumido del giro y la transformación que pretendía dar al sector productivo, priorizando actividades primarias como la extracción de petróleo y el agro, en lugar de la industria productiva, que desalentó con la apertura de importaciones.
"Para proteger a la industria se le robó al campo, y lo único que se generó es un sector adicto al Estado", declaró Milei en el pasado. Para el presidente, el pilar del crecimiento “viene de la mano de la apertura comercial”.
“Desde hace casi un siglo Argentina está atrapada en la trampa del fetiche industrialista. Nos dijeron que la única forma de generar empleo era sostener un esquema industrial fuertemente subsidiado”, afirmó en marzo.
Recientemente también dijo que “la actividad económica empezó a rebotar” y a “revivir”. “Estamos en récord de exportaciones, están viniendo inversiones, el crédito está creciendo fuertemente, empezamos a recomponer el capital de trabajo”, sostuvo Milei. “La economía va a retornar al sendero de crecimiento”, resaltó en un encuentro organizado por la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina.
“La industria es el sector que más pierde”
“El sector industrial es el gran perdedor de la reestructuración productiva que atraviesa Argentina”, sentencia a TRT Español el economista Federico Machado, profesor de Microeconomía en la Universidad Nacional de La Plata y miembro del Observatorio de Políticas para la Economía Nacional. “La industria es el sector que más sale perdiendo”, insiste.
Si bien hubo variables de la economía que han mejorado, como la inflación, que cayó de 211% en 2023 a 32,6% en los últimos 12 meses; y rubros que reportaron repuntes, como la minería, la energía y la intermediación financiera, otros están en picada, según registros oficiales, como la industria textil e indumentaria, química y la fabricación de maquinaria, herramientas y vehículos industriales, entre otros.
Como consecuencia, en el último año han crecido los despidos, que no logran ser absorbidos por industrias que sí tuvieron crecimiento. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos, la desocupación aumentó a finales de 2025, último reporte oficial, y ascendió a 7,5%. También se incrementaron la informalidad y el cuentapropismo, trabajadores independientes autónomos que no tienen empleados a su cargo.
Para Machado, aunque al Gobierno de Milei le vaya bien y la economía ingrese en un sendero de crecimiento sostenido “no se van a recuperar los puestos previos”, al menos en el corto plazo.
Y si bien valora la reestructuración productiva, asegura que el modelo “no es equilibrado si sólo van a crecer sectores con potencial exportador”. “El proceso debería ser más lento y cuidadoso, en lugar de esta apertura agresiva de importaciones”, analiza.
“Un sector de la población queda fuera del empleo formal, y crece el informal, donde hay nuevas herramientas, como las aplicaciones. También hay más multiempleo y pauperización del trabajo. Hoy el sujeto social son aquellos que tienen muchos empleos”, sostiene.
“Padecemos una situación muy complicada”
El empresario Daniel Rosato, propietario de una compañía papelera y una metalúrgica, asegura a TRT Español que la industria manufacturera argentina está “bajo amenaza” por la ausencia de políticas orientadas a la protección de un sector que había logrado un repunte tras la crisis provocada por la pandemia del COVID-19 y a finales de 2023 empleaba a 1,2 millones de trabajadores.
“El país no es competitivo respecto del resto del mundo porque hay costos en dólares para producir. Hay una gran presión impositiva y precios elevados de la energía”, afirma Rosato, quien emplea a 180 personas y es líder de Industriales Pymes Argentinos, una red que agrupa a pequeños y medianos empresarios.
Para subsistir, ha reducido sus márgenes de rentabilidad. Aunque asegura que aún puede cubrir los costos y pagar los salarios, advierte que ese no es el escenario de otros empresarios, que han efectuado despidos, se han declarado en quiebra o cerraron sus puertas.
“Todos padecemos una situación muy complicada, no hay demanda”, lamenta Rosato, quien sostiene además que para su sector es imposible planificar inversiones y proyectar crecimiento.
Daniel Moreira, empresario metalúrgico y presidente de la Asociación Pyme, coincide con el diagnóstico. “Se está resintiendo el entramado productivo. Los trabajadores y el empresario se quedan sin empleo”, señala a TRT Español.
“Mi sector está sufriendo por la apertura de importaciones. Se pagan impuestos para importar materia prima y para exportar productos terminados. Hay competencia desleal”, asegura. “El devenir de estos tiempos es catastrófico”, concluye.
“Queremos trabajar y vivir con dignidad”
A dos meses de ser despedido, Tesoro y sus compañeros aún pelean por recuperar sus puestos de trabajo. “Pasamos de todo. Organizamos un fondo de lucha, nos donan dinero. Muchos compañeros están trabajando en aplicaciones de transporte de pasajeros, a mí me ayuda mi hija, tuve que mudarme para achicar los gastos”, lamenta.
Además, recuerda que dos años atrás la fábrica empleaba a 2.000 trabajadores y cuestiona la importación masiva de cubiertas sin controles de calidad apropiados, con precios mucho más económicos que las fabricadas por la industria nacional. Según un informe de la consultora PxQ, en los últimos dos años las importaciones de este producto aumentaron 34,8% y los precios cayeron casi un 40%, afectando la rentabilidad.
Tesoro recuerda que durante la década de 1990, la masa de desocupados se transformó en un actor social relevante, cuando los índices de desempleo en la Argentina ascendieron al 25%. “No queremos ser los nuevos despedidos, no me van a obligar a revolver la basura en la calle, queremos trabajar para vivir con dignidad”, sostiene.











