Alta presión sobre diálogos de EE.UU. e Irán en Pakistán: ¿qué se espera y qué está sobre la mesa?

Mientras Israel sigue atacando el Líbano y la incertidumbre se cierne sobre el frágil alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, los analistas advierten que el éxito de los diálogos en Pakistán será mantener abierta la vía diplomática.

By Fatima Munir
Un guardia de seguridad patrulla las afueras del Aiwan-e-Sadr (Palacio Presidencial) antes del diálogo entre Irán y EE.UU. en Pakistán. / Reuters

A medida que las delegaciones de Estados Unidos e Irán se preparan para reunirse en la capital de Pakistán, Islamabad, durante este fin de semana, los expertos señalan que cualquier avance sustancial en los diálogos parece poco probable.

El encuentro, que está programado para el sábado, surgió en el marco del alto el fuego que Washington y Teherán aceptaron sostener por dos semanas, y que se logró con la mediación de Pakistán a última hora de este martes. 

Sin embargo, la frágil tregua, que entró en vigor ese mismo día, ya está bajo presión por cuenta de los devastadores bombardeos de Tel Aviv contra el Líbano, que, según Pakistán e Irán, estaba incluido bajo el acuerdo y no debía ser atacado. Estados Unidos afirma no haber aceptado ninguna demanda de ese tipo.

Shamshad Ahmed Khan, exsecretario de Relaciones Exteriores de Pakistán con décadas de experiencia diplomática, advierte que las condiciones básicas para unas conversaciones significativas entre Washington y Teherán aún no están firmemente establecidas.

“Es demasiado pronto para predecir el resultado... el alto el fuego no duró ni un solo día”, explica a TRT World, señalando la continua violencia de Israel en el Líbano. “Eso debe cesar si las conversaciones de Islamabad han de comenzar con propósito”.

“El resultado final dependerá de cuán sinceramente los estadounidenses aplaquen los temores legítimos de Irán”, afirma.

El alto el fuego marcó una inusual apertura diplomática tras una escalada militar que sacudió Oriente Medio y golpeó los mercados energéticos mundiales.

Pero con la violencia continuada en la región, además de la profunda desconfianza entre Washington y Teherán, las conversaciones ahora se perfilan como una prueba de si la diplomacia puede afianzarse del todo.

Desde Washington, se espera que la delegación esté liderada por el vicepresidente de EE.UU., JD Vance, quien viajará con el enviado Steve Witkoff y el asesor Jared Kushner, quien también es yerno de Trump.

Ahora bien, de parte de Teherán se anticipa una representación de alto nivel que podría incluir al ministro de Relaciones Exteriores, Abbas Araghchi, y al presidente del Parlamento, Mohammad Bagher Ghalibaf, aunque Irán aún no ha confirmado oficialmente a los miembros de la delegación. 

La profunda desconfianza se cierne sobre las negociaciones, con diferencias sin resolver sobre el acceso al estrecho de Ormuz, el alivio de las sanciones, el programa nuclear iraní y la desescalada regional más amplia, incluido el Líbano.

Los analistas subrayan que esto está lejos de ser un acuerdo de paz formal, con ambas partes aún tanteando los primeros bordes de la confianza.

¿Qué se puede esperar de manera realista en Islamabad?

Mantener el proceso diplomático es clave, coinciden los expertos.

Mohammad Eslami, politólogo iraní y analista geopolítico del Instituto Universitario Europeo, destacó los límites estructurales de las conversaciones.

“El único resultado realista que puedo imaginar para esta ronda de conversaciones es uno que pueda enmarcarse dentro de la Carta de la ONU. Ni Irán renunciará al enriquecimiento de uranio, ni EE.UU. permitirá que Irán obtenga la bomba”, declara a TRT World.

Afirma que el levantamiento de las sanciones a Teherán por parte de EE.UU. tampoco es “realista”, señalando que Washington podría hacerlo si así lo quisiera, sin necesidad de imponer una guerra a Irán, y que este último también estaba dispuesto a garantizar que no busca bombas nucleares.

Los interlocutores pakistaníes buscarán asegurar que el incómodo alto el fuego se mantenga, mientras ambas partes acuerdan algunos términos para llevar las negociaciones a la siguiente etapa.

El embajador Mansoor Ahmed, veterano diplomático pakistaní, señala que la prioridad inmediata es simplemente mantener el frágil alto el fuego y continuar avanzando en las conversaciones.

“El alto el fuego es frágil debido a las complejidades subyacentes... el resultado más realista y significativo sería un proceso continuo que avance en diversos temas”, señala a TRT World.

Sugiere que esto podría incluso requerir que la tregua actual se extienda si se logran avances tempranos.

Ahmed señala que los primeros indicios de progreso serán visibles durante el fin de semana si las delegaciones inician discusiones constructivas sobre un alto el fuego permanente, un marco para la reapertura del estrecho de Ormuz y la búsqueda de puntos en común sobre el enriquecimiento nuclear y las sanciones, todos temas que han sido de los más controvertidos.

Subraya que las predicciones de plazos siguen siendo difíciles, pero que un impulso temprano en estas áreas sería significativo.

También destacó la importancia de involucrar a las partes interesadas pertinentes, incluidas China, Rusia, Türkiye, Arabia Saudí, Egipto, la ONU y la Unión Europea, para evitar que los saboteadores descarrilen el proceso.

“Quedan muchos obstáculos, siendo el papel de los saboteadores el más grande de ellos, como vimos con los brutales ataques israelíes contra el Líbano ayer”, afirma. 

Cómo podría verse el progreso

En lugar de acuerdos amplios, los analistas señalan que el resultado más realista de las conversaciones de Islamabad serán los avances incrementales.

La doctora Sadia Rafique, profesora asistente de ciencias políticas especializada en asuntos de Oriente Medio y el Golfo, señala a TRT World que es probable que el movimiento inicial surja en los ámbitos económico y diplomático.

En esa línea apunta a tres posibles reformas limitadas: apoyo externo condicional y pequeños ajustes de política, junto con una reducción de tensiones mediante un diálogo sostenido.

Los primeros indicios de progreso, observa, podrían incluir “acuerdos económicos, pequeños cambios de política... y un cambio en las narrativas internas e internacionales que respalden el proceso”.

Para los observadores globales, las señales a seguir serán prácticas más que retóricas en su opinión: acuerdos firmados, cambios en las sanciones, implementación de políticas y mayor compromiso diplomático.

Las fracturas persisten

Sin embargo, incluso estas modestas expectativas están ensombrecidas por la incertidumbre.

El exembajador pakistaní Asif Durrani afirma que es demasiado pronto para predecir resultados concretos de las conversaciones de Islamabad.

“Lo principal es que la guerra se ha detenido, y ese es el primer paso hacia la paz”, declara a TRT World.

Y añade que los esfuerzos de Pakistán, con el apoyo de Türkiye y China, han creado un marco para el diálogo, pero que el progreso definitivo dependerá de cómo Washington y Teherán calculen sus ganancias y pérdidas, y lleguen a un acuerdo negociado.

“Crucemos los dedos”, dice.

Eslami, del Instituto Universitario Europeo, advirtió por su parte que los intereses divergentes entre EE.UU. e Israel representan el riesgo “más peligroso”, ya que Tel Aviv puede reanudar la guerra “en cualquier momento” e Irán se vería obligado a responder.

“En general, no soy optimista respecto a la paz”, afirma, enfatizando que este no es el momento en que las partes en conflicto puedan declarar un fin permanente a la guerra.

Más allá del alto el fuego

Para Khan, exsecretario de Relaciones Exteriores de Pakistán, la respuesta va mucho más allá de una pausa temporal en los combates.

“Un simple alto el fuego no es el objetivo final. La paz genuina y duradera es lo que significará el éxito”, afirma, argumentando que esto requiere abordar las preocupaciones de seguridad fundamentales de Irán y repensar los acuerdos de seguridad regional más amplios.

Sugiere que las grandes naciones musulmanas como Irán, Pakistán, Türkiye, Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Egipto, Iraq, Indonesia y Malasia se unan “bajo un tratado de tipo OTAN para convertirse en una sólida entidad musulmana unida que garantice la seguridad de la región sin ninguna base estadounidense”.

Compartió su perspectiva para el mundo musulmán "que ahora debe recuperar su fuerza y poder perdidos".

Si bien la diplomacia de Pakistán ha recibido elogios de algunos líderes mundiales y ha generado un cauteloso optimismo sobre el terreno, persisten profundos desafíos estructurales, incluida la desconfianza histórica entre Teherán y Washington, los objetivos estratégicos divergentes y las presiones políticas internas en ambos lados.

Así pues, mientras Islamabad intenta guiar las frágiles conversaciones, los límites de la diplomacia siguen siendo evidentes. Eslami lo dice sin rodeos: “Necesitamos la derrota de una determinada parte en una medida innegable para que la guerra pueda detenerse”.