Trump usó la retórica del narcotráfico para atacar Venezuela: lo que muestran realmente los datos
Datos de la ONU y del propio EE.UU. confirman que la producción de cocaína sigue concentrada en Colombia, Perú y Bolivia –no en Venezuela–, un hecho que debilita profundamente la justificación de Washington para autorizar acciones letales.
Aunque el presidente de EE.UU., Donald Trump, ha presentado el ataque militar de Washington en Venezuela y la captura de su homólogo Nicolás Maduro como parte de una campaña integral contra las drogas, informes internacionales y evaluaciones de expertos sugieren que la narrativa es más débil que la retórica.
El argumento de la Casa Blanca se basa en los narcóticos y las rutas de contrabando que se utilizan para introducir sustancias ilícitas en EE.UU.
Dos sustancias dominan las afirmaciones de Washington y la crisis de sobredosis en el país: la cocaína y el fentanilo. Sus orígenes, cadenas de producción y ruta de entrada a EE.UU. están bien documentados. Y apuntan en gran medida fuera de Venezuela.
Este país latinoamericano no es ni un productor importante de cocaína ni la principal ruta de tránsito a través de la cual estos narcóticos ingresan a EE.UU.
“La idea equivocada más común es el papel que las organizaciones criminales venezolanas desempeñan en el tráfico internacional”, señaló Steven Dudley, cofundador de InSight Crime, un centro de estudios que investiga el crimen organizado en América Latina .
“Los grupos criminales venezolanos no son actores internacionales importantes; son en gran medida locales”, afirmó en conversación con TRT World.
A la operación militar del 3 de enero, en la que Maduro fue capturado y que dejó cerca de 100 personas muertas, le siguieron varios ataques aéreos controvertidos contra embarcaciones en el mar Caribe y el océano Pacífico.
El Gobierno de Trump sostuvo que las embarcaciones eran utilizadas para traficar drogas hacia EE.UU. Se llevaron a cabo alrededor de 35 ataques aéreos de este tipo entre septiembre de 2025 y enero de 2026, matando a decenas de personas, cuyos momentos finales fueron captados por cámaras térmicas montadas en drones.
No obstante, la geografía complica la afirmación sobre la gravedad de la participación de Venezuela. Según el diario The Washington Post, la mayoría de los ataques tuvieron lugar en el Pacífico oriental, cerca de las costas de Colombia y México. La costa de Venezuela se encuentra en el mar Caribe, parte del océano Atlántico.
Dónde y cómo se produce la cocaína hace que el caso contra Venezuela sea aún más débil. Casi toda la cocaína del mundo se produce y fabrica en la región andina, principalmente en Colombia, Perú y Bolivia.
La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC, por sus siglas en inglés) publica cada año una evaluación global integral de la producción de narcóticos y las rutas por dónde se trafican. Venezuela no figura entre los principales productores de cocaína.
Las referencias al país aparecen escasamente en los informes de UNODC, principalmente en discusiones sobre tránsito regional más que producción.
De hecho, el Informe Mundial sobre las Drogas 2025 de UNODC incluye una visualización de las rutas de tráfico que muestra que Venezuela no es el corredor principal a través del cual la cocaína llega a Estados Unidos.
En respuesta a preguntas de TRT World, la oficina de prensa de UNODC remitió a sus últimas publicaciones, incluido el Informe Mundial sobre las Drogas y el Informe Global sobre la Cocaína.
“Venezuela registró 43,7 toneladas de la cocaína incautada en 2023, lo que representa el 1,9% de los decomisos globales”, explicó UNODC a TRT World.
Incluso la propia hoja informativa de la Administración para el Control de Drogas de EE.UU. (DEA) establece que la mayor parte de la cocaína que ingresa al país pasa a través de México.
Por su parte, la profesora Guadalupe Correa-Cabrera, experta en redes de cárteles de drogas latinoamericanos, sostuvo que si bien Venezuela se utiliza como ruta de tráfico, la escala y el momento de su papel siguen siendo objeto de debate.
Además, señaló que la narrativa estadounidense puede reflejar tanto intereses geopolíticos como estadísticas sobre drogas.
Al mismo tiempo, Colombia, vecino de Venezuela y el mayor productor de cocaína del mundo, ha sido central en la política antidrogas de EE.UU. durante décadas.
Desde su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025, Trump ha declarado una guerra renovada contra los narcóticos. En 2024, más de 80.000 estadounidenses murieron por sobredosis de drogas, la mayoría vinculadas al opioide sintético fentanilo, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU.
A diferencia de la cocaína, el fentanilo no se cultiva. La mayor parte del fentanilo del mundo se fabrica en México, utilizando químicos precursores en gran medida procedentes de China. Desde allí, el producto final se trafica a través de la frontera entre EE.UU. y México.
Venezuela desempeña un papel mínimo en esta cadena de suministro.
El mismo Trump ha sugerido que la operación contra Venezuela se trataba de algo más que drogas.
Según señaló pocas horas después del ataque, EE.UU. tiene la intención de “dirigir” Venezuela e incluso publicó una imagen en Truth Social refiriéndose a sí mismo como el “presidente en funciones” del país.
También se reunió con ejecutivos de las compañías petroleras Exxon, Chevron y Conoco en Washington, buscando fomentar hasta 100.00 millones de dólares en inversión en el sector de crudo de Venezuela.
Dentro del país latinoamericano, el consumo de cocaína sigue siendo relativamente bajo. UNODC estima la prevalencia en el último año en 0,82% de la población. Las incautaciones de fentanilo han sido mínimas.
Tampoco es una potencia de carteles
Los expertos coinciden ampliamente en que Venezuela funciona, como mucho, como un punto marginal de tránsito, almacenamiento y salida para la cocaína.
Sin embargo, cuantificar los flujos de tráfico es inherentemente difícil, señaló Dudley, debido a que los datos de incautaciones son irregulares y las prioridades de las agencias policiales moldean lo que finalmente se detecta.
Incluso el muy citado “Cartel de los Soles” es descrito por él como una red flexible vinculada a estructuras estatales en lugar de un cartel verticalmente integrado que controla rutas internacionales.
“Otros grupos, quizás más famosos como el Tren de Aragua, no desempeñan un papel en el tráfico internacional de drogas”, añadió.
En una acusación formal de 2020, fiscales estadounidenses señalaron a Maduro y a altos funcionarios venezolanos de pertenecer al llamado “Cartel de los Soles”, describiéndolo repetidamente como una organización de narcotráfico.
Pero, en una acusación formal revisada revelada el 3 de enero de 2026, el Departamento de Justicia de EE.UU. abandonó silenciosamente el lenguaje que lo retrataba como un cartel estructurado y, en su lugar, lo definió como un sistema en el que “élites venezolanas poderosas se enriquecen a través del narcotráfico y la protección de sus socios narcotraficantes”.
Durante largo tiempo, los expertos sostienen que el “Cartel de los Soles” no es el nombre de un cartel real, sino una jerga venezolana que se remonta a los años 1990 y que se utiliza para describir a funcionarios acusados de corrupción.
“Muchas personas han cuestionado la existencia del Cartel de los Soles, incluso dentro del Gobierno de EE.UU., y diferentes términos están siendo utilizados (para el Cartel) en la actualidad”, señaló Correa-Cabrera.
En medio de estas incertidumbres yace un problema más profundo: no si existen redes ilícitas, sino cómo el poder político, la geografía y las prioridades de aplicación de la ley moldean la historia que se cuenta.
“Que Venezuela es una ruta para el narcotráfico parece ser cierto”, afirmó Correa-Cabrera. “La pregunta es en qué momento se volvió más conectada al narcotráfico, y si esto sucedió con el chavismo o antes. Es muy difícil saberlo”.
Informes estadounidenses y europeos reflejan hallazgos globales
La investigación europea y estadounidense se alinea con esa evaluación más amplia del panorama regional. Un informe de 2024 del Servicio de Investigación del Parlamento Europeo encontró que el cultivo de coca se concentra abrumadoramente en Colombia, seguido de Perú y Bolivia.
Ese patrón coincide con los hallazgos de la Oficina de Washington para América Latina, cuya investigación muestra que los flujos de cocaína a través de Venezuela aumentaron junto con la producción colombiana entre 2012 y 2017, para luego disminuir a medida que la producción se desaceleró.
“Lo que vemos es que las investigaciones están más dirigidas contra Venezuela”, explicó Correa-Cabrera. “Eso hace que esta sea una pregunta difícil de responder honestamente, porque la atención de la aplicación de la ley moldea la evidencia que se produce”.
La última evaluación de la DEA identifica a las organizaciones criminales mexicanas como los principales impulsores de la disponibilidad de fentanilo y las muertes por sobredosis en EE.UU. También confirma a Colombia como la principal fuente de cocaína, seguida de Perú y Bolivia, mientras que Venezuela no se menciona en absoluto.
De hecho, aproximadamente el 84% de las muestras de cocaína incautadas en EE.UU. en 2024 eran de origen colombiano.
Política de drogas y geopolítica
Correa-Cabrera afirmó que la representación de Venezuela como un centro importante refleja tanto el encuadre político como los datos de aplicación de la ley.
“El narcotráfico y las economías ilícitas han moldeado históricamente la política estadounidense hacia Venezuela”, dijo. “Pero muchas personas han cuestionado ese encuadre. Incluso dentro del Gobierno de EE.UU., se están utilizando diferentes términos”
Según la experta, las investigaciones de la DEA y la participación de las fuerzas del orden estadounidenses en el extranjero también han sido utilizadas con fines geopolíticos. “Esto no se limita a Venezuela. Ha sucedido en México y en otros lugares de la región”.
Como ejemplo, mencionó el caso del expresidente de Honduras Juan Orlando Hernández, quien fue procesado, condenado y posteriormente indultado por Trump.
Correa-Cabrera añadió que las investigaciones estadounidenses a menudo se intensifican en torno a países de importancia estratégica, incluidos aquellos con vastas reservas petroleras como Venezuela.
“Esto es lo que Estados Unidos está presentando”, afirmó. "Pero eso no significa que la escala haya cambiado de la manera en que se está retratando”.
Despojada de la retórica, la evidencia apunta en otra dirección. La cocaína fluye desde los Andes y el fentanilo desde México; ambos ingresan a Estados Unidos a través del Pacífico y de la frontera sur. Venezuela no es la fuente. Es la coartada.