Millones carecen de agua en Latinoamérica: ¿qué alternativas impulsa la región ante crisis hídrica?
Más de 160 millones de personas tienen dificultades para acceder a agua segura en Latinoamérica. Ante este reto, organizaciones y expertos diseñan sistemas para abastecer a las poblaciones más vulnerables frente a la crisis hídrica.
Acceder a agua limpia para bañarse, alistar a sus hijos para ir a la escuela, cocinar y lavar la ropa ha sido un desafío durante décadas para Elena Cruz, una mujer de 63 años residente del paraje Quiltepec, al sur de la Ciudad de México, donde escasean la infraestructura y los recursos hídricos. “Debíamos comprar agua envasada e ir a la casa de familiares para higienizarnos”, relató a TRT Español.
Como Cruz, más de 160 millones de personas en América Latina tienen dificultades para acceder a agua potable de forma segura, un derecho humano básico, a pesar de que la región alberga alrededor de un tercio de los recursos hídricos mundiales, según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).
En marzo, un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), indicó que “donde las personas no tienen garantizado el derecho al agua potable y al saneamiento, las desigualdades se profundizan”.
Y estimó que unos 2.100 millones de personas en el mundo carecen de servicios de agua potable gestionados de manera segura, con consecuencias severas para su salud, sus oportunidades y el desarrollo de sus comunidades.
“Debimos batallar mucho por el agua. Toda la vida tuvimos que hacer un esfuerzo muy grande para conseguirla, y siempre la utilizamos para lo más indispensable”, relató Cruz.
La sequía en América Latina
La crisis del agua afecta de forma dispar a los países de la región: en Argentina, la sequía registrada entre 2020 y 2023 a raíz de la disminución de precipitaciones en combinación con altas temperaturas afectó a más del 50% de la superficie, dejó desiertos ríos, arroyos, lagunas y cultivos, causando pérdidas por más de 14.000 millones de dólares, según datos oficiales.
Por su parte, entre 2022-2023, Uruguay atravesó la sequía más severa en 70 años y la cuenca del río Santa Lucía, que abastece al 60% de la población, quedó prácticamente sin agua. En 2023, casi dos millones de uruguayos tuvieron problemas para acceder a agua potable en sus hogares durante cuatro meses.
Hoy los problemas se concentran en el sur, según precisó a TRT Español la presidenta del Instituto Uruguayo de Meteorología, Madeleine Renom. “Está afectando a todo el sistema productivo agropecuario y a parte del suministro de agua potable”, detalló, aunque aclaró que la situación actual no tiene comparación con la sequía reportada años atrás. Para 2026 se espera la persistencia del déficit hídrico y lluvias por debajo del promedio.
Hace una década y media, Chile reporta un déficit de precipitaciones cercano al 30%, en lo que se conoció como la “megasequía”. Un informe del World Resources Institute indicó que el país enfrenta “riesgo crítico” de quedarse sin agua potable para 2050 debido al estrés hídrico extremo.
México: cosecha de agua de lluvia para subsistir
En México, donde especialistas del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria proyectan un déficit de agua para 2030 y estiman que el 13,7% de las cuencas presentan “disponibilidad crítica”, un grupo de investigadores fundó Isla Urbana, una organización que diseñó un sistema de captación del agua de lluvia, que de otro modo va a parar a drenajes o provoca inundaciones.
“El abasto de agua afecta a muchas poblaciones periféricas de la Ciudad de México, donde hay un desbalance entre el agua que se extrae de las cuencas y la que se recarga”, explicó a TRT Español Enrique Lomnitz, diseñador industrial y cofundador de Isla Urbana.
La iniciativa surgió en 2009 y desde entonces se han instalado 48.000 sistemas de captación de agua de lluvia en hogares y otros 1.000 en escuelas. “Alcanza a un millón de personas”, detalló.
Cruz, una de las usuarias, describió que el sistema “facilitó mucho la vida cotidiana”. “Somos de bajos recursos, nos permitió no tener que pelear con las autoridades para acceder al agua”, señaló. “Toda la comunidad tiene el sistema de captación, nos ha ayudado muchísimo”, agregó.
El sistema toma el agua que cae sobre los techos de las viviendas y la conduce mediante canaletas y tuberías hacia filtros y luego hacia tanques con cloro y de allí hacia las viviendas para uso doméstico. “No es agua para beber”, aclaró Lomnitz, sino para el baño, lavado de manos, ropa y riego.
El experto señaló que el sistema es escalable al 100% donde sea que haya precipitaciones significativas y personas con problemas para el abasto de agua. “Es replicable, milenario”, agregó.
El desafío es identificar los sitios donde sería prudente la instalación. “Hay zonas donde llueve pero hay poblaciones dispersas y sería costoso construir infraestructura centralizada, entonces puede funcionar muy bien. Y en otras regiones la gente está concentrada en urbanizaciones, donde es mejor abastecer agua por sistemas tradicionales”, enfatizó.
Lomnitz lamentó que América Latina no haya alcanzado un “balance hídrico” ni logrado un manejo “sostenible” del recurso. “Hay países y regiones con crisis de disponibilidad de agua, pero también hay zonas donde las dificultades son de infraestructura y abasto. Estamos lejos de la sostenibilidad. No está claro si los problemas se resolverán a tiempo o si veremos una crisis que empeore el abastecimiento”, analizó.
Agua para escuelas postergadas de Argentina
En Argentina, donde la escasez de agua e infraestructura es frecuente en localidades del norte del país, la Fundación Aguas impulsó hace una década la construcción de tanques para la recolección de agua de lluvia en escuelas rurales y así garantizar el aseo básico de los niños, cocinar y beber.
El sistema también funciona con canaletas, tuberías y filtros y deposita el agua recolectada en aljibes en la tierra de 22.000 o 52.000 litros, según el tamaño de cada escuela. “Tratamos de asistir a comunidades bien apartadas, porque son las que tienen mayor necesidad”, explicó Joaquín Altgelt, director de la organización, a TRT Español.
Para él, es fundamental que la construcción sea conjunta con las comunidades para formar “aliados técnicos”, la mayoría madres y padres de los alumnos de las escuelas, que permitan sostener el proyecto a largo plazo. El trabajo se concentra en las provincias de Chaco y Salta, “donde hay más necesidad de agua por tratarse de zonas semi-áridas”, según Altgelt.
La fundación ya instaló decenas de sistemas de cosecha de agua de lluvia, filtros comunitarios y estaciones de lavado de manos en escuelas que permiten reutilizar el agua para riego o el baño. Además, realiza análisis de laboratorio para identificar si el agua es apta para el consumo humano.
“En sitios alejados de conexiones de agua, este sistema es una buena solución. No es la ideal, porque depende de las lluvias, y ante una sequía va a escasear el recurso. Pero sí puede ayudar”, confió Altgelt.
La lluvia que transformó a una comunidad
Para Cruz, la solución llegó gracias a las lluvias. Antes de que Isla Urbana instalara el sistema de captación en hogares de Quiltepec, las dificultades para acceder al agua para ella y su familia marcaban cada decisión de su vida cotidiana.
“Me daba mucha pena que, por falta de agua, mis hijos no iban tan limpios a la escuela. Íbamos a la casa de familiares a bañarnos y lavar la ropa. Toda la vida fue un esfuerzo muy grande”, recordó.
Ahora, el agua de la lluvia atraviesa uno a uno los filtros hasta llegar a la cocina y el baño de su casa. “Ya no compramos más agua. Esto vino a cambiarnos la vida totalmente”, enfatizó.