La espera ha terminado para el Mundial más grande de la historia, con 48 selecciones, 104 partidos y tres países anfitriones. Sin embargo, además del espectáculo deportivo, el torneo está marcado por controversias políticas, el elevado costo de las entradas, problemas de visado y las altas temperaturas que amenazan con afectar a jugadores y aficionados.
La competición arranca en Ciudad de México este jueves en medio de preocupaciones por el aumento de los precios, las tensiones políticas y los desafíos logísticos sin precedentes que supone organizar un torneo repartido entre Estados Unidos, Canadá y México.
Todo ello se suma al drama deportivo que se desarrollará hasta la final del 19 de julio, cuando las mayores estrellas del fútbol luchen por el trofeo más prestigioso del deporte.
“Este será el Mundial más grande, más inclusivo y mejor de la historia”, declaró el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, quien pronosticó que siete millones de aficionados acudirán a los estadios y otros seis mil millones seguirán el torneo desde distintos puntos del planeta. “La FIFA es el proveedor oficial de felicidad para la humanidad”, afirmó.
Está por verse si esa predicción se cumple. El torneo comienza en un momento marcado por la inflación, la guerra entre Estados Unidos e Irán y las políticas migratorias estadounidenses.
El fútbol y la política
El presidente estadounidense Donald Trump ha respaldado con entusiasmo la celebración del Mundial en su país. En varias ocasiones ha recibido a Infantino en la Casa Blanca y ha elogiado públicamente el torneo.
Por su parte, Infantino ha reforzado los lazos con el mandatario estadounidense, incluso otorgándole el año pasado el primer Premio de la Paz de la FIFA.
La relación quedó simbolizada por el trofeo dorado del Mundial de Clubes, elaborado por Tiffany, que permaneció expuesto en el Despacho Oval después de que Estados Unidos acogiera ese torneo en 2025.
En una entrevista con DAZN, Trump aseguró que preguntó a la FIFA cuándo retiraría el trofeo. Según relató, le respondieron: “Puede quedarse para siempre en el Despacho Oval. Estamos fabricando uno nuevo”.
Sin embargo, el estallido de la guerra entre Estados Unidos e Irán ha provocado un aumento de los precios del petróleo y una mayor inestabilidad en Oriente Medio.
La participación de Irán en el Mundial se ha visto empañada por problemas relacionados con los visados. Teherán asegura que unos 15 miembros administrativos y directivos de su delegación no han podido entrar en Estados Unidos.
Las crecientes tensiones también llevaron a Irán a trasladar su base de entrenamiento desde Tucson, en Arizona, hasta la ciudad fronteriza mexicana de Tijuana.
El martes, la Federación Iraní de Fútbol denunció que Estados Unidos revocó el cupo de entradas asignado a sus partidos de la fase de grupos, acusando al país anfitrión de obstaculizar la asistencia de aficionados iraníes en medio de la disputa diplomática.
Irán debutará ante Nueva Zelanda en Los Ángeles el 15 de junio, antes de enfrentarse a Bélgica en la misma ciudad el 21 de junio y a Egipto en Seattle el 26 de junio.
Un árbitro somalí con la entrada denegada
La controversia por los problemas de visado que afectan a Irán fue seguida por informaciones según las cuales la estrella iraquí Aymen Hussein fue sometida a horas de interrogatorio a su llegada a Estados Unidos, lo que generó nuevas críticas por la falta de respuesta de la FIFA.
Hussein, uno de los jugadores más importantes de Irak, habría sido interrogado durante aproximadamente siete horas en el Aeropuerto Internacional O’Hare de Chicago.
Medios iraquíes informaron además que su teléfono móvil fue confiscado para ser inspeccionado.
En un incidente aparte, el fotógrafo oficial de la selección iraquí fue rechazado y no pudo ingresar a Estados Unidos.
Iraq disputará su primer Mundial desde 1986.
LLos incidentes previos al torneo no se han limitado a jugadores y miembros de las delegaciones.
El árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, seleccionado por la FIFA para dirigir partidos en el Mundial, fue rechazado tras someterse a controles de seguridad en el Aeropuerto Internacional de Miami.
Artan, elegido Árbitro del Año 2025 por la Confederación Africana de Fútbol, también estaba llamado a convertirse en el primer árbitro somalí en participar en una Copa del Mundo.
Las selecciones de Senegal y Uzbekistán también llamaron la atención antes del torneo debido a los estrictos procedimientos de seguridad aplicados en Estados Unidos.
Videos difundidos en redes sociales mostraron a futbolistas senegaleses sometidos a exhaustivos controles individuales de seguridad tras aterrizar en el país, antes de poder continuar su recorrido por la terminal.
Escenas similares se registraron con la selección de Uzbekistán.
Imágenes difundidas en internet mostraron a miembros de la delegación siendo sometidos a inspecciones de seguridad con perros policiales antes de poder ingresar a un estadio de Nueva York para disputar un amistoso contra Países Bajos.
Las medidas impuestas a Uzbekistán, que participa por primera vez en un Mundial, también generaron un amplio debate en redes sociales.
Entradas a precios desorbitados
La FIFA también ha recibido críticas por la política de precios aplicada en este Mundial, considerado ya uno de los más costosos para los aficionados.
Cuando las entradas salieron a la venta en enero, sus precios oscilaban entre 140 y 8.680 dólares.
Aunque posteriormente algunas localidades se ofrecieron a precios más bajos, otras se encarecieron considerablemente. Para la final, algunas entradas alcanzaron los 32.970 dólares.
En el mercado de reventa, los precios son aún más elevados. En abril, la propia plataforma oficial de reventa de la FIFA ofrecía paquetes de cuatro entradas para la final por casi 2,3 millones de dólares cada uno.
Si bien la FIFA no fija esos precios, sí recibe una comisión del 30% por cada reventa.
Los aficionados también han denunciado el elevado costo del transporte y los servicios asociados al torneo. El estacionamiento en algunos partidos alcanza los 175 dólares, mientras que ciertas tarifas ferroviarias en Nueva Jersey aumentaron de 12,90 a 98 dólares.
Infantino ha defendido los precios alegando que la demanda equivale a “mil años de Mundiales al mismo tiempo” y aseguró que los 104 partidos registrarán lleno absoluto.
Sin embargo, una encuesta reciente de IPSOS reveló que solo el 26% de los estadounidenses se declaró “algo entusiasmado” con el Mundial, mientras que apenas el 7% afirmó estar “muy” o “extremadamente” entusiasmado.
Al mismo tiempo, una encuesta realizada por la Asociación Estadounidense de Hoteles y Alojamiento indicó que las reservas hoteleras en la mayoría de las once ciudades anfitrionas de Estados Unidos estaban por debajo de las expectativas.
Un torneo gigantesco
El nuevo formato ampliado, repartido entre tres países, representa el último gran experimento de la FIFA. Solo el tiempo dirá si resulta exitoso.
Para algunos, la calidad del torneo podría verse afectada por la expansión de 32 a 48 selecciones, que ha abierto las puertas a debutantes como Curazao y Cabo Verde.
Además, gran parte de la incertidumbre de la fase de grupos ha desaparecido debido a que las principales potencias quedaron distribuidas en grupos separados.
Esto significa que la verdadera emoción podría no llegar hasta los octavos de final.
“Hay que encontrar un equilibrio entre garantizar que el Mundial sea realmente representativo y que siga siendo un torneo destinado a determinar cuál es el mejor equipo del mundo”, afirmó Jonathan Wilson, autor de The Power and the Glory: A New History of the World Cup.
Un Mundial bajo altas temperaturas
Hay un factor por el que la FIFA no puede ser responsabilizada: el aumento de las temperaturas.
Se prevé que el calor extremo afecte a jugadores, aficionados, trabajadores y oficiales durante el torneo.
Algunas sedes, como Dallas y Houston, en Texas, así como Kansas City y Atlanta, podrían registrar sensaciones térmicas superiores a los 32 grados centígrados.
Para reducir los riesgos, se implementarán medidas de seguridad como pausas de hidratación para los futbolistas. Además, la FIFA modificó su política sobre el ingreso de botellas de agua en los 16 estadios del torneo en Norteamérica, varios de los cuales cuentan con zonas limitadas de sombra.
Las estrellas, las sorpresas y los sueños imposibles
Al final, cuando se trata de un Mundial, el fútbol termina imponiéndose y las historias deportivas vuelven a ocupar el centro de la escena.
La gran pregunta es si Lionel Messi, a sus 38 años, podrá ofrecer un último capítulo memorable en lo que seguramente será su despedida de los Mundiales.
También está la incógnita de si Cristiano Ronaldo, de 41 años, conseguirá el único gran título que aún falta en su extraordinaria carrera.
Brasil, cinco veces campeón del mundo, busca conquistar su primer título en más de dos décadas y ha confiado la misión al legendario técnico italiano Carlo Ancelotti.
Inglaterra, por su parte, ha depositado sus esperanzas en el alemán Thomas Tuchel para intentar poner fin a sesenta años sin levantar la Copa del Mundo.
¿Y qué ocurre con Estados Unidos, dirigido por el entrenador argentino Mauricio Pochettino? ¿Podrá protagonizar la mayor sorpresa en la historia de los Mundiales jugando como anfitrión?
“Si entras en un torneo pensando que no tienes ninguna posibilidad de ganarlo, entonces ¿para qué ir? ¿Para qué jugar?”, declaró a la agencia de noticias AP el capitán estadounidense Tim Ream.
“Pochettino no tiene ningún problema en hablar de eso cuando estamos juntos. Siempre nos dice: ‘¿Por qué no nosotros? ¿Por qué no podemos lograrlo?’”, añadió.




















