¿Fracasó la política de EE.UU. en Oriente Medio después del 11-S?
ORIENTE MEDIO
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¿Fracasó la política de EE.UU. en Oriente Medio después del 11-S?Aunque los esfuerzos globales contra grupos terroristas han tenido éxito, la estrategia de Washington de impulsar cambios de gobierno mediante la fuerza militar no ha logrado generar países estables ni un orden regional.
La guerra de Estados Unidos contra el terrorismo ha arrojado resultados dispares, desencadenando inestabilidad desde Afganistán hasta Oriente Medio y

Después de 25 años de los ataques del 11 de septiembre, la guerra contra el terrorismo de EE.UU. ha logrado derrotar en gran medida a los dos grupos terroristas de alcance global —Al Qaeda y Daesh—, tras prolongadas guerras en Afganistán, Iraq y Siria que implicaron el despliegue de decenas de miles de soldados estadounidenses en distintos escenarios.

Washington utilizó su superioridad militar para derrocar a los gobiernos de Kabul y Bagdad, alegando que respaldaban a grupos terroristas que supuestamente planeaban ataques en territorio estadounidense similares a los del 11-S.

Sin embargo, la denominada estrategia de guerra contra el terrorismo adoptada después de los ataques del 11-S también dejó un rastro de muerte y destrucción en una vasta región, debilitando a países desde Afganistán hasta Oriente Medio, rico en recursos energéticos.

Afganistán se convirtió en un claro ejemplo de la duplicidad estadounidense. Dos décadas después de que EE.UU. expulsara del poder a los talibanes, facilitó el regreso del mismo grupo tras la precipitada y caótica retirada estadounidense del país.

También el derrocamiento de Saddam Hussein en Iraq tuvo consecuencias peligrosas, al provocar resistencia armada y enfrentamientos internos que allanaron el camino para el surgimiento de Daesh en todo el país. La invasión estadounidense también fortaleció a grupos armados proiraníes en un país con una amplia población chiita, lo que ayudó a Teherán a aumentar su influencia sobre Iraq.

Actualmente, EE.UU. está involucrado en otra guerra en Oriente Medio, esta vez contra Irán, un país cuyo gobierno Washington en ocasiones describe como régimen terrorista, lo que apunta a una continuidad de la estrategia estadounidense posterior al 11-S.

Aunque el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, parecía querer poner fin al conflicto a corto plazo, no hay indicios claros de que la impopular guerra de Washington vaya a terminar en lo inmediato.

Incluso altos funcionarios estadounidenses han advertido recientemente a Trump que el conflicto, que ha provocado importantes perturbaciones en el comercio de petróleo debido a los bloqueos en Ormuz, podría prolongarse durante el resto de su mandato presidencial, lo que apunta a que Washington podría enfrentarse a otra “guerra eterna”.

El poder militar por sí solo no es suficiente

Ante los resultados dispares desde Afganistán hasta Iraq y, más recientemente, Irán, los expertos identifican numerosas deficiencias, falta de orientación y problemas de implementación en la estrategia estadounidense posterior al 11-S, que ha fluctuado mientras Washington ha intentado en ocasiones aprovechar oportunidades para retirarse de regiones convulsas.

Mientras el objetivo fuera desmantelar redes terroristas, la estrategia pareció funcionar hasta cierto punto para EE.UU., afirma Iftikhar Firdous, un destacado periodista de investigación paquistaní especializado en Afganistán y la región.

“Pero el problema comenzó cuando el objetivo se amplió desde la lucha contra el terrorismo hacia la construcción del Estado, el cambio de gobierno y la ingeniería política”, señala a TRT World.

“Una vez que se intenta diseñar sociedades mediante el poder militar, se entra en un entorno estratégico completamente diferente. EE.UU. tenía una superioridad militar abrumadora, pero la superioridad militar no se traduce automáticamente en legitimidad política ni en resultados políticos sostenibles. Esa es realmente la contradicción central de la era posterior al 11-S”, añade.

Mientras la guerra con Irán continúa, EE.UU. se ha enfrentado a una dura realidad: la supremacía militar estadounidense, impulsada por la tecnología, no logra derribar la estructura de poder iraní respaldada por la poderosa Guardia Revolucionaria de Irán.

“Muchas de las dificultades surgieron de la brecha entre las capacidades militares estadounidenses y los objetivos políticos que se desarrollaron en torno a ellas”, afirma Ali Mammadov, investigador de doctorado en Ciencias Políticas en la Escuela Schar de Política y Gobierno de la Universidad George Mason.

“EE.UU. podía derrocar gobiernos hostiles y debilitar gravemente a organizaciones terroristas con relativa rapidez, pero establecer después órdenes políticos duraderos resultó considerablemente más difícil”, explica Mammadov a TRT World.

Afganistán e Iraq, dos países musulmanes, tienen complejas estructuras étnicas, tribales y de grupos, con distintos actores locales enfrentados, algo que “la superioridad militar por sí sola no podía resolver”, afirma.

Las revisiones realizadas por el Gobierno de EE.UU. sobre la actuación del país en Afganistán identificaron numerosos problemas en sus políticas, entre ellos una “estrategia incoherente, plazos poco realistas, escasa sostenibilidad y una comprensión insuficiente de las condiciones locales”, añade.

“Las repetidas intervenciones también generaron una reacción política adversa en partes de la región. En cuanto a las alianzas, la OTAN invocó por unanimidad el Artículo 5 después del 11-S, pero las divisiones se hicieron más pronunciadas a medida que la agenda se amplió, particularmente en torno a Iraq”, explica.

Por otro lado, Dania Koleilat Khatib, experta en relaciones entre el mundo árabe y EE.UU., es más directa sobre las consecuencias de la estrategia posterior al 11-S. “Definitivamente fracasó, lo que llevó a EE.UU. a guerras interminables que afectaron su imagen en todo el mundo y crearon una enorme carga financiera con una deuda que se disparó”, afirma Khatib a TRT World.

De la disuasión a territorios desconocidos

Los expertos también sostienen que lanzar una guerra contra el terrorismo sin objetivos bien definidos resultó más difícil que lidiar con un país como la antigua Unión Soviética comunista. En ese caso, la estrategia estadounidense durante la Guerra Fría consistió una combinación de disuasión, contención y argumentos ideológicos que promovían la democracia, la libertad y los mercados libres.

“La guerra contra el terrorismo nunca ha atraído ese tipo de adhesión internacional”, escribió Robert Kagan, reconocido experto en geopolítica, al referirse a las diferencias entre las actitudes de la época de la Guerra Fría, más favorables a EE.UU., y la respuesta global generalmente moderada a las políticas estadounidenses posteriores al 11-S.

Desde el final de la Guerra Fría, EE.UU. no ha desarrollado una estrategia global en política exterior y, después del 11-S, Washington decidió repentinamente adoptar una estrategia militar preventiva, alejándose de sus políticas tradicionales de disuasión y contención.

Matthew Bryza, exdiplomático estadounidense que trabajaba en la Casa Blanca como funcionario del Consejo de Seguridad Nacional el 11 de septiembre, considera que no ha existido una única política posterior al 11-S que haya “articulado realmente una estrategia clara”. Según afirma, iniciar la guerra de Iraq inmediatamente después de la guerra contra los talibanes hizo que EE.UU. perdiera el foco sobre la reconstrucción de Afganistán y dejó a las fuerzas estadounidenses empantanadas en el país de Oriente Medio durante dos décadas.

While the US effectively prevented terrorist attacks on American soil, criticism has increased against the US’ policies of regime change and ‘nation-building’ that have “unleashed new instabilities”. 

Aunque EE.UU. logró prevenir eficazmente ataques terroristas en territorio estadounidense, aumentaron las críticas contra sus políticas de cambio de régimen y “construcción nacional”, que han “desatado nuevas inestabilidades”.

Bryza afirma que las numerosas guerras han resultado “muy difíciles de controlar”. 

Los críticos también consideran que la actual guerra contra Irán es “una consecuencia” de este enfoque estadounidense posterior al 11-S, añade. Y señala: “La muy difícil situación en la que EE.UU. se ha encontrado en Irán dará lugar a un nuevo debate sobre si EE.UU. debería involucrarse en este tipo de intentos de derrocar gobiernos en Oriente Medio”.

Aunque Bryza considera que abandonar los esfuerzos de construcción nacional y trasladar el foco estadounidense hacia la región de Asia-Pacífico podría ser un mejor enfoque para EE.UU., añade que “acontecimientos” impredecibles han llevado repetidamente a Washington de vuelta a Oriente Medio.

El fortalecimiento de China y Rusia

Los expertos también llaman la atención sobre el hecho de que las guerras eternas no solo agotaron enormes recursos de EE.UU. y costaron numerosas vidas, sino que además desviaron la atención de sus dirigentes de la rivalidad entre grandes potencias con China y Rusia.

“25 años después, la ironía es que las guerras de Washington posteriores al 11-S desviaron atención estratégica y recursos”, afirma Firdous, al referirse a cómo la estrategia estadounidense ha dejado al poder de EE.UU. más vulnerable frente a China y Rusia.

Analistas geopolíticos señalan que el foco de EE.UU. en Oriente Medio dejó a Europa del Este y el Cáucaso desprotegidos frente a las operaciones rusas, lo que permitió a Moscú ejercer su poder en las regiones separatistas de Georgia y atacar Ucrania.

Más importante aún, China, la segunda mayor economía del mundo, ha aumentado de forma constante su peso en la política global mediante su enorme capacidad financiera y la profundización de sus vínculos con países de África, América Latina y Asia. Beijing también ha mejorado sus relaciones con países de Oriente Medio, desde Estados contrarios a Occidente como Irán hasta los países árabes del Golfo ricos en petróleo y Egipto.

“Hubo también un costo de oportunidad estratégico más amplio: EE.UU. dedicó una enorme atención y cantidad de recursos a la lucha contra el terrorismo y Oriente Medio durante un período en el que China acumulaba de forma constante poder económico y militar”, afirma Mammadov.

A recent Wall Street Journal analysis also concludes that the US post-9/11 strategy has empowered Chinese and Russian challenges to American global supremacy, quoting Kagan: “China and Russia have welcomed it because it has distracted the United States’ strategic focus away from them.” 

Un reciente análisis de The Wall Street Journal también concluye que la estrategia estadounidense posterior al 11-S fortaleció a China y Rusia en sus desafíos ante la supremacía global de EE.UU., y cita a Kagan: “China y Rusia lo han recibido con satisfacción porque ha desviado el foco estratégico de Estados Unidos lejos de ellos”.

FUENTE:TRT World
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