Brasil entra en la recta final de una elección que puede mover el péndulo político en América Latina. En menos de un mes, los brasileños tendrán que decidir entre mantener el rumbo progresista de Luiz Inácio Lula da Silva o abrir la puerta a la derecha, esta vez de la mano de Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro.
Pero detrás de esta polarizada carrera electoral aparece otro foco de tensión: una disputa dentro del Supremo Tribunal Federal (STF) entre dos de sus magistrados, Alexandre de Moraes y André Mendonca, que habrían llegado al punto de pedir fuertes sanciones el uno contra el otro.
En el centro de la disputa aparece el Banco Master y una investigación por presuntos fraudes financieros que terminó salpicando a los dos jueces.
Las autoridades tendrán ahora que decidir cómo proceder frente a las acusaciones cruzadas entre los jueces de Moraes, de 57 años, y Mendonca, de 53 años, designado por Jair Bolsonaro. La disputa, según informes, podría poner “a prueba” las instituciones brasileñas.
El caso adquiere especial relevancia por el peso político de sus protagonistas y porque ocurre en medio de lo que fue calificado como el “momento más dramático en la historia del TSF”, justo cuando Brasil entra en la recta final de una elección presidencial reñida.
De Moraes, una chispa en medio de la polarización
Para el bolsonarismo, De Moraes no es un juez cualquiera: fue una de las figuras centrales del proceso judicial que terminó con la condena y prisión de Bolsonaro.
En septiembre de 2025, el exmandatario fue condenado a 27 años de prisión por su participación en una trama para intentar dar un golpe de Estado contra el Gobierno de Lula. También fue declarado culpable de participar en una organización criminal armada, intentar abolir violentamente el Estado democrático de derecho y cometer delitos relacionados con la destrucción de bienes públicos y del patrimonio histórico.
Al votar a favor de la condena, De Moraes sostuvo que Bolsonaro había encabezado un complot golpista y una organización criminal. “No podemos olvidar que poco a poco Brasil casi regresó a una dictadura que duró 20 años”, declaró el magistrado, en referencia al régimen militar que gobernó el país entre 1964 y 1985. “Eso fue debido a una organización criminal construida por un grupo político que no sabe perder elecciones”.
El caso incluso tuvo repercusiones en la relación con Washington. El presidente de EE.UU., Donald Trump, impuso aranceles del 50% a productos brasileños y vinculó la medida al proceso contra su aliado, al que calificó como una “caza de brujas”.
Así, De Moraes se convirtió para el bolsonarismo en uno de los principales símbolos de lo que considera una “persecución política” contra la derecha. Ahora, las revelaciones sobre Banco Master vuelven a alimentar esa narrativa.
La tensión quedó expuesta nuevamente este lunes en San Pablo, donde Flávio Bolsonaro reunió a miles de seguidores y convirtió un mitin en una tribuna para arremeter contra el presidente Lula da Silva y el Poder Judicial, que, aunque es independiente del Gobierno, es presentado por el candidato y sus seguidores como un “adversario político”.
“Lula es el responsable de este caos moral que Brasil está atravesando hoy”, sostuvo el senador y candidato frente a una multitud vestida de verde y amarillo.
Sus seguidores, al mismo tiempo, pedían la destitución de De Moraes. Y es que, para la derecha brasileña, el episodio abre una nueva oportunidad para cuestionar a uno de los magistrados que más rechazo genera entre los sectores ultraconservadores del país.
¿Por qué el caso de Banco Master importa?
La disputa entre De Moraes y Mendonca escaló después de que este último desclasificara parte de la investigación de la Policía Federal sobre Banco Master, el pasado 1 de septiembre.
Los documentos contienen decenas de mensajes atribuidos a su propietario, Daniel Vorcaro, en los que el banquero aparentemente buscaba la intervención o el asesoramiento de De Moraes.
En uno de los mensajes, Vorcaro le dice a De Moraes: “Le agradezco que me haya dado la vida”. En otro, le pide que intente bloquear las medidas contra el banco, según medios brasileños.
Las revelaciones abrieron interrogantes sobre la relación entre ambos. A ello se sumó que, según reporta la agencia de noticias AP, el despacho de la esposa de De Moraes prestó servicios legales al banco mediante un contrato de aproximadamente 130 millones de reales, unos 25 millones de dólares.
De Moraes negó cualquier irregularidad.
Mientras tanto, Mendonca también quedó bajo la lupa. Medios brasileños revelaron que el juez se había reunido en privado con Vorcaro el año pasado. Mendonca aseguró que simplemente escuchó al entonces propietario de Banco Master y que se trató de un diálogo similar a los que otros integrantes de la Corte habían mantenido con él.
Después se conoció una segunda reunión, esta vez mientras el banquero se encontraba detenido. Según AP, el encuentro se produjo sin autorización del pleno del Supremo y sin la presencia de agentes de la Policía Federal ni fiscales. Mendonca sostuvo que había recibido al banquero porque este denunciaba malos tratos policiales, una acusación que el fiscal general de Brasil ya había rechazado.
Un momento delicado para el Supremo
El choque entre los magistrados escaló entonces aún más. De Moraes pidió al presidente del Supremo, Luiz Edson Fachin, que investigara la conducta de Mendonca y que el Senado considere destituirlo por haberlo investigado en un procedimiento no autorizado. Sostuvo que su colega había actuado de manera “políticamente motivada” e incluso planteó que su actuación podía justificar un “juicio político”.
Por tanto, reporta AP, quiere que sea suspendido mientras el tribunal decide si debe ser investigado por un posible caso de corrupción.
Ahora, el presidente del Supremo intenta contener la disputa, que amenaza con tener implicaciones dentro del Supremo. Según CNN Brasil, “abrió un turno de intervenciones” con De Moraes, Mendonca, el fiscal general Paulo Gonet —cuyo nombre también aparece en los mensajes de Vorcaro— y el director de la Policía Federal, Andrei Rodrigues.
“Las instituciones de la República deben preservarse, sobre todo en los momentos de mayor tensión”, declaró Fachin.
El enfrentamiento llega en un momento especialmente delicado para el Supremo. La agencia de noticias Reuters explica que la confianza en la institución ha caído en los últimos años. Cuando Fachin asumió la presidencia, en enero, prometió fortalecer la legitimidad de la Corte mediante reglas más claras para la conducta de sus magistrados.
Pero detrás de la crisis también aparece una dimensión política. De Moraes está próximo a asumir la presidencia del tribunal y, según Reuters, podría existir un interés político en el enfrentamiento. Su eventual salida beneficiaría a Mendonca, quien le sigue en la línea de sucesión.
Mientras tanto, De Moraes y Mendonca evitaron intercambiar palabras durante las sesiones del Supremo del miércoles y jueves pasado. Volverán a encontrarse la próxima semana, cuando podría definirse si el tribunal abre una investigación sobre lo ocurrido.
La última palabra sobre una eventual destitución, sin embargo, corresponde al Senado brasileño. Allí se han presentado decenas de solicitudes de juicio político contra De Moraes y muchas menos contra Mendonca, según informes.
¿Puede la disputa impactar en las elecciones?
Y es ahí donde ambas disputas comienzan a entrelazarse. Mientras De Moraes y Mendonca se enfrentan dentro del Supremo, Lula y Flávio Bolsonaro se preparan para la carrera electoral.
Además, el propio caso Banco Master tiene ramificaciones que alcanzan a ambos candidatos. Lula ha reconocido que mantuvo una reunión extraoficial con Vorcaro en diciembre de 2024, según la agencia AFP.
Como si fuera poco, el escándalo también ha puesto el foco en Flávio Bolsonaro y su vínculo con el banquero Vorcaro, ejecutivo del Banco Master y financista de Dark Horse, una película biográfica sobre Jair Bolsonaro. The Intercept Brasil reveló que Flávio habría presionado a Vorcaro para obtener el financiamiento, que, según el medio, “forma parte de una serie de documentos que apuntan a un acuerdo en el que Vorcaro se comprometió a transferir un total de 24 millones de dólares (equivalentes a unos 134 millones de reales en aquel momento) para financiar la producción de Dark Horse”.
Pero es la figura de De Moraes la que puede tener un peso especialmente importante en la campaña. Para el bolsonarismo, cualquier cuestionamiento contra él puede convertirse en un poderoso argumento electoral.
Para Lula, en cambio, el desafío pasa por despegarse de la disputa dentro del Supremo y que no se lo asocie políticamente con De Moraes, pese a que el magistrado no fue nombrado por su Gobierno y el Poder Judicial es independiente del Ejecutivo. La plataforma digital Poder360 califica esta asociación como una “premisa falsa”, aunque señala que Lula invitó al ministro a tomar un café el 29 de julio, tras una ceremonia en el Palacio del Planalto, en un gesto interpretado como una señal de “cercanía” entre ambos.
En esa línea, el presidente de la Asociación de Abogados de Brasil, Beto Simonetti, en diálogo con el medio CNN Brasil, resaltó en sus palabras que “la sociedad necesita ver que la Corte Suprema no aplica criterios diferentes a sus miembros. La credibilidad del poder judicial depende de la ética de los jueces”.
Brasil llega así a octubre con dos disputas que, parece, comienzan a mezclarse: una en las urnas y otra dentro de la institución encargada de proteger el orden constitucional.
Un pulso entre jueces, un escándalo financiero y el legado de Bolsonaro podrían determinar si Brasil mantiene el rumbo de Lula o vuelve a girar hacia la derecha, en una región donde ya son 12 los países que han tomado ese camino, bajo la mirada de Washington y en un contexto que algunos analistas califican como “una relación privilegiada”.
Así, la mayor economía de América Latina vuelve a convertirse en uno de los principales campos de batalla políticos de la región, bajo una polarización que analistas aseguran hace “eco” de las reñidas elecciones de 2022 entre Jair Bolsonaro y Lula.




















