Mientras la industria aérea mundial lidia con las consecuencias del alza de los precios energéticos tras la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, el ministro de Transporte e Infraestructura de Türkiye, Abdulkadir Uraloglu, lanzó un mensaje de calma el pasado 22 de abril asegurando que el país no enfrenta “ninguna escasez de combustible de aviación”.
De hecho, explicó, Türkiye se ha convertido en exportador neto de queroseno, el derivado del petróleo que utilizan las aerolíneas comerciales.
A nivel global, la situación es muy distinta. El precio de este combustible se ha duplicado en medio del bloqueo intermitente del estrecho de Ormuz, una estrecha vía marítima por la que pasa cerca de una quinta parte del comercio mundial de petróleo. Cuando ese paso se ve afectado, el suministro global se resiente.
La autosuficiencia de Türkiye contrasta con la turbulencia que atraviesan Europa y otras regiones.Varias grandes aerolíneas, como la alemana Lufthansa, la escandinava SAS y la holandesa KLM, han tenido que cancelar miles de vuelos porque no disponen de suficiente combustible o porque este se ha vuelto demasiado caro.
Al mismo tiempo, la Agencia Internacional de Energía ha advertido de que podrían producirse escaseces en Europa en pocas semanas. El motivo es que el continente dependía en gran medida de Oriente Medio, que cubría aproximadamente el 75% de sus necesidades de combustible para aviación.
En cambio, Türkiye ha salido prácticamente indemne de esta crisis. Según expertos, el país incluso se ha posicionado como un “salvavidas” regional para la aviación, gracias a dos décadas de decisiones estratégicas.
Las inversiones de Ankara en capacidad de refinado, diversificación del suministro e infraestructuras han permitido transformar a Türkiye en una potencia autosuficiente y exportadora de combustible para aviación.
El profesor de economía en la Universidad de Ciencias Sociales de Ankara, Barış Alpaslan, explicó en conversación con TRT World que la capacidad de Ankara para gestionar con éxito una grave escasez global de combustible para aviación no es casual, sino el resultado de un enfoque múltiple y de años de preparación frente a posibles vulnerabilidades.
“Durante las últimas dos décadas, Türkiye ha apostado por una combinación de aumento de capacidad, diversificación y planificación estratégica que ha resultado clave ante las recientes disrupciones del suministro global”, señala.
Entre las decisiones más importantes, destaca la modernización y ampliación de su capacidad de refinado. Esto ha permitido procesar petróleo crudo en productos de mayor valor, como el queroseno, a gran escala, reduciendo así la dependencia de combustibles refinados importados y más caros.
Además, Ankara ha diversificado sus proveedores de crudo para no depender en exceso de un solo proveedor.
También ha construido reservas estratégicas de petróleo equivalentes a unos 90 días de importaciones netas, al tiempo que ha reforzado infraestructuras clave como oleoductos, puertos y terminales, garantizando un suministro y una distribución sin interrupciones.
A esto se suman acuerdos a largo plazo que aseguran el acceso al crudo incluso en periodos de alta volatilidad.
El resultado, según Alpaslan, es que estas políticas no solo cubren la demanda interna, sino que han permitido a Türkiye convertirse en exportador neto de un combustible esencial para el transporte internacional.
Alpaslan señala que el sistema integrado del país ahora controla toda la cadena de valor “desde la importación de crudo hasta el producto refinado”, convirtiendo las posibles vulnerabilidades en fortalezas estratégicas.
“Muchos países sufrieron escasez de queroseno no porque faltara petróleo, sino porque no tenían suficiente capacidad de refinado para convertirlo en combustible utilizable para la aviación”, explica.
El modelo turco, añade, reduce la exposición a cuellos de botella globales, garantiza la continuidad del suministro y genera excedentes para exportación. En ese sentido, la capacidad de refinado local se convierte en un “activo estratégico” que ha transformado a Ankara de importador vulnerable en un actor “resiliente e incluso de apoyo” en los mercados energéticos globales.

Un oasis de reabastecimiento
Por su parte, Yaşar Sarı, director del Centro Haydar Aliyev de Estudios Euroasiáticos en la Universidad Ibn Haldun, subraya que la infraestructura energética de Türkiye demuestra que la capacidad de refinado local puede desvincular la seguridad del combustible de la disponibilidad de petróleo crudo.
Aunque el país importa más del 90% de su petróleo, su capacidad de refinado —superior a 815.000 barriles diarios— le permite procesar distintos tipos de crudo, incluido el Urals ruso, vendido con descuento debido a la guerra en Ucrania, y transformarlo en productos de alto valor como queroseno y diésel.
En este sistema, Tüpraş, la mayor refinería de Türkiye, cubre por sí sola cerca de tres cuartas partes de la demanda nacional de combustible para aviación. “Este modelo ‘intensivo en conversión’ permite a Türkiye priorizar su sector de aviación nacional, incluso cuando los mercados globales de productos están tensionados”, afirma.
La planificación y las inversiones realizadas durante décadas parecen haber dado sus frutos en el contexto del reciente aumento de los precios energéticos.
Mientras los principales centros europeos afrontan escasez de combustible y cancelaciones de vuelos, el Aeropuerto de Estambul, el hub aéreo con mayor conectividad del mundo, sigue operando con normalidad, funcionando como un “búnker”.
Sarı describe a Türkiye como un “oasis de repostaje”, donde las aerolíneas internacionales que enfrentan escasez de combustible en sus bases están realizando cada vez más “escalas técnicas”.
“Esta estrategia les ayuda a evitar las bombas secas en Europa y Asia, convirtiendo a Türkiye en un enlace crucial para sostener la conectividad aérea global durante la mayor amenaza a la seguridad energética de la historia”, concluye.
De cara al futuro, ambos expertos coinciden en que la posición de Türkiye reforzará su papel como centro regional energético y de aviación.
Barış Alpaslan prevé que el contraste con la escasez en otros países aumentará la influencia de Ankara: las aerolíneas podrían desviar rutas hacia aeropuertos turcos con suministro asegurado, lo que impulsaría la competitividad de compañías como Turkish Airlines y Pegasus Airlines, además de incrementar el tráfico en centros como Estambul.

“La posición de Türkiye refuerza su ambición de convertirse en un hub integrado de energía y logística, donde la seguridad del combustible apoya directamente el crecimiento de la aviación”, señala.
A largo plazo, esto puede generar mayor apalancamiento geopolítico y comercial como nodo clave que une las cadenas de suministro de energía con el transporte aéreo global, añade.
Sari espera ganancias aún mayores, señalando que la crisis energética global en curso ha puesto de manifiesto la fiabilidad de las refinerías, oleoductos y terminales de GNL de Türkiye, que seguramente atraerán inversiones a largo plazo en infraestructura de tránsito y logística.
Un acuerdo clave entre Tüpraş y Turkish Airlines para producir combustible sostenible de aviación (SAF) en 2026 sitúa al país en la vanguardia de la aviación “verde”, ofreciendo una ventaja competitiva a medida que la Unión Europea endurece sus normativas de carbono.
“Al refinar petróleo crudo de diferentes fuentes y proporcionar el salvavidas esencial de reabastecimiento, Türkiye está evolucionando de ser simplemente un país de tránsito a convertirse en un hub de valor añadido”, afirma Sari.
El país ya no actúa únicamente como puente, sino como una “fábrica crucial” que mantiene en funcionamiento el comercio global cuando otras alternativas fallan.
“La crisis del combustible de 2026 ha transformado la capacidad de refinado de Türkiye de un activo industrial doméstico en un escudo estratégico regional, garantizando que, mientras gran parte de la aviación mundial quedaba paralizada, el corredor turco permaneciera abierto”, concluye.
















