La artista turca que ya transformó dos toneladas de basura en arte: "Intento utilizar casi todo”

Esta es la historia de Deniz Sagdic, la artista que en Türkiye se convirtió en emblema de conciencia ecológica. Emplea 40 tipos de materiales de desechos y los transforma en un mensaje ambientalista que expone más allá de las galerías del arte.

By Mohammad Bashir Aldaher, Abdul Wakil Cicco
Piezas hechas de jeans y plásticos critican el consumo y promueven sostenibilidad. / TRT Español

Todo lo que hay allí fuera, si se lo ve con una mirada abierta, puede ser arte. Todo, incluso nuestra propia basura. Así lo entiende Deniz Sagdic, una de las artistas ecológicas más originales de Türkiye.

Para Deniz, más que un cuadro, una estatua o una puesta en escena, el arte tiene un sentido enraizado y profundo. “Para mí, el arte es un sentimiento interno y un medio de autoexpresión que refleja nuestras experiencias humanas y nuestras relaciones con el mundo que nos rodea”, cuenta Deniz a TRT Español.

Es así cómo se transformó en una artista que se desmarca de las grandes tendencias, y compone y presenta sus obras de modos poco comunes. “No limito exponer mis obras de arte a las galería, elijo colocarlas en espacios poco convencionales, como aeropuertos o centros comerciales”, agrega. “El arte debe ser accesible para todos, en todas partes y en cualquier momento. Considero que el arte es un viaje mágico, y esta magia existe dentro de cada persona”. Pero, ¿cómo se convirtió en una de las referentes del arte ecológico en Türkiye y una de las artistas más originales de su generación?

La meta de añadir emoción a las cosas

Deniz, de 42 años, creció en Mersin, en el sudoeste de Türkiye y en la costa del mar Mediterráneo. Mamá, papá y sus tíos eran artesanos de vidrio. Sus tías, costureras. En 1999, ingresó a la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Mersin y, cuatro años más tarde, se graduaba con el mejor promedio de su promoción. En 2005 obtuvo un máster en Bellas Artes en la Universidad Dogus de Estambul.

Si alguien le pide definir su estilo, es decir por qué hace lo que hace, Deniz lo resume así: “A lo largo de mi carrera artística, trabajé para añadir emoción y profundidad a las cosas que consideramos descuidadas, lo que me permitió transformarlas en arte que despierta admiración”, dice. De ese modo, se hizo célebre en Türkiye primero y luego a nivel mundial. Y sus obras –antes desechos, hoy, piezas de colección– desfilan por exposiciones y ferias de renombre.

Para ella, ser artista siempre fue como respirar. Al menos, era lo que respiraba en casa. “Crecer en una familia de artesanos me aportó mucho”, recuerda. “Aprender a trabajar el vitral, jugar con telas y aprender el arte de la transformación me permitió combinar la artesanía y la belleza, y me ayudó a desarrollar y nutrir mi sentido artístico desde dentro. Aprendí muchas habilidades artísticas desde muy joven. Aprendí a hacer vidrieras con mi padre, que era profesor de vidrio, y también aprendí pintura con mis tíos, que eran diseñadores. También aprendí técnicas de costura y bordado con mis tías y las costureras de la familia, con quienes solía coser bolsos con retazos de tela”.

Mientras estudiaba en la universidad en Mersin, ya daba sus propios talleres de arte. Hoy lleva 25 años dedicada tiempo completo a sus obras. Y se la considera una de los precursores del “arte sostenible” en el mundo. Y es así cómo la basura pasó a ser uno de los ejes de sus obras.

Del óleo a los residuos

La trayectoria de Sagdic como artista comenzó con un enfoque tradicional en la pintura al óleo y acrílica. Sin embargo, pronto se desilusionó con la naturaleza elitista del mundo del arte, que atendía principalmente a unos pocos selectos. Esta toma de conciencia la llevó a explorar materiales y técnicas alternativas, lo que dio lugar al desarrollo de su proyecto “Ready-ReMade”, donde reutilizó residuos cotidianos, como tela de jeans, aparatos electrónicos viejos y plásticos desechados, para crear obras que desafían las nociones convencionales del arte y el consumo. En total, empleó 200 jeans dañados, 12.860 botones, 35.589 bridas de plástico y 290 cajas de medicamentos.

En 2013, todo el mundo estaba más involucrado en el consumo que en la producción, el pensamiento y la protección. La palabra “sostenibilidad” aún no había entrado en la escena mundial y no tenía un significado real. Así, Deniz se preguntó: “¿Puedo convertir todo tipo de cosas abandonadas en arte?”. Como consumidor, descubrió que ella también usaba y descartaba todo. Y sin medir las consecuencias. Decidió que, si quería cambiar la mentalidad de la sociedad, debía empezar con ella misma. Y reutilizar lo que ya no daba uso. O donarlo.

En el arte, también: tanto el artista como el mercado del arte formaban parte de este consumo. Este sentimiento motivador la llevó primero a criticar la época en la que vivía y luego a intentar transformarla. “Mi viaje comenzó con la idea de intervenir en cosas cotidianas y transformarlas, y esta idea ha evolucionado hasta convertirse en lo que es ahora”, explica.

Los jeans reciclados, piezas de arte

La industria textil es una de las más contaminantes del planeta.  Sólo en vestidos, se gastan 93.000 millones de metros cúbicos de agua –con eso abastecerían a cinco millones de personas–, y genera medio millón de toneladas de microfibra de deshechos, el equivalente a tres millones de barriles de petróleo. La industria de la moda produce más emisiones de carbono que si suma todos los vuelos y transportes marítimos del planeta.

Un día, en pleno arrebato ecológico, Deniz abrió el armario y contempló horrorizada la cantidad de ropa que estaba allí esperando ser usada, cosa que nunca sucedía. Sobre todo, jeans. “Tenía jeans de todos los colores, así que me pregunté: ‘¿Puedo convertir estos vaqueros en algo? ¿Puedo hacer arte con ellos?’. Y así es como empecé a convertirlos en arte”, rememora.

Poco a poco, descubrió el impacto ecológico de la industria textil y especialmente la producción de jeans –producir uno requiere, entre otras cosas, 7.500 litros de agua, el equivalente que consume una persona en siete años–. Y así se hizo una catarata de preguntas cruciales: ¿cuál es el impacto de los residuos textiles en el medio ambiente?, ¿cómo se pueden crear obras utilizando estos residuos?

Entonces descubrió que había enormes cantidades de residuos que podían convertirse en materias primas valiosas si se utilizaban correctamente.

“Lo que me atrajo del jean fue también su estructura única y sus posibilidades técnicas. Cuánto más trabajaba con él, más profundidad descubría en él”, evoca. “Es un material universal utilizado por todas las personas, independientemente de su religión, idioma, raza o clase social. Este profundo significado simbólico, que une a los seres humanos en el ‘punto cero’ de la conciencia humana, le dio un lugar especial en mi arte. Se convirtió en algo más que una simple tela; simbolizaba la conexión humana, la igualdad y la simplicidad”.

Deniz dice que el jean le da una liberta expresiva excepcional: basta con ver sus obras para comprobarlo. Sobre todo, a la hora de crear retratos. “A través de él, puedo transmitir emociones con precisión y transmitir mensajes estéticos y sociales al mismo tiempo. Se ha convertido en una parte integral de mi estilo artístico al reciclar materiales y transformarlos en obras significativas”, cuenta.

Se contactó con empresas textiles turcas que producen jeans y además adoptan principios de sostenibilidad, para poder obtener materia prima descartada en sus obras. Y así fue cómo convirtió su arte en un manifiesto urgente ecológico.

Pero no se detuvo allí. A partir de los jeans, empezó a recoger cartón común en casa y a utilizarlo. Después pasé a los cartones gruesos de bebidas, luego a los residuos electrónicos, cables, etiquetas, botones, accesorios, cremalleras y residuos de cuero. “He intentado utilizar casi todo lo que es fabricado por el hombre”, explica. “Siento que cada material tiene su propia energía, con su textura, color, forma y forma de manipulación. Por lo tanto, cada vez que trabajo con un nuevo material, se me abren horizontes completamente nuevos, como si viviera en un océano infinito”.

Hoy en día utiliza más de 40 tipos de materiales desechados y lleva unas dos toneladas de materiales de residuos reutilizados en sus obras. Una carrera que expresa un mismo mensaje: si queremos sobrevivir en este planeta, no debemos usar el mundo como material descartable. Debemos verlo como un tesoro irrepetible, de infinitos usos, de infinitas transformaciones. Un planeta único donde hasta lo que descartamos, puede ser eterno y precioso, como el arte.

Este artículo fue redactado por Abdul Wakil Cicco y reportado por Mohammad Bashir Aldaher.