Trump “pausa” guerra contra Irán: ¿ventana diplomática o cuenta regresiva hacia una mayor escalada?

Con los mediadores apresurándose para lograr la paz, los analistas cuestionan si la “pausa” de Estados Unidos en su guerra contra Irán es una señal de contención o de preparación para un conflicto más amplio.

By Murat Sofuoglu
El presidente Donald Trump pronuncia un discurso en la cena anual de recaudación de fondos del Comité Nacional Republicano del Congreso en Washington. / Reuters

A medida que la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán cumple un mes, se perfilan dos escenarios posibles, pero contrapuestos: tanto la escalada como la desescalada parecen plausibles.

El lunes, el presidente estadounidense Donald Trump anunció un retraso de cinco días en los ataques que había anunciado contra infraestructura iraní, dirigidos específicamente a las plantas de energía del país. Esto ha creado una estrecha ventana para la diplomacia, con Trump señalando que Washington podría buscar un acuerdo con Teherán para poner fin al conflicto.

Sin embargo, analistas advierten que tales pausas han coincidido con frecuencia con reposicionamientos militares, lo que plantea interrogantes sobre si la demora indica una desescalada genuina o, más bien, movimientos preparatorios para operaciones más amplias.

Mientras tanto, los mediadores de Türkiye, Pakistán y Omán han intensificado sus esfuerzos diplomáticos para lograr un alto el fuego. Sin embargo, persiste una profunda desconfianza entre las partes, especialmente por parte de Teherán, debido a que Washington y Tel Aviv han llevado ataques durante períodos de negociaciones en otras ocasiones. Esto ocurrió, por ejemplo, durante la guerra de 12 días en junio de 2025. Y también al comienzo del conflicto actual.

Los expertos también señalan que, si la guerra llegara a su fin en esta etapa, convencer a la opinión pública estadounidense de que Washington ha alcanzado sus objetivos podría resultar políticamente complicado para Trump, lo que dificultaría justificar cualquier compromiso con Teherán.

Al mismo tiempo, prolongar el conflicto —especialmente si escala hacia una invasión terrestre— conlleva riesgos significativos para Washington, desde posibles alteraciones en los precios del petróleo y los mercados financieros globales hasta crecientes inquietudes de seguridad a lo largo del Golfo y el resto de Oriente Medio.

Ahora bien, aunque la invasión liderada por EE.UU. de Iraq en 2003 vio a las fuerzas estadounidenses entrar en Bagdad en tan solo 21 días, el conflicto actual se acerca a su cuarta semana sin indicios de que Irán esté dispuesto a ceder.

“Necesita llegar a un acuerdo, pero el problema es que no sabe cómo lograrlo”, dice Luciano Zaccara, experto en política iraní y del Golfo con sede en Doha, a TRT World. “Sus exigencias, impulsadas por las preocupaciones existenciales de (el primer ministro de Israel, Benjamín) Netanyahu, le impiden encontrar la manera de poner fin a esta guerra sin dejar atrás a Israel”.

Una espada de doble filo

Israel ha señalado que, incluso si la administración Trump llega a un acuerdo con Teherán, podría continuar las operaciones militares contra objetivos iraníes, una postura que podría complicar los esfuerzos más amplios de alto el fuego o de paz.

Algunos exfuncionarios y analistas estadounidenses y europeos han argumentado que las acciones israelíes contribuyeron a desencadenar la escalada actual, aumentando la presión sobre Washington para apoyar militarmente a Israel.

“Es un golpe doble”, dice Dan Steinbock, un reconocido experto internacional, a TRT World. “Si no da luz verde a la operación terrestre, teme parecer débil. Si la aprueba, alienará aún más a la oposición estadounidense a la guerra, incluidos destacados sectores del movimiento MAGA”, afirma Steinbock, quien es también el autor deThe Fall of Israel”, un libro publicado a partir del genocidio de Gaza.

Muchas figuras influyentes del movimiento MAGA, incluido Tucker Carlson, junto con la mayoría de los demócratas, han expresado su oposición a una posible invasión terrestre estadounidense de Irán.

La opinión pública también se muestra escéptica, con encuestas que reflejan una amplia resistencia al despliegue de tropas terrestres y una preocupación generalizada por las consecuencias de la guerra.

Mientras tanto, los crecientes ataques en toda la región han afectado, según informes, la infraestructura militar estadounidense. Según un reporte del diario estadounidense The New York Times, varias bases de Washington se han vuelto cada vez más difíciles de operar debido a que permanecen bajo una amenaza sostenida.

Si Trump decide lanzar una invasión terrestre en Irán –a pesar de la oposición dentro y fuera de Estados Unidos–, “sería una idea terrible”, advierte Zaccara. Señala que esto podría desatar una turbulencia regional aún mayor, con riesgo de escalar hasta dimensiones globales.

Los críticos consideran que una invasión terrestre estadounidense sería otro intento de “priorizar” los “objetivos del gobierno israelí por encima de los intereses de EE.UU”.

A su vez, también podría empeorar gravemente las perspectivas económicas mundiales. “No se repara lo que se ha roto rompiéndolo aún más”, afirma Steinbock. “Elevar los niveles de amenaza corre el riesgo de transformar lo que inicialmente fue un movimiento regional mal calculado en una crisis global con potencial de graves retrocesos”, añade.

Los analistas señalan que, aunque EE.UU. e Israel tienen superioridad táctica y de fuego sobre Irán, los bombardeos por sí solos no garantizan una victoria estratégica. La campaña de aniquilación de EE.UU. e Israel contra Irán “no es ninguna estrategia”, según Steinbock.

“Es una opción donde todos pierden, independientemente del resultado. Es una receta para el desastre económico, político y diplomático. Cuanto más se enrede EE.UU. en la crisis de Irán, mayores serán los costos, los déficits y la deuda bruta. La deuda estadounidense ya se está disparando”, analiza.

¿Un desembarco anfibio?

Mientras que algunos funcionarios dentro de la administración Trump habrían considerado una operación anfibia dirigida contra la estratégica isla de Kharg de Irán, situada cerca del estrecho de Ormuz —con el objetivo de aumentar la presión sobre Teherán y salvaguardar las rutas marítimas— los analistas militares advierten que una operación terrestre de este tipo implicaría riesgos operativos significativos.

“Incluso si no ayuda a alcanzar un objetivo final, sería un punto intermedio entre la invasión terrestre y los ataques aéreos que podría darle a EE.UU. más influencia durante las negociaciones”, explica Zaccara a TRT World.

La isla de Kharg, cuyo nombre significa “isla prohibida”, ha sufrido numerosas invasiones y es desde donde se carga el 90% del petróleo iraní en buques petroleros. Hay otras islas en la región en disputa entre Irán y los Emiratos Árabes Unidos, que también podrían ser objetivo de las fuerzas estadounidenses.

Algunos afirman que EE.UU. podría incluso considerar un plan de invasión aún más arriesgado, desembarcando directamente en las costas iraníes del Golfo.

Actualmente, como parte de una posible fuerza terrestre, dos Unidades Expedicionarias de Marines se dirigen hacia el Golfo Pérsico, cada una con un batallón de infantería. Junto a ellas, la Brigada Aerotransportada 82 también avanza hacia la región con sus tres batallones de infantería. En total, EE.UU. contará con cinco batallones de infantería.

Pero, ¿son estas fuerzas suficientes para invadir Irán, un país que duplica en tamaño y población a Iraq? Durante la Primera Guerra del Golfo en 1991, las fuerzas lideradas por EE.UU. desplegaron más de 135 batallones de infantería y blindados en Kuwait. En 2003, las fuerzas lideradas por EE.UU. desplegaron alrededor de 35 batallones de infantería y blindados en Iraq.

“Eso no es suficiente para librar una campaña terrestre en Irán. Washington no tiene fuerzas terrestres en la región para intervenir o invadir Irán”, dice Edward Erickson, experto militar estadounidense, a TRT World.

“Los Marines están en barcos que tendrán que atravesar el estrecho de Ormuz para llegar a la isla de Kharg. Esto es extremadamente arriesgado”, afirma Erickson, quien considera que enviar Marines y paracaidistas al estrecho de Ormuz es una operación “muy problemática”.

“También es dudoso que la Fuerza Aérea estadounidense vuele sus C-17 a 300 metros de altitud sobre Irán para lanzar paracaidistas”, añade.

“Los iraníes son lo suficientemente inteligentes como para conocer la debilidad de las fuerzas terrestres estadounidenses que se despliegan en el Golfo Pérsico. Esto es una demostración de fuerza y nada más”, concluye.