Así se han encarecido los alimentos a nivel mundial por la guerra de EE.UU. e Israel contra Irán

La guerra en Oriente Medio, que ya cumple más de un mes, está impactando las cadenas de suministro, disparando los costos del combustible y de los fertilizantes, y encareciendo los precios de los alimentos en todo el mundo.

By Sadiq S Bhat
La guerra de Irán está afectando las cadenas de suministro, elevando los precios del combustibles e impulsando al alza los precios en todo el mundo. / User Upload

Washington, DC — La guerra de EE.UU. e Israel contra Irán no es un conflicto global. Sin embargo, ya está cambiando lo que personas de todo el mundo llevan a su mesa.

Un mes después de que estallara la guerra, el impacto se percibe mucho más allá del Golfo. En El Cairo, los precios del aceite de cocina van en aumento. En Londres, los supermercados advierten retrasos en las entregas. En Nairobi, los comerciantes de trigo se muestran cautelosos ante las restricciones al suministro. El conflicto parece lejano, pero sus costos se notan en las cajas registradoras.

Así es como la guerra se propaga en la actualidad. No solo a través de ataques y líneas del frente cambiantes, sino a lo largo de rutas marítimas, mediante los precios de los fertilizantes y en el valor del combustible. Justamente, el conflicto en Irán está comenzando a presionar estos tres frentes al mismo tiempo. 

El impacto a través de la energía y luego en los alimentos

El primer golpe ha llegado a través del petróleo.

La región del Golfo gestiona casi un tercio del petróleo que se transporta por mar en todo el mundo. Cualquier interrupción o problema, incluso si es sólo una amenaza, dispara los precios. Desde el inicio de la guerra, el crudo ha experimentado fuertes oscilaciones ante las preocupaciones respecto al estrecho de Ormuz, una vía estratégica por la que fluye aproximadamente el 20% del petróleo mundial cada día.

“Con el estrecho de Ormuz prácticamente bloqueado, hay una gran parte del comercio mundial que no puede moverse en este momento… Estimamos que alrededor del 30% de los proveedores exportables no están realmente disponibles para el mercado ahora mismo. Eso incluye a Arabia Saudí, Qatar y Bahréin, pero también a Irán”, explica Chris Lawson, vicepresidente de Inteligencia de Mercado y Precios en CRU Group.

Ahora bien, el aumento en los precios del petróleo no impacta únicamente a los mercados energéticos. También se traslada rápidamente a los alimentos.

El combustible mueve los tractores, el riego, la producción de fertilizantes y el transporte mundial. Cuando los costos energéticos aumentan, cada eslabón de la cadena alimentaria se encarece. El resultado es gradual, pero persistente. El pan cuesta más. Las verduras cuestan más. El transporte cuesta más.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), los precios mundiales de los alimentos son muy sensibles a las perturbaciones energéticas, especialmente en cultivos que requieren un uso intensivo de fertilizantes, como el trigo y el maíz.

Regresa el problema de los fertilizantes

Luego le llega el turno a los fertilizantes, una materia prima que puede pasar desapercibida fácilmente hasta que escasea.

El Golfo no es solo un centro energético. También es un importante productor de fertilizantes nitrogenados, fundamentales para la agricultura mundial. Países como Arabia Saudí, Qatar y Emiratos Árabes Unidos exportan millones de toneladas cada año.

Sarah Marlow, directora Global de Precios de Fertilizantes en Argus, señala: “Casi el 50% de todo el azufre que se comercializa a nivel mundial proviene de esa región. En el caso de la urea, es alrededor de un tercio de la cantidad total comercializada mundialmente, y para el amoníaco, es cerca del 25%… Es enorme. Es muy significativo, y en cierto modo más significativo que el impacto de Ucrania, porque está afectando a múltiples productores”.

Las restricciones en el transporte marítimo y el aumento de los precios del gas, un insumo clave para la producción de fertilizantes, están limitando ahora la oferta. Los comerciantes reportan retrasos. Los agricultores informan sobre mayores costos.

El patrón es conocido. Durante la guerra entre Rusia y Ucrania, la escasez de fertilizantes llevó a que los precios mundiales de los alimentos alcanzaran máximos históricos. Los analistas advierten que el conflicto en Irán podría desencadenar un ciclo similar, aunque de menor magnitud.

El Banco Mundial ha señalado en repetidas ocasiones que las subidas bruscas en los precios de los fertilizantes pueden reducir los rendimientos agrícolas, especialmente en las economías en desarrollo, donde quienes cultivan no pueden absorber los mayores costos.

Menos fertilizantes implica que habrá cosechas más débiles. Y, a su vez, las cosechas más débiles significan un suministro más ajustado.

Las rutas marítimas bajo presión

El tercer punto de presión clave es el de la movilidad.

El Golfo conecta Asia, Europa y África a través de algunos de los corredores marítimos más transitados del mundo. Cualquier amenaza al transporte por mar eleva los costos de los seguros, retrasa la carga y obliga a desvíos en las rutas.

Desde que el conflicto se intensificó, las navieras han comenzado a incorporar primas de riesgo más elevadas para los buques que navegan cerca de aguas iraníes. Incluso una perturbación limitada puede propagarse hacia el exterior.

Un contenedor retrasado en el Golfo no afecta únicamente al petróleo. Golpea también a los envíos de cereales procedentes de India, al arroz del Sudeste Asiático y a los alimentos procesados con destino a Europa.

El Fondo Monetario Internacional ha advertido que las interrupciones en las cadenas de suministro vinculadas a las tensiones geopolíticas pueden incrementar la inflación a nivel mundial, especialmente en los países importadores de alimentos.

Para las naciones que ya enfrentan inflación, el margen es estrecho.

Los países importadores de alimentos de África, Asia Meridional y partes de Oriente Medio son los primeros en sentir el impacto. Dependen en gran medida de los mercados mundiales y cuentan con reservas limitadas.

En Egipto, uno de los mayores importadores de trigo del mundo, las autoridades siguen de cerca la evolución de los precios. En Pakistán y Bangladesh, donde el gasto de los hogares en alimentación puede superar el 40% de los ingresos, incluso aumentos modestos golpean con fuerza.

La FAO advierte que los países de bajos ingresos son especialmente vulnerables a lo que denomina “inflación importada”, en la que las subidas de precios mundiales se trasladan directamente a los mercados internos.

Incluso en las economías más ricas, los efectos son visibles, aunque más atenuados. Los supermercados absorben parte de los aumentos, pero no todos. Con el tiempo, repercuten en los consumidores.

Efectos a largo plazo

Esto no es un choque repentino como el de un desastre natural. Los precios de la energía fluctúan a diario. Los contratos de fertilizantes tardan meses. Los ciclos de los cultivos tardan temporadas enteras. Para cuando el impacto total sea visible, el conflicto puede haber cambiado ya de curso.

Pero la dirección es clara.

Los economistas que siguen los mercados de materias primas afirman que la combinación de mayores costos del combustible, un suministro más restringido de fertilizantes y las interrupciones en el transporte marítimo genera una presión escalonada sobre los sistemas alimentarios. Cada factor por sí solo es manejable. Juntos, se refuerzan mutuamente.

Aunque la guerra en Irán no ha paralizado los flujos alimentarios mundiales, sí los ha vuelto más frágiles, más costosos y más inciertos.

Y esa incertidumbre está ahora incorporada en algo tan cotidiano como una porción de pan.

“Basándome en todo lo que estoy siguiendo, (este incremento) va a aparecer en el pasillo de frutas y verduras, en el mostrador de carnes, en la sección de lácteos y en cada rincón de los supermercados estadounidenses, a partir de ahora y con una aceleración durante los próximos 6 a 12 meses, independientemente de la rapidez con que se detenga la guerra”, concluyó Phil Lempert, analista de la industria alimentaria.