“El Barrio”, un gimnasio en Cisjordania ocupada que une el boxeo latino con la resistencia palestina
ORIENTE MEDIO
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“El Barrio”, un gimnasio en Cisjordania ocupada que une el boxeo latino con la resistencia palestinaNader Jayousi fundó “El Barrio” en la ciudad de Ramala, Cisjordania ocupada: se trata de un gimnasio que refleja su historia y resiliencia. A través de su liderazgo forja comunidad y atletas, combinando boxeo, disciplina y solidaridad palestina.
Foto de miembros durante una sesión de entrenamiento en el gimnasio. Foto: El Barrio / TRT Español
hace 12 horas

“La energía siempre es electrizante”, dice a TRT Español Nader Jayousi, entrenador de boxeo palestino de 37 años, sobre “El Barrio”, un gimnasio con 150 miembros que abrió sus puertas en 2015 en una zona industrial cerca de Beitunia, en Ramala, la capital administrativa palestina de Cisjordania ocupada.

Cualquier tarde, en este espacio de 300 metros cuadrados, suenan ritmos latinos, de hiphop y canciones revolucionarias palestinas. Al entrar, se pueden ver hasta 50 personas entrenando al mismo tiempo: unas hacen sparring, otras golpean sacos y algunas completan circuitos de crossfit.

Hoy, lo que distingue a El Barrio es su reflejo de la cultura del boxeo latinoamericano, especialmente la cubana, donde disciplina y comunidad van de la mano. Algunos miembros que se unieron el día de la apertura siguen activos una década después, explica este palestino al hablar del sentido de comunidad viva. “Cada Ramadán, esa misma comunidad se reúne para organizar campañas benéficas para Gaza”, añade.

Con el tiempo, el gimnasio también ha atraído a atletas más allá de sus miembros regulares. “Cuando atletas palestinos de nivel olímpico en natación, baloncesto y taekwondo están en Cisjordania (ocupada), vienen a El Barrio”, relata. “Quieren entrenar aquí porque saben que aquí se respira la atmósfera de competencia”.

Todo ocurre mientras Cisjordania sigue bajo la ocupación israelí, que impacta la vida cotidiana del pueblo palestino. “Desde ataques aéreos hasta redadas militares y la ofensiva en Gaza, cuando pasa algo así, la comunidad de El Barrio mantiene a todos unidos. La gente entra y lo deja todo aquí”, dice.

Para Jayousi, esa solidaridad está ligada a su historia en la diáspora palestina. A pesar del flagelo sionista, ha logrado regresar a la tierra de su pueblo para construir comunidad e inspirar a otros a alcanzar lo más alto en la escena deportiva internacional.

Entre la resistencia y el ring

Jayousi nació a finales de la década de 1980 en la capital de Amán, Jordania, y pasó sus primeros seis años en Iraq, donde su padre dirigía un campamento de combatientes palestinos en Bagdad. Durante la Guerra del Golfo (1990-1991), vivió su primer conflicto. “Recuerdo que cubríamos las ventanas por miedo a que estallaran”, dice. Una noche, su familia evitó por poco un ataque al refugio antiaéreo Al Amri, que fue bombardeado sin sobrevivientes.

En Iraq, también tuvo su primer contacto con el boxeo a los cinco años, al observar a un hombre golpear un saco en un club dirigido por su padre. Quiso aprender, pero se le dijo que era demasiado joven.

En 1995, la familia se trasladó a Palestina, viviendo en Jericó, Nablus y Ramala. “Era una vida muy pobre, pero feliz”, recuerda. Su infancia estuvo marcada por la violencia, incluida la invasión israelí de 2002 en Cisjordania ocupada, cuando un tanque irrumpió en un campo donde jugaba fútbol. "Perdí a un compañero de clase llamado Hussein, impactado en la cabeza por la bala de un soldado israelí. Llevé lo que quedaba de él a la casa de sus padres”, recuerda. “Es mucha infancia robada." 

Jayousi encontró en el boxeo una vía de escape y disciplina, pese a la falta de infraestructura en Palestina. A los 16 años, se trasladó a Jordania para estudiar entre 2004 y 2010, donde desarrolló su carrera en el boxeo.Tras graduarse, regresó a Palestina en 2011 y compitió en torneos internacionales sin entrenador ni apoyo federativo, formándose por su cuenta mientras viajaba por Asia, Europa y África.

El Barrio y el vínculo latinoamericano

Luego, Jayousi se convirtió en abogado, pero mantuvo su vínculo con el boxeo y decidió abrir un gimnasio para su comunidad. “Tenía 26 años y ninguna experiencia dirigiendo un negocio”, dice. Financió el proyecto con préstamos, construyó el ring, la estructura metálica y pintó el local con ayuda de amigos. “La construcción tomó unos seis meses. Me entregué por completo”, agrega.

Ante las limitaciones económicas bajo el control israelí, se inspiró en América Latina por su solidaridad con la causa palestina. El nombre “El Barrio” surgió a partir de la sugerencia de un primo en Cuba, mientras evaluaba otras opciones. “Quería evitar referencias estadounidenses y no encontraba un nombre árabe neutral”, explica. El gimnasio, con grafitis y murales, busca reflejar un espacio comunitario.

La influencia latinoamericana también marcó su enfoque deportivo. El Barrio adopta elementos de la escuela cubana de boxeo, centrada en el movimiento, la velocidad y el contragolpe. "Se trata de agilidad, de fintar: reacciones rápidas por encima de la fuerza bruta", afirma. Algunos boxeadores, como el primer olímpico palestino Waseem Abu Sal, prefieren, en cambio, un estilo mexicano, más cercano al combate cuerpo a cuerpo.

Inclusividad

El gimnasio se ha consolidado como un centro de boxeo con programas de crossfit, boxeo femenino, crossfit mixto, kickboxing, boxeo para adultos y una academia de boxeo y kickboxing para jóvenes.

Las mujeres representan al menos un tercio de los miembros. “A las chicas se las trata exactamente igual que a los chicos. El entrenamiento es muy duro con los hombres, muy duro con las mujeres”, reflexiona Jayousi. “Directores ejecutivos y trabajadores manuales entrenan en las mismas sesiones. Tu identidad, tu estatus: nada de eso importa aquí. Todo termina en El Barrio”.

Su esposa lanzó el programa de crossfit y lo ha entrenado desde el inicio. Presente desde el primer día, dice Jayousi, ha sido el alma del gimnasio. “Puede que yo sea muy duro la mayor parte del tiempo, pero ella le da esta calidez a El Barrio. Siempre ha sido su columna vertebral”.

Bajo ocupación israelí

Boxeadores inspiradores, como Imran Mteir que compite en la división juvenil, llevan camisetas conmemorativas en honor a víctimas y miembros de El Barrio, como su primo Yasser Mteir, de 19 años. Durante una redada israelí en 2024 en el campamento de refugiados de Qalandia, Yasser fue asesinado a tiros.

“Un hombre pequeño, apenas 55 kilos, pero alguien que llevaba el corazón de un guerrero”, recuerda Jayousi. “Acababa de salir del café de su primo. Un soldado le disparó. Todo está grabado en vídeo. Fue un gran shock para todo el gimnasio”.

Los boxeadores de El Barrio enfrentan la competencia internacional como una lucha constante. Restricciones de movimiento, documentos denegados y la burocracia de la ocupación israelí pueden arruinar torneos clasificatorios, campamentos de entrenamiento o vuelos.

Un caso destacado ocurrió durante la llamada Guerra de los 12 Días, entre Israel e Irán, del 13 al 24 de junio de 2025: los boxeadores palestinos que competían en la República Checa quedaron varados y tuvieron que redirigir su ruta a través de Berlín. “Pasaron cuatro días en un limbo antes de regresar a casa: algunos por Jordania, otros por Egipto. Fue una situación miserable”, dice Jayousi. “Nos encontramos con estos desafíos, y aún lo hacemos”.

Un hito olímpico y la próxima generación

En poco más de una década, El Barrio se ha convertido en algo más que un gimnasio: un espacio donde palestinos sueñan con llevar su bandera a lo más alto del mundo. El primer boxeador olímpico de Palestina, Waseem Abu Sal, que entrenó allí, se clasificó para París y apunta a Los Ángeles 2028. “Verlo crecer como boxeador y verlo llegar a los Juegos Olímpicos eran cosas de las que hablábamos desde el primer día que abrimos. Que ese sueño se haya hecho realidad es muy inspirador para todos nosotros”, dice Jayousi.

Y pese a la ocupación en Cisjordania, El Barrio sigue formando nuevas generaciones de luchadores, incluido Nidal Foqahaa, compañero de equipo de Abu Sal, que se quedó a las puertas de París en las rondas finales de clasificación y se prepara para Los Ángeles 2028. 

Otro talento es Imran Emtir, boxeador palestino del campamento de refugiados de Qalandia, a quien Jayousi describe como potencial campeón mundial. “Queremos convertir a nuestros boxeadores amateurs en profesionales, pero primero buscamos que construyan una experiencia sólida”, añade.

Sin embargo, Jayousi mide el alcance de El Barrio no solo en títulos y clasificaciones, sino en lo que significa para sus miembros. Recuerda un momento de orgullo el mes pasado en Jordania, durante un torneo internacional con ocho países: 15 boxeadores del club viajaron, incluido su hijo de cinco años, Jihad, que participó en una exhibición.

“Construí este gimnasio para crear la comunidad y el entorno adecuados para cualquiera que crea en ello”, concluye Jayousi. “Llevar a mi propia familia a esa comunidad y ver cómo El Barrio influyó en el carácter de mi hijo, eso me hizo sentir muy orgulloso”.

FUENTE:TRT Español