El 30 de marzo, en medio del bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos, Cuba vio atracar en sus costas al buque “Anatoly Kolodkin” con 100.000 toneladas de crudo: había sido enviado desde Rusia por “razones humanitarias”. Dos días después, el ministro de Energía de ese país, Sergey Tsivilyov, afirmó que la embarcación rusa logró romper el bloqueo. “Ahora se está cargando un segundo. No dejaremos a los cubanos abandonados”, puntualizó.
Además de agradecer al Kremlin, su aliado de larga data, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, destacó este gesto como “una amistad probada en los más duros momentos, como tantas veces a lo largo de la historia”. En ese sentido, afirmó: “Seguiremos defendiendo el derecho soberano de #Cuba a importar combustibles, sin ningún tipo de injerencia ni presiones”.
Desde Rusia, Sergei Markov, director del Instituto de Estudios Políticos, exdiputado del Parlamento ruso y exportavoz del presidente Vladimir Putin, explica a TRT Español, que con este episodio “se puede entender que los estadounidenses creen que pueden controlar el régimen de bloqueo petrolero contra Cuba y que pueden imponer un bloqueo total en cualquier momento”.
Transformación histórica
Analistas como Lorena Erazo Patiño, docente de Estudios Globales y Cooperación Internacional en la Universidad de La Salle de Colombia, señalan que el envío ocurre en un momento de “transformación histórica de la gobernanza de Washington a nivel global”.
En ese sentido, apunta a que Rusia capitaliza el “frente de confrontación directa con Irán” que EE.UU. sostiene en Oriente Medio. “Al mover su petróleo hacia Cuba mediante flujos y buques que desafían las sanciones, Moscú le demuestra al mundo que la autoridad de Washington ya no es absoluta ni siquiera en su entorno geográfico más cercano”. Y ahí agrega que la energía no es solo un recurso estratégico que usa EE. U para obligar a un cambio político y social en la isla caribeña. También es “una herramienta de geoeconomía utilizada por Rusia para abrir una grieta en la hegemonía estadounidense y revivir viejas disputas de la Guerra Fría”, sostiene.
Importancia del petróleo
Otros analistas afirman que el envío refleja “un mundo en disputa” en medio de crecientes tensiones en el hemisferio occidental. “Es un mensaje y una acción importante de un país que también busca posicionar la idea de un mundo más multipolar y que desafía, en cierto sentido, la postura estadounidense hacia la isla”, afirma Martín Martinelli, historiador del Observatorio Geohistórico de la Universidad Nacional de Luján, en Argentina, y del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), en conversación con TRT Español.
De manera similar, el investigador colombiano Alfonso Insuasty Rodríguez afirma que el episodio se inscribe en la transformación continua del sistema global. “El crudo ya no fluye únicamente por ductos y rutas comerciales previsibles. Hoy circula por corredores geopolíticos en disputa, por circuitos financieros alternativos y por mares crecientemente militarizados”, explica el también docente de la Universidad de San Buenaventura, en Medellín,
Dialogando con TRT Español, Insuasty Rodríguez detalla que esto forma parte de una “reconfiguración profunda del poder global”, donde el petróleo vuelve a ocupar un rol central en la arquitectura del conflicto internacional, como en momentos críticos del siglo XX. Justamente, explica que a diferencia de la Guerra Fría, la esfera internacional actual “no está regida por un orden bipolar estable, sino por una transición caótica hacia formas de multipolaridad aún en disputa”.
Solidaridad entre Cuba y Rusia
Además, la crisis energética en Cuba no surge de la nada, sino en medio de cambios recientes en sus principales fuentes de suministro, según expertos.
“Mientras que en el pasado Cuba dependía de la ayuda soviética, y más recientemente del petróleo subsidiado de Venezuela o la ayuda humanitaria de México, el agotamiento de estos apoyos regionales tras la extracción de Maduro el pasado 3 de enero ha obligado a La Habana a reactivar su vínculo con Moscú para asegurar su estabilidad interna frente a una economía precarizada por el bloqueo y el endurecimiento de estas sanciones tras la directiva presidencial (de EE.UU.) del 29 de enero donde se declara a Cuba como una amenaza de seguridad para los Estados Unidos, y se indican posibles sanciones arancelarias para los Estados que vendan crudo a la isla”, sostiene Erazo Patiño.
Semanas después de la operación militar de EE.UU. que culminó con la captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, la Casa Blanca firmó un decreto para imponer “aranceles aduaneros a productos de países que suministran petróleo a Cuba”, aunque excluye “suministros periódicos por motivos humanitarios"
Erazo Patiño afirma que las relaciones entre Cuba y Rusia, históricamente ligadas a la Guerra Fría, han dejado de “ser una simple herencia ideológica para convertirse en una alianza de supervivencia ante el posible debilitamiento del poder global de Estados Unidos”.
“Si bien la isla fue el bastión del comunismo en Occidente y un punto de tensión máxima en 1962, la dinámica actual de los flujos de petróleo rusos debe interpretarse como una respuesta estratégica a un sistema internacional marcado por conflictos regionales y tensiones geopolíticas importantes”, apunta.
Washington y La Habana
Este acercamiento ocurre en paralelo con un endurecimiento de la política estadounidense hacia Cuba. Según el historiador argentino Martín Martinelli, esta dinámica refleja un movimiento estratégico de Rusia en un momento de creciente presión estadounidense en la región y un rediseño de su influencia en el hemisferio occidental.
Lo califica como “un avance ruso con uno de sus aliados en un momento en que EE.UU. amenaza con reforzar su postura y presencia militar en todo el hemisferio norte, a través de un mapa de una Gran Norteamérica que incluye desde Canadá y Groenlandia hasta Venezuela y Colombia; por lo tanto, incluye a Cuba”.
Desde que regresó a la Casa Blanca en enero de 2025, el presidente Donald Trump ha reforzado su política de “máxima presión”, con un endurecimiento de sus acciones hacia América Latina y frente a países alineados con Moscú y Beijing.
El secretario de Estado, Marco Rubio, ha calificado a Cuba, Nicaragua y Venezuela como “enemigos de la humanidad”, a los que llegó a responsabilizar de la crisis migratoria hacia la frontera estadounidense y de terrorismo, sin presentar evidencia específica.
En enero de 2026, una orden ejecutiva declaró una emergencia nacional al afirmar que las “acciones y políticas malignas” de Cuba constituyen “una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional y la política exterior de Estados Unidos”, argumentos rechazados por La Habana.
El Gobierno de Cuba ha respondido con firmeza a lo que califica como una “nueva escalada” de Washington contra La Habana, en forma de “chantaje y extorsión”, y ha rechazado lo que considera “una larga lista de mentiras”.
Funcionarios de EE.UU. han advertido que la isla enfrenta un posible colapso económico. El presidente Miguel Díaz-Canel confirmó contactos de diálogo el 7 de abril con funcionarios estadounidenses, en medio de crecientes tensiones.
“Y así, estas negociaciones continúan, y el posible resultado de estas conversaciones entre Cuba y Estados Unidos es casi el mismo que en el caso de Venezuela. Esto significaría levantar las sanciones estadounidenses contra Cuba, abrir la economía cubana a la inversión de EE.UU. y suavizar el régimen político,” explica Markov, mientras hace referencia a cómo “los civiles en Cuba están sufriendo debido a este bloqueo petrolero por parte de Estados Unidos”.
Escasez y la mano dura de EE.UU.
Desde enero, centros de análisis como el Council on Foreign Relations (CFR) han advertido que Washington ha limitado de forma “severa” los envíos de petróleo a Cuba, lo que ha derivado en escasez de combustible, alzas de precios y apagones prolongados. En marzo se registraron tres cortes eléctricos a nivel nacional. “Como resultado, Trump se volvió más confiado sobre la posibilidad de un cambio de régimen en Cuba”, explica Markov.
“La crisis energética está teniendo un impacto humanitario sistémico y cada vez mayor, que afecta a todos los aspectos de la vida cotidiana en Cuba: la salud, el agua y el saneamiento, los sistemas alimentarios, la educación, el transporte y las telecomunicaciones”, declaró este mes Francisco Pichón, coordinador residente de la ONU en Cuba.
Hoy, Cuba depende “estructuralmente de importaciones de crudo para sostener su sistema eléctrico, lo que la hace altamente vulnerable a sanciones y disrupciones externas”, según Insuasty Rodríguez, quien cita evidencia de S&P Global, empresa líder en datos financieros y análisis de mercados globales.
Nuevo orden
Desde esta perspectiva, el analista Martinelli sostiene que lo ocurrido en Cuba se inscribe en un patrón más amplio en el Sur Global, en el que “Estados Unidos está avanzando este año con un impulso para intervenir sobre Venezuela, Irán y Cuba, los primeros países con petróleo, gas y minerales, pero también con posturas de alineamiento y acercamiento a un eje sino-ruso, y por las nuevas estrategias de intervención militar estadounidense”.
Markov, también exmiembro de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, sostiene que, mientras avanza el diálogo entre La Habana y Washington, EE.UU mantiene la opción de “usar la amenaza de una catástrofe humanitaria contra Cuba”.
En este contexto más amplio, el petróleo vuelve a ocupar un lugar central en la disputa global.
Erazo Patiño sostiene que los últimos acontecimientos representan “la consolidación de un nuevo equilibrio multipolar, donde la influencia sobre las áreas geográficas directas adquiere una relevancia estratégica superior. La llegada de crudo ruso a puertos cubanos es la prueba de que los países bajo la presión de la Unión Europea y Estados Unidos están cooperando para demostrar que el orden liderado por Washington se encuentra fragmentado”.
Y agrega que “esto obliga a reconocer un mundo donde las alianzas históricas de resistencia vuelven a ser protagonistas, evidenciando, al mismo tiempo, la necesidad de EE.UU. de reafirmar su hegemonía no a través de una gobernanza de instituciones y cooperación, sino mediante una lógica de confrontación y poder duro (tanto militar como económico) para intentar sostener su dominio global”.
Ante lo que se prevé como otra llegada de un buque petrolero a Cuba, para Insuasty Rodríguez, cada barril que evade sanciones “es poder en movimiento, nuevo orden emergente. El control ya no reside únicamente en quien impone la regla, sino en quien tiene la capacidad de rodearla”. Y concluye: “Para América Latina, el dilema es claro: subordinación o soberanía”.










