El cierre de Ormuz continúa disparando el precio del petróleo y pone en alerta a la economía global

El bloqueo del estrecho por donde pasa cerca del 20% del crudo mundial golpea con fuerza a Asia y Europa, mientras crece el temor a una crisis de suministro.

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FOTO DE ARCHIVO: Petroleros navegan en el Golfo, cerca del estrecho de Ormuz / Reuters

El mundo afronta una de las mayores sacudidas en el suministro de petróleo de la historia reciente, mientras el estrecho de Ormuz permanece prácticamente cerrado por Irán, tras los ataques de represalia contra Israel y Estados Unidos lanzados el 28 de febrero.

Este angosto pero estratégico paso marítimo, por el que circula cerca de una quinta  parte del petróleo y del gas natural licuado (GNL) del planeta, ha visto cómo el tránsito de petroleros se desplomaba a menos del 10 % de los niveles previos a la guerra.

Como consecuencia, este cuello de botella está disparando los costes energéticos a escala global. Los precios del crudo se han disparado mientras los mercados reaccionan con nerviosismo a la volatilidad de la cadena de suministro.

En este contexto, el Brent se mantiene en torno a los 105 dólares por barril. Aunque se sitúa por debajo de los picos cercanos a los 120 dólares alcanzados en el momento más agudo de la crisis, sigue marcando el nivel más alto desde el año 2022.

En términos de volumen, el cierre de esta arteria energética ha retirado del mercado mundial unos 20 millones de barriles por día.

Ante esta situación, la Agencia Internacional de la Energía decidió liberar 400 millones de barriles de las reservas estratégicas. Sin embargo, esta cantidad apenas bastaría para cubrir alrededor de cuatro días de la demanda global.

A pesar de la generalizada inestabilidad regional desencadenada por el conflicto en curso, Teherán ha logrado mantener su comercio energético en funcionamiento.

De hecho, Irán no solo ha mantenido sus exportaciones de crudo a través del estrecho de Ormuz, sino que incluso ha registrado periodos de aumento en el volumen desde el estallido de la guerra.

Según los datos disponibles, los flujos de petróleo iraní se mantuvieron sólidos durante los primeros días de marzo, con exportaciones diarias que promediaron al menos 2 millones de barriles.

En total, el volumen total de los primeros 11 días del mes se estima entre 13,7 millones y 16,5 millones de barriles.

En paralelo, Washington trató de golpear la capacidad exportadora de petróleo de Teherán, destinada en gran medida a China. Para ello, Estados Unidos lanzó ataques contra el estratégico centro petrolero iraní de la isla de Kharg, una operación que volvió a impulsar al alza los precios globales del crudo.

Las naciones asiáticas son las más afectadas

Los países asiáticos figuran entre los más afectados por la crisis energética derivada del cierre del estrecho de Ormuz.

China, el mayor importador de crudo del mundo, ve bloqueado más del 40% de su suministro de petróleo y cerca del 30% de sus cargamentos de gas natural licuado (GNL). Más de 50 buques permanecen atrapados en la zona.

Para gestionar la crisis, Pekín ha acumulado reservas de combustible, ha solicitado a Irán garantías de paso seguro para sus barcos y ha prohibido las exportaciones  de combustible con el fin de contener posibles escaseces internas.

India, por su parte, también enfrenta fuertes presiones. El país depende del Golfo para el 70% de sus importaciones de petróleo y más de la mitad de su suministro de GNL, una dependencia que ya está ejerciendo presión sobre la rupia y alimentando el aumento de la inflación. El consumo diario de petróleo crudo de India asciende a 5,5 millones de barriles. 

En este contexto, Estados Unidos ha permitido temporalmente a India comprar petróleo ruso durante 30 días, en un intento de mantener el flujo global de suministros y evitar un mayor repunte de los precios.

La situación tampoco es sencilla para Japón y Corea del Sur. Ambos países obtienen el 75% y el 70% de su petróleo, respectivamente, de Oriente Medio, y sus reservas actuales apenas podrían cubrir unas pocas semanas de consumo.

En Corea del Sur, las estaciones de servicio ya han registrado un aumento del 20% en los precios del combustible, mientras que las autoridades han anunciado que impondrán límites al precio de la gasolina.

Otros países de la región, como Tailandia y Bangladesh, afrontan ya consecuencias más severas, entre ellas escasez aguda de combustible, cortes de electricidad y una ralentización de la actividad industrial.

Europa y África también sienten el impacto

Europa afronta un aumento de los costes energéticos y de la inflación, agravado por el cierre de refinerías en el Golfo. No obstante, la mayor diversificación de sus fuentes de energía ha permitido amortiguar parcialmente el golpe.

La interrupción del tránsito por el estrecho no solo afecta al suministro de crudo, sino que también está frenando los envíos de combustibles refinados.

Las refinerías del Golfo tienen dificultades para transportar los combustibles que producen. Entre ellas figura la gigantesca refinería de Al Zour, en Kuwait, con una capacidad de 615.000 barriles diarios y considerada una de las principales fuentes de combustible de aviación para Europa y África.

En paralelo, los grandes productores del Golfo, entre ellos Arabia Saudí, Iraq, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos, han reducido su producción y declarado fuerza mayor en refinerías y terminales clave, lo que reduce aún más las exportaciones.

Estados Unidos, que importa relativamente poco petróleo del Golfo, también siente las consecuencias a través del aumento de los precios de la gasolina y de la energía.

En respuesta, la administración de Donald Trump recurrió a la Reserva Estratégica de Petróleo y anunció la liberación de 172 millones de barriles como parte de un paquete de medidas de emergencia.

Mientras tanto, los costes globales del transporte marítimo y de los seguros se disparan, al tiempo que las disrupciones en las cadenas de suministro comienzan a afectar no solo a los mercados energéticos, sino también al comercio de materias primas, metales y bienes a escala mundial.