Dentro del patio bañado por el sol de una antigua casa en el histórico barrio de Al-Shaghour, en Damasco, Anas Al-Jarrat, de 7 años, permanece inmóvil, con las manos cruzadas sobre el pecho y las yemas de los dedos tocando sus hombros. Es una postura de aceptación y calma. Un segundo después, la música sufí tradicional, con las notas de la flauta ney y el acompañamiento de cuerdas y tambores suaves, inunda el espacio. El niño comienza a girar.
A su lado se encuentra su padre, Moayad Al-Kharrat, de 38 años, líder de la Tropa Mawlawi Al-Jarrat. Juntos, padre e hijo representan la continuidad de la Mawlawiyya, la tradición de los derviches giróvagos que ha sobrevivido en el Levante durante siglos. Esta práctica, que se remonta a las enseñanzas del místico y poeta del siglo XIII Jalal Al-Din Rumi, utiliza el giro continuo sobre un pie, en sentido contrario a las agujas del reloj, como una forma de disciplina física y devoción espiritual.
Para la familia Al-Jarrat, este arte no es una simple forma cultural de exhibición para turistas; es un legado espiritual heredado de una generación a otra. Hoy en día, el pequeño Anas se ha ganado el título del derviche giróvago más joven de Siria, cargando con un linaje centenario.
Un siglo de herencia sagrada
"En nuestra familia, el arte de la Mawlawiyah se ha transmitido de generación en generación", relata Moayad Al-Jarrat, quien lleva 30 años girando, a TRT Español. "Crecimos en un hogar que abraza y se enorgullece de esta tradición; mi abuelo era Mawlawi, luego mi padre, y posteriormente este patrimonio nos fue transmitido a mí y a mis hermanos".
Las raíces de la familia están entrelazadas con la geografía espiritual de Damasco. El abuelo de Moayad era almuédano –la persona encargada de hacer el llamado a la oración– en la histórica Mezquita de los Omeyas, y su difunto padre era un renombrado vocalista sufí. Hoy, más de 20 miembros de la familia dominan este arte. Mientras los hermanos de Moayad se encargan de los cantos tradicionales de Damasco (Al-Inshad Al-Shami), Moayad y Anas se concentran en la manifestación física de la oración: el giro.
Pero la herencia de esta tradición implica mucho más, y mantenerla viva exige años de disciplina física y mental, con prácticas rigurosas que requieren que los danzantes giren rápidamente sobre un solo eje durante largos períodos. Como resultado, suelen verse afectados por intensos mareos.
"El mareo es el primer obstáculo al que se enfrentan los principiantes", explica Moayad. "Superamos esto mediante un entrenamiento gradual y sistemático que comienza desde una edad temprana".
Mientras que un maestro adulto como Moayad puede girar continuamente durante una hora completa –una hazaña física que los médicos equiparan a una carrera de larga distancia–, Anas ya es capaz de mantener un giro constante y firme durante 10 o 15 minutos.
Espiritualidad frente al espectáculo festivo
Pero para los Al-Jarrat, dominar el giro es solo una parte del aprendizaje y, en el fondo, está el significado espiritual detrás de cada movimiento.
A medida que la Mawlawiyya ha salido de las históricas logias sufíes (Tekiehs) para exponerse a la mirada pública, ha surgido una línea clara entre la práctica puramente espiritual y la interpretación cultural festiva. La familia Al-Jarrat navega por esta frontera modificando sus movimientos, música y vestimenta para que coincidan con las circunstancias.
El núcleo espiritual de la tradición está reflejado cuando visten la tannoura (falda en árabe) blanca. Utilizada dentro de las mezquitas, las tekiehs y durante ocasiones especiales, como el Laylat Al-Qadr, una noche especial durante Ramadán, esta vestimenta conlleva un gran significado.
"El uniforme consiste en una túnica blanca, ancha y suelta que representa la 'mortaja humana' y la pureza del alma", rememora Moayad. "El sombrero cilíndrico, conocido como 'kolah', con su color terroso, simboliza la 'lápida' como un recordatorio de nuestro regreso a los orígenes".
Durante estas solemnes ceremonias espirituales, cada gesto físico es una oración silenciosa. Los derviches giran hacia la izquierda, imitando el movimiento cósmico de los planetas que orbitan alrededor del sol y a los peregrinos que circunvalan la Sagrada Kaaba, en la ciudad de La Meca.
"La palma de la mano derecha se eleva hacia el cielo para expresar súplica y la recepción de la gracia y la bondad divinas, mientras que la mano izquierda se extiende hacia la tierra para distribuir esta misericordia y bendición al mundo", señala Moayad. "La cabeza inclinada durante el giro indica un estado de 'auto-borrado' o aniquilación en el amor divino".
Aunque ese simbolismo permanece en el corazón de la Mawlawiyya, la tradición también ha dejado su huella en ocasiones festivas y celebratorias. En esos contextos, la familia cambia la tannoura blanca por la tannoura egipcia, una adaptación diseñada para celebraciones públicas, festivales y eventos culturales. Esta versión cambia la sobria mortaja blanca por un traje vibrante y multicolor estampado con la forma de un tradicional fanous (farol de Ramadán). Las faldas festivas están diseñadas para separarse en dos piezas durante el giro a alta velocidad y pueden incluso incorporar iluminación LED para deslumbrar a las multitudes nocturnas.
"Siempre respetamos la naturaleza del lugar", enfatiza Moayad, señalando que, aunque el estilo festivo aporta alegría cultural a las plazas públicas, las reglas auténticas de la túnica blanca permanecen intactas para proteger el arte de cualquier distorsión.
Esa capacidad de adaptarse sin perder su esencia es precisamente el entorno en el que Anas ha crecido desde sus primeros años.
El derviche más joven de Siria
De hecho, para el joven Anas, la fascinación con el mundo en rotación comenzó antes incluso de que pudiera caminar.
"Era muy pequeño y ni siquiera sabía caminar todavía, pero veía a mi papá y a mis tíos en el teléfono y en la televisión mientras giraban", evoca Anas a TRT Español. "Me gustaba mucho cómo se veían, así que empecé a copiar sus movimientos mientras gateaba por el suelo de la casa".
Con este impulso, se convirtió en miembro fijo de la troupe y hoy Anas actúa junto a su padre en restaurantes tradicionales, centros culturales y carpas de Ramadán. La experiencia infantil de la danza es de una alegría pura y genuina. "Cuando comencé a girar, sentí como si todo a mi alrededor girara también, y este sentimiento me hace muy, muy feliz", cuenta Anas. "Me siento como si me hubiera convertido en un 'hombre adulto' e importante como mi papá".
En el escenario, padre e hijo comparten un lenguaje silencioso, coordinando la actuación a alta velocidad a través de un sistema de señales no verbales. "Mi papá y yo tenemos 'señales secretas' que solo nosotros entendemos para poder coordinar nuestros movimientos y no cometer errores", explica el niño de 7 años. "Es decir, si veo a mi papá inclinarse hacia la derecha, me inclino con él de inmediato, y si se mueve en cualquier dirección, lo sigo y hago lo mismo".
El equilibrio impecable de Anas con frecuencia roba el espectáculo, dejando al público asombrado. "Me pongo muy feliz, sobre todo cuando veo a la gente sonreír y sorprenderse de que sea tan pequeño pero pueda girar tan bien", dice. "¡Incluso mi papá me dice que le 'robé el protagonismo' a él y a todos los mayores de la tropa, y eso me hace aún más feliz!".
Actuar también conlleva estrictos requisitos paternos: Anas debe terminar todas sus tareas escolares y realizar sus oraciones diarias antes de que se le permita vestirse con el traje. Además, parte del entrenamiento es transmitirle la naturaleza espiritual de este arte que Moayad describe como un “paraíso espiritual” y no solo “una tradición”.
Resiliencia a través de las sombras de la guerra
La preservación de la Mawlawiyya no ha estado exenta de duras pruebas. La devastadora guerra en Siria, que duró casi 14 años (2011-2024) y dejó más de 600.000 muertos, aisló a los practicantes locales como la familia del escenario global durante esta larga década. Las restricciones de viaje y la denegación de visados obligaron a la agrupación Al-Jarrat a rechazar invitaciones a festivales internacionales, amenazando la supervivencia de esta forma de arte.
"Los espectáculos en el extranjero disminuyeron debido a las restricciones de viaje, lo que convirtió al Ramadán en ese momento en un 'último destello de esperanza' para conectar con el público local, difundiendo espiritualidad y tranquilidad, e intentando aliviar el peso de las presiones de la vida y las difíciles crisis", recuerda Moayad.
Con el fin oficial de la guerra el año pasado, la atmósfera de Ramadán en Damasco ha comenzado a recuperar gradualmente su vitalidad histórica. Para Moayad, el giro sigue siendo una práctica terapéutica esencial.
"Cuando siento una gran angustia o presión debido a las circunstancias que hemos enfrentado, recurro a un 'estado de aislamiento'; me retiro a mi habitación y empiezo a girar y girar hasta que me desconecto del mundo material y siento un profundo alivio psicológico", admite.
Custodiando el futuro
Con el regreso de la estabilidad a la capital siria, la familia Al-Jarrat está centrada en el futuro. Anas ya ha pasado de ser un estudiante a convertirse en un joven custodio de la herencia. En el patio de su casa en Damasco, a menudo se puede ver al niño de 7 años entrenando a su hermano de 4 años, Zuhair, y a sus primos pequeños.
"Hago que se pare a mi lado y le enseño cómo girar y no cometer errores", cuenta Anas sobre su hermano menor. "Le doy notas como 'No lo hagas así, hazlo de esta manera'... Quiero que crezcamos amando a Dios y amando la Mawlawiyah".
Para Moayad, ver a sus hijos girar le proporciona una profunda sensación de alivio. Es la confirmación definitiva de que un siglo de tradición familiar sobrevivirá a las cicatrices de la historia moderna. "Actuar con mi hijo me da un sentimiento de orgullo y honor por mi éxito al transmitir la 'amana' (la confianza)", declara Moayad. "Siento paz y tranquilidad porque este legado ahora corre por su sangre".
Aunque Anas sueña con ser ingeniero cuando sea mayor, su identidad como derviche ya está grabada en piedra. "Nunca dejaré la Mawlawiyah", asegura el niño. "Seguiré siendo un 'Derviche', y giraré y se lo enseñaré a mis propios hijos en el futuro, tal como mi papá me enseñó a mí. Se ha convertido en parte de mi vida y no puedo vivir sin ella".
Este artículo fue redactado por Luqman Nieto y reportado por Mohammad Bashir Aldaher.

















