Cómo Trump pasó de amenazar con la aniquilación de Irán a un alto al fuego de dos semanas

El presidente da marcha atrás horas antes del plazo para reabrir el estrecho de Ormuz, tras amenazar con ataques a la infraestructura iraní, mientras una mediación liderada por Pakistán y la presión mundial empujan hacia una tregua temporal.

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El presidente Donald Trump habla sobre la guerra con Irán desde el Cross Hall de la Casa Blanca, el 1 de abril de 2026, en Washington. / AP Archive

El presidente Donald Trump pasó en cuestión de horas de amenazar a Irán con la aniquilación a asegurar que el liderazgo de la castigada república islámica había presentado un plan “viable”, un giro que le llevó a aceptar un alto el fuego de 14 días que, según afirmó, podría abrir la puerta al fin de una guerra que ya se prolonga desde hace casi seis semanas.

El brusco cambio de tono se produjo mientras intermediarios, encabezados por Pakistán, se movían a contrarreloj para frenar una nueva escalada del conflicto. Incluso China, principal socio comercial de Irán y mayor rival económico de Estados Unidos, maniobró discretamente entre bastidores para tratar de abrir una vía hacia la tregua, según dos funcionarios informados sobre las gestiones, que hablaron bajo condición de anonimato al no estar autorizados a hacerlo públicamente.

“La razón es que ya hemos cumplido y superado todos los objetivos militares y estamos muy avanzados en un acuerdo definitivo para una paz duradera con Irán y para la paz en Oriente Medio”, escribió Trump en redes sociales al anunciar el alto el fuego temporal.

El mensaje llegó apenas 90 minutos antes de que expirara el ultimátum que el propio presidente había lanzado a Teherán: abrir el estratégico estrecho de Ormuz o enfrentarse a la destrucción de sus plantas eléctricas y otras infraestructuras críticas.

El presidente tiene previsto reunirse este miércoles en la Casa Blanca con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte. El incipiente alto el fuego y el plan para reabrir el estrecho se perfilan como los ejes centrales de la conversación.

A medida que se acercaba la hora límite, legisladores demócratas denunciaron la amenaza de Trump de “borrar” a toda una civilización, calificándola de “fracaso moral”. Al mismo tiempo, el papa Leo XIV advirtió de que los ataques contra infraestructuras civiles violarían el derecho internacional y tildó las declaraciones del presidente de “verdaderamente inaceptables”.

Pero al final, Trump pudo haber dado marcha atrás por una razón más simple: una escalada del conflicto podría arrastrar a Estados Unidos a una de esas “guerras eternas” que marcaron a sus predecesores y de las que él había prometido mantener al país al margen si los votantes lo devolvían a la Casa Blanca.

Controlar el estrecho de Ormuz habría supuesto una operación larga y costosa

Mientras Donald Trump presumía del éxito militar de Estados Unidos e Israel durante las últimas seis semanas, parecía partir de la premisa de que podía bombardear a Irán hasta forzar su capitulación.

Desde el asesinato del líder supremo, Ali Jamenei, en los primeros compases de la guerra, el presidente dio la impresión de descartar la posibilidad de que el liderazgo iraní optara por una guerra larga y sangrienta.

Sin embargo, los expertos sostienen que la república islámica ha demostrado repetidamente en los últimos 47 años que está dispuesta a resistir, incluso cuando desde Estados Unidos parece actuar contra sus propios intereses.

La cúpula clerical, recuerdan, mantuvo a ciudadanos estadounidenses como rehenes durante 444 días, entre finales de 1979 y comienzos de 1981, a costa de la reputación internacional del país.

Muchos consideran que, en esta guerra reciente, el liderazgo iraní —golpeado y en clara desventaja militar— ha mostrado una confianza calculada en su capacidad para empantanar a la superpotencia mundial en un conflicto largo y costoso, aunque no pudiera derrotar directamente al poderoso ejército estadounidense.

Los analistas de defensa coinciden en que el ejército de Estados Unidos podría tomar con rapidez el control del estrecho de Ormuz, la estrecha vía marítima del golfo situada entre Irán y Omán por la que transita aproximadamente el 20 % del petróleo mundial cada día.

Sin embargo, mantener la seguridad en ese corredor marítimo exigiría una operación de alto riesgo y gran consumo de recursos, que podría comprometer a Estados Unidos durante años.

Ben Connable, director ejecutivo del centro de análisis sin ánimo de lucro Battle Research Group, sostiene que asegurar el estrecho obligaría al ejército estadounidense a controlar cerca de 600 kilómetros de territorio iraní, desde la isla de Kish en el oeste hasta Bandar Abbas en el este, con el objetivo de impedir que Irán lance misiles contra los buques que atraviesan la ruta marítima.

Una misión de esa magnitud, explicó Connable, requeriría probablemente el despliegue de tres divisiones de infantería estadounidenses, es decir, entre 30.000 y 45.000 soldados.

“Sería una operación indefinida. Es decir, hay que pensar en estar preparados para hacerlo durante 20 años”, afirmó Ben Connable, exoficial de inteligencia del United States Marine Corps. “No pensábamos que íbamos a estar 20 años en Afghanistan. Tampoco creíamos que permaneceríamos tanto tiempo en Vietnam o en Iraq”.

El plan de alto el fuego de dos semanas contempla permitir que tanto Iran como Oman cobren tarifas a los barcos que transiten por el estrecho de Ormuz, según indicó un funcionario regional. De acuerdo con esa fuente, Teherán utilizaría los ingresos para la reconstrucción, mientras que no estaba claro de inmediato a qué destinaría Mascate su parte.

El estrecho se encuentra dentro de las aguas territoriales de ambos países. Hasta ahora, la comunidad internacional lo había considerado una vía marítima internacional y nunca se habían pagado peajes por atravesarlo.

Tras el anuncio de la tregua, el senador Chris Murphy sostuvo que Donald Trump estaba entregando de facto a Teherán el “control” del estrecho y otorgando “una victoria histórica a Irán”.

“El nivel de incompetencia es tan asombroso como desgarrador”, afirmó Murphy.

Trump tiene un historial de dar marcha atrás tras exigencias maximalistas

El anuncio del alto el fuego llegó después de que el primer ministro de Shehbaz Sharif, líder de Pakistán, pidiera a Donald Trump que ampliará su ultimátum dos semanas para dar margen a la diplomacia, al tiempo que instaba a Irán a reabrir el estrecho durante ese mismo periodo.

Las dos semanas se han convertido en el plazo al que Trump recurre cuando necesita ganar tiempo ante decisiones importantes. El verano pasado, la Casa Blanca aseguró que el presidente decidiría en ese intervalo si lanzaba una primera campaña de bombardeos contra Irán. Sin embargo, antes de que venciera el plazo, Trump ordenó ataques aéreos que, según afirmó, “aniquilaron” el programa nuclear iraní.

El mandatario también ha utilizado repetidamente ese mismo margen de dos semanas para fijar plazos que terminaron produciendo pocos resultados en las negociaciones para poner fin a la guerra entre Rusia y Ucrania. Incluso durante su primer mandato llegó a sugerir que resolvería grandes cuestiones de política pública, como el sistema de salud, dentro de ese mismo lapso.

A lo largo de los primeros 15 meses de su segundo mandato en la Casa Blanca, Trump ha lanzado en varias ocasiones demandas maximalistas que posteriormente ha terminado rebajando o suavizando.

El presidente también dio marcha atrás en muchos de los amplios aranceles del llamado “Día de la Liberación” que anunció inicialmente en abril de 2025, después de que provocaran fuertes turbulencias en los mercados financieros.

Quizá el ejemplo más llamativo ocurrió durante una reunión del Foro Económico Mundial en Davos, en enero, cuando Donald Trump insistió en que quería que Estados Unidos “tomara el control” de Groenlandia, “incluidos los derechos, el título y la propiedad”. Poco después, sin embargo, cambió de rumbo y abandonó su amenaza de imponer aranceles generalizados a Europa para presionar en esa dirección.

El pretexto para esa marcha atrás fue que Trump aseguró haber acordado con el jefe de la Organización del Tratado del Atlántico Norte un “marco para un futuro acuerdo” sobre la seguridad en el Ártico, a pesar de que Estados Unidos ya contaba con una amplia libertad de acción militar en Groenlandia, que forma parte del reino de Dinamarca.

La Casa Blanca celebró el martes por la noche el desarrollo de los acontecimientos, con asesores que atribuyeron tanto a la capacidad del ejército estadounidense como a las maniobras políticas de Trump el haber creado las condiciones para el alto el fuego.

“El éxito de nuestro ejército generó la máxima capacidad de presión, lo que permitió al presidente Trump y a su equipo entablar negociaciones duras que ahora han abierto la puerta a una solución diplomática y a una paz duradera”, declaró la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt.

“Que nadie subestime la capacidad del presidente Trump para impulsar con éxito los intereses de Estados Unidos y negociar la paz”, añadió.