¿Quién controla el estrecho de Ormuz? Plan de Irán de cobrar peajes cambiaría orden marítimo global
GUERRA CONTRA IRÁN
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¿Quién controla el estrecho de Ormuz? Plan de Irán de cobrar peajes cambiaría orden marítimo globalMientras Irán señala que las circunstancias de la guerra justifican la posibilidad de imponer peajes en el estrecho de Ormuz, los expertos afirman que esto plantea una prueba crucial al derecho marítimo y el orden mundial.
Un petrolero permanece anclado mientras el tráfico disminuye en el estrecho de Ormuz en medio de la guerra en Oriente Medio. Imagen de archivo. / Reuters
hace 10 horas

A medida que la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán transforma el panorama geopolítico de Oriente Medio, ha surgido un nuevo frente, no en tierra ni en aire, sino en uno de los puntos estratégicos marítimos más críticos del mundo: el estrecho de Ormuz.

Teherán reiteró a finales de esta semana que está redactando un protocolo conjunto con Omán para supervisar el tráfico a través del paso, clave para el petróleo mundial. Junto con las señales de Irán sobre la posibilidad de imponer ciertas condiciones, o incluso peajes, a los buques que transitan por el estrecho, esta medida plantea interrogantes urgentes sobre quién controla realmente esta arteria vital del comercio mundial.

Si bien Irán y Omán tienen reclamos territoriales sobre el estrecho, los expertos en derecho marítimo afirman que no pueden simplemente obligar a los buques a pagar para poder circular por él.

“Según el derecho internacional, el estrecho de Ormuz no está bajo el control de la comunidad internacional, en un sentido de soberanía”, explica Sanjeet Ruhal, profesor de derecho internacional de seguridad marítima en el Instituto Internacional de Derecho Marítimo (IMLI) de Malta, a TRT World.

“Irán y Omán conservan la soberanía sobre sus respectivas aguas territoriales, pero dicha soberanía está limitada por el derecho de tránsito en los estrechos utilizados para la navegación internacional”, explica. “El paso debe ser continuo y rápido, y no debe ser obstaculizado”, agrega.

Ruhal aclara además que Irán y Omán, como Estados con costa en Ormuz, “pueden adoptar leyes limitadas sobre seguridad, navegación, contaminación y rutas marítimas, pero no pueden convertir el estrecho en un corredor de tránsito restringido”, de acuerdo con el derecho marítimo internacional.

Lo que está en juego no es solo la estabilidad regional, sino también el futuro de las normas que rigen la navegación internacional en vías marítimas tan estrechas.

Jurídicamente, el estrecho de Ormuz tiene un lugar único. Este paso, de 167 kilómetros de longitud, que conecta el Golfo Pérsico con el mar de Omán (con un ancho de tan solo 33 kilómetros en su parte más angosta), se encuentra dentro de las aguas territoriales de Irán y Omán, pero también está regulado por el derecho internacional como vía marítima de navegación mundial.

Aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo —unos 20 millones de barriles diarios— transita por Ormuz, lo que lo convierte en una vía indispensable para los mercados energéticos mundiales, especialmente en Asia.

El tráfico a través del estrecho ha disminuido drásticamente desde el inicio de la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero, debido al aumento de los precios de seguros y a los riesgos de seguridad que disuaden a las navieras. Sin embargo, lo que ocurra a corto plazo puede sentar un precedente sobre el uso de este tipo de vías marítimas.

Desde que el conflicto se desató hace más de un mes, solo 292 buques comerciales transitaron el vital estrecho bajo supervisión iraní hasta el 31 de marzo, lo que representa una disminución de aproximadamente el 95% en comparación a los niveles previos a la guerra, según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo. Esta realidad pone de manifiesto la magnitud de la interrupción y el control efectivo de Teherán sobre la vía marítima.

Varios informes también han señalado que múltiples buques comerciales han sido atacados en el estrecho de Ormuz y sus alrededores durante la escalada del conflicto, y la Guardia Revolucionaria de Irán ha advertido que los barcos que intenten transitar por el paso sin su autorización serán atacados.

El bloqueo de facto del estrecho ya ha tenido repercusiones en los mercados globales, reavivando los temores sobre la vulnerabilidad de los puntos estratégicos para la navegación.

Teherán, por su parte, insiste en que el estrecho permanece "abierto al mundo", pero solo "cerrado a los enemigos". El jueves de esta semana, el portavoz militar iraní, Abolfazl Shekarchi, endureció la postura, afirmando que la vía marítima se mantendrá cerrada "a largo plazo" para Estados Unidos e Israel.

¿Puede Irán imponer peajes legalmente?

“Por regla general, no”, responde Ruhal al ser consultado sobre si es legal que Irán establezca peajes en el estrecho de Ormuz. “No se puede cobrar ninguna tarifa a buques extranjeros simplemente por el hecho de transitar por allí”.

El marco jurídico que rige estas vías navegables se encuentra en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (UNCLOS, por sus siglas en inglés), que garantiza el derecho de “paso en tránsito” por los estrechos utilizados para la navegación internacional.

Según los artículos del 37 al 44 establecidos en la convención, los buques y aeronaves tienen derecho a un paso continuo y expedito que no puede ser impedido ni suspendido. Es fundamental destacar que el Artículo 26 prohíbe a los Estados cobrar tarifas a los buques simplemente por la circulación, permitiendo únicamente la imposición de tasas por servicios específicos prestados, mientras que el Artículo 42 limita a los Estados con costas en las vías marítimas la adopción de medidas que obstaculicen el tránsito.

Es justamente este marco jurídico el que se pone a prueba actualmente.

La consideración por parte de Teherán para imponer un sistema de peajes –o un acceso condicionado basado en la alineación política o la identidad nacional– ha generado alarma entre los actores del sector marítimo.

“Un peaje por el simple tránsito, o una condición de acceso basada en la nacionalidad, sería incompatible con el régimen del tratado”, afirma Ruhal. En ese sentido insiste en que los cargos solo se permiten por servicios específicos prestados, como el pilotaje o la asistencia portuaria, no por el simple tránsito en sí a través de la vía marítima.

La distinción es crucial. Si bien las vías navegables artificiales como los canales de Suez y Panamá cobran tasas de tránsito, los estrechos naturales como el de Ormuz operan bajo un marco jurídico diferente, diseñado para garantizar el acceso global ininterrumpido.

Un sistema de tarifas en Ormuz, argumenta Ruhal, transformaría de hecho una ruta marítima compartida en una puerta de entrada controlada, socavando el principio de tránsito no discriminatorio.

¿Una estrategia de guerra, o algo más?

Desde la perspectiva de Teherán, sin embargo, el cálculo no es puramente legal.

“Nos encontramos ahora en estado de guerra, y las condiciones de la guerra no pueden regirse por las normas de tiempos de paz”, afirmó este jueves Kazem Gharibabadi, viceministro de Relaciones Exteriores de Irán para Asuntos Jurídicos e Internacionales, al justificar la postura de Teherán.

Reza Khanzadeh, profesor de política de Oriente Medio en la Universidad George Mason, considera que la propuesta de peaje forma parte de una estrategia más amplia. “El gobierno intenta generar una nueva fuente de ingresos, dada la magnitud de las sanciones y el costo de esta guerra”, explica a TRT World.

Pero la medida va más allá de lo económico. Según Khanzadeh, Irán también busca establecer un precedente que sus aliados podrían replicar en otras vías marítimas en disputa, como el mar de la China Meridional.

Más fundamentalmente, argumenta, el estrecho de Ormuz representa una de las últimas fuentes de influencia que le quedan a Irán.“Con sus grupos aliados debilitados, sus programas nucleares y de misiles degradados y las crecientes presiones internas, el gobierno iraní intenta aferrarse a lo que podría ser su última carta de negociación”, afirma.

En ese contexto, incluso un sistema de peaje legalmente cuestionable podría servir como una poderosa herramienta de negociación.

Implementación vs. legalidad

Ahora bien, la brecha entre las normas legales y las realidades geopolíticas es donde la situación se torna más volátil.

Khanzadeh reconoce que un sistema de peaje probablemente sería ilegal según el derecho internacional. Pero plantea una pregunta más pragmática: ¿quién hará cumplir esas normas?

“Si la única manera de garantizar el paso es pagando un peaje en lugar de emprender acciones militares, muchas empresas podrían optar por lo primero”, sugiere.

Esa posibilidad subraya una preocupación más amplia: que la implementación del derecho marítimo depende en última instancia de la voluntad política y la capacidad militar, no solo de los marcos legales.

Ruhal, sin embargo, cree que un sistema así enfrentaría una resistencia constante.

India, China y Europa —todas ellas fuertemente dependientes de las importaciones de energía del estrecho de Ormuz—, así como los exportadores de energía del Golfo, comparten un gran interés en mantener abierto el paso. Su respuesta probable, según él, incluiría protestas diplomáticas, apelaciones al derecho internacional y apoyo a acuerdos de seguridad colectiva.

Cabe destacar, sin embargo, que las principales partes interesadas se han abstenido hasta ahora de anunciar una respuesta militar directa. La Unión Europea ha descartado la intervención militar, mientras que China e India no han mostrado ninguna disposición a emprender medidas coercitivas en el estrecho.

Las divisiones globales se profundizan: ¿puede el mundo buscar alternativas a Ormuz?

La creciente disputa sobre el estrecho de Ormuz ya está poniendo de manifiesto profundas divisiones geopolíticas.

Las potencias occidentales, incluidos el Reino Unido y la Unión Europea, han enfatizado la necesidad de proteger la libertad de navegación, mientras que los Estados del Golfo presionan para que una fuerza autorizada por la ONU asegure la vía marítima.

China, por el contrario, ha culpado a las acciones militares estadounidenses e israelíes de la interrupción, alineándose más con la narrativa de Irán.

El resultado es una respuesta internacional fragmentada, la cual plantea el riesgo de convertir el estrecho de Ormuz en un foco de tensión en medio de la competencia entre grandes potencias.

Ante la creciente incertidumbre, los países del Golfo están acelerando sus esfuerzos por diversificar sus rutas de exportación, invirtiendo en oleoductos y corredores alternativos para evitar el estrecho.

Sin embargo, estas medidas sólo ofrecen un alivio limitado a corto plazo.

Ormuz sigue siendo insustituible: una arteria estrecha pero indispensable por la que debe transitar una parte significativa del suministro energético mundial.

Derecho frente a poder

Más allá de la crisis inmediata, las acciones de Irán podrían tener consecuencias de gran alcance. “Si los países comienzan a imponer peajes en vías marítimas estratégicas, esto podría alterar fundamentalmente el sistema de comercio global”, advierte Khanzadeh. “Aumentarían los costos, la inseguridad y la coerción política”, apunta.

Para Ruhal, las implicaciones legales son igualmente importantes. Permitir peajes o acceso selectivo en Ormuz podría erosionar los principios fundamentales del derecho marítimo, fomentando medidas similares en otros lugares.

En esencia, la situación que se desarrolla en Ormuz pone a prueba la capacidad del derecho internacional para resistir las presiones de los conflictos modernos.

En teoría, las normas son claras: el tránsito debe ser libre, continuo y no discriminatorio.

Sin embargo, en la práctica, estas normas se ven desafiadas por una combinación de guerra, cálculos estratégicos y la cambiante dinámica del poder global.

Lo que ocurra en Ormuz no solo podría determinar el resultado de un conflicto regional, sino que podría redefinir el equilibrio entre el derecho y el poder en los océanos del mundo.

FUENTE:TRT World
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