Miles de activistas de más de 50 países se han concentrado en El Cairo para emprender una caminata de 50 km hasta el paso de Rafah y exigir el fin del bloqueo israelí que mantiene a Gaza sin comida, medicinas ni combustible desde el 2 de marzo.
La movilización surge apenas una semana después de que Israel interceptara la Flotilla de la Libertad y detuviera a sus 12 tripulantes, demostrando que la solidaridad no se detiene ni en el mar ni en el desierto.
El 15 de junio los manifestantes planean llegar a la frontera y encadenar una semana de protestas que mantenga la presión internacional.
Sin embargo, el Ministerio de Exteriores egipcio advirtió que toda delegación extranjera que quiera acceder a la zona fronteriza—incluidas Arish y el propio cruce de Rafah—deberá obtener una “aprobación previa” a través de embajadas o de organizaciones internacionales.
El requisito podría complicar la logística de la marcha, pero no ha frenado la salida de columnas como la caravana Samud, que avanza desde Túnez.
Mientras un pueblo resiste bajo las bombas, miles caminan para recordar que las vidas palestinas importan: más de dos millones de personas están al borde de la hambruna y medio millón sufre ya inanición catastrófica.
