Cinco días después de los devastadores terremotos que sacudieron el norte de Venezuela, las posibilidades de encontrar más supervivientes se reducen. En las zonas más castigadas, los equipos de rescate continúan removiendo toneladas de escombros, aunque muchos reconocen que la búsqueda entra en una fase cada vez más difícil.
Los equipos de rescate de Ecuador y Estados Unidos suspendieron este martes sus operaciones en Macuto, en el estado de La Guaira, después de más de 40 horas de trabajo, al dejar de recibir señales de vida de una madre y sus tres hijos atrapados bajo un edificio de nueve plantas.
"Al final creemos que los días ya han pasado y que lo que vamos a encontrar ahora es muerte", afirmó el mayor Jorge Montanero, jefe del equipo ecuatoriano EQ11 de Guayaquil.
"Desgraciadamente, las cosas no han evolucionado favorablemente", añadió mientras permanecía entre los escombros, tras atravesar cuatro losas de hormigón en un intento por localizar a las cuatro víctimas.
En otros puntos de La Guaira, la falta de equipos especializados ha obligado a familiares y vecinos a retirar los escombros por sus propios medios para intentar rescatar supervivientes o recuperar cuerpos.
La preocupación por el elevado número de personas que aún permanecen desaparecidas también ha llevado a Naciones Unidas a prepararse para un escenario con un balance de víctimas muy superior al confirmado hasta ahora.
"No cabe duda de que nos enfrentamos a una cifra superior a la que ya se ha informado. Puedo ofrecer una estimación: estamos gestionando —y esto se ha acordado con las autoridades locales— 10.000 bolsas para cadáveres", declaró el coordinador residente de la ONU en Venezuela, Gianluca Rampolla.
El Gobierno de la presidenta encargada Delcy Rodríguez mantiene que unas 16.000 personas permanecen sin hogar, mientras que una plataforma impulsada por la oposición sitúa en torno a 43.000 el número de desaparecidos.
Un niño rescatado tras casi seis días bajo los escombros
En medio de ese panorama, las labores de búsqueda dejaron durante la madrugada del martes una de las pocas noticias esperanzadoras desde que ocurrió la tragedia. Un niño de tres años fue rescatado con vida tras permanecer cerca de 140 horas atrapado bajo los escombros de un edificio del sector Los Corales, en La Guaira.
Según el Ministerio de Comunicación, la operación fue llevada a cabo por un equipo de rescatistas procedente de Jordania. Un día antes, otro menor también había sido localizado con vida entre las ruinas de un edificio en el sector Caribe, una de las zonas más afectadas por los terremotos.
Las labores de búsqueda continúan con el apoyo de más de 3.300 rescatistas procedentes de 27 países, coordinados por Naciones Unidas, según informó la presidenta encargada, Delcy Rodríguez.
El presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, señaló que los equipos de emergencia han rescatado 6.461 personas desde el inicio de las operaciones. Aun así, estimó que la cifra real podría acercarse a 20.000, si se contabiliza también a quienes lograron salir por sus propios medios o con ayuda de familiares y vecinos.
Rodríguez actualizó además el balance oficial y elevó el número de fallecidos a 1.943, mientras que los heridos ascienden ya a 10.571.
El reto pasa ahora por atender a los damnificados
Con el paso de las horas, el foco empieza a desplazarse del rescate a la asistencia. Las agencias de Naciones Unidas advierten de que las necesidades aumentan rápidamente en las zonas devastadas.
El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) alertó de un fuerte incremento de las necesidades humanitarias y de protección. Su portavoz, Carlotta Wolf, explicó que las primeras evaluaciones sobre el terreno muestran un "aumento drástico" de las necesidades a medida que se conoce el verdadero alcance de la catástrofe.
Según Wolf, La Guaira continúa siendo el estado más golpeado y afronta graves problemas de abastecimiento de alimentos, mientras los servicios básicos permanecen interrumpidos y las comunicaciones siguen siendo limitadas.
La evaluación rápida realizada por ACNUR indica que el 75% de los encuestados informó de personas heridas en sus comunidades y el 56% aseguró que había fallecidos. Además, el organismo advirtió de que las personas mayores y con discapacidad afrontan riesgos adicionales debido a su movilidad reducida y al limitado acceso a información digital, mientras que el 17% de los encuestados notificó la presencia de menores no acompañados o separados de sus familias.
Wolf explicó que ACNUR está ampliando la distribución de suministros de emergencia y las labores de protección, y estimó que serán necesarios 14,85 millones de dólares para asistir durante los próximos seis meses a unas 30.000 personas.
El Programa Mundial de Alimentos (PMA) prepara, por su parte, una respuesta de mayor alcance. Su directora en Venezuela, Stephanie Hochstetter, anunció que el organismo prevé asistir a medio millón de personas alojadas en refugios temporales.
Hasta ahora el PMA ha distribuido alimentos de emergencia a 1.200 personas y dispone de 3.000 toneladas métricas de alimentos, suficientes para abastecer a más de 10.000 familias durante dos meses.
"La necesidad de alimentos, agua potable, refugio y servicios básicos es inmediata y crítica", advirtió Hochstetter, al anunciar un llamamiento inicial de 50 millones de dólares para ampliar la respuesta humanitaria.
América Latina acelera el envío de ayuda
Mientras las necesidades crecen sobre el terreno, varios países de la región han comenzado a coordinar el envío de suministros y apoyo logístico a Venezuela.
Los países del Mercosur iniciaron una coordinación conjunta para asistir a las zonas afectadas, según anunció el presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, durante la cumbre del bloque.
"Algunas decisiones han sido fundamentales", afirmó el mandatario uruguayo.
Durante la reunión, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva calificó de "incalculables" las pérdidas humanas y materiales y pidió guardar un minuto de silencio por las víctimas, mientras que el presidente boliviano Rodrigo Paz aseguró que "lo importante es que Venezuela no se sienta sola".
El ministro de Exteriores argentino, Pablo Quirno, reiteró que el Gobierno de Javier Milei ha puesto a disposición equipos especializados, asistencia humanitaria y capacidades logísticas para colaborar en las operaciones de rescate.
"Las catástrofes de esta magnitud exigen responder con solidaridad, cooperación y humanidad", afirmó.
México también reforzó su apoyo. La presidenta Claudia Sheinbaum anunció el envío inmediato de siete plantas eléctricas de emergencia, además de otros equipos e insumos, y confirmó que su Gobierno prepara un barco con víveres y suministros.
Las brigadas mexicanas continúan desplegadas en Venezuela. Según explicó Sheinbaum, 250 especialistas participan en las operaciones de búsqueda y rescate y ya han logrado salvar dos personas.
Ecuador, por su parte, prevé establecer un puente aéreo con un avión diario cargado de suministros durante esta semana. La vicepresidenta María José Pinto informó de que el país ha habilitado nueve centros de acopio para recibir agua, tiendas de campaña, colchones y productos de primera necesidad.
"Hay que mantener la fe, la esperanza y la resiliencia", afirmó Pinto, al recordar el terremoto que sufrió Ecuador en 2016.
La solidaridad también se ha hecho visible en Panamá, donde ciudadanos y autoridades municipales reunieron 100 toneladas de ayuda en apenas dos días. Las primeras 20 toneladas ya fueron enviadas por vía aérea y el resto será trasladado en nuevos vuelos y, previsiblemente, por vía marítima.
La dimensión del desastre podría ser mucho mayor
Las primeras evaluaciones independientes apuntan, además, a que el impacto material de los terremotos podría superar ampliamente las cifras oficiales.
Una evaluación preliminar elaborada por investigadores de la NASA, a partir de imágenes del satélite Sentinel-1 de la Agencia Espacial Europea (ESA), estima que 58.870 edificios resultaron dañados o destruidos por los terremotos.
El estudio, realizado por los investigadores Corey Scher y Jamon Van Den Hoek, de la Universidad Estatal de Oregón, fue descrito como una "evaluación rápida y preliminar" que detecta "cambios bruscos en la superficie compatibles con daños", aunque sus autores subrayaron que los resultados aún no han sido verificados sobre el terreno.
La cifra contrasta con el balance oficial difundido por las autoridades venezolanas, que sitúa en 855 los edificios afectados, de los cuales 189 colapsaron.
Según el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), los dos terremotos, de magnitudes 7,2 y 7,5, se produjeron con apenas 39 segundos de diferencia el pasado 24 de junio. El sismo de mayor magnitud tuvo su epicentro a 23 kilómetros al sureste de Yumare, en el estado Yaracuy, mientras que el segundo se registró a 23,9 kilómetros al noreste de San Felipe, también en Yaracuy.





















