Este 7 y 8 de julio, los jefes de Estado y de Gobierno de la OTAN –la alianza de defensa más importante del mundo– se reunirán en la capital de Türkiye, Ankara, para debatir el futuro del bloque y la arquitectura de seguridad euroatlántica.
En contexto, las relaciones germano-europeo-turcas han atravesado numerosos altibajos en la última década. Durante años, una actitud reservada en Alemania y Europa caracterizó el vínculo.
Esto fue evidente en el discurso de "un minuto" del presidente Recep Tayyip Erdogan en Davos, así como en la postura de los socios europeos tras el fallido intento de golpe de Estado del 15 de julio de 2016 en Türkiye, en la llamada "Resolución Armenia" en el Bundestag, en la retirada de las tropas alemanas de la base militar de Incirlik y los embargos de armas euroatlánticos. Todos estos episodios marcaron un punto bajo en las relaciones con Occidente.
Aquellos que apoyaban a Erdogan o reconocían los éxitos de Türkiye se enfrentaban a veces a la exclusión o incluso a la denuncia.
Y ahora, en un mundo que cambia rápidamente, fiarse de los viejos patrones ya no es suficiente. Estados Unidos se está retirando de Europa.

La OTAN busca nuevos equilibrios de poder. El suministro energético, especialmente en Europa, se ha vuelto más frágil. Alemania se enfrenta a la pregunta de quiénes son sus socios fiables en un mundo multipolar.
Bajo este contexto, Türkiye cobra protagonismo: es el miembro de la OTAN con el segundo ejército más grande de la alianza, que además ha experimentado una notable transformación estratégica, económica y tecnológica en las últimas dos décadas.
Su ubicación geográfica también la convierte en un centro natural de energía y logística.
Türkiye, en camino a convertirse en una potencia armamentística
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, lo resumió perfectamente tras visitar Ankara a finales de abril: "Podemos aprender mucho de lo que está haciendo Türkiye aquí". El mensaje fue claro: sin Türkiye, la arquitectura de seguridad de Europa no funcionará plenamente a largo plazo.
La industria de defensa turca ha vivido una destacada transformación en las últimas dos décadas: las exportaciones pasaron de 248 millones de dólares en 2002 a 10.000 millones el año pasado. Según datos del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por sus siglas en inglés), Türkiye ha pasado de ser un importador de armas a convertirse en el undécimo mayor exportador de armas del mundo.
De hecho, las exportaciones turcas de armamento aumentaron un asombroso 122 % entre 2021 y 2025, en comparación con el quinquenio anterior.
Además, lo que se exhibió en la feria de armamento SAHA Expo 2026 en Estambul durante mayo pasado llamó la atención de los expertos militares de todo el mundo: el misil balístico intercontinental Yildirimhan, el caza hipersónico KAAN, la flota de drones Baykar y el buque de asalto anfibio TCG Anadolu.
La lista de avances tecnológicos es impresionante.
Reportes apuntan a que el gobierno alemán también estaría considerando adquirir el misil intercontinental turco Yildirimhan —cuyo alcance es de hasta 6.000 kilómetros— y del misil hipersónico Tayfun Bloque 4. Para los estándares europeos, esto representa un avance notable que se consideraba impensable hace apenas unos años. Lo que indica que el razonamiento estratégico va ganando terreno poco a poco.
Türkiye ya no es solo un consumidor de tecnología, sino que cada vez más se consolida como un productor y socio. Esto abre nuevas posibilidades: proyectos armamentísticos conjuntos, transferencia de tecnología y una cooperación militar más estrecha dentro de la OTAN.
El orden internacional está experimentando un cambio profundo.
La reducción gradual de la presencia militar de Estados Unidos en Europa –un proceso que se ha desarrollado desde hace años y que está cobrando impulso– ha generado preocupaciones crecientes en todo el continente.
Actualmente hay unos 35.000 soldados estadounidenses desplegados en Alemania, de los cuales más de 5.000 están programados para retirarse en los próximos meses.
La OTAN además prevé nuevas retiradas. El general estadounidense Alexus Grynkewich, principal comandante de la OTAN en Europa, lo describió como un “proceso continuo que se extiende a lo largo de varios años”, y afirmó que el despliegue de misiles de alcance intermedio en Alemania está descartado.
Recientemente se reveló que EE.UU. reducirá aún más su presencia militar en Europa. Según el diario The New York Times, el número de cazas disminuirá a un tercio. Además, informes indican que está previsto retirar un submarino y un portaaviones.
Todo esto intensificará aún más el enfoque de la OTAN en su flanco sur, según un análisis reciente de la Fundación Konrad Adenauer. Pocos países tienen tanta presencia en las actuales zonas de crisis como Türkiye.
Ankara ha mediado entre Rusia y Ucrania, facilitó la Iniciativa de Cereales del Mar Negro y organizó intercambios de prisioneros, entre otras cosas. Es un ancla de estabilidad, desde el Cáucaso hasta el Mediterráneo.
Incluso en el continente africano se notan las misiones de paz turcas. Ankara también se distinguió como mediador discreto tras bastidores, ayudando a poner fin a la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán.
Los acontecimientos en Oriente Medio afectan directamente a Europa: precios de la energía, migración y riesgos de seguridad. Cualquiera que busque promover la paz en esta región ya no puede ignorar a Ankara. Martin Erdmann, exembajador de Alemania en Türkiye, afirma que el presidente Erdogan y su país se han convertido en "indispensables como socios de la OTAN", y declaró al mandatario uno de los pocos ganadores de las múltiples crisis mundiales.

“Türkiye es un cortafuegos para Europa frente a las exigencias de una región inestable”, declaró el diplomático a la revista Der Spiegel.
Los turcos están demostrando ser unos auténticos maestros del equilibrio estratégico: son el único país occidental que se niega a aplicar sanciones contra Rusia mientras mantiene abiertos los canales de comunicación, y al mismo tiempo suministra armas a Ucrania.
Türkiye es miembro de la OTAN, país candidato a sumarse a la Unión Europea y socio de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), liderada por China. Los éxitos diplomáticos de Ankara no han pasado desapercibidos.
Numerosos jefes de Estado y de Gobierno han agradecido al presidente Erdogan por su mediación en los altos el fuego de Gaza y la guerra entre Irán e Iraq. Al mismo tiempo, Ankara sigue ampliando su influencia en África y Asia Central. El exembajador Erdmann extrae de ello una conclusión clara: si la OTAN quiere seguir siendo relevante como actor geopolítico, no hay forma de evitar a Türkiye.
Nuevas oportunidades en la asociación energética
Sin embargo, la importancia de Türkiye va más allá de la política común de seguridad y defensa.
Numerosos gasoductos abastecen a Europa con gas procedente de diversas regiones del mundo a través de Türkiye, reduciendo su dependencia de Rusia. Su ubicación geográfica entre el mar Negro, el Mediterráneo y Oriente Medio convierte al país en un centro natural de energía, comercio y seguridad.
Un ejemplo reciente de este papel clave es la propuesta de Ankara a la OTAN: Türkiye ofrece construir un oleoducto militar de combustible desde su territorio, a través de Bulgaria, hasta Rumania. Lo destacable de esta propuesta es que la ruta turca sería aproximadamente cinco veces más barata que las rutas alternativas.
Hace apenas unos días, la ministra federal de Asuntos Económicos y Energía de Alemania, Katherina Reiche, visitó Ankara con una delegación de 30 miembros en su primer viaje oficial a la capital turca. Su mensaje: “Türkiye no es solo un socio fiable. Está claramente orientada al crecimiento en el sector energético”.
Además, la República de Türkiye está adquiriendo cada vez más importancia para Alemania, no solo para diversificar su suministro de gas y electricidad, sino también para la política comercial e industrial moderna.
Durante su visita, Reiche subrayó que Ankara no es solo un importante aliado de la OTAN, sino también un socio clave para el suministro de gas y energía de Europa. El país a orillas del Bósforo planea invertir alrededor de 80.000 millones de euros en energías renovables y 28.000 millones de euros en infraestructura energética de aquí a 2035.
El avance hacia una “OTAN europea” es imparable. Estados Unidos reduce su presencia, dejando un vacío que el continente solo puede llenar con dificultad.
Ahora bien, ese flanco abierto que deja Washington es enorme. Una OTAN dominada por Europa no es algo que pueda darse por sentado. Requiere de soberanía tecnológica, voluntad política y, sobre todo, aliados fiables. Türkiye tiene el potencial de ser uno de esos socios, no solo por su capacidad militar, sino también por su posición geopolítica y su creciente industria de defensa.
La situación global ha cambiado profundamente desde la última Cumbre de Líderes de la OTAN en Türkiye hace 22 años. La importancia estratégica de Ankara para la seguridad europea es mayor que nunca.
Por eso, la cumbre se centrará principalmente en integrar más estrechamente a Türkiye en el esfuerzo de apoyo a Ucrania frente a Rusia.
Sin embargo, las condiciones para una cooperación más estrecha no pueden crearse únicamente en Ankara. Europa debe superar sus viejas reticencias y reconocer a su socio turco por lo que es: un pilar indispensable de la seguridad euroatlántica.
Las relaciones germano-turcas y europeo-turcas han madurado lo suficiente para un nuevo comienzo: en pie de igualdad, con interés mutuo y el entendimiento de que todas las partes pueden beneficiarse por igual. Europa necesita a Türkiye, y Türkiye necesita a Europa.
Si se logra una integración más estrecha, no solo podría fortalecer a la OTAN, sino también situar las relaciones sobre una nueva base.
La cumbre de la OTAN en Ankara podría marcar el comienzo de una nueva era o la próxima oportunidad perdida. Sería un error dejar escapar esta oportunidad.
Este artículo se publicó originalmente en TRT DEUTSCHE.





















