La guerra entre Estados Unidos e Irán entró este martes en una nueva fase de intensidad con una ofensiva que volvió a extender los bombardeos por distintos puntos del territorio iraní. Las explosiones se sucedieron desde el estratégico estrecho de Ormuz hasta el oeste y el sureste del país, mientras la respuesta de Teherán alcanzó a varios aliados de Washington en el Golfo y los hutíes de Yemen amenazaron con abrir un nuevo frente en el mar Rojo, profundizando la regionalización del conflicto.
El origen de esta nueva escalada se remonta al pasado 7 de julio, cuando las tensiones en torno al control del estrecho de Ormuz desembocaron en la reanudación de las hostilidades entre ambos países. Desde entonces, los bombardeos han alcanzado una intensidad sin precedentes desde el primer alto el fuego acordado en abril y reforzado a mediados de junio mediante un protocolo de entendimiento que debía allanar el camino hacia el fin de la guerra.
En respuesta, y siguiendo el mismo patrón que al comienzo de la campaña de bombardeos israelo-estadounidenses del 28 de febrero, Teherán volvió a atacar a aliados de Washington en el Golfo y Oriente Medio ampliando nuevamente el riesgo de una escalada regional.
Hasta el momento, los ataques estadounidenses han dejado al menos 50 muertos y más de 500 heridos desde la reanudación de los combates, según el último balance oficial difundido el viernes. Del lado estadounidense, tres militares han muerto en los últimos días en Jordania e Iraq.
"¡Cada vez que Irán mate a un soldado estadounidense, pagará por ese asesinato muchas veces más!", amenazó el lunes el presidente estadounidense, Donald Trump.
EE.UU. ataca diferentes puntos de Irán
Estados Unidos lanzó una nueva oleada de bombardeos este martes que volvió a recorrer el mapa iraní, desde las aguas del estrecho de Ormuz hasta las montañas del oeste y las costas del sureste.
La ofensiva comenzó en el entorno del estrecho de Ormuz, uno de los pasos marítimos más estratégicos del mundo. En Bandar Abbas, capital de la provincia meridional de Hormozgan, la radiotelevisión estatal IRIB informó de una explosión. Apenas unos kilómetros más al este, el mismo medio reportó otra detonación en la localidad costera de Sirik.
Desde allí, los ataques avanzaron hacia la isla de Qeshm. Casi al mismo tiempo, la agencia semioficial Fars informó de explosiones sobre este enclave situado en el Golfo Pérsico, frente al estrecho de Ormuz, mientras el eco de los bombardeos seguía propagándose por la costa sur iraní.
A continuación, la ofensiva bordeó el litoral del Golfo Pérsico hasta alcanzar Bushehr. Allí, según la agencia semioficial Mehr, se activaron los sistemas de defensa antiaérea en las inmediaciones de la central nuclear, uno de los enclaves más sensibles del país.
Más hacia el interior, la misma agencia informó de otras dos explosiones en la ciudad de Isfahán, en el centro de Irán. Más al sur, la agencia oficial IRNA reportó una explosión en Shiraz, situada a unos 200 kilómetros del Golfo Pérsico.
En paralelo, la onda expansiva de la ofensiva alcanzó también el oeste iraní. Según medios de comunicación del país, las fuerzas estadounidenses atacaron un emplazamiento situado en una zona montañosa de Khorramabad, en la provincia de Lorestán. La emisora estatal IRIB aseguró que el objetivo se encontraba en las alturas que rodean la ciudad, aunque no ofreció más detalles sobre la instalación alcanzada.
Por último, en el extremo sureste del país, lejos del estrecho de Ormuz pero junto al golfo de Omán, la agencia oficial IRNA aseguró que durante las horas previas se habían escuchado al menos 14 explosiones sobre las ciudades de Chabahar y Konarak, en la provincia de Sistán y Baluchistán.

Irán ataca a países del Golfo
Por su parte, la respuesta iraní no tardó en llegar. Mientras los bombardeos estadounidenses golpeaban distintos puntos de Irán, Teherán volvió a atacar a los aliados regionales de Washington.
En las últimas 24 horas, Jordania, Bahréin y Kuwait denunciaron ataques con drones y misiles iraníes. La Guardia Revolucionaria aseguró haber destruido sistemas de defensa antiaérea e instalaciones de radar en Baréin y Kuwait, además de atacar objetivos militares vinculados a Estados Unidos en ambos países.
En Bahréin, las sirenas antiaéreas volvieron a sonar por segunda vez en un mismo día mientras residentes de la capital escuchaban explosiones. Paralelamente, la agencia Fars aseguró que drones iraníes atacaron la base aérea estadounidense de Sheikh Isa, mientras la agencia Tasnim afirmó que varios misiles de crucero alcanzaron una infraestructura de datos de la empresa estadounidense Amazon. Hasta el momento, ni Bahréin, ni Washington, ni la compañía tecnológica han confirmado esos ataques de forma independiente.
En Kuwait, el Ministerio de Defensa informó de que sus sistemas antiaéreos interceptaron misiles y drones iraníes, mientras el Ministerio de Electricidad denunció que varias centrales eléctricas y plantas desalinizadoras fueron atacadas por cuarto día consecutivo, provocando incendios en distintas instalaciones.
Como consecuencia, los equipos de emergencia lograron controlar las llamas y comenzaron las labores de reparación para restablecer el suministro eléctrico y de agua. Sin embargo, ante el temor a nuevos ataques, las autoridades pidieron a la población racionalizar el consumo eléctrico y limitar el uso del aire acondicionado, una petición especialmente delicada en un país donde las temperaturas estivales superan habitualmente los 50 grados.
El deterioro de la situación comenzó a sentirse también entre la población civil. "Lo que Kuwait experimenta hoy es algo que no vivimos ni siquiera durante la invasión iraquí de 1991, por la presión psicológica y la incertidumbre sobre hacia dónde se dirige la situación", afirmó Naser al Dhafiri, un funcionario kuwaití de unos 40 años, quien aseguró que el temor a un colapso del suministro eléctrico genera una creciente ansiedad entre la población.
Al mismo tiempo, la ofensiva iraní también alcanzó a Jordania. Las Fuerzas Armadas jordanas informaron de la interceptación de cinco drones iraníes, mientras la Guardia Revolucionaria aseguró que el ataque iba dirigido contra un complejo que alberga tropas estadounidenses en la zona de Rukban y afirmó haber causado bajas entre los militares desplegados allí, una versión que no ha sido confirmada por Washington.

Los hutíes abren un nuevo frente
La expansión del conflicto también abrió un nuevo frente en el mar Rojo. Los hutíes de Yemen, aliados de Irán, anunciaron un "bloqueo marítimo contra el enemigo saudita criminal" y aseguraron que impedirán la navegación con destino u origen en puertos sauditas situados en esa ruta estratégica.
Con este anuncio, el grupo yemení aumenta la presión sobre Arabia Saudita, uno de los principales aliados de Washington en la región. Durante la ofensiva israelí sobre Gaza, los hutíes ya demostraron su capacidad para alterar el comercio marítimo internacional mediante el lanzamiento de drones y misiles contra buques que transitaban por el mar Rojo, obligando a numerosas navieras a modificar sus rutas y elevando los costes del transporte mundial.
De materializarse esta amenaza, Arabia Saudita vería comprometidas sus exportaciones energéticas a través del mar Rojo, una vía clave que le permite reducir su dependencia del estrecho de Ormuz, convertido nuevamente en uno de los principales focos de tensión entre Irán y Estados Unidos.
Además, los analistas advierten del riesgo de que la inseguridad se extienda al estrecho de Bab el Mandeb, el paso marítimo situado frente a la costa sur de Yemen que conecta el golfo de Adén con el mar Rojo y constituye una de las principales puertas de acceso al canal de Suez y al Mediterráneo. Cualquier interrupción del tráfico en ese corredor tendría un impacto inmediato sobre el comercio mundial y las cadenas internacionales de suministro.
Ante este escenario, los mercados reaccionaron casi de inmediato. Tras el anuncio de los hutíes, el precio del petróleo alcanzó el lunes su nivel más alto en un mes. Aunque este martes el crudo moderó parte de esas ganancias, el barril de Brent continúa cotizando por encima de los 90 dólares, reflejo del temor de los inversores a una interrupción del suministro en una de las regiones más estratégicas para el comercio mundial.
Mientras la guerra continúa expandiéndose sobre el terreno, por el momento no se vislumbran avances diplomáticos concretos. La visita del ministro del Interior iraní, Eskandar Momeni, a Pakistán —uno de los principales mediadores entre Washington y Teherán— no ha producido hasta ahora ningún anuncio que permita anticipar una nueva ronda de negociaciones o un posible alto el fuego.




















