El rechazo categórico del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, a una condición clave del plan de paz para Gaza que respalda Estados Unidos ha sumido toda la iniciativa en la incertidumbre.
La semana pasada, Netanyahu le dijo a su gabinete que Tel Aviv rechaza el documento del plan, que consta de 15 puntos, insistiendo en que las fuerzas israelíes no se retirarán de Gaza hasta que el grupo de resistencia palestino Hamás se “desarme verdaderamente”.

El mes pasado, Hamás disolvió su gobierno en Gaza y entregó formalmente la gestión al Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG, por sus siglas en inglés), en el marco del alto el fuego respaldado por EE.UU.
Poco después de la disolución del gobierno de Gaza, Hamás aceptó adicionalmente un desarme total, aunque sujeto a la retirada israelí del enclave palestino.
La hoja de ruta del plan de paz –que forma parte de la segunda fase del programa integral de 20 puntos para Gaza que el presidente de EE.UU., Donald Trump, presentó inicialmente en octubre de 2025– vincula una retirada israelí gradual del enclave con la desmilitarización de Hamás bajo una administración tecnocrática palestina respaldada por la llamada Junta de Paz para Gaza.

Ahora bien, a pesar del alto el fuego acordado en octubre de 2025, Israel ha violado sistemáticamente el frágil acuerdo, matando a más de 1.250 palestinos en Gaza desde ese momento.
Al mismo tiempo, Tel Aviv ha seguido extendiendo su control sobre el enclave palestino, al ampliar el área demarcada con la llamada “Línea Amarilla”, que está en su poder.
Es decir, la frontera trazada unilateralmente por Israel avanza cada vez más hacia el interior de Gaza, reduciendo efectivamente su tamaño mes a mes. Tel Aviv controla actualmente aproximadamente dos tercios del enclave.
Dado este escenario, analistas son escépticos acerca de si Washington logrará impedir que Netanyahu sabotee el plan de paz para Gaza que respalda EE.UU.
Mustafa Yetim, profesor de relaciones internacionales en la Universidad Eskisehir Osmangazi, declara a TRT World que el Gobierno de Trump parece dispuesto a presionar a Tel Aviv para que adopte medidas coherentes con el plan de paz acordado para Gaza.
Pero Israel sigue resistiéndose con firmeza a la retirada, en parte por razones internas, como las elecciones generales previstas para octubre.
“Esta postura podría socavar seriamente el proceso de paz, sobre todo porque la disposición de Hamás a proceder con el desarme está estrechamente vinculada a la retirada total de Israel del territorio”, afirma.
Según Yetim, Trump parece haber buscado un mayor alineamiento con actores regionales clave, así como con la opinión pública internacional y nacional en general, factores que han ejercido una presión creciente sobre su administración para contener las atrocidades de Israel en Gaza.
“Al mismo tiempo, elementos radicales del nacionalismo judío y sionista dentro del Gobierno de Netanyahu... siguen comprometidos con mantener políticas de intervención militar y control territorial”, señala.
Esto explica por qué el enfoque israelí ha entrado cada vez más en conflicto con la visión regional más amplia del Gobierno de Trump, añade Yetim.
“El asunto no resuelto de la retirada israelí podría convertirse en un punto crítico de fricción entre Washington y Tel Aviv, y potencialmente poner en peligro la implementación más amplia del marco de paz para Gaza”, afirma.
Zahide Tuba Kor, académica especializada en estudios de Oriente Medio, declara a TRT World que es bastante escéptica a que cualquier presión de EE.UU. sobre Israel tenga éxito.
De hecho, dice que nunca esperó que Israel respetara el acuerdo de alto el fuego. Según ella, este solo sirvió como un medio para que Israel continuara su genocidio en Gaza sin atraer la atención y la reacción del mundo.

El Gobierno de Trump podría presionar a Israel para que reconsidere su decisión, pero Kor no cree que eso vaya a funcionar.
“La política y la sociedad israelíes no pueden sobrevivir sin la guerra”, afirma.
Según ella, existe un poderoso lobby que respalda la reocupación y el asentamiento en Gaza. Ningún gobierno israelí puede ceder ante presiones externas, especialmente de cara a las elecciones.
Kor recuerda una declaración de Netanyahu de su época como subembajador de Israel en Washington en la década de 1980, que sigue siendo pertinente: “Si el Gobierno de EE.UU. se opusiera a la política israelí, sé cómo manipular a la opinión pública estadounidense en contra de su propio gobierno”.
Con las elecciones legislativas intermedias que tendrá EE.UU. en noviembre, y con los evangélicos de la base del Partido Republicano siendo “más proisraelíes que el propio Israel”, Kor sostiene que ningún presidente estadounidense puede permitirse correr ese riesgo.
¿Tiene EE.UU. influencia sobre Israel?
Yetim apunta a que el poderío militar de Israel ha sido posible durante mucho tiempo gracias al respaldo integral de Occidente, especialmente de Estados Unidos, mediante capacidades avanzadas, protección política, ayuda económica y diplomacia.
Washington es el mayor sostén de las fuerzas israelíes. Según el Costs of War Project, de la Universidad de Brown, EE.UU. destinó 21.700 millones de dólares en ayuda militar a Israel entre octubre de 2023 y septiembre de 2025.
“Esta dinámica podría cambiar de manera significativa si Estados Unidos reevaluara los costos más amplios que las políticas regionales de Israel imponen a sus intereses económicos, militares y diplomáticos”, afirma.
Washington cuenta con una gama relativamente amplia de instrumentos, entre ellos ajustes a la asistencia militar, protección diplomática, transferencias de armas y un apoyo político y económico más general, señala.

Sin embargo, la eficacia de estas ventajas depende en última instancia de la disposición del Gobierno de EE.UU. a utilizarlas, agrega.
La influencia de los sectores y redes de presión proisraelíes también ha limitado históricamente el margen de maniobra de Estados Unidos frente a Tel Aviv.
“Mientras estos alineamientos políticos, económicos, militares y discursivos se mantengan en gran medida intactos, es probable que la ventaja de Washington sobre Israel siga siendo considerable en teoría, pero mucho más limitada en la práctica”, sostiene Yetim.
Kor reconoce la existencia de las ventajas de influencia de EE.UU. sobre Israel. Pero duda de que Washington llegue alguna vez a utilizar esos instrumentos.
Recortar las ventas de armas dejaría a Tel Aviv “sin más opción que someterse”. Esto se debe a que ni la producción nacional de armamento de Israel ni la de sus otros aliados pueden sustituir plenamente las armas estadounidenses, sostiene.

Washington también puede retirar la protección diplomática, permitir procesos judiciales internacionales, abandonar el discurso propagandístico israelí en la cobertura mediática o recortar la ayuda económica, señala.
“Israel ha sobrevivido gracias al apoyo externo desde su fundación. Israel no cederá a menos que ese apoyo se corte. Pero EE.UU. no jugará todas sus cartas”, afirma.
Si Washington no logra que Tel Aviv cambie su decisión sobre la cuestión de la retirada, las consecuencias para el proceso de paz podrían ser devastadoras, según los analistas.
De acuerdo a Yetim, que no se logre disuadir a Israel de emprender una nueva acción militar y ocupación es un escenario “más plausible” que el establecimiento de un orden político estable en Gaza, y en los territorios palestinos más amplios.
El paradigma de seguridad y política subyacente de Tel Aviv puede representar un “desafío persistente para cualquier arreglo regional” orientado a contener las políticas intervencionistas y expansionistas de Israel.
Un desenlace aún peor sería el colapso del plan y un ciclo más amplio de confrontación que involucre a otros actores regionales, lo que podría arrastrar a Estados Unidos a una mayor inestabilidad en Oriente Medio, afirma.
"Existe una frontera relativamente frágil entre contener la inestabilidad regional y permitir que esta escale hacia un conflicto mucho más amplio", añade.
Mantener la estabilidad en Gaza no es simplemente un resultado deseable para Washington, sostiene.
“Se está convirtiendo en una necesidad estratégica”.



















