En un quiebre de lo que hasta este martes fue una relación diplomática intercontinental y de casi tres décadas, Venezuela convocó al embajador de Irán en el país, “para hacer entrega de nota de protesta por las expresiones despectivas e impropias sobre las instituciones y autoridades” de Caracas. Una decisión que, en carta blanca, trasciende el lenguaje diplomático y apunta a una reorientación internacional profunda del país latinoamericano. Con la creciente influencia de EE.UU. sobre Venezuela desde la captura del presidente Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, Caracas acaba de distanciarse de un aliado que solía ser muy cercano.
Evitando mencionar un nombre propio o identificar a funcionarios iraníes en concreto –tampoco el episodio específico que provocó la protesta diplomática–, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela exigió, a través de un hilo en X, “el cese de toda o comparación que menoscabe la dignidad, la soberanía, la institucionalidad o el buen nombre de la República Bolivariana”.
El lenguaje ambiguo de la declaración venezolana llevó a concluir, como lo cita la agencia de noticias AFP, que el distanciamiento frente a Teherán puede tener sus raíces en los comentarios recientes del ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, acerca de que Irán "no es Venezuela", en aparente relación con los diálogos ante Washington, y el operativo con el que el Pentágono sacó a Maduro por la fuerza de Caracas hace más de seis meses.
“El gobierno venezolano reitera su posición acerca de las bases de las relaciones entre todos los países: el respeto recíproco, la igualdad soberana, la no injerencia en los asuntos internos y los demás principios del Derecho Internacional, que han orientado históricamente las relaciones entre la República Bolivariana de Venezuela y la República Islámica de Irán”, concluye el pronunciamiento de Caracas.
Un giro luego de casi 30 años
El episodio diplomático da señales de una inusual tensión en los largos vínculos de Caracas y Teherán, de la cual podría no haber retorno. Estos dos países productores de petróleo mantuvieron estrechas relaciones políticas y económicas desde que el fallecido presidente venezolano Hugo Chávez asumió el cargo en 1999.
Conectados por una retórica antiestadounidense, y como dos de los países más sancionados por Washington, Venezuela e Irán ampliaron su cooperación en las últimas tres décadas mediante acuerdos que abarcan los sectores de energía, minería, salud y educación.

En 2025, Irán envió entre otras cosas 1,5 millones barriles de gasolina a Caracas, que luchaba por refinar su propio crudo durante una crisis económica.
Ese mismo año, Teherán suministró más de dos millones de dosis de vacunas contra la poliomielitis y la hepatitis, dado que Venezuela enfrentaba dificultades para importar medicamentos debido a las sanciones impuestas por EE.UU.
En noviembre de 2024, el entonces ministro de Defensa de Irán, Aziz Nasirzadeh, había afirmado que Washington "está molesto" por la relación estrecha que mantienen Teherán y Caracas. "El imperialismo estadounidense siempre busca tener hegemonía sobre los pueblos y los Gobiernos libres y soberanos, y está molesto por el desarrollo de la cooperación entre los dos países, que buscan un mundo libre de hegemonía", expresó Nasirzadeh tras una reunión en ese momento con Maduro. En ese sentido, el funcionario iraní aseguró que su país y Venezuela son "amigos y hermanos" que están juntos en "un solo barco", frente a las "amenazas que existen en el mundo".

Sin embargo, tras la captura de Maduro, el Gobierno de la presidenta encargada Delcy Rodríguez ha acercado posiciones con Washington en medio de lo que se ha considerado presiones de EE.UU. Y al buscar estrechar lazos con la Casa Blanca, Caracas podría reconfigurar su relación con Teherán.
Se prevé que las negociaciones para la formación de un nuevo gobierno venezolano comiencen este de agosto bajo la supervisión de Estados Unidos.




















