Mientras Estados Unidos endurece su política de presión sobre Cuba, el mercado estadounidense gana cada vez más peso en la economía de la isla. La paradoja se explica por una crisis de abastecimiento que ha llevado a Cuba a recurrir con mayor intensidad a su vecino del norte para adquirir alimentos, artículos de socorro y, cada vez más, combustibles. Así, las restricciones que Washington utiliza como herramienta de presión conviven con una relación comercial que, lejos de desaparecer, ha alcanzado niveles récord en 2026.
Entre enero y julio de este año, las exportaciones de Estados Unidos a Cuba alcanzaron los 674 millones de dólares (unos 580 millones de euros), un 61,8% más que los 416,5 millones registrados en el mismo período de 2025. En apenas siete meses, esa cifra ya representa el 83,2% de los 809,6 millones de dólares exportados por EE.UU. a la isla durante todo 2025.
Pero el aumento del comercio no se explica únicamente por un mayor volumen de mercancías. También está cambiando lo que Cuba compra y, con ello, la fotografía de las necesidades de una economía golpeada por el desabastecimiento.
"El crecimiento viene además con un cambio de composición", señaló a EFE el economista cubano Ricardo Torres, investigador invitado en American University, quien detalló que "entre 2023 y 2025, el pollo congelado dominaba el comercio, pero en enero-julio de 2026 dejó de ser la primera partida".
Los artículos de socorro encabezan ahora las importaciones, con 126,6 millones de dólares, seguidos por el pollo congelado, con 118 millones, y los derivados del petróleo, con 117,1 millones. Los vehículos, que fueron la tercera categoría en 2024 y 2025, aportaron 34,9 millones, detalló el experto.
La composición del comercio permite entender mejor qué hay detrás del récord. No se trata solo de que Cuba esté comprando más a Estados Unidos, sino de que una parte creciente de esas compras responde a necesidades esenciales. En otras palabras, las cifras comerciales funcionan también como un reflejo de la profundidad de la crisis interna.
Y el contexto resulta especialmente significativo. Cuba atraviesa una profunda crisis económica y energética mientras sus relaciones con Washington se encuentran en uno de sus momentos de mayor tensión en décadas. Estados Unidos mantiene una política de "máxima presión" para impulsar cambios económicos y políticos en la isla.
La contradicción resulta evidente: cuanto mayor es la presión económica, mayor parece ser también la necesidad cubana de recurrir a uno de los mercados que esa misma política pretende utilizar como instrumento de presión.
¿Qué gana EE.UU. con una Cuba más dependiente?
El aumento de las importaciones tiene una dimensión económica, pero también política. Cuando un país depende de otro para acceder a productos esenciales, el vínculo comercial puede convertirse en una fuente adicional de influencia.
Para Torres, "el aumento de la dependencia cubana respecto a EE.UU. favorece claramente al gobierno norteamericano", pues "le da mayor influencia y capacidad de negociación frente a las autoridades cubanas".
Según el economista, la tendencia ya se había observado en los alimentos y ahora se extiende con mayor claridad al sector energético. "Esa dinámica se ha visto en el comercio en los últimos años, de manera muy clara en los alimentos y, ahora en 2026, en el combustible —sectores en los que EE.UU. se ha convertido en uno de los principales suministradores de la isla", describió.
El combustible resulta especialmente importante porque Cuba no solo lo necesita para mover su economía, sino también para mantener un sistema eléctrico que atraviesa una situación crítica. De ahí que las compras de derivados del petróleo tengan un significado que va mucho más allá de las estadísticas comerciales.
El economista cubano Daniel Torralbas aseguró que el mercado energético estadounidense "se está convirtiendo en fundamental para Cuba", especialmente porque ocurre en medio del bloqueo del impuesto petrolero por EE.UU. a la isla.
"Eso podría ir, por supuesto, en el sentido de convertir a Cuba en un país cada vez más dependiente de los EE.UU. en el comercio exterior, particularmente en el sector energético", acotó.
Torres atribuye parte de esta evolución a la situación interna. "El desabastecimiento interno es severo" en la isla y, ante esa realidad, EE.UU. se convierte en "un mercado relevante", tanto como "proveedor de alimentos y productos manufacturados" como por su cercanía geográfica, que "lo hace muy competitivo en numerosos renglones".
Desde esta perspectiva, la creciente presencia comercial estadounidense no es políticamente neutral. "Es, sin duda, una estrategia que sirve a los intereses de Estados Unidos", afirmó.
¿Quién está aprovechando este comercio?
Uno de los elementos menos evidentes del aumento de las importaciones es que buena parte del flujo está siendo protagonizado por el sector privado cubano.
Estados Unidos autorizó a este sector para importar combustibles, lo que ha abierto un canal comercial que permite a empresas privadas acceder a productos especialmente difíciles de conseguir dentro de la isla. Las compras pueden "aliviar" determinados segmentos del consumo, según los economistas, aunque ninguno considera que puedan resolver por sí mismas la crisis estructural.
Los datos energéticos muestran hasta qué punto ha crecido este intercambio. En julio de 2026, los envíos de diésel y gasolina desde EE.UU. "se dispararon", explicó Torres.
"En los primeros siete meses, el promedio de diésel cubrió el 89% del ritmo de importación de 2023, y el de gasolina el 110%. Ambos combinados suman 100,6 millones de dólares en los primeros seis meses del año y sumando el resto de derivados de petróleo, el total llega a 156,9 millones", puntualizó.
El incremento es significativo, pero sus efectos tienen un límite. Más combustible puede aliviar una parte de la escasez, pero no basta para corregir las deficiencias estructurales del sistema energético cubano.
Torres reconoce precisamente eso: el salto "no resuelve la crisis energética de fondo" en la isla, que sufre apagones de más de 20 horas diarias.
Torralbas señala, además, una contradicción en la política de Washington hacia el sector privado cubano. La Administración del presidente Donald Trump busca "querer impulsar el sector privado, pero a la vez cerrarle la puerta del combustible a todo el país no se sostiene muy bien".
La cuestión, por tanto, no es únicamente si Estados Unidos permite determinadas operaciones comerciales, sino hasta dónde pueden desarrollarse mientras persisten las restricciones que afectan al conjunto de la economía cubana.
Si ambos países normalizaran sus relaciones, "que no es lo que se avizora hoy", las relaciones comerciales "pudieran desarrollarse mucho más" y "el sector privado cubano tiene muchísimo rol que jugar todavía".
¿Por qué crecen las compras pero no la inversión?
El aumento de las importaciones podría sugerir que Cuba está recuperando atractivo económico. Sin embargo, los expertos advierten de que comercio e inversión responden a lógicas diferentes.
Comprar combustible o alimentos permite responder a una necesidad inmediata. Invertir, en cambio, supone comprometer capital durante años y confiar en que las reglas del juego serán suficientemente estables. En la Cuba actual, esa confianza sigue siendo limitada.
Torralbas señala que "realmente 2026 es uno de los años menos atractivos para invertir en el mercado cubano".
Torres identifica obstáculos tanto dentro como fuera de la isla. Por un lado, "el propio sistema cubano ha visto históricamente al capital internacional con cautela y lo ha usado de forma selectiva para el desarrollo, pero sin ofrecerle mayores espacios ni garantías reales".
Por otro, las sanciones estadounidenses añaden una dificultad adicional. "Es difícil que lleguen empresas grandes a Cuba sin una modificación de las sanciones de EE.UU.", añadió.
El resultado es un escenario complejo: Cuba necesita inversión para transformar su economía, pero las condiciones internas y externas hacen difícil atraerla. Mientras tanto, el comercio puede crecer porque responde a necesidades concretas y urgentes.
¿Puede aparecer otro socio para Cuba?
Por ahora, los expertos no ven una alternativa capaz de ocupar el lugar que en otras épocas tuvieron sus principales aliados económicos.
De momento, aseguró Torralbas, "no hay indicios de que haya un tercer país que de pronto surja como salvavidas de Cuba en esta crisis".
La comparación con el pasado resulta inevitable. Primero fue la extinta Unión Soviética y, décadas después, Venezuela, cuando ambos países mantuvieron con Cuba relaciones económicas especialmente favorables para la isla.
Ese escenario, sin embargo, parece difícil de reproducir.
"No se puede esperar que Cuba salga de la crisis actual con alianzas internacionales. La situación que había cuando existía la extinta Unión Soviética o cuando Venezuela tenía excelentes términos de intercambio con Cuba, no se va a volver a repetir por ahora", concluyó.

Una paradoja que crece con las cifras
Los datos dibujan así una relación difícil de encajar en la lógica de la política de presión. Cuba compra cada vez más a Estados Unidos precisamente cuando Washington intenta aumentar el coste económico de sus decisiones y limitar el margen de maniobra del Gobierno cubano.
Para la isla, el comercio ofrece un alivio ante la escasez. Para el sector privado, abre un espacio de actividad. Y para Washington, al mismo tiempo, una Cuba más dependiente de determinados productos estadounidenses puede significar una mayor capacidad de influencia.
La cuestión es que ambas realidades conviven. Mientras las sanciones y restricciones siguen condicionando el acceso de Cuba a capital y suministros, el propio mercado estadounidense se consolida como uno de los principales canales para cubrir algunas de las necesidades más urgentes de la isla.
Por ahora, las cifras apuntan a que esta paradoja no está disminuyendo, sino todo lo contrario.





















