Tras décadas de tensiones, el Vaticano confirmó este jueves la excomunión de los cuatro nuevos obispos ordenados por la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, un movimiento católico ultraconservador conocido como los "lefebvrianos". La decisión llega un día después de que el grupo desoyera la petición del papa León XIV de cancelar las consagraciones y ordenara a cuatro obispos sin autorización papal, durante una ceremonia celebrada en Suiza y retransmitida por redes sociales en varios idiomas.
Para la Santa Sede, ordenar obispos sin el mandato del papa constituye un "acto de carácter cismático", es decir, una ruptura con la autoridad de la Iglesia católica. La sanción también alcanza a los dos obispos que presidieron las consagraciones: el español Alfonso de Galarreta y el suizo Bernard Fellay.
"Este Dicasterio, en el fiel ejercicio de las funciones que le han sido encomendadas, considera necesario señalar que este acto constituyó el crimen de cisma, con consecuencias canónicas para los ministros sagrados y los fieles laicos involucrados", explicó el Vaticano en un comunicado. Estas “consagraciones episcopales celebradas sin mandato papal, contra la voluntad del papa y en abierta violación del derecho canónico", agregó.
Así, el papa León XIV afronta este episodio firme en su intención de mantener unida a la Iglesia, como le piden sus cardenales, a pesar de una rebelión que, además de ser antigua, tiene un recorrido incierto.
¿Qué es la Fraternidad San Pío X y qué rechaza del Vaticano?
La Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX), conocida como los "lefebvrianos", es un movimiento católico tradicionalista fundado en 1970 por el arzobispo francés Marcel Lefebvre. Surgió con el objetivo de preservar las prácticas más tradicionales del catolicismo y se opuso a las reformas impulsadas por el Concilio Vaticano II (1962-1965), convocado para adaptar la Iglesia a los cambios del mundo moderno.
Actualmente cuenta con más de 700 sacerdotes, alrededor de 500.000 fieles y presencia en más de 60 países. Aunque sus miembros se consideran católicos, mantienen desde hace décadas una relación conflictiva con el Vaticano por su rechazo a varias de las reformas adoptadas por la Iglesia.
Las tensiones alcanzaron un punto crítico en 1988, cuando Lefebvre ordenó a cuatro obispos sin la autorización del entonces papa Juan Pablo II. El pontífice respondió con la excomunión del arzobispo y de los nuevos obispos al considerar que habían cometido un acto de cisma.
Años después, en 2009, el papa Benedicto XVI levantó esa excomunión como un gesto para favorecer el diálogo con la Fraternidad. Sin embargo, el grupo nunca alcanzó una reconciliación plena con Roma y continuó cuestionándola.
Entre sus principales diferencias con el Vaticano está el rechazo a la reforma de la misa impulsada tras el Concilio Vaticano II. La Fraternidad defiende el rito tridentino, celebrado en latín y con el sacerdote de espaldas a los fieles, mientras que la Iglesia católica adoptó una liturgia en los idiomas locales y con una mayor participación de los asistentes.
La FSSPX sostiene que varias enseñanzas del Concilio Vaticano II —en particular las referidas a la libertad religiosa, el ecumenismo, la colegialidad episcopal y la reforma litúrgica— constituyen el origen de la crisis que, a su juicio, atraviesa la Iglesia católica y, por ello, deben ser objeto de una revisión doctrinal.
Otra diferencia importante es la visión sobre la libertad religiosa. La Iglesia reconoce el derecho de cada persona a elegir y practicar su religión, mientras que la Fraternidad sostiene una interpretación más restrictiva defiende que las autoridades civiles deben reconocer un papel privilegiado a la Iglesia católica, con una concepción más cercana a un Estado confesional.
Según detalla National Catholic Reporter, un medio especializado en la cobertura de la Iglesia católica y el Vaticano, la FSSPX rechaza el concepto de libertad religiosa consagrado en la declaración Dignitatis Humanae del Concilio Vaticano II. En cambio, la FSSPX argumentó que los jefes de Estado tienen “derecho y deber” de favorecer a la Iglesia Católica y oponerse a otras religiones y a las “falsas formas de culto”.
Además, rechaza la idea —aceptada por el Vaticano tras el Concilio— de que las religiones no cristianas puedan contener elementos de verdad que acerquen a Dios. También sostiene que la misión principal de la Iglesia es llamar a los no católicos a convertirse al catolicismo y cuestiona el ecumenismo impulsado por el Vaticano II, incluido el diálogo y la oración con otras confesiones cristianas.
¿Qué cambia con esta nueva excomunión?
La decisión de León XIV vuelve a profundizar la ruptura entre el Vaticano y la Fraternidad San Pío X.
La ceremonia de este miércoles, celebrada según el rito anterior al Concilio Vaticano II —en latín y con los celebrantes de espaldas a los fieles—, estuvo presidida por el español Alfonso de Galarreta y el suizo Bernard Fellay. Ambos eran los dos únicos obispos que seguían con vida entre los cuatro consagrados por Marcel Lefebvre en 1988, por lo que la Fraternidad argumentó la necesidad de ordenar a cuatro nuevos obispos para garantizar la continuidad de su estructura.
El prefecto para la Doctrina de la Fe, el cardenal argentino Víctor Manuel Fernández, advierte al resto de clérigos y fieles laicos que si se suman al cisma de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, también incurrirán "ipso facto en la pena de excomunión de pleno derecho".
Por tanto, se señala que, de ahora en adelante, "los ministros consagrados pertenecientes a la Sociedad Sacerdotal de San Pío X están en cisma y, por lo tanto, deben ser considerados cismáticos. También se afirma que "los sacramentos y que el sacramento de la penitencia administrado por ellos y el matrimonio asistido por ellos son inválidos".
¿Dónde y cuánta influencia tiene el movimiento?
En total, la FSSPX afirma tener presencia en 77 países, con 184 casas, 94 escuelas y cinco seminarios internacionales. Aunque es una organización pequeña frente a los 1.400 millones de católicos que hay en el mundo, ha logrado consolidar una importante red internacional de instituciones religiosas y educativas.
Francia, donde nació el movimiento, sigue siendo su principal bastión. Allí cuenta con 46 prioratos, 186 capillas y 63 escuelas, la red más extensa de toda la Fraternidad. Estados Unidos es su segundo gran centro de influencia, con 22 prioratos, 131 capillas, 32 escuelas y uno de sus seminarios internacionales. También mantiene una presencia consolidada en Alemania, Polonia, Canadá, México y Australia, entre otros países.
Por otro lado, si bien la Fraternidad San Pío X no mantiene vínculos oficiales con partidos políticos, diversos historiadores y analistas han señalado afinidades ideológicas con sectores de la extrema derecha católica, especialmente en Francia.
Su fundador, Marcel Lefebvre, se oponía a la descolonización y el laicismo. Su defensa de un Estado confesional, junto con su rechazo al liberalismo, al secularismo y a las reformas del Concilio Vaticano II, ha acercado a la Fraternidad a distintos movimientos tradicionalistas y nacionalistas.
Según The Guardian, el endurecimiento de la relación entre el Vaticano y la FSSPX se produce en un contexto en el que algunos sectores del catolicismo conservador muestran una creciente disposición a enfrentarse a Roma por desacuerdos políticos y teológicos.
El medio detalla que en Francia la FSSPX ha mantenido durante años relaciones históricas con Civitas, una asociación política de extrema derecha que defendía un Estado confesional y que fue disuelta por el Gobierno francés en 2023 tras acusaciones de antisemitismo. Aunque Civitas no forma parte de la Fraternidad, diversos sacerdotes vinculados a la organización participaron en sus actividades y compartieron parte de su ideario, lo que ha alimentado las críticas sobre su cercanía con sectores de la derecha católica más radical.





















