Una nueva polémica diplomática entre España e Israel estalló este sábado, después de que el Gobierno israelí convocara a la encargada de negocios española en el país para trasladarle una reprimenda. El detonante fue la quema de un muñeco del primer ministro israelí durante una festividad popular en el sur de España.
El origen de la polémica se encuentra en El Burgo, un municipio de la provincia de Málaga, en la comunidad autónoma de Andalucía, en el sur del país. Allí, cada Domingo de Resurrección se celebra la tradicional Quema de Judas, una festividad en la que los vecinos elaboran un muñeco que representa a una figura pública o simbólica a la que desean criticar y lo queman en la plaza del pueblo.
En esta ocasión, el muñeco representaba al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. La figura, de unos siete metros de altura y cargada con unos 14 kilos de pólvora, ardió ante los asistentes durante la celebración.
Según explicó la alcaldesa del municipio, María Dolores Narváez, la quema simbolizaba el mensaje "No a la guerra, al genocidio".
Las imágenes del acto circularon posteriormente en redes sociales y llegaron hasta Israel, donde provocaron una reacción inmediata.
El Gobierno israelí convocó a la encargada de negocios de España en el país —quien encabeza actualmente la representación diplomática española tras la retirada de la embajadora— para transmitirle una reprimenda formal. El anuncio se hizo a través de un mensaje en la red social X en el que se criticaba que el Ejecutivo de Pedro Sánchez hubiera guardado "silencio" sobre el vídeo.
Según Israel, el "odio antisemita atroz" manifestado durante esta festividad en Málaga sería "consecuencia directa de la incitación sistemática del Gobierno de Pedro Sánchez".
Madrid responde “ no es antisemitismo”
Frente a estas acusaciones, Madrid respondió con rapidez. Desde el Ministerio de Relaciones Exteriores, dirigido por José Manuel Albares, fuentes oficiales aseguraron a la agencia de noticias EFE que el Gobierno está "comprometido" con la lucha contra el antisemitismo y cualquier forma de odio o discriminación "sin excepciones".
Además, añadieron: "Rechazamos con contundencia cualquier acusación insidiosa que apunte lo contrario".
Sin mencionar directamente lo ocurrido en la Quema de Judas de El Burgo, el ministerio subrayó que el Gobierno mantiene un principio "transversal e irrenunciable", el de la "condena absoluta de cualquier discurso de odio", ya sea por motivos religiosos, étnicos, ideológicos o de cualquier otra naturaleza.
En ese contexto, las autoridades españolas recordaron que el Ejecutivo aprobó en 2023 el Plan Nacional de Lucha contra el Antisemitismo y Fomento de la Vida Judía, la primera estrategia estatal de este tipo en España.
El ministerio también destacó que España "reconoce y reivindica los profundos lazos históricos y humanos que la unen al pueblo judío", algo que, según subrayó, se refleja en la concesión de la nacionalidad española a más de 72.000 sefardíes.
Asimismo, el Gobierno asegura que mantiene una relación "constante y fluida" con las comunidades judías en España y que se han reforzado "de manera significativa" las medidas de seguridad y protección, especialmente en sinagogas, centros educativos, espacios comunitarios y representaciones diplomáticas.
Un episodio de deterioro de relaciones
Este nuevo episodio se produce en medio de un deterioro progresivo de las relaciones entre ambos países. En los últimos meses, el Gobierno de Pedro Sánchez ha sido uno de los más críticos dentro de Europa con la ofensiva israelí en Gaza y ha pedido a la Unión Europea suspender el acuerdo de asociación con Israel por las violaciones "flagrantes" del derecho internacional humanitario.
El propio Sánchez advirtió recientemente que no se debe permitir "una nueva Gaza en el Líbano", mientras que el ministro José Manuel Albares denunció que la situación en ese país es "una vergüenza en la conciencia de la humanidad" y calificó de "inaceptable" el nivel de violencia y las violaciones del derecho internacional.
Las relaciones entre España e Israel se han deteriorado de forma notable desde que Madrid reconoció al Estado palestino en 2024, una decisión que tensó aún más el vínculo diplomático entre ambos gobiernos. Desde entonces, ambos países han retirado a sus embajadores y los desencuentros políticos se han vuelto cada vez más frecuentes.

















