Latinoamérica y África se abren a la cooperación Sur-Sur cuando EE.UU. busca un mayor control

El primer foro de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y África en Bogotá reabre el diálogo Sur-Sur, proyectando a las dos regiones hacia una efectiva cooperación en un contexto de multipolaridad.

By Daniel Morales Ruvalcaba
El presidente de Colombia, Gustavo Petro, asiste a la X Cumbre de la CELAC en Bogotá, Colombia, el 21 de marzo de 2026. / TRT Español

Zhuhai, China – El pasado 5 de marzo de 2026, el secretario de Guerra de EE.UU., Pete Hegseth, afirmó en la Conferencia de las Américas contra los Cárteles que “naciones adversarias buscan construir algún tipo de nuevo ‘Sur Global’ que excluye a Estados Unidos y otras naciones occidentales”. En esa misma línea, sostuvo que para “corregir los errores del pasado, los errores del llamado ‘Sur Global’”, el espacio comprendido entre Groenlandia y Ecuador ahora debía ser concebido como parte del perímetro inmediato de seguridad de Estados Unidos: una “Gran América del Norte”.

Sin embargo, esta formulación no “corrige” el Sur Global, sino que lo contradice. La noción política del Sur se articuló por primera vez en 1996 durante la Conferencia de Bandung en Indonesia. Allí países de Asia y África definieron por primera vez el Sur Global como un espacio internacional autónomo, donde se comprometían a la “abstención de que cualquier país ejerza presiones sobre otros” y, sobre todo, a la “promoción de intereses mutuos y la cooperación”.

Lejos de constituirse en un bloque contra terceros, delimitar esferas de influencia o subordinar regiones, Bandung proponía reducir presiones externas y construir vínculos horizontales. Por ello, la idea de reconfigurar América Latina como extensión estratégica de Estados Unidos no “corrige” el Sur Global, sino que invierte su esencia.

Hoy, frente a la visión de seguridad estadounidense, el Sur Global puede entenderse como un espacio donde los países buscan cooperar “sobre la base del respeto mutuo, la igualdad soberana de los Estados, la solidaridad y el beneficio compartido”, tal como se escribió en el comunicado conjunto del Primer Foro de Alto Nivel de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y África, celebrado del 18 al 20 de marzo de 2026 en Bogotá. Este encuentro constituye un paso fundamental en la cooperación Sur–Sur, pero plantea un interrogante: ¿por qué surge este foro precisamente en un momento de reacomodo internacional?

Antecedentes y límites del impulso África–América Latina

El diálogo birregional entre América del Sur y África tiene antecedentes claros en las cumbres América del Sur-África (ASA).

La primera se celebró en noviembre de 2006 en Abuja (Nigeria), donde los jefes de Estado y de Gobierno declararon su intención de construir una asociación estratégica para “intensificar la cooperación y la consulta a todos los niveles”, con especial atención a agricultura, comercio e inversión, energía, tecnología, recursos hídricos y turismo. En esa cumbre se adoptó un Plan de Acción de 100 puntos y se estableció que las reuniones de jefes de Estado se realizarían cada dos años, alternando sedes entre ambas regiones.

La segunda cumbre tuvo lugar en septiembre de 2009 en Nueva Esparta (Venezuela),  con un Plan de Acción de 96 puntos, reafirmando la cooperación en educación, comercio, energía y tecnología. Se consolidó la participación de la Unión Africana y de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) como pilares institucionales, mostrando que la coordinación Sur–Sur avanzaba más allá del discurso.

Aunque Libia se ofreció para albergar la III Cumbre en 2011, la crisis en el país y el asesinato de Muamar el Gadafi impidieron su realización. La tercera cumbre se celebró en febrero de 2013 en Malabo (Guinea Ecuatorial), promoviendo cooperación integral en infraestructura, seguridad alimentaria, energía y desarrollo humano.

No obstante, las limitaciones del mecanismo se hicieron evidentes: agendas divergentes, problemas de coordinación y, sobre todo, la crisis de UNASUR. Desde 2018, varios miembros suspendieron su participación debido a la incapacidad de nombrar un secretario general y las divisiones políticas profundas, tras una última cumbre celebrada en 2014. La cuarta cumbre prevista en Quito para 2016 nunca se realizó, dejando en evidencia los desafíos para consolidar un mecanismo Sur-Sur sostenible. Este desenlace sugiere un patrón más amplio: la convergencia discursiva no garantiza por sí misma la sostenibilidad institucional.

De ASA a CELAC–África: un relanzamiento birregional

Mientras la  UNASUR se desmoronaba en la segunda mitad de la década de 2010, la CELAC, que adquirió impulso a partir de 2020, se consolidó como el esquema de cooperación regional más amplio de América Latina y el Caribe. “CELAC representa el mayor esfuerzo jamás realizado para afirmar la propia identidad de América Latina y el Caribe en el escenario internacional”, expresó Lula en su mensaje dirigido a los líderes reunidos en Bogotá.

Efectivamente, su relevancia no se limita al diálogo Sur–Sur —como muestran el Foro China–CELAC y el creciente diálogo India–CELAC a nivel ministerial— sino que también se proyecta en las dinámicas Norte-Sur, como muestran las cumbres Unión Europea–CELAC.

En este contexto, el Foro de Alto Nivel CELAC–África introduce elementos estratégicos. A diferencia de las cumbres ASA, centradas en América del Sur, incorpora ahora a toda América Latina y el Caribe, ampliando la base geográfica y política del vínculo. Aunque no reunió a jefes de Estado, la declaración final de la X Cumbre CELAC ha valorado positivamente, “la realización de la I Cumbre de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno CELAC–Unión Africana” (punto 14), subrayando su contribución al fortalecimiento del diálogo birregional y la promoción de iniciativas de cooperación de interés mutuo.

Pero más allá de su dimensión simbólica en la cooperación Sur-Sur, CELAC–África comienza a funcionar como un laboratorio de institucionalización: permite explorar formatos de coordinación propios y preparar un espacio donde América Latina y África dejan de ser actores pasivos y asumen un rol activo en la política internacional.

Esta dimensión estratégica se ve reforzada por la dimensión material. Ambas regiones concentran recursos críticos —minerales, energía, producción agrícola— y, con 33 miembros en la CELAC y 55 en la Unión Africana, representan 88 de los 193 Estados de la Asamblea General de la ONU, alrededor del 46%. Dicha proporción les otorga un margen considerable para coordinar posiciones y proyectar influencia en debates multilaterales.

Relaciones Sur–Sur en expansión y sus desafíos

Aunque el foro evidencia que el Sur Global es más que un discurso, el futuro diálogo CELAC-Unión Africana plantea también interrogantes.

Una mayor representatividad fortalece la legitimidad, pero complica la coordinación: América Latina y el Caribe presentan niveles de desarrollo diversos y orientaciones externas contrastantes, especialmente frente a Estados Unidos con su nueva estrategia de seguridad. Abrirse a nuevos socios ofrece oportunidades de diversificación, pero también riesgos de presiones externas.

Al mismo tiempo, la sostenibilidad del vínculo no dependerá solo de su expansión geográfica, sino de los mecanismos para su concreción y seguimiento. En esta línea, la declaración de la X Cumbre subrayó la relevancia de esta coordinación: “Saludamos la creación del Grupo de Trabajo para el relacionamiento externo de la CELAC” (punto 11). Su labor será decisiva en 2026, cuando Uruguay asuma la presidencia pro tempore, asegurando que el diálogo con otras regiones y países no se limite a la retórica y que se traduzca en políticas efectivas.

CELAC–África no solo ha venido a revivir los principios de Bandung y las cumbres ASA, sino que también proyecta a América Latina y el Caribe como actor consciente dentro de un Sur Global en construcción: consolidar la coordinación con África permitirá fortalecer su autonomía frente a presiones externas y explorar capacidades conjuntas para incidir en decisiones globales.Como declaró el presidente colombiano Gustavo Petro, estas “no son reuniones para la extinción de la multilateralidad, son reuniones para configurar una nueva unidad de la humanidad”.