ORIENTE MEDIO
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Los partidos árabes respaldan a Eisenkot para intentar apartar a Netanyahu del poder en Israel
Tras unas elecciones sin mayorías claras, el futuro Gobierno dependerá de complejas negociaciones entre partidos enfrentados por el papel de la minoría árabe y la continuidad del actual Ejecutivo.
Los partidos árabes respaldan a Eisenkot para intentar apartar a Netanyahu del poder en Israel
La Knéset, el Parlamento israelí, quedó fragmentada tras las elecciones del 27 de octubre.

La oposición israelí ha conseguido reunir los apoyos parlamentarios necesarios para intentar poner fin al mandato del primer ministro Benjamin Netanyahu, después de que las principales formaciones políticas árabes anunciaran su respaldo a Gadi Eisenkot, exjefe del Estado Mayor del Ejército. El dirigente opositor podría reunir 67 recomendaciones de los 120 diputados de la Knéset, frente a los 46 apoyos declarados a Netanyahu. Sin embargo, las profundas divisiones sobre la participación de los partidos árabes en el futuro Ejecutivo mantienen abiertas las negociaciones.

En este contexto, la Lista Conjunta Árabe anunció este jueves que recomendará formalmente a Eisenkot para formar el próximo Gobierno durante las consultas con el presidente israelí, Isaac Herzog. La decisión fue adoptada por unanimidad entre los partidos que integran la alianza, que cuenta con 11 escaños en el Parlamento, y responde, según explicó la formación, a la necesidad de impedir que Netanyahu y su Gobierno vuelvan a mantenerse en el poder.

"Hemos decidido respaldar a Gadi Eisenkot", señaló la alianza en un comunicado, en el que reconoció que no había sido una decisión sencilla. No obstante, también advirtió de que el bloque opositor todavía no ha demostrado suficiente disposición para combatir las políticas del actual Gobierno, frenar la incitación contra los ciudadanos árabes y defender la legitimidad de sus opciones políticas.

Este respaldo se suma al anunciado previamente por el partido Ra'am, liderado por Mansour Abbas y con ocho diputados. "Tendemos la mano para apoyar los esfuerzos de Gadi Eisenkot y haremos todo lo posible para apartar del poder al Gobierno de Benjamin Netanyahu", declaró Abbas tras reunirse con Herzog. De esta manera, las dos principales formaciones árabes han contribuido a que el exjefe militar reúna una mayoría de recomendaciones parlamentarias, aunque todavía quedan por resolver las condiciones para materializar esos apoyos en un acuerdo de Gobierno.

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Unas elecciones sin mayorías claras

Para entender el actual escenario político hay que remontarse a las elecciones celebradas el 27 de octubre, las primeras en Israel desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y el consecuente genocidio sobre Gaza. Los resultados dejaron un Parlamento fragmentado, en el que ningún bloque consiguió por sí solo los 61 escaños necesarios para alcanzar la mayoría absoluta. En concreto, la alianza de Netanyahu obtuvo 53 diputados, de los cuales 27 corresponden a su partido, Likud. Por su parte, los partidos de la oposición judía consiguieron 48 escaños, mientras que las formaciones árabes sumaron otros 19.

Ante la falta de una mayoría clara, los cinco principales dirigentes de la oposición acordaron coordinar sus esfuerzos para intentar formar un Gobierno y evitar la convocatoria de nuevos comicios. Durante su primera reunión tras las elecciones, celebrada en un hotel de Herzliya, al norte de Tel Aviv, reiteraron su apoyo a Eisenkot. Sin embargo, el acuerdo para respaldar su candidatura no logró resolver las discrepancias sobre la posible incorporación de los partidos árabes a la coalición.

A esta fragmentación se añadió posteriormente la pérdida de apoyos de Netanyahu. El partido ultraortodoxo Judaísmo Unido de la Torá (JUT), aliado del primer ministro durante aproximadamente tres décadas, decidió abstenerse en las consultas presidenciales debido a sus desacuerdos con el Gobierno sobre el servicio militar obligatorio para los estudiantes de las escuelas religiosas. Como consecuencia, los apoyos declarados a favor de Netanyahu se redujeron a 46 recomendaciones, aunque la decisión no supone necesariamente una ruptura definitiva entre ambas formaciones.

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Qué puede pasar ahora y cuáles son los escenarios

Con este reparto de apoyos, la decisión pasa ahora a manos del presidente Isaac Herzog, que tiene hasta el 11 de noviembre para determinar a quién encarga la formación del próximo Gobierno, después de reunirse con los dirigentes de los partidos. En este procedimiento, las recomendaciones parlamentarias desempeñan un papel fundamental, pero no equivalen a una coalición de Gobierno. Su objetivo es mostrar al presidente qué candidato cuenta con mayores posibilidades de conseguir los apoyos necesarios para gobernar.

Una vez designado, el candidato dispone de 28 días para negociar con las distintas formaciones y presentar un Ejecutivo, un plazo que puede ampliarse otros 14 días. Si no consigue cerrar un acuerdo, Herzog puede encargar la tarea a otro dirigente. En caso de que tampoco este logre formar una coalición, el bloqueo político podría desembocar en nuevas elecciones. Por tanto, aunque Eisenkot reúne actualmente más recomendaciones que Netanyahu, todavía necesita transformar esos apoyos en un acuerdo político capaz de garantizar la confianza de la Knéset.

Entre las posibilidades que se barajan figura la formación de un Gobierno minoritario encabezado por Eisenkot y respaldado desde el Parlamento por los partidos árabes, sin que estos necesariamente ocupen ministerios o formen parte de la coalición. Esta fórmula permitiría reunir los votos necesarios para sostener al Ejecutivo, pero se enfrenta a las resistencias de varios dirigentes opositores, especialmente del nacionalista Avigdor Liberman, que rechaza cualquier alianza con las formaciones árabes.

En este escenario, también es importante distinguir entre los dos principales partidos árabes. Mientras Ra'am ha dejado abierta la posibilidad de participar en un eventual Ejecutivo, la Lista Conjunta contempla ofrecer apoyo parlamentario externo sin integrarse necesariamente en el Gobierno. Esta segunda fórmula permitiría a sus diputados respaldar determinadas decisiones de la coalición sin asumir responsabilidades ministeriales ni compartir plenamente su programa político.

Otra alternativa sería constituir un Gobierno de unidad nacional integrado por los principales partidos judíos sionistas. Según varios medios israelíes, Herzog estaría explorando discretamente esta fórmula para superar el bloqueo político. No obstante, esta opción supondría excluir tanto a las formaciones árabes como a los partidos ultraortodoxos y exigiría alcanzar acuerdos entre fuerzas que mantienen importantes diferencias ideológicas.

Por su parte, Netanyahu también ha defendido la creación de un "Gobierno nacional amplio" bajo su liderazgo, aunque los principales dirigentes opositores han rechazado incorporarse a un Ejecutivo encabezado por él. En paralelo, el primer ministro ha utilizado la posible participación de los partidos árabes como argumento contra sus adversarios, a los que acusa de ser "partidarios del terrorismo" y de querer "islamizar Israel". Asimismo, ha denunciado supuestas irregularidades electorales y acusado a estas formaciones de comprar votos con dinero procedente de Qatar. Sin embargo, la Comisión Electoral Central de Israel ha asegurado que su investigación no encontró irregularidades que comprometieran la integridad de los comicios o alterasen sus resultados.

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El papel decisivo de los partidos árabes

Más allá de las negociaciones entre los dirigentes políticos, el respaldo de las formaciones árabes pone de manifiesto el peso que puede alcanzar esta comunidad en un Parlamento fragmentado. Los ciudadanos árabes representan alrededor del 20% de la población israelí y son, en su mayoría, descendientes de los palestinos que permanecieron en sus hogares tras la creación de Israel en 1948. Aunque cuentan con representación parlamentaria, su incorporación a coaliciones gubernamentales ha estado históricamente limitada por las diferencias políticas e ideológicas con los principales partidos judíos.

Esta exclusión política tiene también una dimensión social. Desde hace años, la población árabe de Israel denuncia la discriminación institucional, las desigualdades en el acceso a los recursos públicos y la falta de medidas eficaces contra la violencia y la criminalidad en sus localidades. En este sentido, la decisión de recomendar a Eisenkot no constituye únicamente una maniobra parlamentaria para desplazar a Netanyahu, sino también un intento de utilizar el peso electoral de esta comunidad para conseguir una mayor capacidad de influencia en las decisiones políticas del país.

Sin embargo, las diferencias sobre su participación también atraviesan al propio bloque opositor. Mientras Yair Golan, líder del partido de izquierda Los Demócratas, ha defendido abiertamente la cooperación con las formaciones árabes y considera discriminatorio excluir a esta minoría de la vida política, Liberman rechaza cualquier alianza con estos partidos, aunque también se opone a celebrar nuevos comicios. Por su parte, Naftali Bennett, ex primer ministro y otro de los dirigentes opositores, ha reclamado actuar con urgencia para cerrar un acuerdo.

A estas discrepancias se suman las condiciones planteadas por Eisenkot para construir una mayoría. Entre ellas figuran que cualquier partido que forme parte del Gobierno reconozca a Israel como un Estado judío y condene a Hamás como organización terrorista. Estos requisitos podrían dificultar la incorporación de algunas formaciones árabes, cuyos dirigentes han condenado los ataques del 7 de octubre de 2023, pero se han mostrado reticentes a calificar a Hamás como grupo terrorista o a reconocer a Israel como un Estado judío.

Pese a estas diferencias, Mansour Abbas defendió durante las consultas presidenciales el papel de los ciudadanos árabes como puente entre los distintos sectores de la sociedad israelí. "La sociedad árabe, yo mismo a título individual y los ciudadanos árabes somos un puente. No destruyamos ese puente", afirmó. Sin embargo, el respaldo de las formaciones árabes a Eisenkot no ha despejado las dudas sobre el lugar que ocuparán en un eventual Gobierno ni sobre la disposición de sus futuros socios a aceptar sus demandas políticas.


FUENTE:TRT World