Perú amaneció este lunes con una sensación conocida. La misma incertidumbre, la misma tensión y el mismo escrutinio interminable que han marcado las últimas grandes contiendas electorales del país. Una vez más, los peruanos deberán esperar días, e incluso semanas, para saber quién ocupará el Palacio de Gobierno durante los próximos cinco años.
Con el 82% de las actas escrutadas, Fujimori mantiene una ventaja de apenas tres puntos porcentuales sobre Roberto Sánchez, candidato de izquierda de Juntos por el Perú. Sin embargo, los conteos rápidos de las principales encuestadoras, recogidos por la agencia de noticias EFE, sitúan a Sánchez ligeramente por delante.
La aparente contradicción entre ambas cifras tiene una explicación. En Perú, el escrutinio avanza de forma progresiva y las primeras actas que se procesan suelen proceder de Lima y de las principales ciudades del país. Las zonas rurales y más alejadas, donde el transporte y las comunicaciones son más complejos, tardan más tiempo en enviar sus resultados.
Esa diferencia geográfica es clave para entender la incertidumbre actual. Fujimori obtiene tradicionalmente mejores resultados en los grandes centros urbanos, mientras que Sánchez concentra buena parte de su apoyo en regiones rurales y zonas periféricas. Por ello, una ventaja inicial no garantiza la victoria final.
Las autoridades electorales prevén que el resultado definitivo pueda tardar varios días, e incluso semanas, en confirmarse. Hasta entonces, Perú vuelve a vivir una situación que ya conoce bien: una elección presidencial definida por un margen mínimo.
Un escenario que se repite
La incertidumbre que domina esta segunda vuelta no es nueva. En las dos últimas elecciones presidenciales decididas en balotaje, Keiko Fujimori estuvo a punto de llegar a la presidencia, pero terminó derrotada por diferencias muy ajustadas.
En 2016 perdió frente a Pedro Pablo Kuczynski por poco más de 40.000 votos. Cinco años después, en 2021, volvió a caer por un margen similar ante Pedro Castillo.
Ahora, la líder de Fuerza Popular podría enfrentarse a una situación parecida. Si finalmente se confirma la ventaja de Sánchez, encadenaría una cuarta derrota consecutiva en una segunda vuelta presidencial, después de los comicios de 2011, 2016 y 2021.
Los candidatos piden esperar
Con un resultado todavía abierto, ambos candidatos reaccionaron con cautela durante la noche electoral.
Keiko Fujimori reconoció que el país se encuentra ante un escenario de empate técnico y evitó proclamarse vencedora.
"Nos encontramos en un empate técnico, hasta el momento no hay ningún ganador en esta contienda, por tal razón, serán días largos hasta conocerlo", afirmó ante sus seguidores.
La candidata añadió que sería "irresponsable definir el resultado en base a una muestra" del conteo rápido y pidió paciencia a sus simpatizantes.
"Quiero decir al pueblo peruano: no pierda la esperanza. Necesitamos calma y serenidad y vamos a esperar con mucha fe el resultado final", señaló.
Desde una plaza abarrotada de seguidores en Lima, Roberto Sánchez también reconoció lo ajustado de la contienda y pidió que el escrutinio continúe "en los estándares de una elección transparente".
Entre cánticos de "¡Sí se pudo!", el candidato de izquierda llamó a sus simpatizantes a mantenerse atentos al desarrollo del conteo.
Dos proyectos políticos opuestos
Más allá del ajustado resultado, la elección enfrenta dos visiones muy diferentes sobre el futuro del país.
Keiko Fujimori, administradora de 51 años e hija del expresidente Alberto Fujimori, ha construido gran parte de su campaña alrededor del legado político de su padre.
Su programa defiende una economía de libre mercado, la protección de la propiedad privada y la atracción de inversiones nacionales y extranjeras. También propone una estrategia de seguridad basada en medidas de mano dura para combatir el avance de la delincuencia.
Roberto Sánchez, congresista y exministro de 57 años, representa el espacio político de la izquierda peruana. Durante la campaña se ha presentado como heredero político de Pedro Castillo, encarcelado tras el intento de disolver el Congreso en 2022.
Sánchez ha prometido impulsar políticas de mayor intervención estatal en la economía, aumentar los salarios y reforzar los programas sociales. Además, ha anunciado su intención de conceder un indulto a Castillo si llega a la presidencia.
La identificación con el exmandatario ha sido constante durante toda la campaña. Sánchez ha mantenido como símbolo el tradicional sombrero campesino asociado a Castillo y visitó al expresidente en prisión pocas horas antes de la jornada electoral.
Aunque las diferencias ideológicas han marcado buena parte del debate, la principal preocupación de los peruanos es la inseguridad.
El crecimiento de las bandas criminales, el aumento de las extorsiones y la sensación de deterioro del orden público han convertido la lucha contra la delincuencia en el tema central de la campaña.






















