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De Cero Residuos a la COP31: cómo Türkiye forjó su camino hacia una mayor influencia climática
La próxima COP31, que se celebrará en la ciudad turca de Antalya, pone el foco sobre la ambiciosa transición ecológica del país.
De Cero Residuos a la COP31: cómo Türkiye forjó su camino hacia una mayor influencia climática
Las iniciativas de política exterior de Erdogan han convertido a Türkiye en un actor visible en el escenario global durante los últimos años.

Cuando Türkiye aparece en los medios internacionales, la atención suele centrarse en su dinámica industria de defensa, sus esfuerzos de mediación en conflictos regionales o su papel estratégico como puente entre Europa, Asia y Oriente Medio.

Las iniciativas de política exterior del presidente Recep Tayyip Erdogan han convertido a Türkiye en un actor visible en el escenario global durante los últimos años.

Sin embargo, además de la diplomacia, la seguridad y la transformación económica, la política ambiental y climática se está consolidando como otro ámbito en el que Türkiye gana cada vez más protagonismo internacional.

Mucho antes de que Antalya fuera designada sede de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP31), Türkiye ya invertía en reforestación, gestión del agua, desarrollo urbano sostenible y expansión de las energías renovables.

Por ello, albergar la COP31 en noviembre de 2026 no representa únicamente un éxito diplomático. También marca la culminación de un proceso de transformación que posiciona cada vez más al país como un actor independiente dentro de la diplomacia climática internacional.

En su primer mensaje dirigido a las partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en la primavera de 2026, el ministro de Medio Ambiente, Murat Kurum, dejó claro que Türkiye buscará convertir la conferencia en una “COP de implementación”.

Es decir, una conferencia capaz de traducir los compromisos existentes en resultados concretos y medibles. La presidencia turca apuesta por los principios de diálogo, consenso y acción.

Las prioridades serán la transición energética, la economía circular, las ciudades resilientes al clima y una mayor participación de la juventud, la comunidad científica y el sector privado en la política climática global.

De la reforestación a la neutralidad climática

Un vistazo a las últimas dos décadas ayuda a comprender por qué Ankara sostiene esta visión.

Según la Dirección General de Silvicultura, desde comienzos de los años 2000 se han plantado miles de millones de árboles en el país.

La superficie forestal aumentó de aproximadamente 20,8 millones de hectáreas a más de 23 millones de hectáreas.

De acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Türkiye es uno de los pocos países de la región mediterránea cuyos bosques continúan expandiéndose de forma sostenida.

Con la ratificación del Acuerdo de París en 2021, el país alcanzó además un importante hito político.

Poco después, el presidente Erdogan anunció el objetivo de lograr la neutralidad climática para 2053.

Desde entonces, la política climática se concibe cada vez más como parte de una estrategia integral de desarrollo. La protección ambiental no debe verse como una carga, sino como un motor de innovación, inversión y competitividad.

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La transición energética como estrategia económica

Este cambio resulta especialmente visible en el sector energético. A finales de abril de 2026, Türkiye contaba con una capacidad instalada de generación eléctrica de 125,4 gigavatios.

De ese total, 78,4 gigavatios correspondían a fuentes renovables, equivalentes al 62,5% de la capacidad instalada total.

Al mismo tiempo, el 71,7% de la capacidad procedía de recursos energéticos nacionales, lo que subraya la importancia estratégica de la transición energética para la seguridad energética del país.

La energía solar y la eólica lideran esta transformación.

La capacidad instalada de energía solar alcanzó los 26,8 gigavatios y representa ya más de una quinta parte de toda la capacidad eléctrica instalada.

La energía eólica, por su parte, llegó a los 15,1 gigavatios.

En conjunto, ambas tecnologías suman 41,8 gigavatios y cubren aproximadamente un tercio de la capacidad total instalada del país.

El ministro de Energía, Alparslan Bayraktar, prevé que la energía solar supere a la hidroeléctrica como principal fuente instalada antes de que finalice el año.

La transición energética no se interpreta únicamente como una contribución a la lucha contra el cambio climático.

También se considera un proyecto económico y de seguridad destinado a reducir la dependencia de las importaciones energéticas, fortalecer el uso de recursos nacionales y generar nuevas cadenas de valor industrial.

Cero Residuos: una idea turca con impacto global

Pocos proyectos ambientales han moldeado tanto la imagen internacional de Türkiye como la iniciativa Cero Residuos.

El programa fue lanzado en 2017 bajo el patrocinio de la primera dama Emine Erdogan y evolucionó en pocos años desde una campaña nacional hasta convertirse en un proyecto reconocido internacionalmente.

Según el Ministerio de Medio Ambiente, millones de toneladas de residuos reciclables han sido reincorporadas al ciclo económico, permitiendo importantes ahorros de agua, energía y materias primas.

Actualmente, más de mil instituciones certificadas participan en el programa.

Escuelas, universidades, hospitales, empresas y municipios forman parte de este sistema.

La iniciativa también obtuvo reconocimiento internacional por parte de las Naciones Unidas.

En 2022, la Asamblea General de la ONU aprobó, a propuesta de Türkiye, el Día Internacional de Cero Residuos.

De esta manera, un proyecto ambiental nacional se convirtió en un modelo de referencia global para la economía circular y la eficiencia en el uso de recursos.

El nuevo papel de Türkiye en la diplomacia climática

Sin embargo, la verdadera importancia de la COP31 podría residir menos en los aspectos técnicos y más en la diplomacia.

Pocos países se mueven simultáneamente en espacios geopolíticos tan diversos. Türkiye es miembro de la OTAN, país candidato a la Unión Europea, socio estratégico de numerosos Estados de África, Asia Central y Oriente Medio, además de mediador activo en crisis internacionales.

Esta posición singular puede desempeñar un papel clave en la política climática. Durante años, muchas negociaciones han tropezado con las tensiones entre países industrializados y países en desarrollo.

Temas como la financiación climática, la transferencia tecnológica y la adaptación a la crisis climática siguen siendo objeto de desacuerdos.

Ankara considera que aquí existe una oportunidad. Las autoridades turcas sostienen que los países con experiencia tanto en procesos de desarrollo como de industrialización pueden tender puentes entre intereses divergentes.

El presidente designado de la COP31, Murat Kurum, resumió esta visión en tres conceptos: diálogo, consenso y acción.

Lo acompañará Samed Agirbaş, presidente de la Fundación Cero Residuos y Campeón Climático de Alto Nivel de la COP31, quien pondrá especial énfasis en la economía circular y la participación social.

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Mucho más que un anfitrión

Para Türkiye, la COP31 es mucho más que un gran evento internacional.

La conferencia ofrece al país la oportunidad de llevar al escenario global su experiencia en energías renovables, economía circular, desarrollo urbano sostenible y diplomacia climática.

En los últimos años, Türkiye ha atraído la atención internacional por sus iniciativas de política exterior, su papel mediador en crisis regionales y los avances de su industria de defensa.

Estos elementos siguen siendo componentes importantes de su perfil internacional. Sin embargo, el país también se ha consolidado como un actor relevante en materia de desarrollo sostenible y política climática.

Con la expansión de las energías renovables, el reconocimiento internacional de la iniciativa Cero Residuos y ambiciosos objetivos climáticos, Türkiye ha demostrado que el desarrollo económico, la seguridad energética y la protección ambiental pueden avanzar de manera compatible.

La COP31 ofrece ahora la oportunidad de trasladar estas experiencias al debate internacional y fomentar el diálogo entre países desarrollados y en desarrollo.

Antalya 2026 podría ser recordada no solo como la sede de otra conferencia climática mundial.

También tiene el potencial de marcar una nueva etapa en la diplomacia climática internacional, en la que Türkiye consolide aún más su papel como puente entre regiones, intereses y modelos de desarrollo.

Para un país que conecta Europa, Asia, el Mediterráneo y el Sur Global, no se trata únicamente de una tarea diplomática, sino de una responsabilidad natural.

(Este artículo fue publicado originalmente en TRT Deutsch).

FUENTE:TRT Espanol