GENOCIDIO EN GAZA
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Israel arrasa los olivares de Gaza mientras sus ataques dejan más palestinos muertos
La destrucción de los olivares de Gaza ha reducido la cosecha a una octava parte de lo que era antes del genocidio, disparado el precio del aceite y dejado a miles de familias sin una fuente esencial de ingresos.
Israel arrasa los olivares de Gaza mientras sus ataques dejan más palestinos muertos
Los olivares de Gaza han quedado arrasados, dejando a miles de familias sin su principal fuente de ingresos.

Haidar Abu Middain aparta una rama seca de un olivo derribado. Donde antes se extendía uno de los olivares más prósperos del centro de Gaza, el genocidio israelí ha dejado un paisaje de tierra árida y árboles destruidos. Apenas quedan unas decenas en pie de una explotación que durante generaciones alimentó a su familia.

El hombre, de 60 años, compartía con sus hermanos y sus tíos 90 hectáreas de olivos que, en esta época del año, deberían estar cargados de aceitunas maduras. Sin embargo, en lugar de recoger los frutos y prensarlos para obtener aceite, contempla ahora la destrucción de una fuente esencial de ingresos para los suyos.

Antes de la ofensiva, toda la familia participaba en una recolección que producía entre 1.100 y 1.500 toneladas de aceitunas. Una parte se vendía como fruto y el resto se prensaba para obtener aceite, suficiente para llenar hasta 900 bidones de 16 litros, el formato habitual de comercialización.

Ahora, la situación es radicalmente distinta. Casi la mitad del olivar ha quedado al otro lado de la denominada "línea amarilla", vigilada por tropas israelíes que impiden a los palestinos acceder a dos tercios de Gaza. La otra mitad, aunque permanece accesible, ha sido arrasada en su mayor parte.

De hecho, apenas quedan entre 20 y 30 árboles en pie. Abu Middain calcula que producirán solo dos bidones de aceite, una cantidad insuficiente incluso para abastecer a su propia familia.

"Antes del genocidio, la cosecha era una bendición. Nos permitía ganarnos la vida y mantener a nuestras familias", cuenta a Reuters. "Lo que recogíamos aquí bastaba para abastecer a toda la zona central, tanto de aceite como de aceitunas".

La destrucción de un pilar de la agricultura gazatí

La pérdida de este olivar refleja un desastre que se extiende por todo el territorio palestino. Los olivos constituían uno de los principales pilares de la agricultura de Gaza: de sus frutos se extraía aceite para cubrir una parte esencial de la alimentación local, además de generar un pequeño excedente que se exportaba a Israel.

Al mismo tiempo, los olivares ofrecían algo más que sustento económico. Sus árboles proporcionaban sombra y un refugio a las familias de uno de los territorios más densamente poblados del mundo. Cada temporada, la cosecha reunía a varias generaciones y garantizaba semanas o meses de trabajo a agricultores y jornaleros.

Ese paisaje, sin embargo, ha quedado arrasado en gran medida. Un año después de que un alto el fuego pusiera fin a los principales combates, las excavadoras han reducido buena parte de los olivares a terrenos devastados. A ello se suman las restricciones militares israelíes, que impiden a los agricultores acceder a algunas de sus tierras.

Las cifras ilustran la magnitud de la destrucción. Según las autoridades agrícolas de Gaza, de los dos millones de olivos que había en el territorio apenas quedan 150.000 en pie. En consecuencia, la cosecha de este año rondará las 5.000 toneladas de aceitunas, frente a las 40.000 habituales. La producción de aceite, por su parte, caerá a solo 700 toneladas, muy lejos de las 5.000 que se obtenían en condiciones normales.

Las consecuencias van mucho más allá de la pérdida de los árboles. Para miles de familias, la destrucción de los cultivos supone quedarse sin alimentos, ingresos y oportunidades laborales. Además, la recuperación del sector no dependerá únicamente de volver a plantar olivos: será necesario que los agricultores puedan regresar a sus terrenos y trabajar sin quedar expuestos a nuevos ataques ni a las restricciones impuestas por el Ejército israelí.

El aceite se convierte en un lujo

El desplome de la producción ya se refleja en los mercados. En esta época del año, los puestos de Gaza solían llenarse de cestas rebosantes de aceitunas y bidones de aceite recién prensado. Hoy, en cambio, apenas quedan existencias.

La escasez ha disparado los precios. Lo poco que llega a los mercados se vende por cerca de 500 dólares el bidón, aproximadamente el triple que antes de la ofensiva. Una cantidad que muchas familias gazatíes difícilmente pueden permitirse, explica Imad Al-Ajrami, de 33 años, mientras compra en el mercado de Deir al-Balah.

A la falta de materia prima se suma el deterioro de las instalaciones de procesamiento. Las autoridades aseguran que solo siete almazaras siguen funcionando, frente a las aproximadamente 40 que había antes de la ofensiva. Incluso las que permanecen abiertas operan a duras penas.

Fawaz Zidan, que ha mantenido en funcionamiento su prensa de aceite en Deir al-Balah, describe una actividad prácticamente desaparecida. Mientras habla, un pequeño grupo de vecinos hace cola con garrafas de plástico para recoger el aceite recién extraído.

"En comparación con los años anteriores a la guerra, no hay nada. Porque no hay aceitunas: lo han arrasado todo, las aceitunas han desaparecido", afirma.

Así, la destrucción de los cultivos se traduce también en una mayor inseguridad alimentaria. Un producto que antes formaba parte de la dieta cotidiana se ha convertido en un artículo cada vez más difícil de comprar. Para una población que ha perdido viviendas, empleos y medios de subsistencia, el encarecimiento del aceite añade otra carga a una crisis humanitaria ya devastadora.

Una cosecha entre las ruinas

Pese a la devastación, algunos olivares siguen en pie y mantienen, al menos parcialmente, su antiguo papel como lugares de encuentro familiar. Es el caso de una explotación en Deir Al-Balah, localidad del centro de Gaza que Israel declaró zona segura durante la ofensiva y en la que sus fuerzas evitaron entrar durante los principales combates.

Allí, Khalil Mansi y sus familiares participan en la recogida de las aceitunas verdes. Los frutos caen de las ramas y repiquetean sobre una tela blanca extendida en el suelo. Descalzos, los niños trepan por escaleras para alcanzar las ramas más altas, mientras las niñas, sentadas abajo, separan las aceitunas de las hojas y las ramitas.

Más tarde, la familia comparte una comida a la sombra de los árboles. La escena conserva algo de la vida anterior a la ofensiva, aunque ahora se desarrolla en un territorio donde buena parte de los campos han desaparecido y muchas familias han perdido sus fuentes habituales de ingresos.

Entre quienes aprovechan la cosecha para conseguir algo de dinero está Ahmed Khader, de 38 años. Antes de la ofensiva, recuerda, la temporada podía garantizar a un jornalero como él dos o tres meses de empleo. Ahora, sin embargo, se da por satisfecho con cobrar por un solo día.

"Pero tenemos que darles algo de comer a nuestros hijos y queremos intentar ganarnos el pan de cada día", explica.

Para trabajadores como Khader, la destrucción de los olivares no supone únicamente perder una temporada de empleo. También significa ver desaparecer una actividad de la que dependían para alimentar a sus familias, en una economía devastada por los ataques y con cada vez menos oportunidades para ganarse la vida.

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Israel mantiene los ataques pese al alto el fuego

Mientras los agricultores intentan salvar los pocos cultivos que quedan, los ataques israelíes continúan golpeando distintos puntos de Gaza pese al acuerdo de alto el fuego de octubre de 2025. Los bombardeos, los disparos y las demoliciones mantienen a la población civil expuesta a nuevos episodios de violencia, al tiempo que persisten las restricciones militares sobre amplias zonas del territorio.

Este miércoles, cuatro palestinos murieron y varias personas más resultaron heridas, entre ellas una niña, en ataques israelíes, según fuentes médicas citadas por Anadolu.

En el barrio de Rimal, en la ciudad de Gaza, un bombardeo contra un edificio residencial mató a Reem Asaad Awad, de 33 años, e hirió a otras dos personas, que fueron trasladadas al hospital Al-Shifa. Además de causar graves daños en el apartamento alcanzado y en los edificios colindantes, el ataque provocó un incendio de grandes dimensiones que los equipos de Defensa Civil tuvieron que extinguir.

En el sur del territorio, otros dos palestinos murieron cuando un ataque israelí alcanzó un vehículo en la calle Al-Jiya, en Al-Qarara, al norte de Jan Yunis. A estas víctimas se suman Saddam Ikrami Al-Za'anin, de 23 años, muerto por disparos del Ejército israelí en el campamento de refugiados de Yabalia, en el norte de Gaza, y Mohammed Fawzi Al-Jumla, de 32 años, quien falleció en el hospital Al-Shifa a causa de las graves heridas sufridas en un ataque israelí contra la ciudad de Gaza días antes.

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Disparos, demoliciones y bombardeos en Gaza

La violencia no se limita a los ataques aéreos. En el centro de Gaza, un palestino resultó herido por disparos procedentes de vehículos militares israelíes al este de Deir Al-Balah, según una fuente médica del hospital de los Mártires de Al-Aqsa.

Por otra parte, testigos denunciaron intensos disparos de vehículos militares y drones cuadricópteros israelíes contra viviendas palestinas en el barrio de Tuffah, en la ciudad de Gaza. También informaron del lanzamiento de artefactos explosivos en la calle Al-Sikka y de demoliciones de viviendas en zonas del este de la ciudad donde están desplegadas las tropas israelíes.

Las incursiones militares también se extendieron a las inmediaciones de Deir al-Balah, donde testigos señalaron la presencia de vehículos militares y excavadoras israelíes más allá de las zonas bajo control del Ejército. Entretanto, los disparos contra viviendas a lo largo de la calle Salah al-Din provocaron el pánico entre los residentes, aunque no se informó de víctimas en ese punto.

A estos incidentes se sumaron bombardeos de artillería en áreas al noreste del campamento de refugiados de Bureij y el lanzamiento de un artefacto explosivo por parte de un dron israelí sobre una tienda de campaña. En ninguno de estos dos casos se reportaron heridos.

La continuidad de estas operaciones pone en entredicho la protección que debería garantizar el alto el fuego. Mientras los ataques y las demoliciones siguen afectando a distintos puntos de Gaza, la población civil permanece expuesta a nuevos episodios de violencia y encuentra cada vez más dificultades para reconstruir sus vidas.

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Más de 1.400 palestinos muertos desde el alto el fuego

El coste humano de esta violencia también aumenta. El Ministerio de Salud de Gaza cifra en al menos 1.498 los palestinos muertos y en 5.306 los heridos por las violaciones israelíes del acuerdo de alto el fuego de octubre de 2025.

Además, desde octubre de 2023, el balance total de víctimas palestinas supera las 74.000 personas muertas y las 175.000 heridas, según las cifras ministeriales citadas en el informe. Los datos también indican que alrededor del 90% de las infraestructuras del territorio han resultado dañadas o destruidas.

Estas cifras reflejan una devastación que afecta a todos los ámbitos de la vida en Gaza. A la pérdida de viviendas y servicios esenciales se suma la destrucción de tierras agrícolas, que compromete la capacidad del territorio para producir alimentos y sostener su economía incluso cuando disminuyan los combates.


FUENTE:TRT Español y agencias