La guerra entre Estados Unidos e Irán abre una nueva grieta diplomática a miles de kilómetros de Oriente Medio. El Gobierno de la presidenta de Perú, Keiko Fujimori, anunció este martes la ruptura de relaciones diplomáticas con Teherán, al acusarlo de “alimentar la violencia” y “la escalada de conflictos”. La decisión, que no menciona expresamente ni a Estados Unidos ni al conflicto entre esos países, se produce en medio del giro de la política exterior de Fujimori hacia Washington, impulsado desde su llegada al Ejecutivo en julio.
La decisión fue comunicada mediante una nota diplomática a través de la Embajada de Irán en Ecuador, que actúa como misión concurrente ante Perú. El gobierno presentó la ruptura como una consecuencia de la posición peruana frente a la guerra entre Estados Unidos y Teherán, la situación interna iraní y las restricciones al comercio internacional.
El Ministerio de Relaciones Exteriores recordó en un comunicado que Perú ha expresado "en diversas ocasiones su condena y profunda preocupación por la delicada situación que amenaza la estabilidad” en Oriente Medio y que “afecta gravemente la paz y seguridad internacionales".
Lima señaló además a Irán por presuntas restricciones al tránsito internacional por el estrecho de Ormuz y supuestos obstáculos a las inspecciones de su programa nuclear, entre otras acusaciones relacionadas con discriminación y la respuesta del gobierno a manifestaciones.
El estrecho de Ormuz, frente de tensión
Respecto al estrecho de Ormuz, una de las principales rutas marítimas para el transporte internacional de energía, el ministerio expresó una "profunda preocupación" por "las severas restricciones impuestas por el régimen iraní, así como la disrupción del comercio internacional a través del estrecho de Ormuz desde marzo de 2026".
El gobierno peruano considera que estas medidas contravienen principios como "la libertad de navegación y el derecho de paso por los estrechos utilizados para el tránsito marítimo internacional", que, según sostiene, "no pueden estar sujetos a condicionamientos unilaterales".
Lima también advirtió de las consecuencias económicas de la situación en la zona, especialmente sobre "los precios de la energía y la estabilidad de las cadenas globales de suministro", además de mencionar la seguridad de la navegación, la protección de la vida humana en el mar y la preservación del medio marino.
Teherán mantiene un bloqueo parcial sobre el estrecho de Ormuz y asegura que lo mantendrá hasta que Estados Unidos cumpla los compromisos asumidos en el memorando firmado entre ambos países en Pakistán a finales de junio. Por su parte, Estados Unidos restableció el 14 de julio el bloqueo naval sobre los buques que entran y salen de los puertos iraníes, después de un breve periodo de relajación de las restricciones.
El ministerio asimismo rechazó "de manera enérgica que Irán incite a la violencia y a la escalada de conflictos en el Medio Oriente", y cuestionó también "su obstrucción a la labor del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA)”, asegurando que “ha negado a los inspectores en diferentes ocasiones el acceso a instalaciones nucleares, dificultando la verificación necesaria para evitar la producción de armas nucleares".
La acusación coloca el programa nuclear iraní entre los argumentos centrales utilizados por Lima para justificar la ruptura, en un momento en que la actividad nuclear de Teherán continúa siendo uno de los principales focos de tensión entre Irán y EE.UU.
El argumento de Perú se enmarca en las acusaciones de Israel y Washington sobre las supuestas intenciones de Irán de desarrollar un arma nuclear, algo que Teherán ha negado reiteradamente al defender el carácter civil y pacífico de su programa nuclear.

A finales de junio, un memorando de entendimiento entre la Casa Blanca y Teherán contempló el acceso de los inspectores de la OIEA, aunque Irán había señalado que los principales sitios nucleares permanecerían fuera de su alcance hasta alcanzar un acuerdo definitivo y levantar las sanciones. Posteriormente, el director de la OIEA, Rafael Grossi, afirmó que la agencia ya había iniciado contactos técnicos con funcionarios iraníes, pero el proceso quedó posteriormente en pausa en medio de la incertidumbre sobre el futuro del acuerdo.
Una ruptura diplomática, pero no consular
Para dejar clara su postura, el comunicado precisa que Lima actuó de conformidad con las normas de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas de 1961, en particular con su artículo 45. Sin embargo, el gobierno peruano aclaró que la ruptura diplomática no supone el cierre de todos los canales oficiales entre ambos países.
"La decisión del Perú de romper relaciones diplomáticas con Irán no entraña la ruptura de relaciones consulares", señaló el Ministerio de Relaciones Exteriores, que explicó que estas seguirán siendo necesarias "para velar por los nacionales de cada Estado y atender las demás funciones previstas en el artículo 5 de la misma Convención".
La medida permitirá, por tanto, mantener las funciones consulares necesarias para asistir a los ciudadanos peruanos e iraníes, pese al fin de las relaciones diplomáticas.
El gobierno peruano confirmó además que la decisión ya fue comunicada formalmente a Teherán "mediante nota diplomática, a través de la Embajada de ese país en el Ecuador, que actúa como Misión concurrente ante el Perú".
Una medida que marca alineamiento con EE.UU.
La ruptura con Irán también puede leerse como una señal de alineamiento con Estados Unidos, en línea con el giro que Keiko Fujimori ha planteado para la política exterior peruana. Desde antes de asumir la Presidencia, la mandataria definió a Washington como un aliado estratégico.

Recientemente, medios locales han vinculado este acercamiento con la elección de Carlos Espá como ministro de Relaciones Exteriores, quien trabajó durante 15 años en la Embajada de Estados Unidos en Lima.
El propio comunicado peruano ofrece otro elemento para esta lectura: tanto al referirse al conflicto como a la situación en el estrecho de Ormuz, evita mencionar expresamente a Estados Unidos al describir el intercambio de ataques que ha reavivado las tensiones en la región. La ruptura con Teherán, en este contexto, coloca a Lima en una posición claramente definida frente al conflicto y refleja el rumbo internacional que Fujimori busca imprimir a Perú.



















