Desde las primeras palabras que pronunció, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, marcó el tono de su discurso para abrir el debate de alto nivel en la Asamblea General de la ONU este martes. Denunciando los “excesos de las superpotencias” de los que ha sido testigo ese foro internacional, el mandatario hizo una defensa acérrima de la soberanía de las naciones, empezando por la suya.
Y en una frase tan corta como contundente, con la que no necesitó mencionar a quién iba dirigida para que el público la entendiera, sentenció: “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”. Una expresión que alude a la política internacional mediante la que Washington ha marcado el ritmo de sus relaciones con América Latina por décadas, y que llega en un momento álgido en el que el Gobierno del presidente de EE.UU., Donald Trump, busca afianzar –a como dé lugar– su influencia en la región.

Justamente, Lula advirtió sobre las "tentaciones hegemónicas" en América Latina de "la mayor potencia del mundo", en alusión a EE.UU., recalcando que tanto la región como Brasil necesitan de "socios con una agenda positiva" y no de presiones externas.
“Las diferencias ideológicas no deberían obstaculizar una mayor integración entre vecinos. Los países de la región han sufrido los horrores de regímenes autoritarios y han recorrido un largo camino para restablecer la voluntad popular”.
“No necesitamos portaaviones en nuestras aguas”
Brasil, en específico, lleva meses bajo la presión de la Casa Blanca de Trump que le ha impuesto aranceles a sus importaciones, con motivaciones que desde el país latinoamericano han denunciado como políticas.
Justamente, el mandatario cuestionó el uso de los aranceles como estrategia y afirmó que la Organización Mundial del Comercio se encuentra “con respiración asistida” mientras algunos gobiernos ceden ante quienes utilizan los aranceles como “armas de coerción y chantaje”.
Lula rechazó además una respuesta predominantemente militar frente al crimen organizado. “No necesitamos portaaviones vigilando nuestras aguas”, dijo, y pidió en cambio mayor cooperación para cortar el flujo de armas y dinero que alimenta a las organizaciones criminales.
En su repaso por la región, defendió que “el pueblo venezolano merece definir su propio destino” y sostuvo que Nicaragua “no resolverá sus problemas impidiendo que la oposición participe en las elecciones”. Sobre Cuba, denunció lo que describió como un “castigo colectivo” contra diez millones de personas debido al embargo económico y energético.
Alerta sobre “enemigos de la democracia” en elecciones
Este podría ser el último discurso de Lula ante la ONU como presidente de Brasil, si en las elecciones del próximo 4 de octubre pierde el pulso para reelegirse. En la contienda su principal opositor es el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente condenado Jair Bolsonaro, que a su vez es un gran aliado de Trump.
Y retomando lo que durante meses ha denunciado como “injerencias externas” a un país soberano como el suyo, el mandatario brasileño prometió impedir que "enemigos de la democracia", ya sean extranjeros o nacionales, se inmiscuyan en los próximos comicios.

"Tenemos un sistema electoral moderno y robusto", subrayó Lula antes de añadir que “bajo la atenta mirada de una ciudadanía plural y de una prensa libre, no permitiremos que los enemigos de la democracia, internos o externos, atenten contra la voluntad popular", agregó.
"La democracia está nuevamente en jaque. Volvemos a presenciar la injerencia extranjera en los procesos electorales. La división del mundo en zonas de influencia para incursiones neocoloniales en busca de recursos estratégicos constituye un gesto anacrónico", dijo Lula.
Aunque en ese momento no nombró directamente a Trump, el izquierdista dijo la semana pasada que tenía previsto decirle en Nueva York al republicano que no se inmiscuyera en las elecciones de Brasil.
El “dolor y el trauma” de generaciones de palestinos
Lula dedicó parte de su discurso a exponer el sufrimiento que se ha extendido por Gaza, agravado especialmente por el genocidio que Israel perpetra desde hace casi tres años. “Generaciones de palestinos llevan consigo el dolor y el trauma que ha dejado el genocidio de mujeres y niños perpetrado por el Gobierno de (Benjamín) Netanyahu en Gaza”, señaló.
Luego apuntó a que “los asentamientos ilegales en Cisjordania (ocupada) están haciendo cada vez más inviable la solución de los dos Estados, esencial para que israelíes y palestinos vivan en seguridad”.
Y entonces sentenció: “Amenazar a las civilizaciones con la extinción no traerá estabilidad a Oriente Medio”.
“Todos sabemos que no habrá vencedores en el campo de batalla. La diplomacia es la única opción”.
Momento “crítico” para la ONU
Lula también destacó que la ONU atraviesa uno de sus momentos más críticos. “Y el sentimiento que me mueve hoy es el de la indignación: la ONU está fracasando en una de sus misiones más importantes, que es liberar a la humanidad del flagelo de la guerra”, sostuvo.
“Su credibilidad jamás ha estado tan baja; su capacidad para proteger a los más vulnerables, aquellos que no tienen ejército ni arsenales, jamás ha sido tan débil”, continuó.
“El año 2025 registró el mayor número de conflictos armados desde la Segunda Guerra Mundial. Billones de dólares financian una nueva carrera armamentística. Las tensiones geopolíticas amenazan con transformar los conflictos regionales en una conflagración de proporciones globales”.
Por lo que señaló que “quienes están al timón de las decisiones más cruciales deben actuar con responsabilidad y con sentido de urgencia”.















