EE.UU. busca frenar los ataques a infraestructura energética entre Rusia y Ucrania: ¿por qué ahora?
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EE.UU. busca frenar los ataques a infraestructura energética entre Rusia y Ucrania: ¿por qué ahora?Analistas vinculan el anuncio de Washington sobre una pausa en los ataques a infraestructura energética entre Rusia y Ucrania con la guerra en Oriente Medio y las elecciones intermedias de noviembre en Estados Unidos. Las claves.
La fotografía muestra una instalación de almacenamiento nuclear gravemente dañada en la zona de exclusión de Chernóbil tras los ataques rusos. / AFP

Washington D.C. - Inmediatamente después de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunciara el lunes que Rusia y Ucrania habían acordado suspender los ataques contra sus respectivos objetivos energéticos —que, según él, estaban provocando una escasez mundial de diésel—, llegaron las reacciones de Moscú y Kiev. Pero, aunque rápidas, fueron cautelosas.

Rusia calificó la propuesta como una “buena idea”, sin confirmar si suspendería los ataques contra las instalaciones energéticas ucranianas. Kiev, por su parte, se comprometió a adoptar “medidas de desescalada” siempre que “nuestros socios estadounidenses logren asegurar una disposición real por parte de Rusia”.

No obstante, ambas partes continuaron intercambiando ataques tras el anuncio de Trump: Rusia presuntamente atacó gasolineras en Kiev, mientras que Ucrania afirmó haber alcanzado una refinería petrolera rusa.

Con los precios mundiales del petróleo subiendo de nuevo en medio de las disrupciones marítimas en el estrecho de Ormuz y los crecientes riesgos en el mar Rojo, los analistas señalan que el anuncio del presidente estadounidense responde más al shock petrolero derivado de los conflictos en Oriente Medio que a cualquier otro factor.

“Sí. Esa es la motivación de Trump”, explica Arkady Moshes, director del programa de la Unión Europea para Vecindad Oriental y Rusia, en el Instituto Finlandés de Relaciones Internacionales.

“Pero esto tendrá poca incidencia en Moscú, que se beneficia económicamente de los altos precios de la energía", sostiene Moshes en diálogo con TRT World

Trump insiste en que es la guerra entre Rusia y Ucrania, y no la guerra de EE.UU. contra Irán, lo que está encareciendo el combustible para los estadounidenses que votarán en las cruciales elecciones intermedias de noviembre. Las encuestas de opinión indican que la guerra contra Irán es impopular. Mientras tanto, la inflación en el país sigue elevada, y el Partido Demócrata busca capitalizar esa situación políticamente.

Ahora bien, meses de ataques ucranianos contra la infraestructura energética rusa han provocado un racionamiento interno de combustible y una prohibición de exportaciones, lo que ha tensado aún más unos mercados globales ya afectados por las disrupciones en el estrecho de Ormuz.

Por su parte, los ataques del grupo hutí cerca del estrecho de Bab al Mandab han puesto en riesgo el transporte marítimo comercial en el sur del mar Rojo, agravando aún más las presiones sobre el suministro mundial de petróleo.

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Sin embargo, el presidente Trump ha afirmado que Kiev estaba “perjudicando al mundo” con sus ataques contra las instalaciones de diésel de Moscú.

“El aumento del precio del diésel a nivel mundial se debe principalmente a la guerra entre Rusia y Ucrania, no a Irán”, declaró Trump el lunes al anunciar un acuerdo entre Kiev y Moscú para suspender los ataques contra la infraestructura energética.

En lo que respecta al conflicto entre Ucrania y Rusia, señala Moshes, las declaraciones del presidente Trump “no se corresponden con la realidad”.

“Pero incluso si esto fuera cierto, sería un paso hacia abajo en la escalada”, afirma, aunque añade que la situación seguiría estando lejos de una tregua duradera, señalando que desde 2014 no se ha mantenido un solo acuerdo de alto el fuego ni siquiera durante varios días.

Escasez en el suministro de combustible

Las pausas energéticas anteriores negociadas por Washington han tenido un éxito limitado: una en enero de 2026 duró solo unos días, mientras que otra propuesta de 30 días en 2025 nunca llegó a materializarse por completo. Los informes indican que Rusia sigue reacia a aliviar la presión invernal sobre Ucrania.

El precio minorista promedio del diésel en EE.UU. superó los seis dólares por galón por primera vez la semana pasada. Rusia ha restringido las exportaciones de diésel tras los ataques con drones ucranianos que dañaron sus refinerías, lo que ha tensado aún más un suministro mundial, ya de por sí limitado por la guerra con Irán y los recientes ataques a la infraestructura energética en Arabia Saudí.

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Expertos citados por el diario estadounidense The New York Times afirman que las tensiones relacionadas con Irán impulsaron el alza de precios con un aumento del 65% en el diésel estadounidense. Mientras, las exportaciones de Rusia y de Oriente Medio cayeron aproximadamente un 90% y un 75%, respectivamente.

Un análisis de la agencia de noticias Reuters concluyó que incluso una suspensión sostenida de los ataques contra las refinerías petroleras rusas no revertiría de inmediato la actual escasez de combustible.

Según la Agencia Internacional de Energía, los drones ucranianos han atacado una refinería rusa en promedio cada tres días, y los esfuerzos de reparación enfrentan graves obstáculos logísticos.

Rachel Ziemba, investigadora sénior adjunta del Center for a New American Security, un centro de estudios con sede en Washington, declaró a Bloomberg que "la idea aquí es que detener los ataques a las refinerías le daría a Rusia tiempo para reparar y reducir el riesgo de nuevos cortes de suministro”.

“Pero si los canales del Golfo siguen bloqueados, no servirá de mucho”, agrega.

Conversaciones de octubre

Trump ha venido buscando poner fin a la guerra entre Rusia y Ucrania, pese a su promesa de detener el conflicto el primer día de su mandato. Recientemente, sus enviados especiales Steve Witkoff y Jared Kushner se reunieron con el presidente ruso, Vladimir Putin, y posteriormente con el mandatario ucraniano, Volodymyr Zelenskyy, aunque las conversaciones no arrojaron ningún avance significativo.

El Kremlin calificó las conversaciones como positivas, mientras que funcionarios estadounidenses evaluaban los posibles próximos pasos. Sin embargo, las disputas territoriales de fondo siguen sin resolverse.

Zelenskyy afirmó que los funcionarios estadounidenses presentaron “ideas decentes” para la paz, subrayando que los esfuerzos diplomáticos deben producir resultados tangibles para poner fin a la guerra, que ya se encuentra en su quinto año.

Mikhail Alexseev, profesor de ciencias políticas en la Universidad Estatal de San Diego, declara a TRT World que la falta de disposición de Washington para designar a Rusia como “agresor”, ampliar el apoyo a Ucrania e imponer nuevas sanciones a Moscú hace poco probable que esta diplomacia tenga éxito.

“Sin esas condiciones, ninguna diplomacia tendría éxito, y solo el campo de batalla decidiría la guerra”, sostiene Alexseev, y añade que continuar las conversaciones solo por seguir manteniéndolas podría ser interpretado por Moscú como una señal de debilidad por parte de Washington y sus aliados.

Moscú insiste en que Kiev ceda los territorios reclamados, en particular en el Donbás, y renuncie a su aspiración de ingresar en la OTAN.

Por su parte, Kiev rechaza ceder formalmente territorio a Rusia e insiste en que cualquier acuerdo debe salvaguardar la soberanía y la capacidad defensiva de Ucrania.

Aun con la guerra en curso, ambas partes han señalado su disposición a participar en conversaciones mediadas por Estados Unidos, previstas tentativamente para octubre de 2026.

“Nos estamos preparando para octubre”, declaró la semana pasada Kyrylo Budanov, jefe de Inteligencia de Defensa de Ucrania. “No descartamos esa posibilidad. Estamos hablando de un futuro previsible”, añadió el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov.

Sin embargo, un avance diplomático sigue siendo poco probable sin un cambio significativo en el equilibrio de fuerzas estratégico.

El papel de Europa y EE.UU.

Luego está Europa: en las negociaciones de paz, Moscú no considera a Europa como un actor autónomo, ya que cree que su implicación solo complicaría el proceso.

Trump —para bien o para mal— parece compartir esa visión, señala Moshes, del Instituto Finlandés de Relaciones Internacionales.

“Él [Trump] ha conseguido lo que era importante para él: que Europa pague por las armas estadounidenses entregadas a Ucrania. Puede que los europeos no estén contentos, pero difícilmente pueden hacer algo al respecto”, sostiene Moshes.

“El riesgo inminente es que nadie impulse el proceso: Rusia vetará la participación europea, mientras que Washington podría retirarse una vez más”, agrega.

Europa sigue siendo vital para Ucrania, y viceversa, pero la alineación entre EE.UU. y Europa respecto al conflicto es fundamental. Cualquier divergencia estratégica entre los aliados occidentales termina beneficiando a Moscú.

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Desde la perspectiva europea, las garantías de seguridad y la confianza mutua son primordiales para evitar que se imponga a Ucrania un acuerdo que lo deje en desventaja.

“Ya vimos este tipo de entendimiento, muy probablemente alcanzado en la cumbre de Alaska, y los hechos posteriores demostraron que la resiliencia ucraniana, combinada con el apoyo europeo, brinda a Ucrania garantías significativas”, afirma Alexseev.

Otra garantía indirecta radica en el enfoque transaccional de la Casa Blanca en política exterior, en el que la adquisición de armamento estadounidense sirve como un incentivo influyente, añade.

Pero Moshes subraya que la confianza en Washington como mediador imparcial se ha ido debilitando con el tiempo.

Señala que Kiev sigue mostrándose cauteloso ante posibles acuerdos económicos entre EE.UU. y Rusia, mientras que Moscú expresó su descontento tras la cumbre de Anchorage, cuando Washington se negó a respaldar términos que reflejaran las prioridades rusas.

“Eso ocurrió antes del conflicto entre EE.UU. e Irán, que sigue consumiendo importantes recursos militares y diplomáticos de Estados Unidos”, concluye.

FUENTE:TRT World
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