Por primera vez desde la cumbre de Estambul de 2004, Türkiye vuelve a acoger una Cumbre de Líderes de la OTAN. En la capital turca se reúnen los jefes de Estado y de Gobierno de los 32 países aliados en un momento en el que la Alianza Atlántica se ve obligada a redefinir su propia identidad.
Los 22 años transcurridos entre Estambul y Ankara cuentan la historia de dos Türkiyes muy distintas y de dos OTAN profundamente diferentes.
En 2004, Türkiye era una potencia regional en ascenso que abría sus puertas a una alianza que se expandía con confianza tras el final de la Guerra Fría.
En 2026, el país se ha consolidado como exportador de defensa, mediador reconocido en los principales conflictos internacionales y uno de los miembros más estratégicamente indispensables de la OTAN. Ahora alberga una cumbre que podría marcar el rumbo de la Alianza para las próximas décadas.
Durante estos veinte años, Türkiye ha protagonizado una transformación que pocos anticiparon: pasó de ser un país que buscaba reconocimiento dentro de las instituciones occidentales a convertirse en un actor capaz de influir y moldear los términos del debate en su interior.
A lo largo de estas dos décadas, Türkiye ha experimentado una transformación que pocos anticiparon: de un país que buscaba validación dentro de las instituciones occidentales a uno que ahora moldea los términos del debate en su interior.
La Cumbre de Ankara es el escenario internacional donde esa transformación se exhibe con toda claridad.
Hoy, Türkiye proyecta su influencia sobre el mar Negro, aporta profundidad estratégica en el Mediterráneo oriental y constituye una puerta de entrada clave hacia Oriente Medio y el Cáucaso.
Comparte frontera con Rusia a través del mar Negro, limita con Irán y se erige como el pilar sudoriental de los Balcanes.
Türkiye ya no es simplemente un miembro más de la OTAN; es un aliado al que se recurre una y otra vez cuando estalla una crisis y se requieren decisiones capaces de alterar el equilibrio regional e internacional.
Dos cumbres, dos mundos
En la Cumbre de Estambul de 2004, la OTAN dio la bienvenida a siete nuevos miembros, amplió su presencia en Afganistán, acordó una misión de entrenamiento en Iraq y formalizó su retirada de Bosnia. La alianza se expandía con confianza y proyectaba una imagen de liderazgo global. La amenaza estaba claramente identificada y se encontraba fuera de la organización.
En 2026, el panorama es muy distinto. La principal amenaza ya no se percibe fuera de la alianza, sino en las tensiones que atraviesan el Atlántico y ponen a prueba la cohesión entre sus miembros.
El contexto en el que se celebra esta cumbre es, en sí mismo, un reflejo de la fragilidad del orden internacional.
Ucrania-Rusia: la guerra ha entrado ya en su cuarto año. Las negociaciones se han sentado en mesas instaladas en Türkiye, pero aún no se ha logrado un alto el fuego duradero y el proceso permanece estancado.
Oriente Medio: la guerra conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán ha abierto profundas fisuras entre Washington y varios de sus aliados europeos. Al mismo tiempo, la cuestión palestina sigue dividiendo a la comunidad internacional.
Hemisferio occidental: en enero de 2026, fuerzas estadounidenses llevaron a cabo una operación en Venezuela que culminó con la captura y traslado del presidente Nicolás Maduro a Nueva York.
A ello se sumaron las aspiraciones estadounidenses sobre Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca, que han planteado interrogantes existenciales dentro de la propia OTAN. El embargo petrolero impuesto por Washington a Cuba también ha contribuido a aumentar la tensión en la región.
Con este telón de fondo, el sistema internacional parece deslizarse hacia una nueva era todavía difícil de definir, una etapa en la que la fuerza comienza a imponerse sobre las reglas y donde el poder, más que las normas, amenaza con convertirse en el factor decisivo.

Trump, Irán y la prueba existencial de la OTAN
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, calificó de “cobardes” a los aliados europeos de la OTAN que se negaron a abrir su espacio aéreo y sus bases militares para respaldar la guerra impulsada por Estados Unidos e Israel contra Irán.
El secretario de Estado, Marco Rubio, fue aún más lejos al afirmar que Washington debía “replantearse el valor de la OTAN”. El propio Trump llegó a describir la alianza como un “tigre de papel”.
Sin embargo, la respuesta de los aliados europeos también tiene peso. Argumentan que la guerra fue iniciada sin un marco legal claro ni consultas conjuntas previas y que, una vez desencadenada la crisis, se solicitó apoyo para gestionar sus consecuencias.
En este escenario, Türkiye también rechazó abrir su espacio aéreo y sus bases militares para la campaña contra Irán, al tiempo que mantuvo su llamado a retomar la vía diplomática y volver a la mesa de negociaciones.
Mientras tanto, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, visitó instalaciones de la industria de defensa turca y anunció que el foro industrial vinculado a la Cumbre de Ankara será el mayor evento de la industria de defensa en la historia de la alianza.
De esta crisis emerge un nuevo concepto: la OTAN 3.0.
Según la visión planteada por Rutte, Estados Unidos seguirá proporcionando el paraguas nuclear y una parte esencial de las capacidades convencionales, mientras que los aliados europeos asumirán una mayor responsabilidad en la defensa convencional del continente.
En Ankara se evaluará por primera vez el informe de progreso sobre el compromiso de destinar el 5% del PIB al gasto en defensa, una meta adoptada en la Cumbre de La Haya. Los 32 jefes de Estado Mayor han coincidido en que los compromisos políticos deberán traducirse en capacidades concretas y niveles reales de preparación militar.
La Cumbre de Ankara se perfila así como el primer gran escenario en el que la OTAN 3.0 será presentada formalmente ante el mundo, en un momento en el que la alianza atraviesa una de las etapas más complejas de su historia reciente.
La política exterior independiente de Türkiye
A lo largo de este periodo marcado por las turbulencias geopolíticas, Türkiye ha ocupado una de las posiciones más singulares dentro de la OTAN. Su estrategia puede entenderse a través de tres ejes fundamentales.
Ucrania-Rusia: Ankara ha mantenido un delicado equilibrio entre apoyo y mediación. Por un lado, suministró a Ucrania vehículos aéreos no tripulados y sistemas de armamento, y aplicó la Convención de Montreux para cerrar los estrechos al tránsito de buques de guerra, impidiendo que Rusia reforzara su flota en el mar Negro.
Al mismo tiempo, Türkiye se convirtió en uno de los principales canales diplomáticos entre ambas partes. A lo largo de 2025 acogió varias rondas de negociaciones en Estambul. Las conversaciones lideradas por el ministro de Relaciones Exteriores, Hakan Fidan, lograron sentar a rusos y ucranianos en la misma mesa para discutir las condiciones de un alto el fuego. Sin embargo, pese a los esfuerzos diplomáticos, no se alcanzaron avances concretos. Aun así, Türkiye sigue siendo uno de los pocos actores capaces de mantener abierto el espacio para el diálogo.
YPG/PKK: Durante más de una década, Türkiye advirtió a Estados Unidos sobre los riesgos de respaldar al YPG, la rama siria de la organización terrorista PKK. Washington desoyó esas advertencias durante años.

Sin embargo, en enero de 2026, el enviado especial estadounidense para Siria anunció que el papel de las SDF como principal fuerza de combate contra Daesh había llegado en gran medida a su fin. En cuestión de semanas, las estructuras de la organización fueron desmanteladas, en un movimiento que muchos interpretaron como una aceptación tardía, pero inequívoca, de los argumentos que Ankara había defendido durante años.
Israel: Türkiye fue también uno de los escasos miembros de la OTAN que condenó desde el inicio las políticas israelíes en Gaza.
Esa postura otorgó a Ankara una posición diferenciada en el mundo musulmán y reforzó tanto su influencia regional como su credibilidad diplomática.
Paralelamente, las relaciones de Türkiye con Estados Unidos y Europa han entrado en una nueva etapa de normalización.
Aunque varias disputas históricas siguen sin resolverse por completo, la relación ha adquirido un impulso significativo. En septiembre de 2025, el presidente Recep Tayyip Erdogan fue invitado a la Casa Blanca por primera vez desde 2019, un gesto interpretado como una señal de acercamiento político.
Meses después, en marzo de 2026, el Departamento de Justicia de Estados Unidos alcanzó un acuerdo de enjuiciamiento diferido con Halkbank, vinculando explícitamente la decisión a las contribuciones de Türkiye en las negociaciones sobre Gaza y en los esfuerzos que condujeron al alto el fuego de 2025.
Trump también dejó entrever una actitud favorable respecto a dos de los asuntos más sensibles de la agenda bilateral: el regreso de Türkiye al programa de cazas F-35 y la revisión de las sanciones impuestas bajo la ley CAATSA.
En el frente europeo, la señal más tangible de esta normalización llegó a través del proceso Eurofighter. La venta de 40 aviones de combate, bloqueada durante años por Alemania, recibió finalmente luz verde en 2025, marcando uno de los avances más significativos en las relaciones entre Ankara y sus socios europeos.
La revolución de defensa de Türkiye y el ascenso de una potencia media
Türkiye ya no es simplemente un comprador dentro de la OTAN. Se ha convertido en un proveedor.
El cambio es visible en varios programas estratégicos que reflejan la transformación de la industria de defensa turca y su creciente peso dentro de la alianza.
Eurofighter: el veto alemán fue levantado en junio de 2025. Cuatro meses después, el presidente Recep Tayyip Erdogan y el primer ministro británico, Keir Starmer, firmaron un acuerdo valorado en 9.000 millones de euros para la adquisición de 20 cazas Eurofighter, una operación que simbolizó la nueva etapa en las relaciones de defensa entre Ankara y Europa.
HÜRJET-España: mediante un consorcio integrado por TAI, Airbus y varias empresas españolas, se entregarán 30 aviones supersónicos de entrenamiento. La industria española participa con un 60 % del proyecto, configurando un modelo de coproducción que trasciende la lógica tradicional de comprador y vendedor.
La primera exportación de guerra electrónica dentro de la OTAN: ASELSAN vendió a Polonia un sistema de guerra electrónica valorado en 410 millones de dólares. Se trata de la primera exportación de este tipo realizada por Türkiye a un país miembro de la alianza.
Bayraktar TB3: durante las maniobras Steadfast Dart 2026 de la OTAN, el TB3 despegó desde el buque anfibio TCG Anadolu y se convirtió en el primer vehículo aéreo no tripulado de uso naval en lanzar munición real durante un ejercicio de la alianza en el mar Báltico.
KAAN: se espera que el contrato para la producción en serie del caza de quinta generación sea firmado en 2026. Además, España ya ha confirmado conversaciones preliminares sobre el programa KAAN dentro de su búsqueda de un nuevo avión de combate de quinta generación.
Impulsada por estos avances, la industria turca de defensa y aeroespacial alcanzó en 2025 un récord histórico de exportaciones por valor de 10.000 millones de dólares.
Sin embargo, el ascenso internacional de Türkiye no se explica únicamente por su creciente capacidad industrial. Más que por su peso económico o por una propuesta ideológica concreta, Ankara está construyendo su influencia a partir de dos activos fundamentales: su posición geográfica y su extensa red de relaciones diplomáticas.
Su historial de mediación se extiende desde Afganistán hasta los Balcanes, y desde el Cuerno de África hasta el Cáucaso. Incluye las negociaciones entre Ucrania y Rusia y el acuerdo del Corredor de Granos; la Declaración de Ankara de diciembre de 2024, que contribuyó a rebajar las tensiones entre Etiopía y Somalia; los esfuerzos diplomáticos en Libia y Siria; y su papel como puente en intercambios de prisioneros entre Estados Unidos y Rusia.
Hace 22 años, en la Cumbre de Estambul, Erdogan abrió las puertas de la OTAN a nuevos miembros como primer ministro.
Hoy, como presidente, se sienta a la cabeza de una mesa desde la que se debatirá el rumbo de la alianza y quién ejercerá el liderazgo en la próxima etapa.
Durante todo este proceso, Türkiye ha desempeñado simultáneamente tres funciones complementarias: la de segunda mayor fuerza militar de la OTAN, la de mediador global y la de ancla natural del flanco sudoriental de la alianza.
Los días 7 y 8 de julio, Ankara no será simplemente la ciudad anfitriona de una cumbre.
Será el escenario de uno de los capítulos más decisivos de la historia reciente de la OTAN: el momento en que se presentará la OTAN 3.0 y, quizás, el instante en que comenzará a escribirse la nueva identidad de la alianza.




















