Nuevo partido político en Israel promete cambio, pero sin abandonar la virulencia contra palestinos
ORIENTE MEDIO
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Nuevo partido político en Israel promete cambio, pero sin abandonar la virulencia contra palestinosLa alianza anti-Netanyahu en Israel recicla la misma doctrina de seguridad sionista, según expertos, con la ocupación de territorios palestinos, expansión de asentamientos ilegales y ofensivas militares para sostener su hegemonía regional.
Naftali Bennett y Yair Lapid han vuelto a unir fuerzas. / AP

Naftali Bennett y Yair Lapid, dos ex primeros ministros israelíes que en 2021 lograron sacar del poder al hoy líder Benjamín Netanyahu, han vuelto a unir fuerzas. El pasado 26 de abril anunciaron la creación de un nuevo partido, “Juntos – Liderados por Bennett”, con el que buscan reconfigurar el panorama político de Israel. 

Al fusionar el naciente partido político “Bennett 2026” con el partido Yesh Atid de Lapid, el nuevo proyecto apunta a capitalizar la fatiga acumulada en la sociedad israelí tras más de dos años y medio de conflictos continuados en Gaza, Irán y Líbano.

Para entender este movimiento, conviene recordar lo que pasó en las últimas décadas. El partido Likud, liderado por Netanyahu, gobernó Israel entre 2009 y 2021. Ese año, Bennett asumió el cargo de primer ministro, seguido por Lapid en julio de 2022. 

Sin embargo, Netanyahu regresó como primer ministro en diciembre de ese mismo año y, desde entonces, se ha mantenido como el líder que más tiempo ha ocupado el cargo en la historia del país. 

Ahora bien, Bennett enmarcó la creación de esta alianza en términos ideológicos y simbólicos, calificándola como “el acto más sionista y patriótico que jamás hayamos realizado”, y prometiendo poner fin a la etapa de división política. 

Sin embargo, varios expertos subrayan un punto clave: hay pocas señales de que una eventual victoria de la alianza Bennett-Lapid en las elecciones, programadas para octubre de este año, representen un cambio en la política de Israel ante los palestinos. 

De hecho, sostienen que esta nueva iniciativa política ofrece simplemente un nuevo empaque de la misma doctrina de seguridad sionista: la ocupación continuada de tierras palestinas, la expansión de los asentamientos ilegales y los ataques militares de alta intensidad para mantener la hegemonía regional.

Ozgur Dikmen, candidato a doctorado sobre políticas judías en la Universidad de Stanford, explica a TRT World que una eventual victoria de esta nueva alianza representaría una “transición significativa en el estilo de liderazgo y la gobernanza interna”. 

Sin embargo, advierte que “sería un error interpretar esto como una ruptura fundamental con el enfoque histórico de Israel hacia la ocupación”, afirma Dikmen, quien es experto en política israelí.

Así las cosas es de esperar que la doctrina de seguridad sionista subyacente siga siendo la "base operativa" incluso en caso de una victoria de Bennett-Lapid.

“El empaque puede orientarse hacia una gestión militar más profesionalizada, pero el compromiso con el crecimiento de los asentamientos probablemente persistirá”, señala.

En referencia a las nuevas realidades políticas derivadas del 7 de octubre de 2023, Dikmen indica que la sociedad israelí se ha vuelto “significativamente más belicista en todo el espectro político”. 

Como resultado, la aprobación interna de los ataques militares contra los palestinos sigue siendo alta, ya que ahora se enmarcan como una “necesidad existencial” más que como una simple política.

La guerra de EE.UU. e Israel contra Irán, actualmente en pausa bajo un frágil alto el fuego, solo ha reforzado este consenso. Según Dikmen, el respaldo a la intervención militar supera el 90% dentro de la comunidad judío-israelí. 

“Cualquier líder entrante, incluido Bennett, consideraría políticamente indeseable adoptar una postura moderada sin arriesgarse a una deslegitimación interna inmediata”, advierte. 

Por su parte, Mehmet Rakipoglu, profesor asociado en la Universidad Mardin Artuklu, señala a TRT World que debe recordarse que Bennett, durante su período de gobierno entre 2021 y 2022, impulsó la expansión de la ocupación. Justamente, un hecho que permite anticipar cuál sería su línea respecto a los palestinos si gana de nuevo el liderazgo político. 

“No preveo ningún cambio significativo (bajo una posible estructura Bennett-Lapid) con respecto al enfoque del gobierno actual en materia de políticas de ocupación o asentamiento”, afirma. 

El Gobierno de Bennett aprobó licitaciones y planificación de miles de unidades de asentamientos ilegales, continuando un patrón documentado por grupos de monitoreo.

Para Rakipoglu, la continuidad de la virulencia israelí hacia los palestinos va más allá de las personalidades. “Ya sea Netanyahu o Bennett, cuando se trata del sionismo, todos son lo mismo”, dice.

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 ¿Se unirán los partidos árabes?

Los expertos destacan cómo la retórica populista de la alianza refuerza su identidad estrictamente pro-sionista. Después de todo, Bennett ya ha prometido a formar un “gobierno sionista”.

Arik Rudnitzky, del Centro Moshe Dayan de la Universidad de Tel Aviv, considera que aún es “demasiado pronto para decir” si los ciudadanos árabes apoyarán a esta nueva formación. 

Bennett dejó claro que no tendría en cuenta el apoyo de los partidos árabes porque, según él, no son sionistas. Esto a pesar de que el gobierno de Bennett-Lapid de 2021 sí obtuvo el respaldo del partido Árabe Unido de Mansour Abbas.

Rudnitzky afirma que se espera que la gran mayoría de los israelíes palestinos vote por los partidos árabes, esperando que sus representantes hagan todo lo posible para maximizar la influencia política a cambio de presupuestos para combatir la criminalidad y superar el abandono económico en las comunidades árabes dentro de Israel. 

“Los votantes árabes esperan que los miembros árabes de la Knesset negocien la cooperación con el futuro gobierno a cambio de logros reales”, explica. 

Las encuestas, citadas por los expertos, reflejan un escenario ajustado. Dikmen señala que la alianza Juntos cuenta podría alcanzar los 26 y 27 escaños en las encuestas. Incluso con la posible incorporación de Gadi Eisenkot, el bloque más amplio contrario a Netanyahu podría obtener entre 59 y 60 escaños, una cifra aún inferior a la mayoría de 61 escaños en la Knesset, compuesta por 120 miembros, añade. 

“Los partidos árabes, con una proyección de 10 a 11 escaños, son el contrapeso matemático natural”, dice Dikmen.

En este sentiuna “paradoja Abbas”: la alianza necesita los votos de los palestinos israelíes para gobernar, pero se arriesga a alejar a los votantes judíos más radicales si los reconoce abiertamente.

Según Dikmen, es probable que se produzcan conversaciones a puerta cerrada con Abbas. 

“El pragmatismo suele imponerse a la pureza ideológica cuando la alternativa es un estancamiento político”, afirma el experto. 

Tugce Ersoy Ceylan, profesora asociada en la Universidad Izmir Katip Celebi, ve con más optimismo las perspectivas electorales generales de la alianza.

“Creo que esta alianza tiene potencial electoral”, comenta a TRT World. 

“(Pero) no creo que esta alianza pueda formar un gobierno por sí sola”, añade.

Según ella, la fusión de los dos partidos puede resultar más trascendental que el acuerdo de 2021, ya que los múltiples conflictos librados durante más de dos años han generado un inmenso cansancio, agotamiento e ira hacia Netanyahu dentro de la sociedad israelí.

La retórica de la “reconstrucción” y de una “isla de estabilidad” podría tener eco entre el público israelí en el futuro, señala. 

Sin embargo, Ceylan advierte contra la sobreinterpretación de cualquier giro centrista en el panorama político israelí. 

“Reunir a la oposición bajo un mismo paraguas para impedir que Bibi obtenga 61 escaños es una necesidad táctica”, afirma. 

En lo que respecta a la cuestión palestina, expresa dudas sobre un verdadero retorno a las negociaciones convencionales.

“Si interpretamos la ‘integración’ como la resolución al problema palestino mediante el inicio de un proceso de negociación con los palestinos, no creo que esa tendencia sea posible en la política israelí en un futuro próximo”, afirma. 

Bennett se presenta a sí mismo como un símbolo de la derecha liberal-sionista, lo que significa que está intentando llenar el vacío entre la extrema derecha y el centro, explica. 

“En otras palabras, el centro podría redefinirse posicionándose más a la derecha”. 

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¿Aceptable internacionalmente?

Ahora bien, es poco probable que la presión internacional sobre Israel consiga forzar un cambio político significativo en el Gobierno de Netanyahu, destacan los analistas

Dikmen predice que un gobierno de Bennett-Lapid podría recibir inicialmente un “aplauso moderado” de la comunidad internacional simplemente por carecer de las figuras más polémicas de la coalición actual. 

La imagen centrista de la nueva alianza puede servir como amortiguador diplomático, permitiendo al nuevo gobierno ganar tiempo. 

Pero advierte que los nuevos líderes podrían adoptar un discurso público aún más rígido en materia de seguridad para tranquilizar a sus bases. Esta estrategia garantizará que cualquier flexibilidad táctica quede protegida por un manto de retórica nacionalista. 

Esto también garantizará que los objetivos fundamentales de los sectores más intransigentes israelíes, como impedir la creación de un Estado palestino y mantener el control sobre los territorios ocupados, permanezcan intactos. 

Rakipoglu considera que todo el ejercicio es una maniobra de distracción táctica. 

“Ha habido muchos intentos, tanto por parte de Israel como de otros Estados proisraelíes, de culpar simplemente a Netanyahu por lo que Israel ha cometido en Palestina y también en Irán”, afirma. 

Aunque un nuevo gobierno pueda parecer que “suaviza” sus políticas hacia los palestinos, el historial de Bennett como primer ministro sugiere lo contrario: “Expandieron los asentamientos y castigaron a los palestinos”, afirma. 

Rakipoglu dice que una abrumadora mayoría de la sociedad israelí sigue estando “a favor del genocidio”, lo que subraya las limitaciones internas a las que se enfrentará cualquier nuevo líder israelí ante un cambio de política de gran envergadura.

“Todos los partidos e ideologías están al servicio del proyecto sionista… Va a ser la misma doctrina sionista”, concluye. 

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FUENTE:TRT World