Washington D.C. — Casi cinco meses después de que Estados Unidos e Israel lanzaran su guerra contra Irán, y del posterior acuerdo que suspendió temporalmente las hostilidades, el estrecho de Ormuz –un corredor estratégico por el que transita cerca del 20% del suministro energético mundial– permanece prácticamente bloqueado por Teherán y Washington. Lo que, a su vez, prolonga las interrupciones en el suministro de energía y profundiza los temores sobre una crisis económica global.
Antes del 28 de febrero de este año, esta angosta vía marítima que conecta el Golfo Pérsico con el mar Arábigo operaba sin restricciones, permitiendo que las exportaciones diarias de petróleo de los países del Golfo llegaran con normalidad a los mercados internacionales.
Sin embargo, tras los primeros ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel, que desencadenaron una guerra regional a gran escala con repercusiones en prácticamente todos los países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) y más allá, Irán respondió cerrando de facto el estrecho.
Casi un mes después del inicio del conflicto, el ministro de Defensa de Pakistán, Khawaja M. Asif, cuyo país actuó como mediador, cuestionó públicamente cómo habían cambiado los objetivos de las partes enfrentadas. En una publicación en redes sociales escribió que "el objetivo de la guerra parece haber pasado a ser la apertura del estrecho de Ormuz, que ya estaba abierto antes de la guerra".
Ahora, más de 140 días después de los ataques de Estados Unidos e Israel, y tras más de un mes de la firma del Memorando de Entendimiento (MoU, por sus siglas en inglés) mediado por Pakistán para suspender los enfrentamientos, el estrecho sigue sin reabrirse al tráfico comercial normal. En su lugar, Washington y Teherán han retomado los ataques directos de represalia mutua, mientras que una reanudación total de la guerra parece cada vez más probable.
Según informan medios de Irán, las fuerzas estadounidenses han bombardeado líneas ferroviarias, aeropuertos, plantas desalinizadoras y puentes dentro del país. En respuesta, Teherán asegura haber lanzado ataques contra países del Golfo, entre ellos Qatar, Kuwait, Bahréin y Jordania, impactando bases militares estadounidenses y plantas desalinizadoras.
Irán elevó aún más la tensión al suspender sus compromisos en virtud del Memorando de Entendimiento, al afirmar que su prioridad era defender al país frente a los ataques de Washington.
Analistas de política exterior que siguen de cerca la evolución del conflicto consideran que la reactivación de los combates tras la firma del MoU era inevitable, y que solo era cuestión de tiempo.
"El regreso del conflicto armado era previsible, dadas las diferencias entre ambas partes respecto al estrecho de Ormuz. El memorando de junio contenía ambigüedades considerables y, sin una visión común, no podía resistir las presiones que se le pusieron", explica Alan Eyre, un alto exdiplomático estadounidense, a TRT World.
Eyre, miembro clave del equipo negociador de EE.UU. sobre el programa nuclear iraní desde el inicio de las conversaciones en 2010 hasta la firma del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés) en 2015, durante el Gobierno de Barack Obama, afirma que es evidente que todas las partes implicadas en los esfuerzos de paz "se sienten decepcionadas por una razón u otra".

Cláusula 5 del Memorando de Entendimiento
El acuerdo de 14 puntos, conocido también como el Memorando de Islamabad, fue concebido como un marco para poner fin al conflicto entre Estados Unidos e Irán.
Entre sus principales disposiciones figuraban un alto el fuego inmediato, el levantamiento del bloqueo naval estadounidense sobre los puertos iraníes, la reapertura del estrecho de Ormuz por parte de Teherán, la liberación de activos iraníes congelados, un alivio a las exportaciones de petróleo y un plazo de 60 días para negociar un acuerdo definitivo sobre el programa nuclear iraní, el levantamiento de las sanciones occidentales y otros asuntos relacionados.
El memorando también contemplaba la creación de una iniciativa de reconstrucción y desarrollo para Irán valorada en 300.000 millones de dólares.
Pakistán actuó como mediador y testigo del acuerdo.
Sin embargo, el pacto comenzó a desmoronarse.
Todo cambió el 25 de junio, cuando un proyectil iraní impactó contra un buque de carga en el estrecho de Ormuz, desencadenando una nueva espiral de hostilidades.
El acuerdo preliminar establecía que la vía marítima debía reabrirse por completo, aunque también incluía una disposición que indicaba que Teherán administraría el tráfico marítimo.
Irán interpreta que el acuerdo le otorga el derecho a controlar el estrecho de Ormuz. Además, considera que la ruta marítima alternativa utilizada por algunos buques —y respaldada por Estados Unidos— constituye una violación del memorando.
Como consecuencia, Teherán sostiene que los petroleros y demás embarcaciones que emplean esas rutas alternativas son objetivos legítimos, ya que el memorando no especifica qué ruta deben seguir los buques al atravesar el estrecho.
Para respaldar esa interpretación y sus acciones, Irán invoca la cláusula 5 del memorando, que establece: “Tras la firma de este memorando de este MoU, la República Islámica de Irán realizará las gestiones necesarias, empleando sus mejores esfuerzos, para garantizar el paso seguro de los buques comerciales sin costo alguno, durante un período limitado de 60 días, desde el golfo Pérsico hasta el mar de Omán y viceversa. El tránsito de los buques comerciales comenzará de inmediato y, teniendo en cuenta la necesidad de eliminar los obstáculos técnicos y militares, así como de llevar a cabo el desminado, la República Islámica de Irán pondrá en marcha dichas medidas en un plazo de 30 días. La República Islámica de Irán entablará un diálogo con el Sultanato de Omán para definir la futura administración y los servicios marítimos en el estrecho de Ormuz, en coordinación con los demás Estados ribereños del golfo Pérsico, de conformidad con el derecho internacional aplicable y con los derechos soberanos de los Estados costeros del estrecho de Ormuz”.
Sin embargo, Estados Unidos rechaza la interpretación iraní del memorando y sostiene que Teherán está violando directamente el acuerdo al obstaculizar el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz.
"El lenguaje del memorando ha sido interpretado de forma muy distinta por Washington y Teherán, pero, en cualquier caso, Irán está reclamando ilegalmente el derecho a controlar el paso por aguas situadas a ambos lados del estrecho", explicó la exembajadora estadounidense Barbara A. Leaf. en conversación con TRT World.
Leaf, quien fue subsecretaria de Estado durante el Gobierno de Joe Biden y actualmente es asesora principal de política internacional en el bufete estadounidense Arnold and Porter, describió el actual enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán como una "escalada militar controlada". La cual, afirmó, fue provocada por Teherán después de atacar buques en aguas soberanas de Omán y reclamar el derecho a controlar el tránsito por cualquier parte del estrecho de Ormuz, incluidas las aguas territoriales omaníes.
Durante el evento virtual "From Deal to Ordeal: The US and Iran", organizado esta semana por el International Crisis Group, el destacado experto en Oriente Medio Vali Nasr sostuvo que las recientes acciones de Irán para reforzar su control sobre el estrecho de Ormuz responden menos a divisiones internas y más a la convicción de que Washington nunca tuvo intención de cumplir el memorando.
Nasr, también profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Johns Hopkins, afirmó que Teherán llegó muy pronto a la conclusión de que el memorando era "demasiado bueno para ser verdad". Lo que sugiere que Irán interpretó el acuerdo como una pausa táctica de Estados Unidos para reorganizarse, más que como un paso genuino hacia un pacto más amplio.
“Cuando se firmó el memorando, creo que lo que [otros] dijeron fue que era demasiado bueno para ser verdad. En otras palabras, Estados Unidos había cedido demasiado, y creo que la interpretación de Irán fue que no existía un camino real hacia algo más amplio a partir del memorando”.
Nasr también señaló que las autoridades iraníes esperaban que una nueva ronda del conflicto con Israel, Estados Unidos o ambos comenzara alrededor de octubre. Sin embargo, los acontecimientos se aceleraron mucho antes de lo previsto.
Según explicó, varias señales tempranas convencieron a Teherán de que Washington no estaba comprometido con una vía diplomática y que, en cambio, utilizaba el memorando para modificar el equilibrio de poder.

Los países del Golfo, atrapados en el fuego cruzado
Los enfrentamientos, que volvieron a intensificarse a finales de junio, se han convertido ahora en un conflicto de mayor magnitud, lo que ha llevado a Washington a ampliar sus ataques.
Las fuerzas estadounidenses han empleado cazas, municiones guiadas de precisión, misiles de crucero Tomahawk y otros recursos contra infraestructuras militares y civiles en Irán, en lugares como Bandar Abbas, la isla de Qeshm, la provincia de Bushehr, Chabahar, Konarak, Jask, Sirik, Kuhestak, Abu Musa y la isla de Gran Tunb.
Según Teherán, los ataques estadounidenses desde finales de junio han causado la muerte de unas 50 personas y han dejado más de 500 heridos.
Las autoridades iraníes aseguran, por su parte, que sus fuerzas han atacado múltiples instalaciones militares estadounidenses y de sus aliados en toda la región.
En Bahréin, Teherán afirma haber atacado la base aérea Sheikh Isa, la base naval de Juffair —sede de la Quinta Flota de Estados Unidos—, el puerto Salman y otras instalaciones.
Irán también sostiene que alcanzó la base aérea Ali Al Salem, el campamento Arifjan, sistemas de misiles Patriot, depósitos de combustible, radares y otras infraestructuras militares en Kuwait.
En Jordania, según informes iraníes, misiles y drones impactaron el 17 de julio la base militar de Azraq, utilizada por las fuerzas estadounidenses. El ataque dejó dos soldados estadounidenses muertos, varios heridos y otro desaparecido, lo que supone las primeras bajas militares de Estados Unidos por fuego iraní desde marzo.
En Qatar, Teherán asegura haber atacado la base aérea Al Udeid, en Doha –uno de los principales cuarteles avanzados de Estados Unidos en la región–, así como antenas satelitales y otras instalaciones relacionadas.
En medio de los continuos ataques estadounidenses y las represalias iraníes, Teherán anunció el sábado que suspendía sus compromisos en virtud del Memorando de Islamabad. Las autoridades iraníes acusaron a Washington de incumplir sus propias obligaciones en el acuerdo.
"También hemos suspendido nuestros compromisos, no los estamos aplicando y estamos ocupados defendiendo el país", afirmaron.
El papel de los mediadores de paz
Para mediadores como Pakistán y Qatar –que dedicaron meses a intentar que Estados Unidos e Irán regresaran a la mesa de negociación–, la reactivación de los combates y el riesgo de una reanudación total de la guerra representa un revés.
El exdiplomático estadounidense Alan Eyre considera que los mediadores deberían plantearse hacer una pausa en sus esfuerzos, ya que, a su juicio, eso "podría obligar a Estados Unidos a prestar más atención a la diplomacia, que en gran medida ha delegado en otros países".
Aunque Islamabad puede sentirse decepcionado por el giro de los acontecimientos, continúa promoviendo la desescalada, condenando el recrudecimiento de la violencia por parte de cualquier actor y trabajando para mantener abiertos los canales diplomáticos bajo el marco que ayudó a crear.
"Pakistán y varios otros países –Türkiye, Qatar, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Egipto– siguen involucrados diplomáticamente para poner fin a la escalada. La amenaza de que el Memorando de Entendimiento —y el propio alto el fuego— colapse es motivo de gran preocupación para todos estos Estados, así como para la comunidad internacional en su conjunto", afirma la exdiplomática estadounidense Barbara A. Leaf.
"Estos países están haciendo exactamente lo que se necesita en este momento: involucrarse de forma proactiva con Teherán y Washington para encontrar una vía hacia la desescalada".




















