Por qué el pulso entre EE.UU. e Irán en el estrecho de Ormuz difícilmente tendrá un ganador absoluto
La disputa entre EE.UU. e Irán no se perfila como una competencia con un vencedor absoluto, sino como un pulso prolongado de influencia y resistencia, en el que ambos pueden elevar los costos del otro sin lograr una victoria política decisiva.
Tras cinco semanas de ataques aéreos continuos que no lograron que Irán cediera ante Estados Unidos, la administración del presidente Donald Trump cambió de estrategia. Ahora, apuesta por la coerción económica, con un embargo a las exportaciones e importaciones de Teherán mediante un doble bloqueo naval en el estrecho de Ormuz.
El bloqueo ilustra un esfuerzo más amplio por mermar la fortaleza económica de Irán y reducir su capacidad de mantener una resistencia a largo plazo.
Esta estrategia se alinea con la postura desafiante de Teherán, históricamente asociada a su fallecido líder Supremo Alí Jamenei, quien frecuentemente subrayó la resistencia ante la presión como elemento clave para contrarrestar a Washington.
Los expertos advierten que, aunque Estados Unidos pueda tener ventaja militar y económica en el corto plazo, el prolongado historial de Irán bajo sanciones occidentales sugiere que podría resistir las consecuencias inmediatas y prepararse para un pulso estratégico prolongado.
Este enfrentamiento continuado podría poner a prueba la paciencia de Washington, a medida que el costo de la guerra comience a afectar la vida cotidiana.
“En el sentido militar y económico inmediato, EE.UU. parece llevar ventaja, porque tiene mayor capacidad para ejercer presión y moldear el entorno estratégico”, declara a TRT World Ali Mammadov, investigador de doctorado en ciencias políticas en la Schar School of Policy and Government de la Universidad George Mason.
Pero Mammadov añade que “el equilibrio a largo plazo sigue siendo incierto y dependerá menos del propio bloqueo que de los términos de cualquier acuerdo eventual”, refiriéndose al intercambio de mensajes entre EE.UU. e Irán y a la posibilidad de una segunda ronda de conversaciones en Islamabad, orientadas a avanzar hacia un acuerdo de paz integral entre los dos enemigos históricos.
Mammadov señala que si el bloqueo estadounidense fuerza a Irán a sentarse a negociar y a aceptar “una limitación estricta” de su programa nuclear, podría considerarse un gran éxito para la administración de Trump.
EE.UU. exige una prohibición de 20 años al enriquecimiento de uranio, mientras que Irán ha indicado que está abierto a una suspensión de cinco años. Lo que sugiere que podría ser posible un compromiso en este punto de desacuerdo fundamental entre ambos países.
Otros asuntos pendientes incluyen el programa de misiles iraní y sus vínculos con aliados chiíes a lo largo de Oriente Medio, desde Líbano hasta Iraq y Yemen.
Si las negociaciones entre EE.UU. e Irán resultan en un aplazamiento temporal o en un alivio de sanciones sin grandes concesiones nucleares por parte de Teherán, “el resultado parecería mucho más ambiguo”, señala Mammadov, apuntando que “la presión actual otorga a EE.UU. influencia a corto plazo, pero la verdadera medida de quién tiene la sartén por el mango se decidirá políticamente, no solo militarmente”.
El cálculo iraní
A lo largo del conflicto, los analistas sostienen que la estrategia de Irán consiste en evitar la derrota, mientras que EE.UU. necesita una victoria clara para proclamar el éxito.
Actualmente, el conflicto indica que “los iraníes tienen la ventaja”, pese a que Estados Unidos, con “el ejército más avanzado del mundo”, ha sostenido sus intensos ataques contra Teherán, señala el general retirado Mark Kimmitt.
Si bien la administración Trump asegura que su bloqueo de los puertos iraníes en el Golfo es efectivo, los datos marítimos muestran que algunos buques continúan accediendo al estrecho de Ormuz.
Aún no está claro si las embarcaciones que transitan entre el Golfo y el océano Índico tienen alguna vinculación directa con Irán.
Oral Toga, investigador del Centro de Estudios Iraníes, observa que “a pesar del bloqueo declarado", los movimientos de buques en la región "ponen de manifiesto la brecha de aplicación entre la declaración y la interdicción”.
“Irán opera desde una teoría de la victoria diferente. Su doctrina no es la simetría, sino la imposición de costes en múltiples ámbitos: perturbación en Ormuz, activación de fuerzas aliadas, saturación con misiles y drones, y fragmentación de la coalición occidental”, declara Toga a TRT World.
“En las primeras semanas el bloqueo favorece a EE.UU. Pero más allá de ese horizonte, los costes de la escalada se acumulan para ambas partes y la dinámica de ventaja se vuelve situacional, no estructural”, agrega el analista. Por ello, considera que un análisis basado en “la noción de una ventaja clara malinterpreta la estructura de este conflicto”.
Otros expertos sugieren que el bloqueo estadounidense podría ser eficaz a corto plazo como táctica de presión: demuestra tanto a Irán como a la comunidad internacional que Washington puede controlar la escalada, incrementar los costes de Teherán y enviar el mensaje de que cualquier intento de ejercer control exclusivo sobre el estrecho de Ormuz podría tener consecuencias para Irán.
No obstante, el doble bloqueo tiene sus limitaciones, ya que EE.UU. también pretende mantener Ormuz abierto y evitar perturbaciones significativas en los mercados energéticos mundiales.
Mammadov señala que esta táctica de presión es probablemente más una herramienta de señalización para fortalecer la posición negociadora de EE.UU. que una solución a largo plazo. “Puede ser útil como palanca, pero por sí solo no puede resolver el conflicto en su dimensión más amplia” ni forzar la capitulación inmediata de Irán, afirma.
“Costos estratégicos”
Si bien los ataques de EE.UU. e Israel golpearon instalaciones militares iraníes, así como infraestructuras y depósitos de petróleo, causando miles de millones de dólares en daños a la economía del país, Teherán no ha dado muestras de ceder ante Washington, lo que evidencia que la supremacía táctica militar estadounidense no se ha traducido en una victoria estratégica.
Este problema al que se enfrenta EE.UU. podría aplicarse igualmente a su bloqueo, señala Toga, el analista político con sede en Ankara. “Un bloqueo doble —una interdicción liderada por EE.UU. superpuesta a la propia restricción iraní del tráfico— es tácticamente viable, pero estratégicamente costoso”, afirma.
El estrecho de Ormuz canaliza cerca del 20% del comercio mundial de petróleo y gas, además de una parte sustancial de los envíos globales de fertilizantes.
Las perturbaciones en esta vía podrían amenazar la seguridad alimentaria. Las restricciones iraníes ya han impulsado al alza los precios mundiales de la energía, especialmente en los países asiáticos que enfrentan escasez de suministro.
“Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Kuwait y Arabia Saudí tienen una exposición inmediata a la pérdida de ingresos, lo que hace más pequeña la coalición de Washington, en lugar de ampliarla. Un bloqueo puede presionar a Teherán, pero internacionaliza el conflicto y otorga al país una ventaja en la escalada —minado, hostigamiento naval de la Guardia Revolucionaria de Irán, misiles contra infraestructuras del Golfo— que de otro modo no estaría a su alcance”, declara Toga a TRT World.
El analista también destaca la resiliencia de la economía política iraní, que ha soportado casi cincuenta años de sanciones, la campaña militar coordinada entre EE.UU. e Israel iniciada el 28 de febrero, y también repetidas protestas internas desde finales de la década de 2000, ninguna de las cuales ha provocado hasta ahora un colapso del gobierno.
“El sistema gobernante extrae parte de su legitimidad del relato de la resistencia, y una capitulación pública ante un bloqueo externo generaría un coste de legitimidad interno mayor que la propia presión exterior”, señala el analista.
“El patrón observado en Irán desde la década de 1980 es de flexibilidad táctica combinada con continuidad estratégica: Teherán cede en elementos calibrados mientras preserva sus activos fundamentales, como la infraestructura nuclear, el programa de misiles y la red regional”, agrega.
Tras el fracaso de las conversaciones de Islamabad, el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, declaró que Irán no aceptó los términos de Washington, lo que explica por qué las 21 horas de negociaciones no arrojaron resultados concretos, confirmando el análisis de Toga sobre las posturas históricas de Irán.
Toga afirma que las demandas maximalistas de la Casa Blanca chocan con la estrategia de supervivencia que Irán ha mantenido desde la revolución de 1979. “Una retirada controlada podría ser viable, pero una rendición estratégica resulta poco probable”, concluye.