El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, anunció su dimisión tras meses de presión, dando inicio a un proceso que llevará al país a tener su séptimo primer ministro en una década.
En un discurso pronunciado frente al número 10 de Downing Street, Starmer —en el cargo desde julio de 2024— admitió este lunes que había perdido el respaldo de los diputados de su propio partido, el Partido Laborista.
Indicó que había informado al rey Carlos III de su decisión de renunciar para que se pudiera elegir un nuevo líder laborista y, por tanto, un nuevo primer ministro.
“Permaneceré en el cargo como primer ministro hasta que concluya el proceso de elección y haré todo lo posible para garantizar una transición ordenada del poder”, declaró.
La autoridad de Starmer se había debilitado desde que el Partido Laborista sufrió un duro revés en las elecciones locales y regionales celebradas en mayo.
La presión aumentó aún más tras confirmarse la semana pasada que su rival, Andy Burnham, regresaría al Parlamento, allanando el camino para una esperada disputa por el liderazgo.
Calendario para elegir al sustituto
Burnham, veterano político laborista, asumirá su escaño en la Cámara de los Comunes este mismo lunes después de ganar una elección parcial en Makerfield, en el noroeste de Inglaterra, el pasado jueves.
“La pregunta que mi partido se plantea ahora es si soy la persona más adecuada para liderarnos hacia las próximas elecciones generales”, afirmó Starmer mientras varios ministros de alto rango observaban detrás de él.
“He escuchado la respuesta de mi grupo parlamentario a esa pregunta y la acepto con deportividad.
“Cada decisión que he tomado ha tenido como objetivo poner por delante al país que amo. Por eso dimitiré como líder del Partido Laborista”, añadió visiblemente emocionado.
Starmer señaló que había pedido al Comité Ejecutivo Nacional del Partido Laborista que estableciera un calendario para elegir a su reemplazo, con la apertura de candidaturas prevista para el 9 de julio.
“Esto garantizará que haya un nuevo líder antes de que el Parlamento regrese en septiembre”, explicó, en referencia al receso estival.
La atención se centra ahora en si Burnham será elegido líder sin oposición, como han pedido numerosos diputados laboristas, o si otros candidatos, como el exministro de Salud Wes Streeting, deciden presentarse también.
Según las normas del Partido Laborista, el líder de la formación de centroizquierda debe ser miembro del Parlamento.
“Última oportunidad”
Aunque Starmer había insistido en que resistiría cualquier intento de destituirlo, la contundente victoria de Burnham la semana pasada y la presión posterior terminaron por debilitar su posición.
Según la prensa británica, entre los ministros que le pidieron que abandonara el cargo figuraban la ministra de Exteriores, Yvette Cooper, y el ministro de Energía, Ed Miliband. Además, más de 100 de los 403 diputados laboristas habrían solicitado su dimisión.
Burnham, quien se convirtió en alcalde del Gran Manchester en 2017, ya ha dejado claro que pretende competir por el liderazgo del partido. Durante su discurso tras la victoria en la elección parcial, advirtió que la formación gobernante, en caída en las encuestas, tenía una “última oportunidad para cambiar”.
Si logra imponerse, el político de 56 años reemplazará a Starmer como primer ministro gracias a la amplia mayoría parlamentaria con la que cuenta actualmente el Partido Laborista.



















