Washington, DC — Desde que Estados Unidos e Israel lanzaron su guerra contra Irán, bombardeando frontalmente a su liderazgo, sus instalaciones militares y nucleares, además de áreas civiles, y matando al líder Supremo Alí Jamenei, Teherán ha lanzado extensos ataques de represalia con misiles y drones en toda la región del Golfo.
La represalia iraní ha tenido como objetivo activos militares de EE.UU., infraestructura energética, instalaciones civiles y otros lugares estratégicos en múltiples Estados del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) —como Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Qatar, Bahréin y Kuwait— que albergan bases militares de Washington o tienen estrechos vínculos con la Casa Blanca, así como Iraq.
Si bien Teherán ha bombardeado a Israel, los misiles también han atravesado hacia Azerbaiyán y Türkiye. Algunos ataques siguen sin ser reconocidos por Teherán, que denuncia operaciones de bandera falsa israelíes destinadas a desatar el caos y provocar a las naciones árabes a participar en la guerra de EE.UU. e Israel en su contra, la cual ya ha dejado más de 1.300 iraníes muertos, incluidas unas 150 niñas en una escuela.
A pesar de que sus territorios albergan tropas y activos estadounidenses, los Estados del CCG consideran que Washington no les ha proporcionado una protección adecuada contra los ataques iraníes. Algunos funcionarios árabes han expresado públicamente su indignación al respecto, argumentando que las defensas de EE.UU. priorizaron los intereses propios y los de Israel por encima de la seguridad del Golfo.
Esto ha generado preocupaciones más amplias sobre el valor de las alianzas con Washington, al punto que algunos funcionarios del Golfo se encuentran revisando contratos y considerando invocar cláusulas de fuerza mayor debido a la presión económica derivada de la guerra.
Figuras públicas, como el exjefe de inteligencia saudí el príncipe Turki al-Faisal y el multimillonario emiratí Khalaf Ahmad Al Habtoor, han criticado el conflicto calificándolo de “la guerra de Netanyahu”, insinuando que el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, con su línea dura influyó en las acciones de Washington a expensas de la estabilidad regional.
Los expertos sugieren que, en lo que respecta al armamento de Israel y sus aliados del Golfo, Estados Unidos aplica una “jerarquía” de armas.
“Israel recibe aproximadamente 3.800 millones de dólares anuales en asistencia militar, acceso a los sistemas estadounidenses más avanzados, incluidos los F-35 modificados, acuerdos de codesarrollo, equipamiento estadounidense preposicionado en su territorio y un compromiso legal para mantener su ‘ventaja militar cualitativa’ sobre todos sus vecinos regionales, incluidos los Estados del Golfo”, explica George Bisharat, profesor de derecho y destacado comentarista de asuntos de Oriente Medio, a TRT World.
“Las naciones del Golfo compran armas estadounidenses, a menudo en grandes cantidades, pero estas son transacciones comerciales, no asistencia, y conllevan condiciones a las que Israel nunca se enfrenta”, añade.
Armas que Estados Unidos envía a Israel
La mayor parte de las armas que Estados Unidos envía a Israel son en forma de ayuda militar, con una proporción mínima que paga Tel Aviv.
Estados Unidos envía 3.800 millones de dólares a Israel cada año en ayuda militar, pero esto es solo una cifra base.
Según el Consejo de Relaciones Exteriores, un grupo de expertos con sede en Estados Unidos, Washington ha enviado hasta 21.000 millones de dólares a Israel desde el inicio del genocidio en Gaza en octubre de 2023.
En enero de 2026, Washington aprobó una venta de armas a Israel por valor de 6.670 millones de dólares, pocas semanas antes de que ambos países lanzaran la actual guerra contra Irán. La semana pasada, el Gobierno del presidente Donald Trump aprobó una posible venta de armas a Israel por valor de 151,8 millones de dólares, invocando una autoridad de "emergencia" para eludir los requisitos de revisión del Congreso.
Washington proporciona a Israel diversos tipos de armamento, incluidos cazas F-15 y F-16, bombas de precisión guiada (kits JDAM, bombas antibúnker) y misiles Hellfire.
Además, Israel es el único país de la región que posee aviones de combate F-35. También tiene acceso al Depósito de Municiones de Reserva de Guerra-Israel (WRSA-I, por sus siglas en inglés), un depósito de propiedad estadounidense ubicado dentro de Israel para uso en emergencias.
Así mismo, Washington destina parte de la ayuda militar anual al mantenimiento de las defensas de Israel, incluyendo los sistemas del Domo de Hierro, Honda de David y de Arrow.
Sin embargo, estas instalaciones no son accesibles para los aliados estadounidenses del Golfo.
Los estados del Golfo compran principalmente armas a Estados Unidos y reciben una ayuda militar mínima, a diferencia de Israel.
En enero de 2026, Washington aprobó una venta de armas a Arabia Saudí por valor de 9.000 millones de dólares. En 2025, ambos países acordaron un histórico acuerdo de armas por valor de aproximadamente 142.000 millones de dólares.
Según datos del Congreso, Qatar —el mayor inversor individual en Estados Unidos— ha comprado aproximadamente 47.900 millones de dólares en armamento desde 2010.
Otros socios de seguridad estadounidenses como Kuwait y Bahréin también gastan decenas de miles de millones en compras de armas.
Estados Unidos vende cazas F-15 a las naciones del Golfo, principalmente a Arabia Saudí y Qatar, y aviones F-16, principalmente a los Emiratos Árabes Unidos.
Hasta la fecha, ningún estado del Golfo tiene acceso a los cazas F-35 de Estados Unidos.
Un acuerdo propuesto que involucra a Arabia Saudí enfrenta numerosas restricciones y aún no está asegurado. Israel es actualmente el único país de la región con acceso a estos cazas.
Washington también vende helicópteros Boeing AH-64 Apache a todas las naciones del Golfo.
En materia de sistemas de defensa, Estados Unidos vende sistemas de misiles Patriot y el Sistema de Defensa de Área a Gran Altitud Terminal (THAAD) a todas las naciones del Golfo.
La disparidad en el apoyo de Washington a Israel frente a sus aliados del Golfo pone de manifiesto una 'jerarquía clara', afirma Bisharat.
“No hay codesarrollo, no hay una integración de inteligencia comparable, no hay una protección política equivalente. La relación Estados Unidos-Israel es estructural. La relación con el Golfo es transaccional”, comenta.
Ataques iraníes en todo el CCG
En el período previo a la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, varios líderes del CCG le habían advertido a Estados Unidos que evitara un escalada con Irán, señalando graves consecuencias regionales para la seguridad y las economías, incluidas las propias.
Estas solicitudes, realizadas supuestamente en enero de 2026 durante los preparativos militares estadounidenses, fueron en gran medida ignoradas, amplificando los sentimientos de traición a medida que las consecuencias previstas se materializaban.
Países como Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos habían abogado por la desescalada y la diplomacia, solo para tener que enfrentarse ahora a impactos desproporcionados derivados de la respuesta de Irán.
Teherán ha dirigido la mayoría de sus ataques contra los Emiratos Árabes Unidos, con más de 1.400 incidentes registrados, que mataron a cuatro civiles y dejaron 114 heridos, según los EAU. Los objetivos incluyen instalaciones militares estadounidenses como la Base Aérea Al Dhafra, puertos, hoteles, zonas residenciales y un aeropuerto internacional.
En Arabia Saudí, los ataques se han centrado en infraestructuras energéticas y emplazamientos civiles y militares, incluida la refinería de Ras Tanura, el campo petrolífero de Shaybah que produce alrededor de un millón de barriles diarios, instalaciones de petróleo y gas, la embajada de Estados Unidos en Riad y zonas residenciales de la capital.
Al principio, los ataques fueron limitados pero escalaron hasta incluir importantes objetivos petroleros. Irán también ha lanzado múltiples ofensivas contra la Base Aérea del Príncipe Sultán, cerca de Al-Kharj, una instalación clave que alberga fuerzas estadounidenses y sauditas, donde fue asesinado el soldado estadounidense sargento Benjamin Pennington.
Sin embargo, Irán ha calificado algunos ataques contra países del Golfo como operaciones de bandera falsa de Israel.
En Qatar, los objetivos de Teherán incluyeron las ciudades industriales de Mesaieed y Ras Laffan, así como infraestructuras de petróleo y gas. Las bases estadounidenses como la de Al Udeid también han sido atacadas, junto con zonas civiles, lo que ha provocado interrupciones en la producción en las instalaciones de Qatar Energy.

En Bahréin, Irán atacó el cuartel general de la 5ª Flota de la Marina estadounidense en Mina Salman, un emplazamiento estratégico que comanda las operaciones navales de EE.UU. en el Golfo Pérsico, el mar Rojo, el mar Arábigo y partes del océano Índico.
En Kuwait, Irán afirmó haber atacado la base aérea estadounidense Ali Al Salem con múltiples misiles de crucero. Esta base alberga el 386º Ala Expedicionaria Aérea de la Fuerza Aérea de EE.UU. Un ataque con drones iraníes mató a seis soldados en un puerto civil de Kuwait, después de que se hubieran reubicado desde la base del Ejército Camp Arifjan, que también fue atacada por Irán. Teherán además ha golpeado el Camp Buehring, donde un soldado estadounidense murió en lo que los funcionarios de Washington describen como un episodio médico.
El Departamento de Guerra de Estados Unidos afirmó que la muerte de Sorffly Davius no estaba relacionada con el ataque. Sin embargo, su muerte es la octava desde que estalló la guerra en Oriente Medio
Las instalaciones militares y de otro tipo de Estados Unidos en Omán e Iraq también han sido objetivo en la guerra en curso.
Entra Ucrania
“Los Estados del Golfo operan baterías de defensa antimisiles de fabricación estadounidense y han profundizado la integración con la infraestructura de mando y control de Washington. Pero carecen de la arquitectura de capas y probada en combate de Israel”, argumenta Bisharat.
“Irán ha invertido fuertemente en tácticas de saturación: grandes volúmenes de drones baratos combinados con misiles balísticos y de crucero, diseñados para saturar cualquier defensa. La interceptación es posible; las garantías no”, explica.
Bisharat señala que, si bien los activos desplegados anticipadamente por Estados Unidos amplían considerablemente el paraguas de defensa, Washington no puede ser “el respaldo de todos sus aliados indefinidamente”.
“Las naciones del Golfo lo saben, razón por la cual están acelerando las adquisiciones. Sin embargo, cerrar la brecha requiere tiempo y aún no lo han logrado”.
De hecho, los países del Golfo están ahora recurriendo a la experiencia de Ucrania para repeler los drones iraníes Shahed.
Justamente, los drones iraníes baratos y de producción masiva han representado un importante desafío para las naciones del CCG, que dependen de costosos misiles para derribarlos.
Kiev ha participado en una extensa guerra de drones durante su conflicto de cuatro años con Rusia.
“Nuestra solicitud es muy sencilla. Nos gustaría cubrir nuestro déficit de misiles Patriot y, a cambio, podemos proporcionar el número correspondiente de interceptores”, declaró la semana pasada el presidente de Ucrania, Volodymyr Zelenskyy sobre su disposición a ofrecer ayuda a las naciones del CCG”.
“Estamos ciertamente dispuestos a compartir nuestra experiencia para ayudar a proteger la infraestructura civil y petrolera que, como pueden ver, afecta a todo el mundo”, añadió.
El lunes, Zelenskyy afirmó que 11 países habían contactado a Kiev para obtener ayuda sobre cómo contrarrestar los drones lanzados por Teherán en represalia por los ataques estadounidenses e israelíes.
Algunos expertos ucranianos en drones ya están en camino hacia Oriente Medio y se espera que lleguen esta semana, según ha declarado el mandatario.
La semana pasada, durante la reunión de ministros de Relaciones Exteriores de la Unión Europea y del Golfo, la jefa de política exterior de la UE, Kaja Kallas, afirmó que Ucrania está ofreciendo interceptores de drones a las naciones del CCG.
“Ucrania puede ayudar a los países del Golfo, porque han desarrollado interceptores de drones y protección contra drones. Por lo tanto, también podemos ver cómo podemos unir estas capacidades para ayudar a los países a repeler los ataques de drones”, señaló.
Estados Unidos abandona a sus aliados del CCG a su suerte
Al analizar las respuestas de las naciones del CCG –especialmente tras las acciones que desaconsejaron, pero que el presidente Trump igual ejecutó aparentemente a recomendación de Netanyahu– Barakat, profesor de Mediación de Conflictos y Estudios Humanitarios en la Universidad Hamad Bin Khalifa, declara a TRT World que Estados Unidos comprendía claramente el riesgo y el impacto que esto iba a tener en los estados del Golfo “pero aun así ellos (EE.UU. e Israel) decidieron seguir adelante”.
Barakat expresa que los países del CCG se sienten defraudados por Washington por ignorar los riesgos para la estabilidad regional, el desarrollo económico y el suministro mundial de energía, lo que ha llevado a una reconsideración de las alianzas de seguridad y a una menor dependencia de la protección estadounidense.
“No me sorprendería que la gente sienta que han sido más o menos abandonados a su suerte”, afirma Barakat.
“Estoy seguro de que pueden recuperarse de esto. La cuestión clave ahora es mantenerse unidos e intentar contenerse tanto como sea posible y no depender de las promesas de protección provenientes del exterior”, añade.
Barakat señala que cualquier represalia del CCG arrastraría a la región a años de guerra con la numerosa población de Irán.
“En última instancia, son vecinos de Irán y todos los países que vienen a proteger e intervenir, incluido Israel, no son vecinos directos. Pueden retirarse en cualquier momento y dejarlos en un incendio que probablemente quemará toda la región”.
Barakat también señala vulnerabilidades como el alineamiento de los Emiratos Árabes Unidos con Israel, y cómo los acontecimientos recientes —incluidos los ataques contra Qatar y las acciones más amplias del Tel Aviv— han dañado la imagen del CCG en términos de estabilidad y turismo, aunque la recuperación es posible mediante la unidad y la contención.















