El fenómeno de El Niño vuelve a poner en alerta al continente americano. Desde Centroamérica hasta la Amazonía, sus efectos ya se dejan sentir de formas muy distintas: sequías y temperaturas extremas en unas zonas, lluvias torrenciales e inundaciones en otras, y un creciente riesgo de incendios forestales. Gobiernos de varios países han comenzado a reforzar sus sistemas de emergencia, infraestructuras y medidas de protección ante un fenómeno que podría intensificarse durante los próximos meses.
El Niño es un fenómeno natural que se produce cuando las temperaturas de la superficie del Pacífico ecuatorial central y oriental aumentan por encima de lo habitual. Ese calentamiento altera los patrones de viento y precipitaciones y puede provocar cambios en el clima a miles de kilómetros de distancia. Cuando coincide con el calentamiento global provocado por la actividad humana, sus efectos pueden intensificarse.
Esta vez, sus señales ya son visibles en distintos puntos del continente. El calor, la falta de precipitaciones y las lluvias intensas están afectando a la agricultura, el suministro de agua y las infraestructuras, mientras aumenta también el riesgo de incendios forestales.
De cara a los próximos meses, los expertos advierten de que la combinación de El Niño y el calentamiento global puede favorecer nuevos episodios meteorológicos extremos y contribuir a que 2027 se convierta en uno de los años más calurosos de los registros.
Los efectos, sin embargo, no son iguales en toda la región.
Panamá: entre inundaciones y estrés hídrico
En Panamá, el Gobierno declaró la emergencia para acelerar los procedimientos administrativos y facilitar la respuesta ante las consecuencias económicas y ambientales de El Niño.
El país está experimentando dos fenómenos aparentemente opuestos al mismo tiempo. En los últimos meses, las lluvias aumentaron un 25 % en el Caribe, mientras que en el Pacífico las precipitaciones disminuyeron un 60 %, según Luz de Calzadilla, directora general del Instituto de Meteorología e Hidrología de Panamá.
"El Niño no solo provocará inundaciones sino que también acarreará complejidades con (...) la sequía", afirmó la ministra de Gobierno, Dinoska Montalvo.
La combinación ya está dejando consecuencias. Once cuencas hidrográficas atraviesan una situación de estrés hídrico y las inundaciones han afectado a al menos 15.643 personas desde enero.
La falta de lluvia preocupa especialmente por un motivo: en Panamá, el agua no solo es necesaria para las comunidades y los cultivos. También es imprescindible para mantener en funcionamiento el Canal.
La vía interoceánica, por la que pasa alrededor del 5 % del comercio marítimo mundial, utiliza agua de lluvia almacenada en dos lagos artificiales para permitir el tránsito de los buques. Menos precipitaciones significan, por tanto, menos agua disponible para garantizar el funcionamiento de una de las principales rutas comerciales del planeta.
Las primeras restricciones ya están anunciadas. A partir del 3 de septiembre, el Canal reducirá de 36 a 34 los tránsitos diarios. Doce días después, la cifra volverá a bajar, hasta los 32 barcos.
Ante esta situación, Panamá prepara además programas específicos de respuesta para sectores como el agua, la vivienda, la salud, los alimentos y la asistencia humanitaria.
El Salvador sufre falta de agua
Al otro lado de la región, El Salvador enfrenta el problema contrario. Aquí, el agua no sobra: falta.
Por ello, Protección Civil declaró la alerta roja, la máxima, por sequía meteorológica y agrícola en todo el territorio nacional. Con esta medida, las autoridades podrán reforzar la vigilancia de las fuentes hídricas y los cultivos, identificar comunidades en situación crítica y ampliar la vigilancia epidemiológica.
El país acumula 19 días consecutivos sin lluvias desde el 7 de agosto y ha registrado 14 récords de temperatura durante agosto. El calor y la falta de precipitaciones ya han provocado pérdidas de cultivos y amenazan especialmente la primera cosecha de granos básicos, que según la Asociación Cámara Salvadoreña de Pequeños y Medianos Productores Agropecuarios sufrirá una pérdida de alrededor del 20 %.
Ante este escenario, el Ministerio de Agricultura ha anunciado apoyo alimentario para las familias afectadas que no cuentan con sistemas de riego. Asimismo, el Gobierno prevé transferencias temporales de efectivo para los hogares más vulnerables.
Honduras: alerta en el Corredor Seco
Mientras tanto, en Honduras la sequía también está dejando huella. Los cultivos de maíz y frijol se han visto afectados en comunidades del sur y el oeste del país, al tiempo que aumenta la preocupación por el suministro de agua y el ganado.
Ante esta situación, el Gobierno declaró el 19 de agosto la alerta roja en 75 municipios y la amarilla en otros 71 por la amenaza de la sequía en el llamado Corredor Seco Centroamericano. En total, casi el 80 % del territorio hondureño quedó bajo algún nivel de alerta.
Para anticiparse a un posible agravamiento de la situación, las autoridades cuentan con un mecanismo de acción anticipatoria respaldado por Naciones Unidas.
El problema, además, trasciende las fronteras nacionales. El Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas advirtió recientemente que Centroamérica "será probablemente la región más afectada en términos de aumento relativo de la inseguridad alimentaria" por El Niño.
Perú y Ecuador refuerzan una infraestructura fronteriza
Más al sur, Perú y Ecuador también han comenzado a reforzar sus medidas de preparación ante los posibles efectos de El Niño. Ambos países acordaron intensificar el mantenimiento, la protección y la seguridad del Canal de Zarumilla y la Bocatoma de La Palma, dos infraestructuras binacionales esenciales para las poblaciones de la zona fronteriza.
En el caso de Perú, las autoridades han planteado ejecutar este año trabajos integrales y urgentes de mantenimiento, incluida la descolmatación del cauce y actuaciones en puntos críticos. El objetivo es recuperar la capacidad de conducción hidráulica de estas infraestructuras y reducir el riesgo de desbordamientos y otros daños asociados a las lluvias intensas.
Ecuador, por su parte, informó de las gestiones realizadas y de la disponibilidad de recursos para renovar la póliza de seguro anual que protege tanto el Canal de Zarumilla como la Bocatoma de La Palma. A estas medidas se suma el refuerzo de la protección física de ambas infraestructuras, especialmente frente a pasos fronterizos no autorizados.
Asimismo, los dos países convocarán una reunión extraordinaria a mediados de noviembre para evaluar los avances.
En Perú, la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) prevé la continuidad de El Niño Costero, con lluvias intensas en la costa y una magnitud más probable entre fuerte y extraordinaria hasta comienzos de 2027.
Brasil: lluvias torrenciales al sur y sequía en el norte
Brasil ofrece otro ejemplo del contraste que puede provocar El Niño. Mientras el sur del país afronta lluvias torrenciales, la Amazonía y el nordeste sufren una reducción de las precipitaciones y un aumento de las temperaturas, con consecuencias directas para la agricultura.
En los estados de Rio Grande do Sul, Santa Catarina y Paraná, las lluvias por encima de la media ya han provocado inundaciones y daños en cultivos de trigo, soja, maíz y frutales. En julio, Rio Grande do Sul acumuló más de diez días consecutivos de precipitaciones, seguidos por un ciclón extratropical con vientos superiores a los 100 kilómetros por hora que afectó a decenas de municipios.
El exceso de agua también amenaza las raíces de los cultivos y puede provocar pérdidas adicionales cuando las lluvias se combinan con fuertes vientos y granizo. Ante este escenario, la Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa) ha recomendado reforzar el drenaje de los suelos, reducir la erosión y aumentar la vigilancia sobre posibles enfermedades de las plantas.
En el extremo opuesto, la región amazónica y el nordeste afrontan una situación mucho más seca. Las previsiones apuntan a una menor disponibilidad de agua y temperaturas más elevadas, un escenario que amenaza especialmente a los cultivos permanentes y a la producción de frutas y hortalizas en zonas como el valle del São Francisco.
La preocupación no es nueva. Entre 2023 y 2024, los principales ríos de la Amazonía alcanzaron niveles históricamente bajos, dificultando el transporte de insumos y cosechas. Ante la posibilidad de que vuelva a producirse una crisis hídrica, el Gobierno brasileño mantiene equipos técnicos desplegados para coordinar la respuesta y seguir la evolución del fenómeno.
El climatólogo Carlos Nobre, investigador de la Universidad de São Paulo, advierte de que los eventos extremos asociados al calentamiento global y a El Niño ya no son una amenaza lejana. El desafío, según otro investigador de Embrapa, Gilberto Cunha, pasa ahora por transformar las previsiones climáticas en decisiones concretas para agricultores y productores.
De este modo, Brasil se suma al mapa de impactos desiguales que deja El Niño: demasiada agua en unas regiones, demasiado poco en otras y, en ambos casos, una presión creciente sobre la producción de alimentos.
El fuego amenaza también la región andina de Colombia y Bolivia
Los efectos de El Niño tampoco se quedan en las lluvias y la sequía. En la región andina y amazónica, el calor y la falta de precipitaciones están creando condiciones favorables para la propagación de incendios forestales, con focos activos en Colombia, Perú y Bolivia.
En Colombia, la situación más crítica se concentra en Tolima, donde los incendios han destruido al menos 27.000 hectáreas de bosques, cultivos y pastos. Las autoridades mantienen la alerta roja en varios departamentos y han reportado una docena de incendios activos, en un escenario agravado por temperaturas cercanas a los 40 °C y una severa sequía.
La situación también preocupa en Perú, donde el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre registró 11 incendios el 18 de agosto, elevando a 32 los siniestros contabilizados en lo que va de año, con especial incidencia en la Amazonía. En Bolivia, mientras tanto, los incendios afectan a departamentos como Tarija, Santa Cruz y Cochabamba, mientras los expertos advierten de que las condiciones de sequía podrían intensificarse entre septiembre y octubre.
El riesgo, además, podría prolongarse hasta el próximo año. Un estudio del Programa de Monitoreo de la Amazonía Andina (MAAP) ha encontrado una relación entre la intensidad de El Niño y las temporadas de incendios del año siguiente. Los episodios especialmente intensos registrados en 2015 y 2023 fueron seguidos por temporadas de incendios excepcionales en 2016 y 2024, cuando millones de hectáreas de bosque primario fueron destruidas en la Amazonía.
La previsión de un El Niño fuerte a finales de 2026 vuelve a poner esa relación bajo la lupa y anticipa un posible aumento del riesgo de incendios durante 2027.


















