Washington, D.C. — La conversación sobre un “nuevo orden mundial” volvió con fuerza a las capitales globales, impulsada menos por teorías abstractas que por el ejercicio directo del poder.
En el Foro Económico Mundial de Davos este mes, la ansiedad dejó los pasillos y llegó al escenario principal, agudizada por las acciones y la retórica de EE.UU.
“El principio de soberanía es vulnerable”, dijo a TRT World Paul M. Collins Jr., profesor de estudios jurídicos y ciencias políticas de la Universidad de Massachusetts Amherst. “Estados Unidos se está moviendo hacia un enfoque de “la fuerza hace el derecho”, amenazando incluso a sus aliados de la OTAN”, asegura.
Sus palabras marcaron el inicio de una semana atravesada por las intervenciones continuas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, incluyendo renovadas reclamaciones sobre Groenlandia y amenazas arancelarias contra aliados, sacudiendo los mercados.
Días antes, Trump ordenó a EE.UU. retirarse de 66 organizaciones, convenciones y tratados internacionales, al argumentar que iban en contra de los intereses de Washington.
La decisión incluyó organismos climáticos, incluida la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático y el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, junto con decenas de grupos afiliados y no afiliados a la ONU que trabajan en temas que van desde energías renovables hasta contraterrorismo.
Las ondas de choque se sintieron rápidamente en Europa y más allá.
La Unión Europea (UE) aceleró lo que los funcionarios describen como “la madre de todos los acuerdos comerciales” con India, después de dos décadas de negociaciones. El impulso es visto ampliamente como una respuesta al giro hacia adentro de Washington.
El acuerdo, anunciado el martes en Nueva Delhi entre dos de los mercados más grandes del mundo, llega mientras Washington apunta tanto a la potencia asiática como al bloque europeo con aranceles elevados.
Washington ha impuesto aranceles del 50% sobre productos indios, incluida una penalidad del 25% debido a la compra continua de petróleo ruso por parte de India. Las amenazas arancelarias de Trump sobre Groenlandia sacudieron a la UE, aunque luego fueron retiradas. Para varios expertos, ese episodio dejó expuestas las vulnerabilidades del bloque.
Las declaraciones de los líderes de India y la UE subrayan el trasfondo geopolítico del acuerdo, que se prevé finalizar más adelante en 2026.
“Esta es la historia de dos gigantes: la segunda y cuarta economías más grandes del mundo. Dos gigantes que eligieron la asociación de una manera verdaderamente beneficiosa para todos. Un mensaje contundente de que la cooperación es la mejor respuesta a los desafíos globales”, dijo la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen.
El primer ministro indio, Narendra Modi, calificó el tratado como “el mayor acuerdo de libre comercio de la historia”.
“El orden global está en gran agitación hoy”, afirmó Modi. Y agregó: “En ese contexto, la asociación entre India y la UE fortalecerá la estabilidad en el sistema internacional”.
El acuerdo UE-India se suma a un pacto reciente del bloque con Mercosur y a acuerdos con Indonesia, México y Suiza, mientras Europa busca blindarse frente a un EE.UU. cada vez más unilateral.

El orden global se resquebraja
Este contexto llevó a funcionarios europeos y canadienses a preguntarse abiertamente si el orden mundial de posguerra, liderado por EE.UU., se está erosionando hacia algo más transaccional.
Esa inquietud fue expresada con claridad por el primer ministro de Canadá, Mark Carney, quien advirtió en el Foro de Davos que la arquitectura construida tras la Segunda Guerra Mundial se está derrumbando, dejando expuestos a los países de tamaño medio.
“Permítanme ser directo. Estamos en medio de una ruptura, no de una transición”, dijo a los delegados en la ciudad suiza. Y advirtió: “Las potencias medias deben actuar juntas porque si no estamos en la mesa, estamos en el menú”.
El presidente de Francia, Emmanuel Macron, coincidió con ese diagnóstico y describió un momento de desequilibrio histórico en seguridad y economía.
“Es un cambio hacia un mundo sin reglas, donde el derecho internacional es pisoteado y donde la única ley que parece importar es la del más fuerte”, dijo Macron, agregando que están resurgiendo lo que llamó “ambiciones imperiales”.
En la misma reunión, el presidente de Ghana, John Dramani Mahama, dijo que, en el orden global emergente, África tiene la intención de estar en la mesa. Sostuvo que el multilateralismo y el sistema basado en reglas están bajo amenaza, pero defendió la posibilidad de una nueva “Coalición de la Voluntad”, basada en una visión compartida y respeto mutuo.
Significativamente, la respuesta europea no terminó en Davos. El martes, la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, lo expresó de manera más contundente: “Una de las cosas que se pueden extraer de los acontecimientos de las últimas semanas es que el viejo orden mundial ya no existe”. Y agregó: “No sé si volverá, pero probablemente no lo hará”.
Trump, por su parte, ofreció un encuadre distinto. Tras presionar inicialmente por el control o la adquisición de Groenlandia, cambió de rumbo y anunció luego un “marco de un acuerdo futuro” con participación de la OTAN y Dinamarca, que otorgaría a Estados Unidos acceso militar completo.
Entre funcionarios europeos, el alivio estuvo acompañado por malestar ante la presión misma.
“Estados más débiles, sujetos a intromisiones”
Joshua Busby, académico distinguido del Centro Strauss y miembro no residente del Consejo de Chicago sobre Asuntos Globales, explicó a TRT World las tensiones sobre soberanía frente a estados más poderosos.
“La soberanía siempre ha sido, como sugirió Stephen Krasner (destacado politólogo estadounidense), una forma de “hipocresía organizada” donde los estados más débiles están sujetos a intromisiones en su soberanía por parte de estados poderosos”.
Esa brecha entre principio y poder ahora está influyendo en las decisiones estratégicas. “En el caso de Europa, son más vulnerables a la agresión rusa y dependen cada vez más de EE.UU. para el gas natural licuado. Ellos también pueden encontrar en China un socio más hospitalario para la inversión como consecuencia de los riesgos de coerción por parte de EE.UU. y Rusia”, agregó Busby.
Las divisiones también quedaron expuestas con la creación de la nueva Junta de Paz, presentada en Davos y respaldada por numerosos países.
Muchas naciones que reclaman reformas en la ONU y denuncian que el orden actual los perjudica mostraron interés en la Junta, que, según Trump, ayudará a resolver conflictos más allá de Gaza. La semana pasada, Türkiye, Arabia Saudita, Egipto, Jordania, Indonesia, Pakistán, Qatar y Emiratos Árabes Unidos, entre otros, aceptaron invitaciones para unirse a este organismo.
El presidente de Türkiye, Recep Tayyip Erdogan, afirmó luego que Ankara se convertirá en uno de los polos centrales de un orden mundial reconfigurado. “El mundo se está moviendo lentamente hacia lo que hemos estado diciendo. La validez de nuestras críticas a la política global, que hemos estado haciendo durante años, se está haciendo evidente hoy”, aseguró.
“Un gran golpe”
Los comentarios de Trump sobre los aliados de la OTAN —al sugerir que se habían mantenido “un poco alejados de las líneas del frente” en Afganistán— provocaron indignación en las capitales europeas.
El primer ministro de Gran Bretaña, Keir Starmer, criticó duramente a Trump por lo que calificó como declaraciones “insultantes y francamente espantosas”, indicando que puso en duda si los aliados acudirían en defensa de Washington.
Trump, hablando en la cadena de noticias Fox Network, minimizó el rol de las fuerzas aliadas en las guerras lideradas por EE.UU. Refiriéndose a las tropas no estadounidenses, dijo: “Sabes, dirán que enviaron algunas tropas a Afganistán, o esto o aquello, y lo hicieron, se quedaron un poco atrás, un poco alejados de las líneas del frente”.
Aunque luego elogió a las tropas británicas, el malestar ya estaba instalado. “Es difícil decir si esta ruptura es temporal o duradera”, dijo Collins de la Universidad de Massachusetts Amherst.
“Algunos líderes pueden creer que esto está impulsado por las inclinaciones individuales de Trump. Pero fue elegido por el pueblo y lidera al Partido Republicano. Es plausible que muchos vean esto como un cambio estructural en cómo Estados Unidos aborda los asuntos exteriores”.
Para las potencias medias, el dilema es agudo. “Están siendo apropiadamente cautelosas al buscar construir nuevas alianzas que pueden o no involucrar a Estados Unidos”, agregó Collins. “La previsibilidad y la cooperación son clave para que el sistema funcione bien”.

¿El poder por encima de la ley?
Los analistas sostienen que el registro histórico es revelador. David N. Gibbs, profesor de historia en la Universidad de Arizona, dijo a TRT World que el aparente retroceso de Trump sobre Groenlandia no logró reducir el daño.
“Todo el episodio ha dejado un sentimiento amargo entre los aliados de Estados Unidos”, afirmó.
La jefa de política exterior de la Unión Europea (UE), Kaja Kallas, lo confirmó la semana pasada al señalar que las relaciones transatlánticas “definitivamente recibieron un gran golpe”. Añadió que los vínculos entre la UE y Washington “ya no son los mismos”.
Gibbs explicó: “Sospecho que los europeos están en pánico por posiblemente perder la alianza transatlántica que siempre han asumido como sólida como una roca. Ahora, están buscando posibles alternativas a la alianza con los estadounidenses, de ahí sus esfuerzos por forjar vínculos en otros lugares, incluidos Sudamérica y el sur de Asia. Sospecho que también vendrá pronto un vínculo europeo más estrecho con China”.
Starmer se encuentra actualmente en China —la primera visita de un líder británico en ocho años— con el objetivo de recomponer relaciones con la segunda economía del mundo y reducir la dependencia de EE.UU.
Aun así, algunos observadores advierten contra ver este momento como algo totalmente inédito. Desde 1945, sostuvo Gibbs, varios presidentes estadounidenses se han involucrado repetidamente en agresiones militares, desafiando el derecho internacional.
“Desde el punto de vista de Washington, el derecho internacional solo se aplica a países débiles, no a superpotencias”, concluyó.












