La guerra de Estados Unidos contra Irán dio este viernes un nuevo salto en intensidad. Mientras Washington amplió su campaña de bombardeos sobre territorio iraní con ataques contra infraestructuras civiles y estratégicas, Teherán respondió con una ofensiva coordinada contra posiciones militares estadounidenses en varios países de Oriente Medio. El intercambio de ataques marca la mayor escalada desde que ambas partes reanudaron las hostilidades y confirma el progresivo deterioro del escenario regional.
Hace apenas un mes, ambos países habían firmado un memorando de entendimiento (MoU, por sus siglas en inglés) con el objetivo de poner fin al conflicto iniciado en febrero. Sin embargo, aquel compromiso ha quedado prácticamente enterrado bajo una nueva oleada de ataques que no solo amenaza con prolongar la guerra, sino también con extender sus efectos mucho más allá de las fronteras iraníes.
En este contexto, la ofensiva estadounidense ha dado un giro al centrarse en infraestructuras consideradas estratégicas para la logística iraní. Al mismo tiempo, las autoridades iraníes han reiterado que responderán a cualquier ataque contra su territorio, una advertencia que comenzó a materializarse este viernes con operaciones militares en distintos puntos de Oriente Medio. Todo ello vuelve a situar al estratégico estrecho de Ormuz y a la estabilidad energética mundial en el centro de la crisis.

EE.UU. bombardea infraestructuras iraníes
La nueva fase de la ofensiva estadounidense quedó patente durante la noche del jueves al viernes. Según denunciaron las autoridades iraníes, las fuerzas de Estados Unidos bombardearon varias infraestructuras civiles, entre ellas un aeropuerto, una estación ferroviaria y dos puentes, en una operación que, a juicio de Teherán, refleja un cambio de estrategia destinado a golpear la capacidad logística del país.
De acuerdo con los medios estatales iraníes, los ataques dejaron al menos ocho muertos y 20 heridos. Con estas nuevas víctimas, el balance oficial desde la reanudación de las hostilidades asciende ya a 38 fallecidos y más de 400 heridos, según el Ministerio de Salud iraní.
Aunque Washington no ha respondido por el momento a estas acusaciones, el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM) confirmó el jueves la conclusión de una nueva oleada de bombardeos sobre territorio iraní, correspondiente a la sexta noche consecutiva de operaciones militares dirigidas principalmente contra objetivos situados en el sur del país.
Esta intensificación de la campaña militar se produjo apenas un día después de que la Guardia Revolucionaria denunciara un ataque estadounidense en las inmediaciones de un hospital oncológico infantil cerca de Ahvaz, en el suroeste de Irán. Para muchos habitantes, la escalada ya ha dejado de ser una cuestión estratégica para convertirse en una realidad cotidiana.
Es el caso de Hani, un profesor de 34 años residente en Ahvaz, quien describió el impacto de los bombardeos sobre la población civil.
"Me tiemblan las manos. Hubo al menos 11 o 12 explosiones. Siento que me estallan los oídos", relató.
Mientras los ataques se sucedían sobre el terreno, el tono político también se endurecía. El principal negociador iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, advirtió de que cualquier acuerdo para poner fin al conflicto "solo tiene sentido cuando sus cláusulas son válidas y se están aplicando".
Desde Washington, por su parte, la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, aseguró que el presidente Donald Trump responsabilizará a Irán por incumplir sus compromisos, aunque insistió en que el mandatario "siempre está abierto a la diplomacia al mismo tiempo".
Las declaraciones llegaron después de que Trump advirtiera públicamente que ordenaría ataques contra centrales eléctricas y puentes iraníes si Teherán no regresaba a la mesa de negociación. "La próxima semana la situación será realmente mala para ellos", afirmó en una entrevista con Fox News.

Irán responde con una ofensiva regional
La respuesta iraní, sin embargo, no tardó en llegar. Después de varios días advirtiendo de que respondería a cualquier ataque contra infraestructuras civiles, Teherán lanzó este viernes una amplia ofensiva coordinada contra posiciones militares estadounidenses en distintos puntos de Oriente Medio, en lo que calificó como una represalia por los últimos bombardeos de Washington.
"Declaro oficialmente que, si los estadounidenses atacan la infraestructura de la República Islámica, entonces toda la infraestructura de la región se convertirá en un objetivo legítimo para Irán", afirmó un alto portavoz de las Fuerzas Armadas iraníes, citado por la televisión estatal.
A partir de ese momento, la confrontación adquirió una dimensión claramente regional. Según la Guardia Revolucionaria, las operaciones alcanzaron instalaciones militares estadounidenses en Kuwait, Omán, Siria, Jordania, Qatar y Baréin, aunque en varios casos las versiones difundidas por Teherán fueron parcialmente matizadas o desmentidas por las autoridades locales.
En Kuwait, la Guardia Revolucionaria aseguró haber atacado una base estadounidense con misiles dirigidos contra un radar de detección y seguimiento, depósitos de armamento, lanzadores del sistema HIMARS y otras instalaciones militares. El cuerpo militar afirmó que la ofensiva provocó un gran incendio. Por su parte, el Ejército kuwaití informó de que varios soldados resultaron heridos tras el impacto de drones iraníes, después de haber interceptado otros misiles y aeronaves no tripuladas.
Entretanto, en Omán, Teherán sostuvo que destruyó dos radares, uno de ellos estadounidense y otro de control naval. Asimismo, aseguró haber atacado la base de Al-Tanf, en Siria. Según medios iraníes, la operación destruyó un sistema de radar y varios helicópteros militares, además de provocar la captura de soldados estadounidenses. Sin embargo, un responsable militar sirio negó que la instalación hubiera sido bombardeada, mientras que Washington mantiene que retiró sus tropas de esa base a comienzos de este año.
La ofensiva también alcanzó Jordania. Las autoridades jordanas informaron de que interceptaron y derribaron tres misiles iraníes que penetraron en su espacio aéreo, sin que se registraran víctimas. Paralelamente, la Guardia Revolucionaria aseguró haber lanzado una combinación de misiles balísticos y drones contra cazas y aviones cisterna estadounidenses desplegados en territorio jordano.
Más al sur, Qatar confirmó la interceptación de varios ataques aéreos dirigidos contra el país. El Ministerio del Interior catarí informó de que un menor resultó herido por la caída de fragmentos durante las operaciones defensivas. Por su parte, la Guardia Revolucionaria afirmó haber atacado la base aérea estadounidense de Al Udeid, donde aseguró haber destruido un radar de largo alcance y varios aviones cisterna.
En Baréin, por último, las Fuerzas de Defensa informaron de que sus sistemas antiaéreos interceptaron y destruyeron varios ataques iraníes. Desde Teherán, sin embargo, el Ejército sostuvo que había alcanzado instalaciones utilizadas por la aviación militar estadounidense en la base aérea de Al-Sakhir, incluidas zonas donde se encontraban helicópteros y aeronaves de patrulla marítima.
Ormuz, el comercio mundial y una diplomacia cada vez más debilitada
Más allá de los enfrentamientos sobre el terreno, la nueva escalada ha vuelto a situar al estrecho de Ormuz en el centro de la crisis. Durante seis días consecutivos, Washington y Teherán han intercambiado ataques mientras aumenta el temor a una interrupción del tráfico marítimo en uno de los corredores energéticos más importantes del planeta, por donde transita una parte significativa del petróleo y del gas comercializados a nivel mundial.
Aunque Teherán reivindica el control del estrecho, esta ruta permanecía abierta a la navegación internacional antes de la reanudación de las hostilidades. Sin embargo, el endurecimiento del discurso iraní ha incrementado la incertidumbre sobre el futuro de este paso estratégico.
En ese contexto, un alto portavoz militar iraní reiteró que el país no está dispuesto a ceder en la disputa por Ormuz y volvió a exigir la retirada de las fuerzas estadounidenses de la región.
"Nunca daremos un paso atrás respecto al estrecho de Ormuz", afirmó, según la televisión estatal.
La creciente tensión también comenzó a reflejarse en el mar. La agencia británica UK Maritime Trade Operations informó de que un petrolero fue alcanzado durante la noche por un proyectil frente a las costas de Omán, un incidente que vuelve a poner de manifiesto la vulnerabilidad del tráfico comercial en la zona y el riesgo de nuevas alteraciones en el suministro energético internacional.
Al mismo tiempo, Estados Unidos restableció el bloqueo sobre los puertos iraníes, una medida que añade un nuevo elemento de presión económica en paralelo a la ofensiva militar y que, previsiblemente, agravará el impacto del conflicto sobre el comercio regional.
Mientras tanto, los esfuerzos diplomáticos continúan perdiendo terreno frente a la escalada bélica. Los ministros de Asuntos Exteriores de China y Pakistán instaron este viernes a Estados Unidos e Irán a detener las hostilidades y regresar a la mesa de negociación, según un comunicado difundido tras una reunión celebrada en Shanghái.
Con todo, sobre el terreno la dinámica parece avanzar en sentido contrario. Lejos de abrir una vía hacia la desescalada, la sucesión de bombardeos, las represalias iraníes y la expansión de los ataques a distintos países de Oriente Medio alimentan el temor a una guerra cada vez más prolongada y difícil de contener, con consecuencias que trascienden el ámbito militar y amenazan con afectar a la estabilidad política y económica de toda la región.




















