De Armagedón a Amalec: cómo la retórica religiosa resurge en la guerra contra Irán
En medio de los enfrentamientos entre EE.UU. e Israel contra Irán, analistas señalan que la retórica religiosa —desde el apocalipticismo evangélico hasta el simbolismo bíblico— está resurgiendo para enmarcar y legitimar el conflicto.
En los sistemas políticos modernos de Occidente se supone que la religión y el Estado deben permanecer separados, un principio que surgió en parte de la larga historia europea de conflictos religiosos y guerras libradas en nombre de la fe.
Sin embargo, el lenguaje religioso ha reaparecido de manera repetitiva en momentos de confrontación geopolítica. Tras los recientes ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, llevados a cabo durante el Ramadán, el mes bendito del islam, parte de la retórica en torno al conflicto ha vuelto a invocar temáticas teológicas e imágenes apocalípticas.
Poco después de los ataques surgieron reportes acerca de que algunos militares estadounidenses se habrían quejado ante grupos de derechos humanos debido a que sus comandantes enmarcaron la operación como parte del “plan de Dios”, haciendo referencia al concepto bíblico de Armagedón descrito en el libro del Apocalipsis.
Dicho texto, con el que concluye el Nuevo Testamento, contiene profecías sobre el fin de los tiempos que ubican la tierra de Israel en el centro de una batalla apocalíptica entre el bien y el mal.
“El intenso apoyo religioso a Israel se fundamenta en una interpretación (errónea) del libro del Apocalipsis", explica Richard Falk, experto en asuntos internacionales, señalando en su conversación con TRT World la influencia que tienen las interpretaciones evangélicas en el discurso político estadounidense.
El simbolismo religioso también ha aparecido en la retórica política de Israel. Poco después de los ataques, el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, describió a Irán como “Amalec”, invocando a un enemigo bíblico referenciado en la Torá como una fuerza que debe ser recordada y confrontada.
“Leemos en la porción de la Torá de esta semana: ‘Recuerda lo que Amalec te hizo’. Recordamos, y actuamos”, aseveró Netanyahu.
Estas referencias han reavivado el debate entre académicos sobre el papel que los relatos religiosos desempeñan en la configuración de las percepciones del conflicto.
Según Luciano Zaccara, experto en Irán y política de Oriente Medio, el momento de la confrontación también coincidió con la festividad judía de Purim, que conmemora la supervivencia de los judíos en el Imperio persa tal como se narra en el libro de Ester.
En 2026, el Purim comenzó en la noche del 2 de marzo, continuó el 3 de marzo, y se prolongó hasta el 4 de marzo en Jerusalén. La coincidencia con la escalada contra Irán ha llevado a algunos comentaristas a enmarcar la confrontación actual a través de analogías históricas y bíblicas.
Sin embargo, Zaccara advierte contra considerar a la religión como la causa principal del conflicto.
“La religión no es la causa primaria de la guerra, al menos desde el lado estadounidense”, señala a TRT World, aunque apunta que el lenguaje religioso puede ayudar a “avivar y justificar” las decisiones políticas.
“No es la primera vez que esto ocurre”, añade, recordando que el expresidente de EE.UU. George W. Bush inicialmente denominó la invasión de Afganistán como “justicia infinita”, una expresión que fue modificada posteriormente tras las críticas de que invocaba simbolismo religioso.
¿Dominación judeocristiana?
Zaccara también destaca el lenguaje de Pete Hegseth, secretario de Guerra de EE.UU. y defensor del sionismo cristiano, a quien “claramente lo impulsa una creencia religiosa radical extrema que afecta toda la narrativa y justificación de la guerra”.
Durante un programa reciente, el comentarista político estadounidense Tucker Carlson, quien además es una de las principales voces del movimiento Make America Great Again y se ha declarado explícita y frecuentemente creyente cristiano, emitió un discurso de Hegseth pronunciado en Jerusalén en 2018.
En el video, Hegseth califica como “milagro” la fundación de Israel, sus guerras con los países de mayoría árabe y la declaración de Jerusalén como capital del estado sionista, respaldando además la construcción del Tercer Templo en Jerusalén sobre lo que los musulmanes denominan Haram al-Sharif (el Noble Santuario), donde se encuentra la mezquita de Al-Aqsa, el tercer lugar más sagrado del islam.
Si bien Zaccara no vincula explícitamente a Trump con las posiciones de Hegseth, sí destaca que el presidente no está “contradiciendo lo que definen estos fanáticos religiosos, porque son instrumentales para sus objetivos finales y se alínean con el enfoque maximalista de Netanyahu respecto a la guerra”.
Además de Pete Hegseth, otros destacados políticos estadounidenses han expresado opiniones similares, entre ellos el influyente senador republicano proisraelí Lindsey Graham y Mike Johnson, presidente republicano de la Cámara de Representantes, quien ocupa el segundo lugar en la línea de sucesión presidencial tras el vicepresidente y asumiría el gobierno del país en caso de destitución, fallecimiento o incapacidad del mandatario.
Mike Johnson describió a los iraníes como seguidores de una “religión equivocada”, una afirmación ampliamente interpretada como una referencia al islam, la fe mayoritaria del país.
Por su parte, el senador republicano Lindsey Graham enmarcó el enfrentamiento como una “guerra religiosa”, argumentando que al liderazgo clerical de Irán lo impulsa una ideología que busca la destrucción de Israel.
Se trata de “una expresión de islamofobia" común en la extrema derecha estadounidense, que involucra “la identidad cristiana central de Occidente”, detalla Falk en referencia a la declaración de Johnson sobre la "religión equivocada”.
Muchos iraníes consideran que la retórica religiosa no es más que una cortina de humo para encubrir la codicia occidental por el petróleo.
“Solo lo cubren bajo el manto de la religión. No es religión, es el petróleo y la amenaza que sienten ante países grandes como el nuestro. Dicen religión para poder justificarlo y tener al menos algún tipo de apoyo. Al final, todo se trata del petróleo”, declara Fatemeh Karimkhan, periodista iraní radicado en Teherán, a TRT World.
En otra declaración, Graham pareció confirmar la afirmación de Karimkhan al decir: “Cuando este régimen caiga, vamos a tener un nuevo Oriente Medio y vamos a ganar muchísimo dinero”.
¿Choque de civilizaciones?
En relación con el trato de Johnson hacia la cultura islámica, Falk cita la influyente tesis del reconocido académico estadounidense Samuel Huntington titulada “El choque de civilizaciones y la reconfiguración del orden mundial”. Este texto anticipó que se desencadenarían guerras intercivilizacionales tras un período de geopolítica pacífica posterior al colapso de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría.
“En este sentido, Israel es un elemento constitutivo de la visión ampliada de un Occidente judeocristiano”, afirma Falk.
En el pensamiento judeocristiano, los musulmanes son considerados, en comparación con los judíos, ajenos a la civilización occidental.
Graham, tras describir lo que ocurre en Oriente Medio como una “guerra religiosa”, también hizo una declaración reveladora, afirmando que lo que Estados Unidos e Israel están haciendo actualmente contra Irán “marcará el rumbo del futuro de Oriente Medio durante los próximos 1.000 años”.
“He preferido concebir la guerra contra Irán como la extensión de la guerra entre civilizaciones que Israel ha venido librando en la Palestina ocupada en nombre de las ambiciones sionistas de hegemonía regional, así como una expresión de la geopolítica ideológica del Occidente blanco y cristiano", declara Falk, el experto en relaciones internacionales, a TRT World.
Más allá de la guerra con Irán, las divisiones en torno a la guerra genocida de Israel en Gaza también reflejan lo que algunos académicos describen como una alineación civilizatoria más amplia, con numerosos estados occidentales de mayoría cristiana respaldando a Israel, según Falk.
“Esta respuesta al genocidio de Israel (en Gaza) no es una cuestión de geografía, sino de identidad civilizatoria etnorreligiosa. ¿Cómo explicar de otro modo el apoyo al genocidio israelí por parte de países blancos y cristianos tan lejanos como Australia?”, plantea.
Mientras que muchos Estados no occidentales desean apoyar la causa palestina a través del derecho internacional en busca de “un orden mundial más democrático”, también son conscientes de que “desafiar a Occidente proporcionando abiertamente asistencia militar o económica sustancial" a los palestinos tendría “consecuencias autodestructivas”.
Desde esta perspectiva, Irán se ha convertido en objetivo de sanciones occidentales y otras medidas debido a sus posturas antioccidentales, apuntala Falk.